Largo Caballero

El ayuntamiento de Madrid ha tomado la decisión de retirar el nombre de Largo Caballero de las calles de Madrid. La izquierda marxista y comunista ha puesto el grito en el cielo, con perdón. Esta es la biografía e ideas de este “demócrata”.

 

De: https://www.biografiasyvidas.com/biografia/l/largo.htm

Francisco Largo Caballero (Madrid, 1869 – París, 1946) Político y dirigente socialista español. En 1890 se afilió a la UGT y en 1894 al PSOE. En 1905 fue elegido concejal en Madrid. Miembro de la Comisión Ejecutiva de la UGT, fue detenido en 1909 acusado de preparar la huelga contra la guerra de Marruecos. Durante la huelga revolucionaria de 1917, estuvo en el comité de huelga, por lo que fue condenado a prisión, pero quedó libre al ser elegido diputado (1918). Ese mismo año se convirtió en secretario general de la UGT. En 1920 se opuso a la adhesión del partido a la III Internacional. Vicepresidente del PSOE en 1928, tras proclamarse la República fue ministro de Trabajo, cargo que volvió a ocupar en el Gobierno de Azaña (1931-1933). Con la victoria de la derecha en las elecciones, dejó las posturas moderadas y propugnó un frente unido de los trabajadores. Detenido a raíz del movimiento de octubre de 1934, en 1936 fue elegido diputado por el Frente Popular. Durante la guerra civil fue presidente del Consejo de Ministros (1936-1937). Detenido en Francia por los nazis, murió al poco tiempo de su liberación.


Francisco Largo Caballero

A los nueve años se inició en el oficio de estucador, ámbito laboral en el que desarrollaría su actividad como sindicalista. En 1890 ingresó en la Unión General de Trabajadores (UGT), fundada en 1888, y en otoño de aquel mismo año participó en la organización de una huelga de escayolistas para reivindicar la jornada laboral de ocho horas, lo que supuso el principio de su trayectoria ascendente en la UGT. En 1894 ingresó en el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), comenzando así su carrera política. Desde 1904 fue uno de los seis vocales integrantes de la Junta Directiva del Instituto de Reformas Sociales que designaban los trabajadores; al año siguiente ocupó su primer cargo político al salir elegido concejal del Ayuntamiento de Madrid por el PSOE, cargo que siguió ocupando tras los comicios municipales de 1909 y 1913.

En calidad de vicepresidente del Comité Nacional de la UGT, fue uno de los cuatro firmantes del manifiesto conjunto del PSOE y la UGT del 12 de agosto de 1917 para convocar una huelga general revolucionaria, que empezó al día siguiente y desencadenó la tercera fase de la crisis de 1917; como consecuencia de ello, fue detenido el 29 de septiembre de ese mismo año con los otros tres integrantes del comité de huelga y firmantes del manifiesto: Daniel Anguiano, como vicesecretario de la UGT, y Julián Besteiro y Andrés Saborit, como vicepresidente y vicesecretario, respectivamente, del PSOE. Los cuatro fueron juzgados, condenados a cadena perpetua y trasladados al penal de Cartagena (Murcia).

En las elecciones legislativas de 1918 fue elegido diputado a Cortes (al igual que sus compañeros de presidio), por lo que fue excarcelado en mayo de 1918; en el XIII Congreso de la UGT, celebrado en julio de aquel mismo año, salió elegido secretario general, cargo que habría de ocupar durante una veintena de años. Como secretario general de UGT, asistió en 1919 al congreso de la II Internacional en Berna y al I Congreso de la Federación Sindical Internacional (FSI), que tuvo lugar en Ámsterdam. A su regreso, y contra los criterios de otros dirigentes socialistas, Largo Caballero se opuso a la integración del PSOE en la III Internacional, razón por la cual no formó parte de la ejecutiva del PSOE salida del congreso extraordinario de 1920, en el que eran mayoritarios los partidarios de la adhesión a la misma.

Durante la dictadura del general Miguel Primo de Rivera (1923-1929), Largo Caballero apoyó (frente a la postura contraria de otros dirigentes socialistas como Indalecio Prieto o Fernando de los Ríos) la aceptación de cargos públicos por parte de los militantes del partido y del sindicato, hasta el punto de que él mismo formó parte, a partir de 1924, del Consejo de Estado. La pretensión de Primo de Rivera de perpetuar un régimen que había nacido con vocación de provisionalidad llevó a Largo Caballero a distanciarse de la postura del dictador y, finalmente, apoyó la tesis defendida por Indalecio Prieto de integrar al PSOE en el pacto de San Sebastián (1930), cuyo objetivo último era derrocar al rey Alfonso XIII y preparar el advenimiento de la república.

