Archivo | marzo 2020

Nada será igual

Recluido como estoy, voluntariamente desde principio del mes de marzo, tras los cristales de alegres ventanales de Carlos Gardel o Sara Montiel, pero sin fumar, veo la quietud del entorno, no pasea nadie, cerrados todos los establecimientos, llueve a ratos, los ciudadanos asustados y concienciados, parece un estado de guerra que, sin demoler edificios, haya asolado la ciudad.

El dicho popular que dice “el español piensa bien, pero tarde”, se ha hecho realidad. Hemos sido, y empleo la primera persona del plural porque quien ha tenido que tomar la decisión ha sido el Gobierno de todos los españoles, demasiado prepotentes, orgullosos, fatuos, populistas, y antepuesto el sectarismo de una parte de la población, a cualquier actuación prudente, precavida y sin tener ningún plan alternativo.

El primer caso de coronavirus en España se produjo el treinta y uno de enero; se adjuntan datos públicos facilitados por el Ministerio de Sanidad, que ponen en evidencia las mentiras que los políticos nos están contando; en unas recientes declaraciones de Pedro Duque, a la sazón ministro de Ciencia, ha reconocido que “desde enero” el Gobierno tenía constancia de la gravedad del asunto sin tomar medida alguna, y que el 6 de marzo la Unión Europea pidió a España prohibir la manifestación feminista del 8-M.

En esa misma fecha de enero, el Dr. Cavadas, reputado mundialmente, avisó de la gravedad de la situación.

Y existe un informe del CSIC, también de enero, “apuntando con argumentos científicos y basados en la experiencia la gravedad de la situación, y la necesidad de tomar medidas, aunque éstas tengan que ser duras”.

 

 

Se avisó “que viene el lobo” pero nadie hizo nada hasta que el lobo llegó de verdad. Y nos ha pillado con una situación precaria de medios humanos y técnicos, indignos de un país del estado de bienestar que creíamos disfrutar, en el que el desabastecimiento sanitario ha sido un rotundo fracaso y no sé a qué inútil, o inútila,  han puesto a comprar material en China, a dónde hasta el empresario más novato sabe que hay que llegar con el dinero en efectivo y al contado; esta semana es cuando han dicho que ya se han pagado 400 millones de euros, a recibir entre abril y junio, repito junio, lo que indica que el Gobierno sabe que esto va para rato.  Para justificarse, la izquierda ha puesto en escena sus dóberman en los medios de comunicación y en las redes sociales, culpando a los recortes económicos realizado cuando el Partido Popular gobernaba, por lo que puede venir cuando esto acabe.

 

 

Adjunto resumen del Gasto Público en Salud en España desde el año 2000 al 2018, según documentos oficiales presupuestarios. Desde 2014 con el PP en el poder, el gasto sanitario no dejó de subir, hasta alcanzar el mayor importe absoluto en el año 2018, en el que Pedro Sánchez pasó a ser presidente del Gobierno. Esto son datos, no opiniones sesgadas por unos o por otros. Es más, en agosto del pasado año 2019, Pedro Sánchez, en funciones entonces, envió una carta a once Comunidades Autónomas en la que les reclamaba un plan de ajuste y recortes en el gasto sanitario.

 

 

Todos los días me emociono cuando llegan las ocho en punto de la tarde y salgo a aplaudir a los profesionales que están dando la vida por salvarnos de esta pandemia, médicos, enfermeros, sanitarios, farmacéuticos, policía, guardia civil, militares, analistas de laboratorio, bomberos, servicios sociales, periodistas, basureros, barrenderos, equipos de limpieza, taxistas, camioneros, repartidores, empleados de supermercados y algún otro que se me pueda olvidar en este momento. Ellos si que son los héroes anónimos de este país, ellos si que se merecen todo nuestro respeto, confianza, apoyo y reconocimiento.

También hay que agradecer, aunque haya algún comunista que lo niegue porque la propiedad privada es lo primero que niegan, las donaciones y contribuciones que están realizando muchas empresas, con Amancio Ortega y su imperio Inditex a la cabeza, Mango, Real Madrid, Atlético de Madrid, Banco Santander, BBVA, El Corte Inglés, Novartis, Iberia, Huawei, hoteles medicalizados y de acogida en toda España, IFEMA, la Universidad de Alcalá de Henares, Cruz Roja, Cáritas y, confío, otras muchas empresas y organismos locales que desconozco, así como las monjas de diferentes monasterios y trabajadores de pequeñas empresas que han cerrado su producción habitual y se han dedicado a hacer respiradores, mascarillas y geles alcohólicos desinfectantes. Y a la comunidad china en España, por su responsabilidad personal y por su solidaridad, intermediando en la compra del material sanitario necesario en China, sobre la que, dicho sea de paso, todas las Comunidades Autónomas se quejan de la gestión centralizada que ha llevado a cabo el Ministerio de Sanidad.

En cambio, no he visto contribución ni colaboración ninguna por parte de sindicatos, liberados sindicales que se reincorporen a su puesto de trabajo, directores de cine subvencionados, cantantes, actrices y actores de los de “la ceja” (que yo conozca, una sola excepción), famosos presentadores de televisión, ONG’s subvencionadas (salvo media docena de excepciones, de las 659 registradas, más 749 de cooperación internacional, más 627 de asistencia a colectivos marginados), inmigrantes subvencionados y todo gratis, las rosas, los claveles, las feministas, que no las veo acudiendo voluntarias a los hospitales para ayudar a las mujeres con coronavirus, ni a los progres, que no los veo prestar ayuda alguna a las personas que viven en la calle, entre cartones, y que muchos de ellos han hallado cobijo y protección en parroquias, centros de Cáritas y conventos. Ni a ese desgraciado concejal de la CUP en Vich llamado Joan Coma i Roura, que ha pedido “abrazar fuerte” a los militares y “toserles en la cara” porque “quizá así se van y no vuelven más”.

Algunos dicen que Estados Unidos no nos está ayudando, cuando hasta Marruecos nos cierra sus fronteras. Nada es gratis en esta vida. No levantarse al paso de la bandera de ese país en un desfile militar, o no invertir el 2% comprometido de los PGE en el Ejército, cierra las puertas a entrevistarse con Trump y que ningunease a nuestro presidente en la última reunión de la OTAN, el Pedro Sánchez que en el año 2014 dijo en El Mundo: “Falta más presupuesto contra la pobreza, la violencia de género … y sobra el Ministerio de Defensa”.

La situación es muy grave, hasta tal punto que el alcalde de Alcalá de Henares, socialista, que creo lo está haciendo muy bien en esta crisis, ha dicho que “El hospital Príncipe de Asturias es el que mayor carga de personas infectadas y de fallecidos tiene en relación a su capacidad”. Se trata de un hospital universitario comarcal, con magnífica dotación de médicos, MIR y alumnos de la Universidad de Alcalá.

