Sanciones a los insolidarios

 

 

En los momentos difíciles es cuando aparece la verdadera personalidad de cada uno. En España estamos en el momento más difícil desde la guerra civil, ante un enemigo desconocido que va dejando muertos por todos los sitios y del que no tenemos defensa alguna.

Aunque nuestro Gobierno ha reaccionado tarde y de forma improvisada, se han adoptado una serie de medidas que, nos gusten o no, debemos cumplir. Entre ellas, el aislamiento y la prohibición de la circulación de coches con más de una persona y solo para los casos previamente establecidos.

La mayoría de ciudadanos están cumpliendo estas reglas, pero el pícaro español sigue presente en nuestros días. Carreteras atascadas en las salidas de Madrid, Barcelona, Valencia y Bilbao este fin de semana, e impotencia gubernamental para poner orden en este desaguisado e incumplimiento; mientras, no se sabe qué funciones está desarrollando la Guardia Civil, y la UME del Ejército Español desinfectando calles y aeropuertos, tema que podría hacer otro colectivo menos preparado profesionalmente.

Se multa a particulares en las ciudades, parece ser que cerca de cuarenta mil y de las que me gustaría saber cuántas se cobran y cuántas no, pues pasa como las que se ponen a prostitutas y manteros, la mayoría serán insolventes por diferentes razones. Buenos juristas se tornan en malos legisladores y en vez que los infractores sean condenados a asistir ocho horas diarias durante un mes a los afectados por el coronavirus, ¡qué falta hace que cundiera tu ejemplo, juez Calatayud!, se airea como un éxito algo que es un fracaso de convivencia cívica.

En estos momentos, son 25.000 personas los infectados en España. Si se cumplen las previsiones que han realizado matemáticos de prestigio sobre la progresión geométrica, llegaremos a cerca de 100.000 en España. Parecen cifras exageradas, pero el que el Ejército vaya a establecer un hospital de campaña para 5.000 personas en el IFEMA de Madrid, y un centro de acogimiento en la FIRA de Barcelona, no es para bailar de alegría.

Los hospitales están desbordados y la atención empieza a ser “selectiva”, fea palabra y más en boca de quienes pueden decidir si una persona muere o no, “una expectativa de vida inferior a 1-2 años, la edad “biológica” o el “valor social” del paciente son algunos de los nuevos criterios que los médicos intensivistas creen que hay que tener en cuenta para decidir el ingreso en la UCI de una persona infectada de coronavirus mientras dure la pandemia”, con el aval de la Sociedad Española de Medicina Interna; muere un guardia civil en Ciudad Real, joven, sin antecedentes de enfermedades, y su padre escribe en internet que tardaron cuatro días en enviar una ambulancia desde que comunicaron la situación a la sanidad autonómica.

Aquí no se salva nadie. Hemos reaccionado tarde, mal, sin conocimientos y sin experiencia ante un virus que va a cambiar el panorama social y económico del mundo.

Por ti, por todos, NO SALGAS DE CASA.

 

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