Tras las elecciones municipales de 1931, y ante la victoria de los republicanos en las principales capitales de provincia y la proclamación de la Segunda República, Alfonso XIII abandonó España. Los firmantes del pacto de San Sebastián constituyeron un gobierno provisional, presidido por Niceto Alcalá Zamora, en el que Francisco Largo Caballero se hizo cargo de la cartera de Trabajo. Tras la aprobación de la Constitución de 1931, se mantuvo al frente del mismo ministerio en el primer gabinete presidido por Manuel Azaña (1931-1933). En 1932 fue elegido presidente del PSOE, cargo en el que permanecería hasta su dimisión en 1935.

La victoria conservadora en las elecciones de 1933 hizo que los dirigentes del PSOE tuvieran que abandonar el gobierno y pasar a la oposición. Largo Caballero, que había ido evolucionando hacia posiciones cada vez más extremas, intervino de forma decisiva en los preparativos de la Revolución de octubre de 1934, acelerada por la entrada de ministros pertenecientes a la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA) en el gobierno de Alejandro Lerroux (1934-1935). Sofocada la revuelta, fue juzgado y condenado por su implicación en los sucesos revolucionarios, pero quedó pronto en libertad.

Tras el estallido de la Guerra Civil (1936-1939), y mientras las tropas nacionales avanzaban sobre Madrid, Francisco Largo Caballero fue designado para presidir un gobierno de coalición (1936-1937), compuesto por ministros de las diferentes fuerzas políticas que conformaban el Frente Popular y en el que ocupó también la cartera de Guerra; sin embargo, por su incapacidad para resolver la crisis barcelonesa de comienzos de mayo de 1937 (enfrentamientos callejeros entre la Generalitat de Catalunya y los comunistas con los anarquistas y los militantes del Partido Obrero de Unificación Marxista, POUM), se vio obligado a dimitir de la presidencia del gobierno y, carente incluso del apoyo de los tres ministros socialistas, a abandonar sus cargos en el PSOE y en la UGT.

En enero de 1939 abandonó España con destino a Francia, pero, tras la invasión de este país por las tropas nacionalsocialistas alemanas (1940), fue detenido por el gobierno colaboracionista de Vichy, entregado a los alemanes e internado en 1943 en el campo de concentración de Sachsenhausen, cerca de Oranienburg (Alemania), de donde fue liberado en 1945, poco antes de su fallecimiento.

Largo Caballero, el “Lenin español” por Pedro Fernández Barbadillo en Libertad Digital

Largo Caballero, que nació en Madrid el 15 de octubre de 1869 y tuvo que empezar a trabajar a los siete años de edad, se vinculó a la UGT (era estuquista, lo que suponía una especialización bien retribuida) en 1890 y al PSOE en 1893. Su falta de cultura, que trató de colmar mediante asistencia a bibliotecas y conferencias, pesó siempre sobre él. Realizó su primer viaje al extranjero en 1919, a los 50 años.

Pronto se convirtió en un ejemplo de ‘burócrata sindical’, que buscaba mejoras para la clase obrera mediante el reformismo, es decir, la negociación y el legalismo, con la excepción de la huelga general de 1917. En 1904 se incorporó como vocal obrero en representación de los socialistas al Instituto de Reformas Sociales, al que perteneció durante los siguientes 20 años. En ese puesto intervino en leyes como la jornada de ocho horas y participó en tribunales de arbitraje para la resolución de conflictos laborales.

La Dictadura del general Primo de Rivera (1923-1930) contó con el PSOE y la UGT para contrarrestar la fuerza de los anarquistas de la CNT y quizás hacer evolucionar a los socialistas hacia el laborismo británico o la socialdemocracia alemana. Los socialistas, en vez de combatir a un régimen que negaba las libertades públicas y había cerrado las Cortes, se acomodaron él y estuvieron tan a gusto que Largo Caballero, secretario general de UGT desde 1918, en una reunión de la Organización Internacional del Trabajo en Ginebra en 1927 lo defendió.

Gracias al dictador, Largo Caballero fue nombrado miembro del Consejo de Estado y también miembro de la Asamblea Nacional Consultiva. Cuando cayó la dictadura, debilitada la CNT y desarticulados los partidos conservador y liberal, los socialistas tenían la única organización de masas activa en España.