Pero no se trata solo de los enfermos, la pandemia está diezmando a los sanitarios; la pasada semana “los representantes sindicales de AMYTS, CCOO, CSIF, CSIF, SATSE, UGT Y USAE del hospital Príncipe de Asturias, suplicamos a las autoridades competentes tengan en cuenta la situación desesperada de los/las trabajadores/as de este hospital en relación con los equipos de protección individual. En la actualidad, no tenemos ni batas impermeables, ni suficientes mascarillas FPP2 y FPP3, gafas de protección, contenedores grandes de residuos, con todas las consecuencias que esto puede ocasionar”.

Suenan voces autorizadas que hablan de continuar con el Estado de Alarma al menos hasta el veintisiete de abril, prolongándose más allá de junio la saturación de camas y UCI’s hospitalarias, mientras el “Modelling Uncertainty Quantification” de la Politécnica de Valencia calcula que, matemática y estadísticamente, podría dejar más de medio millón de infectados en España y la OMS pronostica para esas fechas una segunda ola de más contagios.

Será después cuando haya que pedir las responsabilidades que correspondan, y ponerse manos a la obra para reflotar este país política y económicamente, en el que habrá que suprimir subvenciones y trabajar más, pues ya nada será igual porque “ineficacias, excusas y pretextos, no resucitan a los muertos”.

 

Antonio Campos

Liquidez y solvencia

El Gobierno ha prohibido por Decreto los despidos por cualquier causa mientras dure el Estado de Alarma provocado por el coronavirus, si no es mediante la indemnización de 33 días por año trabajado:

  • La fuerza mayor y las causas económicas, técnicas, organizativas y de producción en las que se amparan las medidas de suspensión de contratos y reducción de jornada previstas en los artículos 22 y 23 del Real Decreto-ley 8/2020, de 17 de marzo, no se podrán entender como justificativas de la extinción del contrato de trabajo ni del despido.
  • La suspensión de los contratos temporales, incluidos los formativos, de relevo e interinidad, por las causas previstas en los artículos 22 y 23 del Real Decreto-ley 8/2020, de 17 de marzo, supondrá la interrupción del cómputo, tanto de la duración de estos contratos, como de los periodos de referencia equivalentes al periodo suspendido, en cada una de estas modalidades contractuales, respecto de las personas trabajadoras afectadas por estas.
  • La duración de los expedientes de regulación de empleo autorizados al amparo de las causas previstas en el artículo 22 del Real Decreto-ley 8/2020, de 17 de marzo, no podrá extenderse más allá del periodo en que se mantenga la situación extraordinaria derivada del COVID-19 de acuerdo con lo previsto en el artículo 28 de la misma norma, entendiéndose, por tanto, que su duración máxima será la del estado de alarma decretado por el Real Decreto 463/2020, de 14 de marzo, por el que se declara el estado de alarma para la gestión de la situación de crisis sanitaria ocasionada por el COVID-19 y sus posibles prórrogas.

Se pretende con ello que las empresas se acojan a un ERTE y no se produzca un aumento desmesurado de personas en el paro, reclamando a las empresas “ejemplaridad” y que mantengan los puestos de trabajo.

Para esas empresas afectadas por el coronavirus, el Estado avalará el 80% de los créditos a empresas, pymes y autónomos, para afrontar el pago de salarios, circulante, facturas, necesidades de liquidez, incluyendo las derivadas de vencimientos de préstamos o impuestos, para “asegurar el mantenimiento de la actividad” de las empresas.

Todo ello será gestionado por el ICO, a través de la red de oficinas de los bancos, el aval tendrá una vigencia igual al plazo del préstamo concedido, con un máximo de cinco años, el tipo de interés será el que marque cada banco, que a su vez pagará al Gobierno entre el 0,20% y el 1,20% por el aval prestado, según plazo del préstamo.

José María Roldán, presidente de la AEB, ha dicho que “ninguna empresa española solvente debe tener problemas de liquidez ni de financiación”. Ahí está el fondo del asunto, la solvencia.

 

 

Me olvido de tecnicismos y voy a tratar de explicar de una forma que esté al alcance de cualquier lector la diferencia entre LIQUIDEZ y SOLVENCIA.

Una empresa es solvente cuando tiene más bienes realizables que deudas. Supongamos una pequeña empresa que es propietaria de diez viviendas con valor global de dos millones de euros; y debe, por todos los conceptos, medio millón de euros; como en la situación actual los inquilinos no van a poder pagarle el alquiler durante un tiempo, tiene necesidades transitorias de LIQUIDEZ para hacer frente al préstamo del medio millón de euros que tiene de deudas, las nóminas, agua, luz, etc. Le falta liquidez, pero es SOLVENTE porque, en el supuesto de impago del préstamo, el prestamista puede cobrar dada la solvencia del prestatario.

¿Es este el supuesto de esas empresas que a fecha de estos comentarios han solicitado un ERTE para millón y medio de asalariados? Yo creo que no, que muchas empresas que ya antes de esta crisis apuntaban problemas financieros, van a aprovechar para solicitar Concurso de Acreedores en el momento que puedan posterior al actual Estado de Alarma. Perderá el banco el 20% de lo prestado, y el Estado el 80% restante, más lo que tendrá que pagar el FOGASA, que garantiza a los trabajadores la percepción de salarios, así como las indemnizaciones por despido o extinción de la relación laboral, pendientes de pago a causa de insolvencia o procedimiento concursal del empresario.

En cuanto a las medianas y grandes empresas, la cobertura del Estado será del 70% cuando se trate de nuevos préstamos, y del 60% cuando sean renovaciones de préstamos que vayan a vencer en los próximos meses, hasta el próximo septiembre, quedando excluidos de garantía los de importe unitario superior a 50 millones de euros.

No estoy diciendo que sea mala la decisión tomada por el Gobierno, pero no sería lo que yo hubiera hecho; solo estoy apuntando que todo esto no va a salir gratis ni a los bancos ni a los ciudadanos españoles.

PD – Mientras escribo estas líneas, está interviniendo Pedro Sánchez en los medios de comunicación, tratando de salvar su responsabilidad y de su equipo de gobierno, echándole la culpa a Europa por la falta de cooperación en facilitar material sanitario y ausencia de un plan de ayuda financiera para cuando acabe esta pandemia, a la vez que anuncia que “Todos los trabajadores de actividades no esenciales deberán permanecer confinados en sus casas, con permiso retribuido y recuperación en el futuro de las horas no trabajadas”. Mal, muy mal tienen que estar las cosas para haber tomado esta decisión y para quedar en evidencia con sus colegas europeos.