Los socialistas participaron en el Pacto de San Sebastián y contribuyeron al derrocamiento de la Monarquía. Caballero y otros dos socialistas, Indalecio Prieto y Fernando de los Ríos, se incorporaron al Gobierno Provisional; él como ministro de Trabajo. Manuel Azaña calificó en sus memorias, los discursos de Largo Caballero sobre la ‘cuestión social’ de aburridos e insoportables.

En la última parte del primer bienio de la República (1931-1933), Largo Caballero, como todos los socialistas, se fue radicalizando a medida que la CNT se apoderaba de la clase obrera mediante la violencia, y dio su “giro bolchevique”. En éste influyó el compañero Luis Araquistáin, uno de los escasos ideólogos del partido, que recurrió al espantajo de la “amenaza fascista”, sabiendo que era falsa.

En el verano de 1933 declaró sobre su nueva línea doctrinal y estratégica:

Hoy estoy convencido de que realizar la obra socialista dentro de una democracia burguesa es imposible; después de la República ya no puede venir más que nuestro régimen.

En la campaña electoral del otoño, que ganó la derecha desde la oposición, pronunció frases como las siguientes:

Pongámonos en la realidad. Hay una guerra civil… No nos ceguemos camaradas. Lo que pasa es que esta guerra no ha tomado aún los caracteres cruentos que, por fortuna o desgracia, tendrá inexorablemente que tomar… ¿Excitación al motín? No, simplemente decirle a la clase obrera que debe preparase… Tenemos que luchar, como sea, hasta que en las torres y en los edificios oficiales ondee no la bandera tricolor de una república burguesa, sino la bandera roja de la revolución socialista.

Por sus arengas los propios socialistas le pusieron el apodo del ‘Lenin español’, que él no le gustó, pero con el que ha pasado a la historia.

Tanto él como Prieto desplazaron del poder en el PSOE y la UGT a los moderados de Julián Besteiro. Ambas organizaciones se volcaron a partir de entonces en preparar la revolución socialista contra las derechas, mediante el entrenamiento de milicias y la compra de armas, que estalló en octubre de 1934.

Y los socialistas fueron a la revolución: más de 1.400 muertos. Largo Caballero fue detenido, pero negó todas implicación en el golpe, al igual que Prieto, que había dirigido personalmente el contrabando de armas. El tribunal le absolvió a finales de 1935 por falta de pruebas.

Durante la campaña de 1936 otra de sus incitaciones a la guerra y la dictadura del proletariado (de la que sólo había un modelo en el mundo: la URSS de Stalin) fue la siguiente:

La clase obrera debe adueñarse del poder político, convencida de que la democracia es incompatible con el socialismo, y como el que tiene el poder no ha de entregarlo voluntariamente, por eso hay que ir a la revolución.

En esa campaña, los caballeristas y los prietistas tiraron de pistola, no sólo contra los falangistas y los derechistas, sino, también, entre ellos. Así era el ambiente político en la España de 1936.

Presidente del ‘Gobierno de la Victoria’

Cuando estalló la guerra, Largo Caballero, secretario general de UGT, se decantó por armar al pueblo, es decir, a las milicias, que se dedicaron a pasear a los burgueses y a violar monjas.

El 4 de septiembre de 1936 ascendió a presidente del Gobierno, que se llamó “Gobierno de la Victoria”, donde desempeñó también el Ministerio de Guerra (su rival Prieto se encargó de Marina y Aire, unidos en Defensa).

Consecuencia de la incompetencia izquierdista para organizar siquiera el suministro de alimentos, el Gobierno de Largo Caballero introdujo la primera cartilla de racionamiento que ha habido en España en marzo de 1937.

Aprobó la salida del oro del Banco de España a la URSS, dirigida por su correligionario Juan Negrín; apoyó la concesión del estatuto de autonomía al Gobierno vasco; perdió Málaga, tomada por los nacionales en febrero de 1937; se produjeron los sucesos de Barcelona, en que las izquierdas se mataron en la capital catalana… Su negativa a ilegalizar al POUM, como querían la URSS y sus vasallos en España, fueron el motivo que llevó al PCE, a los socialistas de Prieto y al presidente de la República, Manuel Azaña a forzar su dimisión el 17 de mayo.

Largo Caballero se enfadó tanto con Negrín, que le sustituyó en la presidencia, y con los demás gerifaltes republicanos, que se apartó de la política activa y no participó en las sesiones de las menguadas Cortes.

Hundida la República, el anciano y fracasado Largo Caballero huyó a Francia y allí fue abandonado por sus correligionarios. Ni dinero ni bandas de seguidores, a diferencia de Prieto y Negrín. A la vez, incubaba un odio implacable contra los comunistas: entre las causas, a su comportamiento en la guerra se unieron el pacto entre Hitler y Stalin y la colaboración de los comunistas franceses con los invasores nazis.

Detenido por la Gestapo

La única simpatía que provoca uno de los grandes responsables de la guerra civil es su sufrimiento en los años de la Segunda Guerra Mundial.

Permaneció en París hasta la proximidad del ejército alemán y entonces huyó a Tolouse, a la vivienda de Rodolfo Llopis, que en los años siguientes se haría con el PSOE hasta que Felipe González y su camarilla, con la ayuda de los servicios secretos del franquismo, le despojaron de la secretaría general.

El Gobierno español solicitó su extradición, pero los tribunales de la Francia de Vichy la rechazaron. En febrero de 1943 fue detenido por la Gestapo que, después de tenerlo detenido cinco meses en su cuartel de Neuilly, le envió a Berlín. El 31 de julio, sin haber sufrido violencias físicas, a diferencia de tantos españoles detenidos en las chekas de su partido y su sindicato, se le ingresó en el campo de concentración de Oranienburg, a 30 kilómetros de Berlín, donde comenzó la redacción de sus memorias. Le liberó el Ejército Rojo el 24 de abril de 1945, pero sólo pudo volver a París, para reencontrarse con su hija Carmen, en septiembre.

Negándose a reconocer que su tiempo había pasado por sus errores y su edad, participó en unos pocos actos del exilio y elaboró un proyecto contra Franco, en el que regresó al reformismo que había abandonado en la década anterior y propuso el pacto en vez de la imposición. Falleció el 23 de marzo de 1946, a los 76 años de edad. Al menos no se pegó la gran vida de Prieto y Negrín.

En abril de 1978, sus restos regresaron a España y se enterraron en el cementerio civil.

Frases famosas de Largo Caballero

01.“La clase obrera debe adueñarse del poder político, convencida de que la democracia es incompatible con el socialismo y, como el que tiene el poder no ha de entregarlo voluntariamente, por eso hay que ir a la Revolución”. Largo Caballero en un mitin en Linares, el 20 de enero de 1936.

02.“La transformación total del país no se puede hacer echando simplemente papeletas en las urnas. Estamos hartos de ensayos de democracia, que se implante en el país la nuestra”. En el Cinema Europa, el 10 de febrero de 1936.

03.“Si no nos permiten conquistar el poder con arreglo a la Constitución, tendremos que conquistarlo de otra manera”. Febrero de 1933.

04.“Quiero decirles a las derechas que, si triunfamos, colaboraremos con nuestros aliados. Pero, si triunfan las derechas, nuestra labor habrá de ser doble, colaborar con nuestros aliados dentro de la legalidad, pero tendremos que ir a la Guerra Civil declarada. Que no digan que nosotros decimos las cosas por decirlas, que nosotros lo realizamos”. Escribió en “El Liberal”, el 20 de enero de 1936.

05.“No creemos en la democracia como valor absoluto. Tampoco creemos en la libertad”. En 1934, Ginebra.

06.“Hay que apoderarse del poder político, pero la revolución se hace violentamente: luchando y no con discursos”. Congreso de las Juventudes Socialistas.

07.“El Partido socialista no es reformista, cuando ha habido necesidad de romper con la legalidad, sin ningún reparo y sin escrúpulo. El temperamento, la ideología y la educación de nuestro partido no son para ir al reformismo”. Discurso en el XIII Congreso del PSOE, en 1932, siendo Largo Caballero ministro de Trabajo y Previsión Social.

08.En “El Socialista”, en 1933: “Se dirá: ¡Ah esa es la dictadura del proletariado! Pero ¿es que vivimos en una democracia? Pues ¿qué hay hoy, más que una dictadura de burgueses? Se nos ataca porque vamos contra la propiedad. Efectivamente. Vamos a echar abajo el régimen de propiedad privada. No ocultamos que vamos a la revolución social. ¿Cómo? (Una voz en el público: ‘Como en Rusia´). No nos asusta eso. Vamos, repito, hacía la revolución social… mucho dudo que se pueda conseguir el triunfo dentro de la legalidad. Y en tal caso, camaradas habrá que obtenerlo por la violencia… nosotros respondemos: vamos legalmente hacia la revolución de la sociedad. Pero si no queréis, haremos la revolución violentamente (Gran ovación). Eso dirán los enemigos, es excitar a la guerra civil… Pongámonos en la realidad. Hay una guerra civil… No nos ceguemos camaradas. Lo que pasa es que esta guerra no ha tomado aún los caracteres cruentos que, por fortuna o desgracia, tendrá inexorablemente que tomar. El 19 vamos a las urnas… Mas no olvidéis que los hechos nos llevarán a actos en que hemos de necesitar más energía y más decisión que para ir a las urnas. ¿Excitación al motín? No, simplemente decirle a la clase obrera que debe preparase… Tenemos que luchar, como sea, hasta que en las torres y en los edificios oficiales ondee no la bandera tricolor de una República burguesa, sino la bandera roja de la Revolución Socialista”.