Opinión de poder fáctico

El Club Bilderberg debe su nombre al primer lugar donde se celebró la reunión, en 1954, el hotel Bilderberg (Holanda). Asisten anualmente entre 120-150 personas, las más importantes del mundo en todos los sectores, unos porque forman parte del Comité Directivo del Club, y otros invitados por estos. Los Rockefeller, los Rothschild y Henry Kissinger, entre otros políticos y banqueros.

Cuatro españoles han llegado a lo más alto del Bilderberg desde su fundación: Jaime Carvajal y Urquijo, expresidente de Ford España y del Banco Urquijo, y marqués de Isasi; Matías Rodriguez Inciarte, exvicepresidente del Banco Santander; el expresidente del Grupo Prisa, Juan Luis Cebrián; y la presidenta de Banco Santander, Ana P. Botín, que es la que actualmente forma parte del Comité Directivo de dicho Club.

Sólo permiten hablar a los invitados durante un minuto; transcurrido ese tiempo, se enciende una luz roja en la sala que indica que tu momento ha terminado. Se parece a los métodos de algunos programas de televisión. Hayas acabado o no de exponer lo que querías, ya no puedes decir más.

Españoles que han asistido: Juan Carlos I Rey de España, la Reina Sofía, Fraga, Felipe González, Manuel Prado y Colón de Carvajal, Pedro Solbes, Javier Solana, Joaquín Almunia, Rodríguez Zapatero, Bernardino León, José Manuel Entrecanales, Alberto Ruiz-Gallardón, Enrique Barón, Ana Patricia Botín, Esperanza Aguirre, Juan María Nin, Federico Trillo, Rodrigo Rato, Narcis Serra, Jordi Pujol, Miguel Boyer, Antonio Garrigues Walker, César Alierta, Matías Rodríguez Incierte, Dolores de Cospedal, Soraya Sáenz de Santamaría, José Manuel García-Margallo, Luis de Guindos, Albert Rivera, Luis Garicano.

Juan Luis Cebrián, escribe en El País el pasado lunes día 23 de marzo el artículo que, por su interés, reproducimos a continuación.

 

 

“”En septiembre del año pasado, un informe de Naciones Unidas y el Banco Mundial avisaba del serio peligro de una pandemia que, además de cercenar vidas humanas, destruiría las economías y provocaría un caos social. Llamaba a prepararse para lo peor: una epidemia planetaria de una gripe especialmente letal transmitida por vía respiratoria. Señalaba que un germen patógeno de esas características podía tanto originarse de forma natural como ser diseñado y creado en un laboratorio, a fin de producir un arma biológica. Y hacía un llamamiento a los Estados e instituciones internacionales para que tomaran medidas a fin de conjurar lo que ya se describía como una acechanza cierta. La presidenta del grupo que firmaba el informe, Gro Harlem Brundtland, antigua primera ministra de Noruega y exdirectora de la Organización Mundial de la Salud, denunció que un brote de enfermedad a gran escala era una perspectiva tan alarmante como absolutamente realista y podía encaminarnos hacia el equivalente en el siglo XXI de la “gripe española” de 1918, que mató a cerca de 50 millones de personas. Denunció además que ningún Gobierno estaba preparado para ello, ni había implementado el Reglamento Sanitario Internacional al respecto, aunque todos lo habían aceptado. “No sorprende” —dijo— “que el mundo esté tan mal provisto ante una pandemia de avance rápido transmitida por el aire”.

Los llantos de cocodrilo de tantos gobernantes, en el sentido de que nadie podía haber imaginado una cosa así, no tienen por lo mismo ningún sentido. No solo hubo quienes lo imaginaron: lo previeron, y advirtieron seriamente al respecto. Ha habido sin ninguna duda una negligencia por parte de los diversos ministros de Sanidad y sus jefes, y en Francia tres médicos han presentado ya una querella contra el Gobierno por ese motivo. La consecuencia es que la mayoría de las naciones occidentales están hoy desbordadas en sus capacidades para luchar contra la epidemia. Se ha reaccionado tarde y mal. Faltan camas hospitalarias, falta personal médico, faltan respiradores, y falta también transparencia en la información oficial. En nuestro caso los periodistas tienen incluso que soportar que sus preguntas al poder sean filtradas por el secretario de Comunicación de La Moncloa.

El 24 de febrero la OMS declaró oficialmente la probabilidad de que nos encontráramos ante una pandemia. Pese a ello y a conocer la magnitud de la amenaza, ya hecha realidad con toda crudeza en varios países, apenas se tomaron medidas en la mayoría de los potenciales escenarios de propagación del virus. En nuestro caso se alentó la asistencia a gigantescas manifestaciones, se sugirió durante días la oportunidad de mantener masivas fiestas populares, no se arbitró financiación urgente para la investigación, se minimizó la amenaza por parte de las autoridades, e incluso el funcionario todavía hoy al frente de las recomendaciones científicas osó decir entre sonrisas que no había un riesgo poblacional.

No es momento de abrir un debate sobre el tema, pero es lícito suponer que además de las responsabilidades políticas los ciudadanos, que ofrecen a diario un ejemplo formidable de solidaridad en medio del sufrimiento generalizado, tendrán derecho a demandar reparación legal si hay negligencia culpable. Cunden a este respecto las dudas sobre la constitucionalidad en el ejercicio del estado de alarma. Se han suspendido en la práctica, aunque el decreto no lo establezca así, dos derechos fundamentales, el de libre circulación y el de reunión. No se discute el contenido de las medidas, del todo necesarias, sino la decisión de no declarar el estado de excepción que sí cubriría, sin duda alguna, dichos extremos, como también la movilización del Ejército. La impresión dominante es que el Gobierno es prisionero en sus decisiones de los pactos con sus socios de Podemos y los independentistas catalanes y vascos. En una palabra, la conveniencia política prima, incluso en ocasiones tan graves como esta, sobre la protección de la ciudadanía.

En descargo de nuestras autoridades puede apelarse por desgracia a parecidos errores cometidos en la Unión Europea, cuyo fracaso institucional, si no despierta a tiempo de la parálisis, amenaza con ser definitivo. La falta de coordinación entre los Gobiernos, la variedad de las decisiones adoptadas, la incapacidad para dar una respuesta global a un problema global, es ultrajante para la ciudadanía. La Comisión, el Consejo y el Parlamento europeos deberían haber adoptado medidas homogéneas para el conjunto de sus miembros. Europa ya venía fracasando en las políticas sobre emigración o refugiados, y solo se ha mostrado firme y coherente en la exigencia de austeridad que garantice los equilibrios presupuestarios. Dicha austeridad, aplicada con criterios cortoplacistas, está en la base de la escasa inversión en los sistemas de salud, cuyas carencias nos conducen ahora al mayor desequilibrio económico y fiscal imaginable. A medida que se cierran las fronteras y se expulsa a los extranjeros, crece el nacionalismo de viejo cuño, incapaz como es de dar respuesta a problemas planetarios, y en el que se engendran desde hace siglos sangrientos conflictos.