09.“Si los socialistas son derrotados en las urnas, irán a la violencia, pues antes que el fascismo preferimos la anarquía y el caos”. 10 de febrero de 1936, en el Cinema Europa.

10.“Tenemos que recorrer un periodo de transición hasta el socialismo integral y ese periodo es la dictadura del proletariado, hacia la cual vamos”. 1 de noviembre 1933

Fue Francisco Largo Caballero, secretario general del PSOE, conocido como el Lenin Español, quien reflejó estas instrucciones de 1934 en un libro titulado ESCRITOS DE LA REPUBLICA. Notas históricas de la guerra de España. Edición, estudio preliminar y notas de Santos Juliá, Pablo Iglesias, Madrid, 1985. Para general conocimiento y para que no se le ocurra copiarlas a nadie, incluido Pedro Sánchez, el llamado Largo Caballero del siglo XXI y a su Valido Pablo Iglesias.

PARTIDO SOCIALISTA OBRERO ESPAÑOL. INSTRUCCIONES SOCIALISTAS PARA INICIAR LA SUBLEVACIÓN ARMADA CONTRA LA REPÚBLICA. INSTRUCCIONES PRELIMINARES

«1º. Se prohíbe en absoluto sacar copias de estas instrucciones y se hace responsable de la custodia y reserva de las mismas a la persona a quien se le entreguen.

«2º. La Junta de provincia se encargará de constituir juntas locales en cada uno de los pueblos, a cuyo efecto se pondrá en relación con la persona de más confianza que pueda encargarse de formar la Junta local encargada de organizar todos los trabajos de relacionarse con la provincial.

«3º. El número de miembros de estas juntas será de tres, solamente ampliable en caso de absoluta necesidad.

«4º. Las juntas provinciales residirán en la localidad de la provincia que se crea más conveniente para el desempeño de su misión y serán las únicas que mantengan relación con la Junta Central.

«5º. Las juntas provinciales se hallan investidas de autoridad plena sobre toda la provincia, y las juntas locales sobre todos los individuos de la localidad.

«6º. Debe evitarse, en todo lo posible, poner en circulación instrucciones u órdenes escritas, y cuando sea indispensable usar este medio, utilizar claves o lenguaje convencional.

«7º. Los miembros de la Junta están obligados a guardar la más rigurosa reserva. No hablarán de los propósitos, instrucciones, y órdenes, sino lo absolutamente indispensable, y esto, solamente con las personas con quienes tengan que mantener relación para los fines que se persiguen. Ninguna confianza con nadie más.

«8º. Las juntas provinciales no deberán atender otros avisos e instrucciones que las que reciban de la Junta Central, ni acatar otras órdenes que las de ésta, sin excepción alguna. Las juntas locales, las que reciban de las provinciales.

«9º. Ningún rumor, noticia, hecho, ni circunstancia, puede justificar la declaración del movimiento en un pueblo o provincia sin haber recibido la orden precisa de las juntas exclusivamente facultadas para ello. El faltar a esta instrucción puede acarrear graves daños al movimiento general.

«10º. Todas las juntas deben vigilar que la organización se haga con toda escrupulosidad, y que se observe una rígida disciplina, base esencial del éxito.

«11º Donde no existan personas de absoluta confianza, las juntas deberán abstenerse de constituir grupos o dar instrucciones.

«12º. Conviene tener dentro de las organizaciones enemigas personas de confianza que nos faciliten información fiel de sus planes y medios.

«13º. Las juntas de provincia tendrán convenidas con las de los pueblos contraseñas especiales, no sólo para cursar las órdenes relativas al movimiento, sino para garantizarse la visita de los delegados y para evitar que una orden falsa pueda provocar un movimiento a destiempo.

«14º. Conviene estar prevenidos contra las noticias falsas que el Gobierno o los enemigos de todas clases puedan esparcir por medio de la prensa o de la radio, tales como “el movimiento está dominado”, “sus directores detenidos”, etc., etc. Cada pueblo debe hacerse a la idea de que tiene que ser un firme sostén de la insurrección, sin ocuparse de lo que ocurra en otros lugares. La debilidad ajena no justifica la propia. El triunfo del movimiento descansará en la extensión que alcance y en la violencia con que se produzca, más el tesón con que se defienda.