Pero el desorden no es solo europeo. No se han reunido el G20 y el G7, los supuestos amos del mundo; los llamamientos del secretario general de la ONU a proteger a los países más desfavorecidos e inermes ante la amenaza letal no son escuchados; y al presidente de Estados Unidos no se le cae de la boca la acusación a China de ser la responsable de esta catástrofe porque el primer ataque del virus tuvo lugar en Wuhan. Uno de los principales deberes pendientes, cuando la situación se haya estabilizado, será tratar de analizar el verdadero foco del patógeno, y establecer si tiene su origen natural o fue un invento humano. Al fin y al cabo, también la pandemia de 1918 recibió el apelativo de “gripe española” cuando en realidad la transmitieron soldados norteamericanos que habían desembarcado en un puerto francés.

Dure dos semanas o dos meses (más probablemente esto último) la batalla ciudadana contra el virus, lo que se avecina tras la victoria, cuyo precio habrá que contabilizar en vidas humanas antes que en datos económicos, es una convulsión del orden social de magnitudes todavía difíciles de concebir. El poder planetario se va a distribuir de forma distinta de como lo hemos conocido en los últimos 70 años. El nuevo contrato social ya ha comenzado a edificarse además gracias al empleo masivo de la digitalización durante el confinamiento de millones de ciudadanos en todo el orbe. En el nuevo escenario, China no será ya el actor invitado, sino el principal protagonista. La eficacia de sus respuestas en las dos últimas crisis globales, la financiera de 2008 y la pandemia de 2020, le va a permitir liderar el nuevo orden mundial, cuyo principal polo de atención se sitúa ya en Asia. No por casualidad países como Corea del Sur, Singapur y Japón sobresalen en el podio de los triunfadores frente al coronavirus. Este nuevo orden mundial ha de plantear interrogantes severos sobre el futuro de la democracia y el desarrollo del capitalismo. También sobre el significado y ejercicio de los derechos humanos, tan proclamados como pisoteados en todo el orbe. Por mucho que griten los populistas es la hora de los filósofos. Uno de los más respetados en el ámbito del Derecho, el profesor Luigi Ferrajoli, llamaba precisamente desde Roma, apenas días antes de que la ciudad se cerrara al mundo, a levantar un constitucionalismo planetario, “una conciencia general de nuestro común destino que, por ello mismo, requiere también de un sistema común de garantías de nuestros derechos y de nuestra pacífica y solidaria coexistencia”. Palabras que me hubiera gustado escucharan los españoles días atrás en alguno de los mensajes a la nación, tan bienintencionados como poco inspiradores””.

El Grupo Prisa, al que pertenece El País, atraviesa por severas dificultades financieras, que solo pueden salvarse mediante financiaciones de terceros, públicos o privados. A mí me da la impresión que este artículo es el principio del fin del sanchismo.

 

 

Comunismo

Desde que Podemos se organizó como partido político, he venido publicando diversos artículos poniendo de manifiesto sus verdaderas intenciones, documentándome sobre sus programas de actuación y comparándolo con las ideas de bolcheviques históricos, de su forma de actuar y propaganda, y de opiniones de personas que han vivido, y algunas siguen viviendo, en países como Cuba o Venezuela, a quienes han asesorado políticamente no hace tanto tiempo los líderes podemitas.

He tenido que oír de todo sobre mis opiniones, principalmente por la tupida red tendida por Podemos en medios digitales y de comunicación que tiene controlados, incluso de algunas personas a las que conozco personalmente desde hace muchos años, que han tenido unas nóminas de doscientos mil euros anuales, viven en un chalet o en el centro de Madrid y tienen una formación personal importante, de los que no puedo por menos pensar que son resentidos históricos de hechos pasados que no fueron capaces de perdonar con la Transición, porque no alcanzo a comprender otro motivo.

La forma de dar un golpe de estado quedó obsoleta a partir de Tejero y el 23-F, que sigue siendo uno de los secretos de Estado de la democracia, aunque los que vivimos aquel día en primera persona tengamos nuestras propias ideas sobre el fondo de la cuestión.

Los secesionistas catalanes declararon la independencia de ese territorio español en 2017, otro golpe de estado que ha motivado el torticero retorcimiento de las leyes para que los juzgados y condenados por aquellos hechos se encuentren en semilibertad a los tres años de aquellos acontecimientos.

Con el desgraciado tema del coronavirus y el Consejo de Ministros que decretó el Estado de Alerta en España, Pablo Iglesias, Vicepresidente del Gobierno, intentó dar otro teórico golpe de estado proponiendo la nacionalización de los medios de comunicación para su control, y la nacionalización de las grandes compañías, entre las que se encuentran las eléctricas y la sanidad privada, a la voz de ¡exprópiese! de Hugo Chávez o Nicolás Maduro. A cambio, Pedro Sánchez lo ha incluido en el Consejo Asesor del CNI, ha puesto el lobo a cuidar de los corderos, y le ha permitido un mitin publicitario de una hora en todas las televisiones españolas.

Y aprovechando la situación, hechos con sabor a Maduro en estado puro: Suspender el control parlamentario de la oposición mientras dure la crisis del coronavirus; conceder la gracia del indulto a los que estuvieran en tramitación con fecha 14 de marzo de 2020 o que se hayan iniciado o vayan a iniciarse con posterioridad a dicha fecha, o lo que es lo mismo, de todos los condenados por el procés catalán; y decretar la intervención de internet a cualquier nivel en caso de desórdenes públicos sin orden judicial previa, cosa sin precedente en la democracia española, sellar la discrepancia.

Supongo, y espero, que esto haya abierto los ojos a todos aquellos que piensan que Podemos va a acabar con su pobreza y vivir de las subvenciones, pues no hay país comunista en la historia que lo haya conseguido; en cambio, todos los dictadores comunistas han sido o son ricos y viven en un micro mundo capitalista fuera del alcance de quienes los eligieron.

Recojo a continuación la versión que circula por internet de un cubano de 85 años que en su juventud adoraba a Fidel Castro:

¿Qué es y cómo funciona el COMUNISMO? Primero te prometen muchas cosas bonitas. Igualdad, salud “gratis”, educación “gratis”, esto “gratis”, aquello “gratis”, etc. etc. OJO con la palabra GRATIS, este es el primer engaño de los demagogos comunistas.

Después que llegan al poder, te dicen que la oposición, son “enemigos”, los gringos son “enemigos”, tus familiares y amigos de derecha son “enemigos”, etc. etc. OJO con la palabra ENEMIGOS.

Ellos necesitan un enemigo fantasma, primero para polarizar al pueblo, después para dividir a las familias y por último para echarle la culpa de todos sus fracasos a los “imperialistas yanquis”.

 

 

Después recogen las armas por un lado, pero se las dan a sus simpatizantes. Luego nacionalizan todas las industrias, confiscan todos los negocios, te dicen que no puedes vender tus propiedades (carro, casa, etc.) ni puedes abrir tu propio negocio.

Todo le pertenece al estado, o como dicen ellos, al “pueblo”. Bajan los salarios (sólo a los profesionales, los soldados son “comprados” con salarios más altos), porque todos esos servicios “gratis” hay que pagarlos y en realidad salen de tus ingresos. Es decir, si ganabas 1000 ahora te dan 200. Los otros 800 son para tu salud y tu educación “gratis”.

Pero con 200 no puedes ni comer ni arreglar tu casa que con el tiempo se desmorona, ni arreglar tu carro que ya está viejo. Entonces subsidian los alimentos y te dan una especie de “libreta” donde mensualmente puedes ir a la bodega del estado a adquirir 1 huevo, 1 libra de papa y … no hay más nada.

Inducen el hambre, el pueblo ya no tiene tiempo para innovar, ni dinero para invertir, ni incentivos para estudiar. Tu tiempo lo empleas “inventando”, ingeniándotela para sobrevivir en un lugar donde hay hambruna, tus hijos están malnutridos, los edificios parecen ruinas, la gente envidia lo poco que puedes adquirir, tus hermanos están exiliados, un tío preso por cuestiones políticas, dos amigos desaparecidos y tú te quedaste sin ilusiones.

Después viene la parte más cruel. Resulta ser que el gobierno es oficialmente “ATEO”. Las iglesias llevan años clausuradas. Los obispos fueron expulsados, los sacerdotes y pastores enviados a campos de concentración, una especie de esclavitud moderna.

Tú tienes necesidades espirituales, pero no hay templos abiertos, no puedes orar en público ni puedes llevar una Biblia en mano. La vida te dio duro (en realidad fue el comunismo quien te noqueó) y te dejó sin metas, sin aspiraciones.

El comunismo te desangró, peor aún, te quitó esa parte espiritual que hace que nuestra existencia trascienda más allá de la carne y el hueso, más allá del polvo y la triste realidad que nos rodea.

Se pierde todo, el alma, los deseos, la educación, es una decadencia total de los valores y todo lo que nos hace humanos. ESO ES EL COMUNISMO. Si quieres comprobarlo, estudia la historia de Cuba. No la que te contó Castro. La verdadera historia sin censuras. Habla con los viejitos que vivieron en la antigua Unión Soviética, con los de Alemania Oriental.

No vayas tan lejos, pregúntale a un venezolano qué se respeta, cuánto le ha dado su “socialismo del siglo XXI” Por eso, estimado latinoamericano, yo soy 100% anticomunista. El problema no es EEUU, el problema es tu dictador oportunista que te vende la filosofía utópica y fracasada de Karl Marx. Ni Castro, ni el Che, ni Chávez, son ejemplos a seguir.

¡¡TRABAJA, LUCHA LO TUYO, QUE NO TE DEN NADA “GRATIS” Y ELIMINA DE TU TIERRA TODO LO QUE HUELA A COMUNISMO!!

 

 

 

Hiperbólicamente

De todo lo manifestado por Pedro Sánchez en su mitin-intervención de ayer domingo en los telediarios de mediodía, ha pasado desapercibido el punto quinto de las cinco nuevas medidas a tomar, del siguiente literal:

“Se crea una reserva estratégica de productos y material sanitario para luchar contra futuras pandemias”.

¿Se nos está ocultando algo que va más allá del coronavirus y de la caótica situación en la que se encuentran las instalaciones sanitarias españolas por saturación y bajas por el contagio? Hay quien dirá que soy muy desconfiado o, como opina un amigo socialista, que escribo hiperbólicamente, o sea, exagerando los hechos. Lo voy a traducir: ¿Estamos en una nueva Guerra Mundial de carácter ABQ?

 

 

El tema del coronavirus empezó en China, culpando inicialmente a los murciélagos, que eran comidos por las serpientes, que a su vez eran comidas por los chinos; China culpó del inicio de la pandemia a un soldado americano; la pandemia se ha ido extendiendo de forma paulatina y casi calculada por zonas geográficas, atacando principalmente a la ciudadanía más débil, a partir de 60 años; en algunos países, importantes, la incidencia ha sido mínima; Europa, por ahora, es la más castigada, sobre todo Italia y España, aunque se espera que Francia y Reino Unido se unan a ellos en fechas próximas; no se han contagiado ninguno de los grandes líderes políticos mundiales, ni masones grado 33, ni banqueros de primer nivel mundial.

Y siguen mintiéndonos en el teórico plazo del cénit de la epidemia; En China empezó el tema hace cinco meses y todavía hay 80.000 pacientes hospitalizados.

Espero estar equivocado, pero no me ha gustado nada lo de “futuras pandemias” que ha dicho nuestro presidente. Lo mío, leer entre líneas, debe ser deformación profesional. Espero que mis pensamientos sean el sueño de una noche de insomnio por acuartelamiento voluntario.

 

 

 

 

Cantinfleando

Anoche estuve viendo en la televisión la película Patton, filmada en el año 1970, cómo un prestigioso militar sin escrúpulos, falto de sentido político y diplomático, dirigía las tropas, cómo se luchaba en la II Guerra Mundial, cómo llevaban el control del número de muertos todos los días, cómo le dieron carros de combate sin gasolina para poder movilizarse, y cómo acaba con una reflexión sobre los grandes triunfadores guerreros de la época romana: Toda gloria es pasajera.

Antes, vi el telediario, en el que apareció un anuncio gratis de casi una hora de un personaje agobiado por la incompetencia, cantinfleando, que según la RAE es, coloquialmente, en Cuba y México, “hablar o actuar de forma disparatada e incongruente y sin decir nada con sustancia”.

Pedro Sánchez nos dio un mitin echando la culpa a los demás de la situación provocada por el coronavirus, sin un mínimo de autocrítica cuando el ministro de Ciencia e Innovación, Pedro Duque, un técnico metido a político, ha reconocido públicamente esta semana que el Gobierno conocía la gravedad del tema desde el pasado mes de enero, pese a lo cual no tomó ninguna medida para frenar su avance hasta después de las manifestaciones feministas del 8-M. Si a eso unimos que el ministro de Sanidad desconoce qué es la cloroquina como método preventivo para detener la expansión del coronavirus, un producto con muchos años en el mercado, utilizado en Wuhan, la zona cero de la pandemia, y del que hacen acopio países como Alemania o Estados Unidos, el resto son palabras huecas, instrucciones del diabólico Iván Redondo que, por cierto, no sé qué pinta en la Comisión de Control del CNI, preparando la defensa política de lo que vendrá cuando acabe esta pandemia, que ha de ser, necesariamente, exigencia de responsabilidades por las negligencias cometidas, y que se siguen cometiendo.