«15º. Los grupos de acción han de convertirse en guerrillas dispuestas a desarrollar la máxima potencia. En esta acción nos lo jugamos todo y debemos hallarnos dispuestos a vencer o morir. Una vez empezada la insurrección no es posible retroceder.

«16º. Corresponde a las juntas provinciales:

«a) Asumir la organización y dirección de todo el movimiento en la respectiva provincia.

«b) Mantener relación con la Junta Central y las locales.

«c) Constituir una Junta Local en cada pueblo, con arreglo a la instrucción número 2.

«d) Organizar las fuerzas de la capital.

«e) Velar por la observancia y cumplimiento de las instrucciones y órdenes que reciba y transmita.

«f) Relación con entidades.

«17º. Informarse de las que se hallan decididamente dispuestas a secundar un movimiento revolucionario, y contando con su concurso, adoptar todas las previsiones para que una vez declarado pueda mantenerse indefinidamente; sobre todo en lo que concierne a los servicios más importantes e indispensables.

«18º. Con los individuos más decididos y de mayor confianza dispuestos a ejecutar sin discusión las órdenes que se den, se formarán grupos de diez, dos de los cuales serán designados como jefe y subjefe. Estos grupos deberán estar armados y sus jefes les instruirán en ejercicios de tiro y en táctica militar.

«19º. La potencia revolucionaria de las fuerzas habrá de valorarse convenientemente para dividirlas en dos clases. Hombres capaces de batirse y de ejecutar órdenes. Hombres dispuestos a cooperar en otros servicios. Con los primeros se constituirán las milicias en grupo de diez. Con los segundos pueden cubrirse servicios de poco riesgo.

«20º. Deben constituirse grupos técnicos de los servicios de Gas, Electricidad, Alcantarillado, Teléfonos, Telégrafos, etc., etc., capaces de formalizar y llevar a cabo planes para, en caso necesario, suprimir estos servicios en la población en forma de que no puedan ser fácilmente reanudados por otros.

«21º. El movimiento debe afectar a todos los servicios, pero principalmente a los de vital importancia (alimentación, transportes, agua, gas, etc.), y los grupos de acción cuidarán de anular a los que se presten a evitarlo.

«22º. Cualesquiera que sean las circunstancias de una población y por débil que sea la fuerza organizada, el movimiento debe ser lo más extenso posible. Los grupos técnicos con los de acción cuidarán de lograr por todos los medios la paralización de industrias y servicios y dominar en la calle.

«23º. Las relaciones con los demás sectores afines serán cordiales sin el menor confucionismo; sin facilitarles datos concretos de nuestra organización y nuestros planes, procurando que ellos hagan su organización propia, y comprometiéndose a respetar la dirección del movimiento que siempre debe ser nuestra.

«24º. Todos los grupos que se formen, por medio de sus jefes, estarán bajo el mando de la Junta local y provincial.

«25º. Debe ponerse interés en organizar servicios sanitarios para atender rápidamente a los que puedan caer heridos en la lucha. Las mujeres, en el momento oportuno pueden prestar a este servicio un concurso valioso.

«26º. Precisa conocer la fuerza pública que exista en cada localidad. Militares, Guardia Civil, Asalto, Seguridad, etc., etc. Armamento de que disponen. Condiciones defensivas de sus cuarteles, medios de apoderarse de ellas, inutilizarlas o, por lo menos, inmovilizarlas.

«27º. Con el mayor cuidado debe conocerse la manera de pensar de jefes, oficiales, y clases, procurando establecer relaciones con algunos que merezcan plena confianza, y recomendarles que, independientemente de nosotros, formen ellos su Junta.

«28º. Nuestros jóvenes no deben perder el contacto, discretamente, con los amigos que se hallen en filas.

«29º. En cada provincia debe conocerse con la mayor exactitud el número de jefes, oficiales y clases de la guarnición con sus nombres, domicilios, y significación para actuar en cada caso como las conveniencias aconsejen.

«30º. También deben conocerse los depósitos de armas y polvorines y los medios de apoderarse de ellos o, en otro caso, inutilizarlos.

«31º. Los elementos auxiliares de confianza que haya dentro de los cuarteles deben facilitar con exquisita discreción toda la información que les sea posible respecto a órdenes, preparativos, estado y disposición de la fuerza, medios por los cuales puede hacerse la incautación de las armas o su inutilización en caso contrario; modo de impedir la salida de las fuerzas de los cuarteles y cuanto sirva a contrarrestar estos elementos.