Está claro que el Estado de Alarma se va a prorrogar otros 15 días más, de momento; “casi un centenar de científicos entre los que figuran estadísticos, médicos, epidemiólogos o expertos en salud pública ha firmado un documento en el que insta al Gobierno a decretar un confinamiento total de la población. Alertan de que las medidas adoptadas no son suficientes para evitar el colapso absoluto del sistema sanitario” según El Mundo; de ayer a hoy han muertos cuatrocientas personas más; hay hospitales que tienen a los enfermos tumbados en el suelo de los pasillos; falta material médico, test masivos y ser conscientes que se ha empleado en “pan y circo” para los adictos al régimen imperante, antes y ahora, el dinero que se debería haber invertido en Sanidad, Investigación, Ejército o desarrollo industrial.

Del mitin-anuncio de nuestro presidente, solo me quedó claro una cosa: Que lo peor está por venir, que los muertos se van a multiplicar y que, ocupados como estamos en este tema, nos han colado en el BOE de ayer, reanudar por razones de interés general todos los procedimientos para solicitar y conceder la gracia del indulto que estuvieran en tramitación con fecha 14 de marzo de 2020 o que se hayan iniciado o vayan a iniciarse con posterioridad a dicha fecha, o lo que es lo mismo, de todos los condenados por el procés catalán.

Repito lo que vengo escribiendo desde hace días: Es el momento de estar todos unidos, de tratar de salir de este tema lo más rápido y mejor posible; pero una vez superada la urgencia sanitaria, hay que pedir responsabilidades y replantearse una serie de cosas que hasta ahora hemos dado como normales y que están muy lejos de la realidad del mundo actual.

 

Sanciones a los insolidarios

 

 

En los momentos difíciles es cuando aparece la verdadera personalidad de cada uno. En España estamos en el momento más difícil desde la guerra civil, ante un enemigo desconocido que va dejando muertos por todos los sitios y del que no tenemos defensa alguna.

Aunque nuestro Gobierno ha reaccionado tarde y de forma improvisada, se han adoptado una serie de medidas que, nos gusten o no, debemos cumplir. Entre ellas, el aislamiento y la prohibición de la circulación de coches con más de una persona y solo para los casos previamente establecidos.

La mayoría de ciudadanos están cumpliendo estas reglas, pero el pícaro español sigue presente en nuestros días. Carreteras atascadas en las salidas de Madrid, Barcelona, Valencia y Bilbao este fin de semana, e impotencia gubernamental para poner orden en este desaguisado e incumplimiento; mientras, no se sabe qué funciones está desarrollando la Guardia Civil, y la UME del Ejército Español desinfectando calles y aeropuertos, tema que podría hacer otro colectivo menos preparado profesionalmente.

Se multa a particulares en las ciudades, parece ser que cerca de cuarenta mil y de las que me gustaría saber cuántas se cobran y cuántas no, pues pasa como las que se ponen a prostitutas y manteros, la mayoría serán insolventes por diferentes razones. Buenos juristas se tornan en malos legisladores y en vez que los infractores sean condenados a asistir ocho horas diarias durante un mes a los afectados por el coronavirus, ¡qué falta hace que cundiera tu ejemplo, juez Calatayud!, se airea como un éxito algo que es un fracaso de convivencia cívica.

En estos momentos, son 25.000 personas los infectados en España. Si se cumplen las previsiones que han realizado matemáticos de prestigio sobre la progresión geométrica, llegaremos a cerca de 100.000 en España. Parecen cifras exageradas, pero el que el Ejército vaya a establecer un hospital de campaña para 5.000 personas en el IFEMA de Madrid, y un centro de acogimiento en la FIRA de Barcelona, no es para bailar de alegría.

Los hospitales están desbordados y la atención empieza a ser “selectiva”, fea palabra y más en boca de quienes pueden decidir si una persona muere o no, “una expectativa de vida inferior a 1-2 años, la edad “biológica” o el “valor social” del paciente son algunos de los nuevos criterios que los médicos intensivistas creen que hay que tener en cuenta para decidir el ingreso en la UCI de una persona infectada de coronavirus mientras dure la pandemia”, con el aval de la Sociedad Española de Medicina Interna; muere un guardia civil en Ciudad Real, joven, sin antecedentes de enfermedades, y su padre escribe en internet que tardaron cuatro días en enviar una ambulancia desde que comunicaron la situación a la sanidad autonómica.

Aquí no se salva nadie. Hemos reaccionado tarde, mal, sin conocimientos y sin experiencia ante un virus que va a cambiar el panorama social y económico del mundo.

Por ti, por todos, NO SALGAS DE CASA.

 

Es el momento de los estadistas

En medio del coronavirus, cuyo primer caso se produjo en España el 31 de enero, fecha en la que el doctor Cavadas dio la voz de alarma y nadie le hizo caso, de diecisiete teléfonos de emergencia en otros tantos reinos de taifas, de la tardanza del Gobierno en reaccionar a una epidemia mundial, cada vez estamos más lejos de Europa y de su lideresa Angela Merkel: «Nuestras prioridades son la protección de los enfermos crónicos y ancianos que forman los grupos de población más vulnerables a los efectos del virus, evitar un colapso del sistema sanitario y paliar los efectos que el virus tendrá con toda seguridad sobre la economía» ….. «Federalismo no significa que cada uno somos responsables de lo nuestro, ni rechazar la responsabilidad, sino que cada uno desde su puesto es responsable para todos en su medida». ¡Qué envidia!

Añadamos a eso la revuelta de los tractores, la manifestación de las mujeres que lo que pretenden no es la igualdad con el hombre, sino su prevalencia por razón de sexo y no de méritos, la negación en Europa a que se investiguen los asesinatos de ETA pendientes de resolver, la negativa a aclarar los casos de prostitución de menores en Mallorca, la suspensión de los partidos de fútbol, de las Fallas y de las procesiones de Semana Santa, el cierre de las aulas ¿por qué los padres no toman vacaciones en su trabajo para cuidar de sus hijos en vez de poner en riesgo la vida de los abuelos?, las maletas fantasmas de Alí Balós, el debacle de las Bolsas y la ruina que va a provocar en pequeñas empresas, ahorradores, planes de pensiones, y el paro consecuente que vendrá a continuación, con una recuperación lenta y prolongada en el tiempo, y la mesa bilateral Estado-Comunidad Autónoma de Cataluña, como si fueran dos naciones independientes, con desprecio gubernamental a los catalanes no separatistas, los tres primeros meses del nuevo Gobierno sanchista-comunista, pasarán a la historia como un hito de incompetencia aderezado con la desgracia.