«32º. Cuanto haya inteligencia entre las fuerzas militares y la Junta local, se formalizará el plan de acción combinada de ambas fuerzas, para lo cual deberán celebrar reuniones que no sean numerosas. Bastará con que se reúna un individuo de cada parte.

«33º. Triunfante el movimiento, las fuerzas militares adictas tendrán una representación oficial en la Junta local.

«34º. Los grupos de acción se formarán con arreglo a la instrucción número 18, bajo las órdenes del respectivo organismo directivo local al que obedecerán sin discusión.

«35º. Además de instruirse convenientemente para el momento de la acción, se encargarán de facilitar a la Junta local los nombres y domicilios de las personas que más se han significado como enemigos de nuestra causa, o que puedan ser más temibles como elemento contrarrevolucionario. Estas personas deben ser tomadas en rehenes al producirse el movimiento, o suprimidas si se resisten.

«36º. En el momento de la acción, cada grupo tendrá señalado de antemano el lugar donde debe actuar y a donde debe trasladarse después de concluida su primera misión. Estas instrucciones se las darán sus jefes oportunamente. Las juntas cuidarán escrupulosamente de no dar órdenes contradictorias a los jefes de grupo para que todos los movimientos se produzcan ordenadamente, sin barullo, y sin confucionismos.

«37º. Deben determinarse los edificios y calles que conviene ocupar para mejor resistir los ataques de la fuerza, o para evitar que los elementos enemigos escapen.

«38º. Fórmese una relación de los automóviles y demás medios de transportes que haya en la población, lugares en donde se encierran y lista de los individuos que pueden conducir en caso necesario.

«39º. Conocer los depósitos de gasolina, dinamita y armas, y planear el medio de apoderarse de ellos en el momento preciso. Previamente debe adquirirse y guardar en lugar seguro dinamita. Cada individuo puede tener en su casa sin compromiso para uso doméstico [sic] un bidón de gasolina.

«40º. La gasolina y dinamita empleada inteligentemente pueden servir para desmoralizar al enemigo con incendios y petardos.

«41º. Hay que dificultar con gran rapidez los movimientos de adversario cortando líneas de ferrocarril, inutilizando puentes, interceptando carreteras, todo ello respondiendo a un plan bien meditado por los elementos previamente designados y que imposibilite que la fuerza pueda acudir a todas partes.

«42º. En principio, se llamará la atención de la fuerza pública, donde así convenga, con incendios, petardos u otros medios, para que se vea obligada a acudir donde se produzcan. Estos momentos se aprovecharán para cortar las líneas de comunicación, o inutilizar aparatos, etc., y asaltar centros oficiales y políticos. En éstos, incautarse de ficheros y archivos.

«43º. Rápidamente apoderarse de las autoridades y personas de más importancia, y guardarlas en rehenes.

«44º. Preferentemente hay que inutilizar la fuerza pública de los pueblos desarmándola totalmente, aunque prometa permanecer neutrales.

«45º. Se tomarán las salidas del pueblo. Se requisarán automóviles y otros medios de locomoción. Se incautarán de los depósitos de gasolina y, grupos armados, recorrerán las casas de los enemigos para apoderarse de las armas que tuvieren y armar con ellas a los amigos que no las tengan.

«46º. Apoderarse, lo antes posible, de los establecimientos donde se vendan armas, municiones y explosivos.

«47º. Los bancos y archivos se vigilarán estrechamente. Se impedirá, por todos los medios, que en las iglesias se toque a rebato.

«48º. Haciendo una buena distribución de fuerzas por toda la población deberá hacerse una guerra de guerrillas. Nunca deben presentarse grandes masas frente a la fuerza pública, procurando así que toda sea distribuida y hostilizándola sin cesar hasta rendirla por agotamiento. Atacar siempre, que sea posible, desde lugares seguros.

«49º. Las casas cuarteles de la Guardia Civil deben incendiarse si previamente no se entregan. Son depósitos que convienen suprimir.

«50º. Caso de que por cualquier motivo se produzcan bajas en las juntas provinciales o locales, serán cubiertas nombrándolos los jefes de grupo en los pueblos y los organismos provinciales en las capitales.

«51º. Si fuerzas superiores del Gobierno intentasen reconquistar un pueblo, y éste no ofreciese condiciones de resistencia, los revolucionarios lo abandonarán llevándose los rehenes y buscarán en el campo o la montaña el lugar más favorable para defenderse e intimidar al enemigo.