Mientras tanto, el Parlamento catalán ha convalidado durante el pasado mes de febrero un Decreto Ley de medidas urgentes para mejorar el acceso a la vivienda, en el que ha incluido un texto que obliga a ofrecer un alquiler social a los okupas que lleven seis meses en una vivienda y expropia, a los grandes tenedores, entre los que han incluido a los particulares que tengan más de 15 viviendas en propiedad, los pisos vacíos durante dos años por el 50% de su valor.

El concepto de propiedad se ha desarrollado paulatinamente desde la época arcaica. El derecho Romano conoció una doble reglamentación de la propiedad, hasta darse la fusión entre el derecho civil y el derecho honorario, unitario desde entonces; Justiniano sólo habla de propietas, sin hacer distinción de ningún tipo.

Si hay algo sagrado en una democracia, es la libertad y, entre otras muchas cosas, la propiedad privada. El artículo 33 de la Constitución Española reconoce el derecho a la propiedad privada y que nadie podrá ser privado de sus bienes y derechos sino por causa justificada de utilidad pública o interés social.

Lo contrario a la propiedad privada es la comuna, lo que es igual, el comunismo. Una vez más, y de forma muy grave, el presidente del Gobierno se ha dejado presionar por Podemos y por sus compromisos con los separatistas para poder seguir gobernando.

Esta ley afecta, básicamente, a bancos, filiales inmobiliarias de esas entidades, fondos de inversión, entidades de gestión de activos, la SAREB, constructores y promotores inmobiliarios, en resumen, todas aquellas empresas privadas que se juegan su dinero, que invierten, que mueven la economía y que, a partir de ahora, tendrán muchísimo cuidado en que todas las viviendas estén vendidas antes de iniciar las obras, y que los bancos exijan máximas dificultades en conceder una hipoteca. Es el inicio de un gravísimo parón en uno de los motores de la economía nacional: Superados los inventos españoles de la fregona, la siesta y el botijo, nos queda el turismo y la construcción, y las empresas que dependen de ambos sectores.

Abogados, Administradores de Fincas, y todo el sector inmobiliario, se encuentran en pie de guerra, calificando esta ley como vulneración del derecho a la propiedad e inconstitucional. Y ello, dentro de la preocupación de un amplio sector de la judicatura española de que el Ejecutivo de Pedro Sánchez ceda competencias en materia judicial a la Generalitat de Cataluña, mediante la creación de un consejo territorial de justicia que abriría la puerta a que resucitaran el órgano previsto en el Estatut que tumbó el Tribunal Constitucional, como un órgano de gobierno del poder judicial desvinculado del CGPJ.

El problema de la vivienda no puede, ni debe, tratar de solucionarse de forma social-comunista en una economía liberal y capitalista. Hay que abordarlo desde las Administraciones Públicas, con una política similar, si no igual, que hizo Franco en los años del Desarrollo, en los que construyó cuatro millones de viviendas, modestas pero dignas, con financiación a cincuenta años en concepto de alquiler, al final de cuyo plazo las viviendas se escrituraban propiedad del adjudicatario en su momento, o de sus herederos legales. Claro que como esto está inventado por quien está inventado, a lo peor es delito de aquí a poco tiempo.

La cosa no acaba aquí. PSOE y Podemos en el poder, en las personas de dos de los vicepresidentes del Gobierno, Carmen Calvo y Pablo Iglesias, han acordado: «En el marco de la reforma ya prevista de la ley de arrendamientos urbanos, tomaremos las medidas necesarias para evitar los desahucios, especialmente aquellos que se dan en zonas de mercado de alquiler tensionado y por grandes tenedores de vivienda que se dedican al mercado inmobiliario», y para «ampliar el plazo de la moratoria de hasta cuatro años de duración los desahucios hipotecarios», para que más gente en situación de vulnerabilidad pueda acogerse a ella.

La puntilla que faltaba para el mercado inmobiliario. Aquí no solo están involucrados “los grandes tenedores de viviendas”, sino cualquier particular, incluidos los que han ido ahorrando durante toda su vida para complementar su pensión con el alquiler de un pequeño piso.

¿Quién va a alquiler una vivienda sabiendo que, si no le pagan, no va a poder echar al inquilino moroso? Esto es otro ataque a la propiedad privada que al igual que en el caso anteriormente expuesto en Cataluña, va a contraer el mercado de una forma considerable y va a hacer que los juristas piensen fórmulas legales, pero que soslayen estas normas, en documentos de garantías generales adicionales y ajustados a condicionantes similares a las que se exigen a quien pide un préstamo bancario, porque hay que dejar claro que la mayor inequidad es tratar igual a desiguales, al que paga y al que no paga las deudas contraídas con terceros.

Lo peor de todo es que estamos muriendo democráticamente por inacción, aceptando como normal, cosas que nos van cociendo poco a poco en una olla caliente como a la ranita del cuento. Este no es el momento de que prevalezca ningún color ni ninguna idea; es el momento de ser estadistas, no populistas de asamblea universitaria, lanzador de fuego con la espada del diablo ni virreinatos de reino de taifas; es una situación de emergencia sanitaria y económica nacional, en la que, por una vez, Pedro Sánchez ha acertado no cediendo a las presiones de Cataluña y Euskadi de quedar fuera del Estado de Alarma, y apartando del tema a Pablo Iglesias que quería nacionalizar empresas, bajo su mando. Ojalá hubiera actuado así siempre.

 

 

Pese a ello, el Gobierno actual debe caer por el desencuentro, ya público, de sus integrantes, por lo acontecido en los tres meses que lleva en el poder y por su retraso de cuarenta días en tomar medidas e incompetencia en el caso del coronavirus. Y por la crisis económica, que va a ser mayor que la del año 2008, incluso de recesión. Una vez más se demuestra que no los más adictos son los más aptos. Quien se equivoca, tiene que pagar sus consecuencias.

Y empezar una nueva legislatura de “sabios” y “técnicos” sin distinción de color político, que sea capaz de sacar a España de la quiebra técnica a la que estamos abocados, porque esta pandemia del coronavirus va a cambiar la economía mundial.

 

Publicado en PUERTA DE MADRID de Alcalá de Henares el 20-03-2020

 

 

 

 

Lucha en el poder

Cuando hicimos un análisis de los Ministros del Gobierno de esta Legislatura, decíamos de Nadia Calviño Santamaria que nació en La Coruña, 51 años, economista por la UCM y Licenciada en Derecho por la UNED, pertenece al Cuerpo Superior de Técnicos Comerciales y Economistas del Estado, en dónde ha trabajado durante muchos años; posteriormente estuvo en la Comisión Europea como Directora General de varios departamentos. Habla español, inglés, francés y alemán. Casada, es madre de cuatro hijos. No es afiliada al PSOE. Pedro Sánchez la incorporó a su Gobierno en 2018 como Ministra de Economía.

De pensamiento liberal, europeísta, negociadora, hábil, inteligente, muy trabajadora, perfeccionista, técnica de alto nivel, de carácter cordial pero firme y siempre sonriente. Sus críticos dicen de ella que cede poco en las negociaciones. Tiene unas magníficas relaciones con el Partido Popular y con Ciudadanos.

En su nuevo puesto como Vicepresidenta de Asuntos Económicos, será fundamental para contener el gasto público que Podemos pretender expandir, si por ellos fuera, hasta el infinito, en un país dónde la deuda pública crece de una forma exagerada y el crecimiento esperado de la economía española para 2020 según el Servicios de Estudios de BBVA será del 1,60%, en vez del 2,10% y del 1,80% que prevén otros organismos, entre ellos el propio Gobierno.

 

 

Calviño es un antídoto contra la preocupación de la Unión Europea ante la presencia de los comunistas en el Gobierno de España, dada la gran reputación que tiene en todos los foros comunitarios, labrada durante más de una década como alto cargo de la Comisión Europea. Y, en última instancia, quien debe poner los medios económicos que se precisen para que, por tercera vez en la democracia, no volvamos a entrar en un nuevo periodo de crisis financiera de gobierno socialista.

Cuando acabe su presencia en el Gobierno, si no sale perjudicada en esta Legislatura, es una mujer que puede figurar en todas las quinielas para ser Gobernadora del Banco de España, Directora del FMI o puestos similares.

Pues menos mal que esta mujer está en el Gobierno, que es la que se opuso a la nacionalización de las eléctricas y medios de comunicación propuesto por Pablo Iglesias, que se ha visto apartado de todo protagonismo sobre las medidas económicas tomadas en función del tema del coronavirus.

Podemos ha puesto en funcionamiento toda su maquinaria en las reces sociales en contra de Carmen Calvo y Nadia Calviño, que son las que han puesto algo de orden en el desmadre político y económico en el que nos encontramos, tildándolas de “representantes del IBEX 35” y tratando de soliviantar a las masas como si fueran ellos los que van a sacar a España de la profunda crisis que ya está a las puertas de las empresas y familias.

Aprovecha, además, para poner en el punto de mira la monarquía, a la que los políticos en el poder están ninguneando y la oposición no es consciente de la gravedad del momento. Dos repúblicas en España, dos guerras civiles.

Lo que verdaderamente cambia los sistemas políticos, apareciendo los dictadores de derechas o de izquierdas, es el hambre. Yo, ahí lo dejo …

 

 

 

 

Crisis y márketing

En mi artículo de ayer, di la bienvenida a las medidas económicas para paliar los efectos sociales y financieros provocados por el coronavirus que anunció el Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Hoy, después de leer las 46 páginas del BOE que publica el Real Decreto-ley 8/2020, de 17 de marzo, de “medidas urgentes extraordinarias para hacer frente al impacto económico y social del COVID-19”, y aunque sigo aplaudiendo la decisión tomada, hay que hacer una serie de puntualizaciones sobre las mismas.

Del importe global anunciado, la mitad, cien mil millones de euros, son AVALES a las entidades bancarias para que concedan préstamos, principalmente, a autónomos, PYMES y empresas que, en el supuesto de impago, serán pagados por el Estado. Ya hay voces, de la ultraizquierda y de analfabetos financieros, diciendo que se trata de un nuevo rescate a la banca. Nada más lejos de la realidad. A la banca, estoy seguro, el Gobierno le ha “rogado que contribuya a reconstruir el tejido industrial”, lo que quiere decir que le ha ordenado que conceda préstamo a todo aquel que entre por la puerta con un problema derivado de la “crisis del coronavirus” y de acuerdo a los condicionantes que se establecen en el Real Decreto. Muchos de estos préstamos resultarán impagados, porque la mayoría de casos no se tratará de problemas transitorios de liquidez, sino de estrangulamiento financiero en tiempos de recesión. Esto es lo que pretende hacer Pablo Iglesias con el ICO, pero como no tiene actualmente infraestructura para ello, se aprovecha la red de oficinas bancarias existentes para el mismo objetivo, que acabará, como ayer adelanté, en una parte considerable de ese importe como gasto, financiado con Deuda Pública a pagar por todos los ciudadanos.

En cuanto a los particulares, lo que se establece es una moratoria en los plazos o vencimientos mensuales, reservando las ayudas a quienes estén afectados por ERTE’s.

17.000 millones serán las ayudas directas del Estado a las Autonomías, más gasto público, más deuda pública a pagar por todos los ciudadanos.

Y una muy importante cantidad de millones, por diversos conceptos, corresponden a la movilización de fondos de empresas privadas.

 

 

A pesar de todo, bienvenidas sean las medidas tomadas en el tema económico porque, ya sí que se puede asegurar, vamos a entrar en una recesión profunda, en donde todos, empezando por aquellos que consideran que solo tienen derechos pero no obligaciones, lo vamos a pasar mal.

En cambio, políticamente, Pedro Sánchez no tiene arrestos para desplegar al Ejército ni en Cataluña ni en Euskadi, sigue anteponiendo su sillón a lo que ayer mismo dijo sobre la unión de todos los españoles, sin distinción de territorios, ideas o pertenencia religiosa o política. Y no quiero pensar que los secesionistas aprovecharan la ocasión para volver a declarar su independencia de España, porque no habría Ejército suficiente para atender a todos los frentes abiertos.

Torra sigue empeñado en el confinamiento de Cataluña, cerrando sus fronteras con el resto de España; Rufián, haciendo honor a su apellido, en sede parlamentaria, acusa al Gobierno de llegar tarde a Cataluña y desprecia a los militares.

 

 

Y en sanidad, si ayer España tenía el 5,98% de los contagiados en todo el mundo y el 6,79% de muertos, hoy tenemos el 6,70% y el 7,55%, respectivamente. Vamos claramente a peor y algo está fallando de forma estrepitosa. A lo peor estamos pagando los recortes en Sanidad, Justicia, Ejército e I+D por las subvenciones a amigos, adictos y conocidos, por un Estado insostenible de Autonomías con duplicidades con los servicios centrales, con el elevadísimo número de políticos a todos los niveles, incompetentes en muchos casos, por lo que tienen que servirse de multitud de asesores, con el fraude en el paro, en el IVA y en otros temas fiscales, por comisiones y comisionistas, por cursos de formación que no se cursan, por el wellcome y el gratis total para todos los llegados, etc….

Y, como bien ha dicho Pedro Sánchez, lo más duro está por llegar. Salud a todos.