«52º. Los grupos deben estar numerados en cada localidad; o sea: Grupo número 1, Grupo número 2, etc., y se les distinguirá de este modo a todos los efectos.

«53º. Triunfante el movimiento en un pueblo, se adoptarán las medidas necesarias para asegurar su dominio estableciendo vigilancia armada y asegurando bien los servicios y la defensa y, si sobrase elemento armado, se acudirá en auxilio de los pueblos próximos donde aún no se hubiese triunfado.

«54º. Cuando una ciudad caiga en manos de los revolucionarios, nada debe justificar su abandono. Aunque la lucha se prolongue no debe desmayarse. Cada día que pase aumentará el número de rebeldes. En cambio, la moral del enemigo irá decayendo. Nadie espere triunfar en un día en un movimiento que tiene todos los caracteres de una guerra civil. En este movimiento, el tiempo es el mejor auxiliar.

«55º. Procurarse armas hasta donde sea posible. La Junta Central, por medio de las provinciales, facilitará las informaciones que posea.

«56º. Para dificultar los movimientos de la fuerza, pueden cerrarse bocacalles con alambre de espino y otros medios y, al mismo tiempo regar todo el ancho de la calle con gasolina dándole fuego y desde puntos o casas inmediatas atacar a la fuerza cuando trate de quitar estos obstáculos.

«57º. Levantar barricadas entre las cuales se oculten aparatos explosivos conectados con la corriente eléctrica o sustituida ésta por pilas y cuando la fuerza llega a la barricada hacerlos explotar formando un corto circuito desde una casa o lugar próximo, y aprovechar la sorpresa para atacar a la fuerza que queda y coger sus armas.

«58º. Acumular carros, coches o camionetas a la salida de los cuarteles o en las calles en que sea obligado el tránsito de la fuerza y atacarla desde lugares seguros y por distintos flancos.

«59º. Lanzar botellas de líquidos inflamables a los centros o domicilios de las gentes enemigas.

«60º. Cortar las comunicaciones en forma de difícil arreglo por parte de las fuerzas enemigas.

«61º. Volar puentes. Cortar carreteras. Líneas de ferrocarril. Imposibilitar el traslado de fuerzas para concentrarlas.

«62º. Estropear los neumáticos y de los motores de aquellos vehículos que no puedan ser utilizados por nuestras fuerzas.

«63º. Donde haya estación de emisora de radio, si no puede incautarse, incendiarla o volarla. Si no hay adentro personal adicto, inutilizarla.

«64º. Imposibilitar que los jefes de las fuerzas que no vivan en los cuarteles puedan incorporarse a sus puestos, deteniéndolos a la salida de sus domicilios, y atacándolos si se resisten.

«65º. Donde sea posible, utilizar uniformes del ejército, incluso de oficiales, para dar la impresión de insubordinación militar.

«66º. No gastar inútilmente las energías ni los medios de ataque.

«67º. Tomar y mantener la ofensiva es siempre infinitamente más eficaz que quedarse a la defensiva. Se domina mejor al enemigo, pero debe evitarse cometer imprudencias que pueda aprovechar el adversario.

«68º. Triunfante el movimiento revolucionario, lo primero que debe asegurarse es el dominio absoluto de la población, perfeccionando las milicias armadas, ocupando los sitios estratégicos, desarmando totalmente a las fuerzas contrarias y ocupando los edificios públicos.

«69º. Se restablecerán rápidamente las comunicaciones y se dará cuenta a la Junta de la capital y ésta a la Central de la situación.

«70º. Se procederá a la incautación de los víveres, o bien se controlará al comercio para que éste los facilite al vecindario, evitando enérgicamente todo abuso.

«71º. Siguiendo las instrucciones y órdenes de la Junta local se nombrará una Junta administrativa y de defensa del pueblo cuyas órdenes se acatarán sin discusión y, si fueren abusivas, se acatarán también, pero denunciándolas inmediatamente a la Junta provincial que deberá proceder rápidamente a enviar a un delegado suyo con plenos poderes cuyas resoluciones se acatarán.

«72º. Los bienes de la gente pudiente servirán para garantizar las necesidades del vecindario hasta que se dicten medidas por el Poder Central. Nadie debe quedarse sin comer en tanto haya en el pueblo recursos para proporcionarlo.

«73º. Durante el movimiento revolucionario toda la energía y todos los medios serán pocos para asegurar el triunfo. Una vez que éste se haya logrado, debe ponerse la misma energía para evitar crueldades innecesarias ni daños, sobre todo en cosas que puedan ser luego útiles o necesarias para los fines de la revolución».

Etiquetas:

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: