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Las trece rosas

Las “trece rosas” es un episodio del año 1939 sobre el que se han escrito miles y miles de páginas, con toda clase de interpretaciones.

Con motivo del aniversario de los hechos, el 5 de agosto, reproducimos a continuación dos opiniones encontradas sobre ellos, testigos, una vez más, de las dos Españas machadianas que creíamos cerradas y perdonadas, y que la realidad se empeña en contradecirnos.

EL PAÍS del 05-08-2021 reproduce un artículo del 05-08-2017 que, textualmente, dice así:

La corta vida de trece rosas. Fue uno de los episodios más crueles de la represión franquista. El 5 de agosto de 1939, trece mujeres, la mitad menores, fueron ejecutadas ante las tapias del cementerio del Este.

Por Lola Huete Machado – 05 AGO 2017

Que uno de los episodios más crueles de la represión franquista. El 5 de agosto de 1939, trece mujeres, la mitad menores, fueron ejecutadas ante las tapias del cementerio del Este. Su historia sigue viva hoy en forma de libros, teatro, documentales y cine.

“Madre, madrecita, me voy a reunir con mi hermana y papá al otro mundo, pero ten presente que muero por persona honrada. Adiós, madre querida, adiós para siempre. Tu hija que ya jamás te podrá besar ni abrazar. Que no me lloréis. Que mi nombre no se borre de la historia”. Fueron éstas las últimas palabras que dirigiría a su familia una muchacha de 19 años llamada Julia Conesa. Corría la noche del 4 de agosto de 1939. Hacía cuatro meses que había terminado la Guerra Civil. Madrid, destruida y vencida tras tres años de acoso, de bombardeos y resistencia ante el ejército sublevado, intentaba adaptarse al nuevo orden impuesto por el general Franco, un régimen que iba a durar cuatro décadas.

En el ambiente de ese verano de posguerra -tristísimo para unos y glorioso para otros- se mezclaban las ruinas de los edificios y la pobreza de sus pobladores con las dolorosas secuelas físicas y psicológicas de la contienda. Y, sobre todo, abundaban ya la propaganda y la represión. El día a día de la capital estaba marcado por las denuncias constantes de vecinos, amigos y familiares; por la delación, los procesos de depuración en la Administración, en la Universidad y en las empresas; por las redadas, los espías infiltrados en todas partes, las detenciones y las ejecuciones sumarias. En junio habían comenzado, incluso, los fusilamientos de mujeres. “Españoles, alerta. España sigue en pie de guerra contra todo enemigo del interior o del exterior, perpetuamente fiel a sus caídos. España, con el favor de Dios, sigue en marcha, una, grande, libre, hacia su irrenunciable destino”, voceaban las radios de Madrid. “Juro aplastar y hundir al que se interponga en nuestro camino”, advertía Franco en sus discursos.

Sería aquélla la última carta de Julia Conesa. Y ella lo sabía. Porque, junto a otras catorce presas de la madrileña cárcel de Ventas, había sido juzgada el día anterior en el tribunal de las Salesas. “Reunido el Consejo de Guerra Permanente número 9 para ver y fallar la causa número 30.426 que por el procedimiento sumarísimo de urgencia se ha seguido contra los procesados, responsables de un delito de adhesión a la rebelión: Fallamos que debemos condenar y condenamos a cada uno de los acusados a la pena de muerte”, dice la sentencia. A Julia la acusaban hasta de haber sido “cobradora de tranvías durante la dominación marxista”.

Y apenas 24 horas más tarde, 13 de aquellas mujeres y 43 hombres fueron ejecutados ante las tapias del cementerio del Este. El momento lo recuerdan así algunas compañeras de presidio: “Yo estaba asomada a la ventana de la celda y las vi salir. Pasaban repartidores de leche con sus carros y la Guardia Civil los apartaba. Las presas iban de dos en dos y tres guardias escoltaban a cada pareja, parecían tranquilas” (María del Pilar Parra). “Algunas permanecimos arrodilladas desde que se las llevaron, durante un tiempo que me parecieron horas, sin que nadie dijera nada. Hasta que María Teresa Igual, la funcionaria que las acompañó, se presentó para decirnos que habían muerto muy serenas y que una de ellas, Anita, no había fallecido con la primera descarga y gritó a sus verdugos: ‘¿es que a mí no me matan?” (Mari Carmen Cuesta). “Si fue terrible perderlas, verlas salir, tener que soportarlo con aquella impotencia, más lo fue ver la sangre fría de Teresa Igual relatando cómo habían caído. Entre las cosas que nos dijo, fue que las chicas iban muy ilusionadas porque pensaban que iban a verse con los hombres [con sus novios y maridos, también condenados] antes de ser ejecutadas, pero se encontraron que ya habían sido fusilados” (Carmen Machado).

Quince de los ajusticiados ese 5 de agosto de 1939 eran menores de edad, entonces establecida en los 21 años. Por su juventud, a estas mujeres se las comenzó a llamar “las trece rosas”, y su historia se convirtió pronto en una de las más conmovedoras de aquel tiempo de odio fratricida y fascismo. Un episodio sobre el que nunca se habrá escrito mucho. Lo investigó el periodista Jacobo García, ya en 1985. Lo noveló el escritor Jesús Ferrero en su libro Las trece rosas (Siruela, 2003), en el que dedica un capítulo a cada una de las muchachas y con su literatura las dota de vida y palabra, de sentimiento y dolor; le pone cara a sus verdugos. Lo documentó durante dos años, sin ficciones, y por eso aún con mayor crudeza el periodista Carlos Fonseca en Trece rosas rojas (Temas de Hoy, 2004): “No conocía la historia, no la busqué; ésta me buscó a mí a través de unos documentos que guardaba un tío de mi padre que pasó 20 años en la cárcel. Localicé el sumario, investigué; los familiares pusieron el material que tenían a mi disposición”. En su libro duelen los testimonios de las familias, el momento de la condena, la partida hacia la muerte, la locura posterior de las madres de las fusiladas ante su pérdida, la indiferencia del régimen.

Retoma la historia de las trece rosas ahora la productora Delta Films en un largometraje documental titulado “Que mi nombre no se borre de la historia”, tal como pidió Julia en los últimos minutos de su vida. En la película se muestra el drama personal y el contexto social, político (su militancia en las Juventudes Socialistas Unificadas, JSU) y bélico en el que se mueven las protagonistas. “Es el primer documental sobre el suceso y entendimos que era urgente hacerlo porque son pocos los testigos vivos. Si no se recogen ahora sus voces, permanecerán para siempre en el olvido”, dicen los directores, Verónica Vigil y José María Almela.

El destino triste de estas mujeres que no pudieron envejecer ha sido citado también en libros de Dulce Chacón o Jorge Semprún, y este mismo otoño lo acaba de llevar a escena la compañía de danza y teatro Arrieritos. Además, ha sido inspiración para una organización socialista recién creada, Fundación Trece Rosas, “orientada a proyectos e iniciativas en las que se profundice en la igualdad y la justicia social”. Y aún más: su vida y muerte es el argumento del próximo filme de Emilio Martínez Lázaro, con guion de Ignacio Martínez de Pisón y asesoría de Fonseca.

“Tras entrevistar a sus compañeros de organización, a sus familiares, concluimos que las trece rosas eran mujeres que sabían bien lo que hacían, y que con gran valentía y clarividencia lucharon contra el régimen antidemocrático que se avecinaba”, comentan Vigil y Almela. “Se afiliaron a la JSU de forma consciente; pudiendo quedarse en casa, salieron a la calle y optaron por luchar y defender la II República española, desempeñando diversas labores durante la defensa de Madrid y poniendo en riesgo sus propias vidas”. Según Fonseca, el régimen franquista “adoptaba un tono paternalista con las mujeres en sus mensajes, pero trató con igual inquina a hombres y a mujeres. La miliciana era para los vencedores la antítesis de la mujer, cuya misión en la vida era ser madre y reposo del guerrero”. Para Santiago Carrillo, que fue primer secretario general de la JSU, “en las guerras, son ellas siempre las que más sufren. Y el régimen de Franco hizo todo lo posible por destruir el espíritu de libertad de las mujeres que se había creado con la República”.

Ellas se llamaban Ana López Gallego, Victoria Muñoz García, Martina Barroso García, Virtudes González García, Luisa Rodríguez de la Fuente, Elena Gil Olaya, Dionisia Manzanero Sala, Joaquina López Laffite, Carmen Barrero Aguado, Pilar Bueno Ibáñez, Blanca Brisac Vázquez, Adelina García Casillas y Julia Conesa Conesa. Eran modistas, pianistas, sastras, amas de casa, militantes todas, menos Brisac, de la JSU. El suyo se considera uno de los castigos más duros a los vencidos de la posguerra. Una respuesta, dicen, al asesinato del comandante de la Guardia Civil, Isaac Gabaldón, a su hija y su chófer el 27 de julio anterior.

“El número de detenciones diarias en la capital era muy variable en 1939, aunque muchos días la información titulada ‘Detención de autores de asesinato’ estaba formada por más de cien nombres”, escribe Pedro Montoliú en su reciente e interesante libro Madrid en la posguerra, 1939-1946. Los años de la represión (editorial Sílex) que le ha supuesto cuatro años de investigación y en el que describe el ambiente de aquel tiempo: “Los peores meses fueron junio, con 227 fusilados; julio, con 193; septiembre, con 106; octubre, con 123, y noviembre, con 201. Por días, los más sangrientos fueron el 14 de junio: 80 fusilados; 24 de junio, 102; 24 de julio, 48; el 5 de agosto, 56. Ese día, y 48 horas después de dictar sentencia, fueron fusiladas las ‘trece rosas’, de entre 18 y 23 años, que habían intentado reconstruir la JSU en la clandestinidad”.

Vigil y Almela enfocan su película preguntándose cómo se podía llegar a ejecutar una sentencia tan infame. “¿Qué había pasado en España? ¿Qué acontecimientos habían azotado el panorama político y social de aquel entonces?”. Miraron entonces hacía la organización política juvenil de la que las trece rosas eran miembros, la JSU, y a su papel en el transcurso de la guerra.

“Franco se proponía destruir hasta la simiente de los rojos en este país y al decir rojos, estoy diciendo los simples demócratas, los liberales, cualquier recuerdo de los tiempos en que España había sido libre”, declara Carrillo en el filme. La organización nació en marzo de 1936 de la fusión entre la Unión de Juventudes Comunistas y la Federación de Juventudes Socialistas. “Luchábamos por un ideal”, dice uno de sus miembros. Otra: “Nos afanábamos por la libertad, por un mundo mejor, porque el trabajador pudiera vivir en condiciones”. Una tercera: “Defendíamos la República que había sido elegida en 1931, mejorándola”. Y cuarta: “Mi conciencia política surgió tan pronto empezó la guerra. Tenía 15 años y debía pelear, no había más remedio”. En 1939, la JSU se encontraba deshecha, sus líderes encarcelados. Sólo se contaba con el coraje de sus miembros para reorganizarse.

“Crear una estructura clandestina es siempre algo muy difícil. Hay que concentrar los esfuerzos. Y en ese periodo los concentramos en la creación, sobre todo, de un partido comunista clandestino”, afirma Carrillo. Para el régimen, según el periodista Jacobo García, la JSU representaba un gran peligro: “Dada la juventud de sus militantes, estaba destinada a sobrevivir durante muchos años y a plantear problemas al régimen franquista durante muchos años, a corto, medio y largo plazo”. Debía desaparecer.

Así, estando todos los hombres en prisión o en el exilio, de la reorganización se encargaron las mujeres o los jóvenes. “Queríamos seguir luchando, recuperar dinero para ayudar a los presos, para sacarlos, para sacar a mi hermano; queríamos, pero no lo conseguimos”, apunta Concha Carretero. “Te cogían enseguida”, rememora Nieves Torres. “Era un Madrid triste, reservado, la gente no se atrevía a mirar a nadie; si ibas en el metro, todo el mundo iba con la cabeza baja”, dice Mari Carmen Cuesta. Se tira de los detenidos, se utiliza la tortura para conseguir delaciones, y así, poco a poco, va cayendo la organización. “A los presos los sacaban a la calle y los usaban como gancho, detrás iban dos policías. Así me detuvieron a mí”, sigue Torres.

Las trece rosas fueron elegidas para morir entre las 4.000 reclusas hacinadas en Ventas en un espacio pensado para 400 (más de 280.000 presos políticos se contaban en 1939 en España). ¿Por qué ellas y no otras? El escritor Jesús Ferrero imagina una posibilidad literaria y azarosa en su libro: “Roux, Cardinal y el Pálido habían comido opíparamente en el Ritz y se sentían alegres. Una hora antes les había llegado la orden de elegir a quince mujeres, preferentemente menores de edad, para conducirlas a juicio. Ya en comisaría, una señora, que se sentía agradecida porque habían liberado a su hija, le regaló al Pálido un ramo de rosas. Eran quince. El Pálido lo cogió y, mirando a Cardinal y a Roux, dijo: ‘Señores, ha llegado el momento de decidir quiénes van a ser las quince de la mala hora. Bastará con ponerle un nombre a cada una de las rosas. Empezaré yo’, dijo tomando una flor. ‘Y bien, esta rosa de pasión se va a llamar Luisa. No conseguí que esa bastarda pronunciara una sola palabra en los interrogatorios. Por poco me vuelve loco’. ‘Y ésta, Pilar’, dijo Cardinal. ‘Y ésta se va a llamar Virtudes’, susurró el Pálido con precipitación. ‘Y ésta, Carmen’, dijo Cardinal. ‘Lo merece más que nadie. Nunca me miró bien esa condenada’. ‘Y ésta, Martina’, anunció Roux. ‘Está siempre ausente. Seguro que ni siquiera se va a dar cuenta de que ha muerto”.

Ficciones aparte, ellas sí se daban cuenta. De sus condiciones (“La posguerra fue peor que la guerra”), de las humillaciones (“Se ve que les gustó mi pelo y me dejaron pelona, pelona; me lo cortaban y me lo enseñaban, ‘¿no te da pena este ricito?”), de lo que les esperaba (“No bastaba con estar tú en la cárcel, todo tu entorno tenía que expiar por tu pecado”), de lo que significaba pertenecer a los derrotados (“Nos trataban de lo peor, muchas palizas, muchas vejaciones”), de lo que perdían (“Estuve 16 años en prisión, se me fue lo mejor de mi juventud”).

Así lo cuentan en la película Maruja Borrell, Nuria Torres, Mari Carmen Cuesta, Concha Carretero, Ángeles García-Madrid, entre otras muchas, de las que fueron amigas, conocieron y/o compartieron celda con las trece rosas en aquellos días. Hablan de las penurias, de la vida cotidiana en una prisión en la que sólo se comían “lentejas de Negrín”, de los petates en el suelo, de la desconfianza (“No te fiabas de nadie porque se decía que los franquistas habían metido chivatas dentro”), y hasta de su capacidad para sobrevivir, intimar, quererse y reírse de sí y de su situación. Hablan de las terribles noches de saca, de cómo todas salían temerosas a la galería para ver quiénes eran las elegidas para morir, de cómo sucedió todo en aquella noche terrible de agosto. “Para mí es un recuerdo muy amargo, muy amargo”, llora aún hoy desconsolada Mari Carmen Cuesta, entonces de 16 años.

En la película de Delta Films y en el libro de Fonseca se recogen testimonios de parientes: las sobrinas de Julia, de Dionisia, de Martina. Y del hijo de Blanca Brisac y Enrique García, quizá la más triste de todas las historias: “Mi padre pertenecía a la UGT, pero mi madre dijeron que era de la JSU, y yo sé que no militaba. Lo puedo jurar”, dice. A ambos los ejecutaron ese 5 de agosto de 1939, cuando él tenía 11 años. “Determinadas corrientes revisionistas pretenden hoy cambiar la realidad de los hechos y esto sí que es muy peligroso. No se trata de generar sentimientos revanchistas. En ninguna de las entrevistas que hicimos percibimos rencor. Al contrario, fue toda una lección de humanidad. Nuestro documental trata de concederles el minuto de duelo que en su día se les negó”, cuentan Vigil y Almela.

Fue Blanca Brisac, sin embargo, quien mejor lo expresó, mientras escribía a su hijo esa noche, ya en capilla: “Voy a morir con la cabeza alta. Sólo te pido que quieras a todos y que no guardes nunca rencor a los que dieron muerte a tus padres, eso nunca. Las personas buenas no guardan rencor Enrique, que te hagan hacer la comunión, pero bien preparado, tan bien cimentada la religión como me la cimentaron a mí. Hijo, hijo, hasta la eternidad”.

Elena Buades Navarro – Escritora

Las Trece Rosas es el nombre con el que se conoce a 13 jóvenes fusiladas el 5 de agosto de 1939 por participar en atentados terroristas. Pertenecían, en su mayor parte, a las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU) la rama juvenil del comunismo en España que aspiraba a implantar en nuestro país un régimen como el de Stalin en la URSS, país desde el que se financiaban y al que había escapado, tras la Guerra Civil, su máximo dirigente: Santiago Carrillo.

Las JSU, a las que pertenecían la mayoría de las 13 rosas, habían tenido una destacada participación en la represión republicana en Madrid durante la Guerra Civil. No en vano, esta organización política controlaba y dirigía directamente cinco checas donde se torturó y asesinó a cientos de personas. Está perfectamente documentado en los papeles del PCE que bajo control de su organización juvenil se encontraban las checas de Mendizabal 24, la de la calle Raimundo Lulio, la de Santa Isabel 46, la del Convento de las Pastoras de Chamartín y la de la calle Granda 4. Además, participaron en la acción represiva de varias otras cárceles de partidos políticos y tuvieron un papel destacado en las sacas cometidas para asesinar a miles de presos sin mediar juicio alguno. Quienes las presentan como garantes de la democracia suelen olvidar, entre otros, este detalle: a ellas se les juzgó, pero ellas participaron en una organización que asesinó sin juicio a miles de personas y que, en el momento de ser detenidas, se había convertido en un grupo terrorista dirigido por José Pena, Severino Rodríguez y Federico Bascuñana.

Las 13 rosas fueron condenadas a muerte, pero no estaba prevista su ejecución hasta que el 29 de julio de 1939 un comando de las JSU asesinó al comandante Isaac Gabaldón, a su hija Pilar de 16 años –hubiera cumplido 17 unos días después- y al chofer que conducía el vehículo, Luis Díaz Madrigal. La acción terrorista decidió a la autoridad judicial a la ejecución de las sentencias de muerte que se encontraban paralizadas. Entre las casi 70 sentencias se encontraban las de las 13 rosas.

Varias de ellas eran destacadas dirigentes y activistas del grupo terrorista en el que se habían convertido las JSU:

Ana López Gallego era la responsable de la rama femenina de las JSU. Recibía órdenes directamente de Manuel González Gutiérrez y había tenido una destacada participación en la organización del atentado frustrado que pretendían realizar durante el Desfile de la Victoria y que tenía como objetivo el asesinato de “la mayor cantidad de público asistente”, como declaró ante el juzgado la propia terrorista. Su cometido era el trasporte del explosivo, para ello se valía de jóvenes militantes de entre 15 y 17 años que, por su edad, no levantaban sospechas.

Joaquina López Laffite fue la secretaria general del Comité Provincial de las JSU. Su casa se usaba para celebrar las reuniones de dicho comité y en ella se planificaron varios de los atentados que prepararon desde la organización juvenil comunista. Había organizado una red, en la que participaban varias de las 13 rosas, que preparaba a jóvenes comunistas para que intimaran con falangistas a los que sacaban información para señalar las víctimas de sus atentados.

Carmen Barrero Aguado era miembro del Comité Nacional de la organización y una de las personas de mayor responsabilidad en la toma de decisiones junto a Pena, Rodríguez y Bascuñana.

Pilar Bueno Ibañez era la mano derecha de López Laffite en el Comité Provincial y el enlace de ésta con Barrero.

Dionisia Manzanero Salas era la responsable de mantener el contacto entre las diversas ramas del grupo terrorista y rendir cuentas ante Bascuñana, dirigente encargado de los comandos terroristas que perpetraban los atentados.

Ante estos datos sorprende que políticos, partidos y personalidades de diversos ámbitos sigan brindando homenajes a quienes se convirtieron en terroristas tras resultar derrotados en una guerra.

No solamente los actuales dirigentes de las Juventudes Comunistas, desde Podemos a representantes de Ciudadanos no tienen ningún empacho en mostrar su admiración por estas 13 mujeres condenadas a muerte, pero que callan sin ningún rubor ante los miles de asesinatos cometidos por ellas y sus asociados durante la Guerra Civil.

La capacidad de la izquierda para construir leyendas es realmente admirable. El caso de las llamadas “trece rosas” es un perfecto ejemplo. Empezando por la circunstancia de que a esas mujeres fusiladas en 1939 se las considere socialistas cuando, en realidad, eran comunistas. Pero para entender adecuadamente el capítulo, en el que nada es rosa, conviene ponerlo en su contexto.

Cuando acabó la guerra civil, el Partido Socialista Obrero Español estaba literalmente triturado, dividido en al menos cuatro facciones. Hay que recordar que el último acto de la contienda es una batalla intestina en el bando del Frente Popular: a un lado, el Consejo de Defensa de Madrid, liderado por el socialista Besteiro con el coronel Casado y el anarquista Cipriano Mera; al otro, el gobierno del también socialista Negrín, entregado al Partido Comunista y cuyos principales líderes ya habían huido del país.

Aquella batalla no fue cosa menor: hubo cerca de 2.000 muertos. Sobre esta ruptura se añadió inmediatamente otra en el exilio: los socialistas de Indalecio Prieto, por un lado, contra los de Negrín, que a estas alturas ya había sido expulsado del PSOE. Prieto y Negrín no peleaban por razones ideológicas, sino por controlar el tesoro expoliado y expatriado por los jerarcas republicanos para sufragar su exilio. El PSOE nunca se recuperará de estos desgarros, y por eso su trayectoria bajo el franquismo fue tan poco relevante. Pero aun antes había habido otra ruptura, esta de mayores consecuencias: la de las Juventudes Socialistas, que fueron el instrumento de Moscú para fagocitar al PSOE.

Recordemos sumariamente los hechos: desde abril de 1936, con el protagonismo de Santiago Carrillo y por instrucción directa de Moscú, las organizaciones juveniles del partido socialista y del partido comunista se fusionan en las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU). Cuando estalla la guerra, los militantes de las JSU ingresan en masa en las llamadas Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas, la organización paramilitar del Partido Comunista, a la que tan pronto veremos en el frente como en la represión ejecutada en la retaguardia. Finalmente, en noviembre de 1936 y bajo la dirección personal de Santiago Carrillo, las JSU rompen con el PSOE y se pasan al Partido Comunista. Las JSU, por tanto, eran una organización dependiente del PCE, enteramente subordinado a su vez a la Komintern y al Partido Comunista de la Unión Soviética, cuyo líder, por si alguien lo ha olvidado, era Stalin. Todas estas cosas son bien sabidas y los propios protagonistas las han contado reiteradas veces. Es asombroso que aún sea preciso recordarlas.

Cuando acabó la guerra civil, en abril de 1939, los principales cuadros del Partido Comunista ya estaban en el extranjero. Primero en Francia, pero París proscribió a los comunistas después del pacto de Stalin con Hitler (agosto de 1939), así que casi todos acabaron en Moscú. Cerca de un millar de personas se instalaron en la capital soviética. Meses antes, en junio, Santiago Carrillo había publicado su célebre carta contra su propio padre, el socialista Wenceslao, de la facción de Besteiro, acusándole de traición.

Los socialistas –decía entre otras cosas Santiago Carrillo- habían dejado en la cárcel a millares de comunistas para que las tropas de Franco los encontraran allí al entrar en Madrid. Eso era verdad. La carta tenía por objeto exculpar al PCE –y sobre todo al propio Santiago- de responsabilidad en la derrota y romper cualquier lazo entre el PCE y el PSOE.

Consiguió su objetivo, aunque a Carrillo le costaría recuperar su posición en la cúpula de un PCE cuyo buró político se reunía en Moscú en un ambiente de tempestad. No era para menos: José Díaz, el ya muy quebrantado secretario general, acusaba de traición a las JSU, es decir, a Carrillo.

El episodio de las “trece rosas” tiene que inscribirse en este contexto. En el verano de 1939, lo que ha quedado del PCE en España es menos que nada: los que no han huido, han sido ejecutados por los socialistas en el golpe de Besteiro y Casado –véase el caso de Barceló- o están presos y esperando juicio o paredón.

El primer intento de reconstrucción del partido en torno a Matilde Landa es frustrado de inmediato por la policía (Matilde fue condenada a muerte, pero una intervención del filósofo García Morente, ya sacerdote, la salvó del paredón). Acto seguido toma su testigo Cazorla, viejo camarada de Carrillo en los días de Paracuellos, pero con la misma rapidez es delatado desde el interior. Son episodios que he documentado abundantemente en “El libro negro de Carrillo” (Libros Libres, Madrid, 2010).

En Madrid permanecen, sin embargo, núcleos menores de las JSU, que sienten la necesidad de multiplicar las acciones para eludir esa acusación de traición que la cúpula del Partido formula contra ellos. Ahora bien, esos sectores que aún quedan en la capital son los más vinculados a la represión roja en retaguardia, dirigidos por líderes de tercer o cuarto nivel y prácticamente sin comunicación con la cúpula de la organización, que está en el extranjero. Son tales líderes los que, supuestamente, tramaron el asesinato de Isaac Gabaldón a finales de julio de 1939.

El comandante Isaac Gabaldón, guardia civil, estaba adscrito al Servicio de Información Militar de Gutiérrez Mellado y era encargado del Archivo de Logias, Masonería y Comunismo, es decir, un puesto clave de la represión de posguerra. Fue asesinado en la carretera de Talavera junto a su hija (Pilar, 16 años) y su chófer.

El asesinato fue imputado a los comunistas, o sea, a las JSU. Hubo una redada que desmanteló los últimos restos del partido comunista en Madrid y llevó al tribunal, primero, y al paredón después, a 56 personas, entre ellas las jóvenes que luego la propaganda comunista bautizará como las “trece rosas”.

El mismo día del asesinato, según refiere Piñar Pinedo citando una resolución judicial del 20 de octubre de 1939, apareció en la prisión de Porlier nada menos que Gutiérrez Mellado para excarcelar a uno de los detenidos, el militante comunista Sinesio “el Pionero”, que resultó ser un confidente del SIM. Sólo él se salvó. Y enseguida desapareció para siempre. Todo el episodio del asesinato de Gabaldón y la investigación posterior está lleno de misterios y contradicciones. No es, en todo caso, el objeto de este artículo.

Los 56 detenidos en aquella operación fueron acusados de terrorismo, tanto por el asesinato de Gabaldón como por otras tentativas. Objetivamente, terrorismo era. Después, la mitología de la izquierda española ha convertido a las víctimas, y en particular a las “trece rosas”, en leyenda. La placa que conmemora su muerte dice que “dieron su vida por la libertad y la democracia”. No: dieron su vida –o, más bien, se la quitaron- por la dictadura del proletariado y por la revolución bolchevique, que era en lo que realmente creían.

La tarea de demostrar la verdad

Carmen Amigo Perez – Mongay

12 septiembre 2018

 

 

Si sabes qué había en Auschwitz pero desconoces Albatera, en Alicante, si has oído hablar de Mauthausen pero nadie te ha hablado de Hospitalet de l’Infant (Tarragona) Si alguien te contó que Dachau estaba a 13 km al noroeste de Múnich pero nadie te contó que existió uno igual en Alcalá de Henares (Madrid)  Si viste en películas que existió Sachsenhausen, pero nadie te contó que existía  Concabella (Barcelona). Si viste películas del bosque de Katin, pero no sabes qué ocurrió en Paracuellos, Si has oído hablar de Adolf Eichmann, pero ignoras qué son los ‘trenes de la muerte’ de Jaén.

Si has oído hablar de Las leyes de Nuremberg, Pero no le ley de Vagos y Maleantes, ni de La Ley de Confesiones y Congregaciones Religiosas que desató la persecución a los católicos españoles y asesinar a más de 20.000, y un total de más de 7000 religiosos doce obispos y un cardenal.

Si has oído hablar de la Noche de los cristales Rotos, pero nadie te ha contado  la quema de la  Casa Profesa de los jesuitas

Si has oído hablar del Gueto de Varsovia del de Budapest o el de Cracovia, pero desconoces qué ocurrió en Chorin, Barbastro o Alcañiz

Si sabes quién era Ana Frank, pero no sabes quién fue Florentino Asensio Barroso.

Si ignoras qué eran las ‘sacas’ del terror rojo, o desconocías cómo la izquierda española y Esquerra Republicana de Catalunya usaron campos de concentración y si no sabes quién era Orlov, Vasili Nikitich Mitrokhin o Stanislav Vaupshasov  y que disponían de su propio horno crematorio para deshacerse de los cadáveres de sus víctimas, hornos crematorios que eran usados  contra miles de españoles y que los trabajos eran supervisados por un salmantino nacido en 1.910, miembro del partido Comunista llamado José Castelo Pacheco.

Si te contaron la quema de libros perpetrada por los nazis. En su “Acción contra el Espíritu antialemán”, los partidarios de Adolf Hitler destruyeron miles de obras de autores el 10 de mayo de 1933 Pero no te contaron la quema bibliotecas como la de la calle de la Flor, una de las más importantes de España, con 80.000 volúmenes o la del Instituto Católico de Artes e Industrias, con 20.000 volúmenes y obras únicas en España, más el irrecuperable archivo del paleógrafo García Villada, producto de una vida de investigación.

Si te contaron que noche de los cristales rotos subrayó el camino de los nazis al Poder, y en el que ardieron 400 sinagogas, 7.500 negocios fueron saqueados, 100 personas asesinadas y otras 30.000 confinadas en campos nazis, pero nunca te hablaron del Colegio de Nuestra Señora de las Maravillas, de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (La Salle), en la calle Bravo Murillo. Del Colegio de los Jesuitas en Areneros (actualmente c/ de Alberto Aguilera) de la Iglesia de Santa Teresa, que fue incendiada el 11 de mayo 1931. De la Iglesia de San Francisco de Borja (c/ la Flor) – 11 mayo 1931. – Incendiada, la del Instituto Católico de Artes e Industrias, y más de 4000 edificios religiosos y civiles en todo el territorio nacional.

Si te contaron y viste en el cine La matanza judía de Jedwabne pero nunca te contaron el encierro de Católicos y quema de la iglesia con ellos dentro, en los Santos de Maimona en Badajoz, el 19 de Julio del 36.

Si te contaron cómo los nazis gustaban del lujo, pero no te contaron que el ultimo ocupante del Palacio Real en Madrid fue Manuel Azaña, un presidente republicano, con un séquito mayor que un rey, es que no te han contado la verdad.

Si te contaron que algunos alemanes justos, como Claus von Stauffenberg, para desencadenar la ejecución del Plan Valquiria intentó matar a Hitler, pero no te contaron, que sólo por intentar mantener el orden público, asaltaban cuarteles de la Guardia civil y despellejaban y violaban a sus mujeres, como los sucesos de 20 de diciembre de 1931 en Castilblanco en Badajoz, o como al Coronel Lacasa en el Convento de los Padres carmelitas de Barcelona , le cortaron la cabeza amparados por la Guardia de asalto como el Coronel Escobar, o  como el General, López Ochoa, que fue degollado por milicianos en su cama del hospital militar Gómez Ulla, tras de lo cual le cortaron la cabeza y la pasearon pinchada en una pica por Carabanchel.

Si sabes que la Alemania nazi rodeo  a su Partido nacional-socialista y sus fuerzas de choque, las SA y las S.S., pero que la Republica se rodeó de una Guardia Especial llamada Guardia de Asalto, y que fue la que asesinó a Calvo Sotelo y tiroteó a los asistentes a su entierro, y que no asesinó a Gil Robles, porque advertido había huido de Madrid después de que el 15 de abril José Díaz Ramos, Secretario General del PCE, contestó a una intervención de José María Gil Robles, líder de la CEDA, que “no puedo asegurar cómo va a morir el señor Gil Robles, pero sí puedo afirmar que si se cumple la justicia del pueblo, morirá con los zapatos puestos”.

Si te han contado que Franco se alzó en armas el 18 de Julio de 1.936, pero nadie te ha contado que el socialista Largo Caballero hizo las siguientes declaraciones en Alicante, en enero de 1936: “Quiero decirles a las derechas, que, si triunfan, tendremos que ir a la guerra civil declarada. Que no digan que nosotros decimos las cosas por decirlas, que nosotros lo realizamos”; en Linares, el 20 de enero de 1936: “La democracia es incompatible con el socialismo”; en el cinema Europa de Madrid, el 10 de febrero del 36: “La transformación total del País no se puede hacer echando papeletas en las urnas…, y que como consecuencia de esto, la republica bombardeo Larache y Melilla el día 17, matando a más de 54 civiles. Y que el mismo día 17 se ordena el asesinato de Franco, a través de su primo Ricardo de la Puente Bahamontes, y que pudo ser detenido por el militar Sáenz de Buruaga, es que no te han contado la verdad.

Si has visto como una forma de justicia Universal, los Juicios de Núremberg o Procesos de Núremberg, contra los que provocaron aquella masacre, pero te dicen que la Causa General, es un proceso ilícito, y represor, es que te están engañando y manipulando.

Si sabes que el PSOE, quiere sacar a Franco del valle de los Caídos por ser un dictador, pero nadie te ha contado, como este Partido demostró negándose a apoyar la Resolución 1481 de fecha 25.01.2006 del Consejo de Europa con el título “Necesidad de una condena internacional de los crímenes de los regímenes totalitarios comunistas “, (y presentando enmiendas para eliminar todas las referencias a los dictadores “comunistas”), dándole igual todos los dictadores comunistas del mundo, es que nadie te avisa de la doble vara de medir.

Si no te han contado esto, es que quienes te han ocultado la Historia que ahora pretenden blanquear, te deben una explicación.

La memoria de un pueblo, y de una nación es su propia dignidad de presente y de futuro. No permitas que la Izquierda te manipule, ni que borre de la memoria colectiva los orígenes de la guerra, para evitar que volvamos a caer en los mismos errores.

 

 

14 de abril

La proclamación de la Segunda República Española consistió en la instauración el 14 de abril de 1931 del nuevo régimen político republicano que sucedió a la monarquía borbónica de Alfonso XIII.

El artículo 1 de la Constitución española de 1978 dice en su apartado 3 que “La forma política del Estado español es la monarquía parlamentaria”, y el artículo 56 nos dice que “el Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia, arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones, asume la más alta representación del Estado español en las relaciones internacionales, especialmente con las naciones de su comunidad histórica, y ejerce las funciones que le atribuyen especialmente la Constitución y las leyes”

Hoy, aniversario de la proclamación de la II República, el vicepresidente del Gobierno y líder del partido ultraizquierdista Podemos, Pablo Iglesias, ha cuestionado, una vez más, nuestra Constitución y ha defendido una República «donde el jefe del Estado jamás se vista de militar».

Dentro de un discurso populista, prende fuego a la Constitución de la Transición que nos trajo la paz y la reconciliación de todos los españoles, incendiando aún más la actual situación española, con 18.000 muertos por el coronavirus según datos oficiales a día de hoy, con los independentistas catalanes diciendo que ellos están por la autodeterminación, no por reforzar a España, con el cierre de miles de empresas, con un paro que en el mejor de los casos no va a bajar de cinco millones de personas, él a lo suyo: Quiere un país «donde mandara el pueblo y no el poder económico; donde la corrupción no fuera un instrumento para burlar la democracia; donde jamás viéramos a un jefe del Estado aparecer vestido con un uniforme militar, porque es un representante del pueblo; y donde el ejército estuviera subordinado al poder civil».

 

 

¿Por qué? Una vez que se ha hecho con el poder real del país, en dónde el presidente Pedro Sánchez es un político desprestigiado desde el mismo momento que, repetidamente, ha mentido al pueblo diciendo una y otra vez que no iba a pactar con Podemos, porque eran comunistas, proindependentistas y anti constitucionalistas, y ahora depende exclusivamente de Podemos para seguir en su puesto, aislados internacionalmente porque ninguna nación se fía de España teniendo a los comunistas en el poder y en el control del CNI, abandonados por la Unión Europea que nos ha prestado dinero en abundancia pero que ha visto que se ha dilapidado en ERE’s ficticios, putas, cocaína, republiquetas, embajadas regionales, y amistades peligrosas con países que tienen poco de democrático, es él quien maneja el BOE con medidas que solo favorecen a los que menos aportan al bien común, que son sus votantes.

Todo lo expuesto, junto y a la vez, es un cóctel explosivo en dónde la miseria y la delincuencia, podrían provocar revueltas populares, tanto de izquierdas como de derechas. Y es aquí donde estamos llegando al problema de Podemos, el miedo a que intervenga el Ejército para poner orden en una democracia que, demasiado deprisa, se está dirigiendo a una dictadura bolivariana que, desde hace tiempo, nos están vendiendo como la panacea a todos los problemas. Y peor aún, hay gente que se lo cree.

Es en los momentos difíciles cuando los verdaderos líderes tienen que mostrar su talla y valía. Estamos atravesando una crisis sanitaria de, todavía, imprevisibles consecuencias, atacada con retraso, pocos medios e infraestructuras diseñadas por alguien que no tiene ni idea de lo que lleva entre manos, desde la compra de material a la descoordinación interregional. Y una profunda recesión económica, no falta nada más que a Mingafuego se le ocurra que España salga del euro, que va a llevar varios años, bastantes, en los que habrá que trabajar más y mejor, ganando menos, para que podamos superarla, situación que no se si todos estamos dispuestos a ello. Otro motivo de revueltas.

Acabo recordando que España ha tenido dos Repúblicas y que, en las dos ocasiones, terminaron en una guerra civil.

 

 

El socialismo en Alcalá de Henares en la Guerra Civil

Alcalá de Henares (III). La diversión de las milicianas: desnudar a las monjas y amenazarlas con traer a los milicianos

Los socialistas que controlaban Alcalá utilizaron a las dominicas como esclavas. Después de robarles, claro.

Javier Paredes 25/11/18

 

Alcalá de Henares – La iglesia Magistral y la bóveda de Santa María tras los ataques de los republicanos

 

El tren se detuvo en la estación de Atocha a las once de la mañana del 5 de agosto de 1936. Sor Blanca, monja de clausura de Santa Catalina, huía del infierno en el que los socialistas habían convertido la ciudad de Alcalá de Henares. Se había subido al vagón con la esperanza de encontrar tranquilidad en la capital de España, donde conocía a una familia que podía acogerla. Pero de inmediato comprobó que el odio satánico que la había expulsado de su convento, solo era parte del flujo de una marea mayor.

Unos hombretones con fusiles la encerraron en una dependencia de la estación, donde unas milicianas con el pretexto de registrarla la desnudaron completamente, pero nada encontraron de valor porque todo se lo habían quitado ya los socialistas de Alcalá de Henares. Las milicianas la torturaron con dejar entrar a los que ellas llamaban “sus compañeros milicianos”, para que la vieran desnuda. Y, tras esta afrenta a su virginidad consagrada, la ficharon. Escoltada por dos milicianos armados, la llevaron hasta el domicilio que ella les indicó.

-¡Compañero! A la casa donde la lleves, que te den un papel en donde respondan por ella. Y sin que respondan de ella no la dejes en ningún sitio… ¿Entiendes? ¡Compañero!

Tras esta orden emitida por el que hacía de jefe, Sor Blanca camina encomendándose al Señor y a su Madre Santísima. Va entre dos milicianos con los ojos bajos. Y en el trayecto, cuando se cruza con otro grupo de milicianos, uno de ellos lanza el saludo con el que la izquierda pretendía liquidar la existencia de Dios:

-¡Salud!

-¡Que Dios nos la de a todos!-respondió Sor Blanca. Y aquel grupo de milicianos bajó los puños, y no dijeron ni una sola palabra, ni ellos ni los que la conducían.

Sor Blanca comenzaba así su calvario, que iba a durar toda la guerra, refugiándose en distintas casas y en pensiones, siguiéndola siempre de cerca la policía. Incluso llegó a estar presa varios días en la checa de Fomento. Y a pesar de tan cruel persecución, se cumplieron en ella las palabras que le dijo un jesuita, con el que se encontró en uno de los escondites: “Dios tiene determinado el número de los que en esta guerra han de morir, y ni uno más ni uno menos morirá. Los que se mueran, sin duda en el Cielo, tendrán corona de mártires. Los que Él, por sus altos juicios, tenga determinado dejar en la tierra, los sacará de todos los peligros, si es preciso haciendo milagros”.

Y gracias a esos altos designios de Dios, Sor Blanca, cuando acabó la guerra, pudo dejar constancia por escrito del odio sectario de los enemigos de la Iglesia, y de la milagrosa protección del Cielo que ella tuvo en tantas ocasiones, que de narrarlas en este periódico de Hispanidad, tendría que emplearme en una larga serie de artículos… Pero no lo voy a hacer, ya que no son pocos los lectores que me han comunicado que ya no aceptan ni un “continuará” más, porque quieren conocer qué fue de las Catalinas de Alcalá de Henares en la Guerra Civil.

El sectarismo antirreligioso del PSOE no se detuvo ante nada: destruyeron la mayor parte del rico patrimonio artístico de Alcalá.

Hasta ocho monjas del convento de Santa Catalina viajaron a Madrid porque pensaban que algún conocido podía protegerlas. Dos de ellas, como vimos, volvieron a los pocos días. Otras permanecieron más tiempo, tres de ellas hasta el final de la guerra y vieron la entrada victoriosa de las tropas nacionales desde una casa de la calle de Serrano, donde estaban refugiadas.

El resto de la comunidad de las dominicas de Santa Catalina permaneció durante unos meses en Alcalá de Henares. Ya dijimos que fueron tratadas como esclavas por las autoridades municipales del PSOE, forzadas a coser ropa para los milicianos en el convento de las Siervas de María. Allí fueron concentradas hasta 85 monjas, sin permitirlas salir a la calle. Y, cuando salían, lo hacían siempre por alguna obligación concreta y escoltadas por milicianos armados. Y como más tarde hicieran los nazis con los judíos marcándoles la ropa con una estrella amarilla de seis puntas, para que todos los alcalaínos las reconocieran, las obligaban a llevar un brazalete rojo con las siglas AMA, que significaban Agrupación de Mujeres Antifascistas.

Entre tanto el PSOE desató en Alcalá de Henares la persecución cruenta de los católicos. Lo que se ha pretendido justificar como asesinatos ejecutados por incontrolados no cuadra con lo que pasó porque desde el Ayuntamiento gobernado por el PSOE emanaban las directrices para establecer un régimen de terror en Alcalá de Henares.

Y para que quedaran claras que el modelo de las maneras políticas del PSOE en Alcalá de Henares eran las de la guillotina de la etapa del Terror de la Revolución Francesa, una de las cuatro checas que funcionaron en Alcalá de Henares, la que se instaló enfrente del Ayuntamiento, exactamente en el Círculo de Contribuyentes, recibió el nombre de Comité de Salud Pública, en una pésima versión del francés de Le Comité de salut public, porque el salut de los franceses significa salvación y no salud, concepto para el que nuestros vecinos emplean el termino santé. Pues bien, el Comité de Salud Pública de Alcalá de Henares era una de las cuatro checas que hubo en la ciudad, también llamada del Frente Popular, y su comité estaba encabezado por el presidente de la Agrupación Socialista de Alcalá de Henares y presidente de la Casa del Pueblo, Felipe Guillamas Cámara, que también formaba parte de los comités de otras dos checas más.

Ya vimos que al capellán de las dominicas, antes de ser asesinado, el edil del PSOE Simón García de Pedro le apresó y se lo llevó al Ayuntamiento para interrogarle. Y desde las dependencias municipales, lo trasladaron en un coche hasta las tapias del cementerio donde le fusilaron en un basurero. Y lo del capellán de las dominicas, Eduardo Ardiaca Castell, se repitió con otros sacerdotes, ya que antes de asesinarlos los llevaban a las dependencias del Ayuntamiento o a una de las cuatro checas de Alcalá de Henares.

Al igual que Eduardo Ardiaca Castell y Pedro García Ezcaray, como ya vimos, fueron asesinados los que, como ellos, también eran miembros del cabildo de la iglesia Magistral, los sacerdotes Julián Fernández Díaz, Longinos Ortega Miguel, Pablo Herrero Zamorano, Rogelio Oliva Ruiz y Marcial Plaza Delgado. Además, fueron asesinados los sacerdotes diocesanos César Manero Zaro y Maximino García y García. Y perecieron víctimas de la persecución religiosa el filipense Mariano Sánchez Sobejano y los escolapios José Manuel García Paradelo, José Viñas Rodríguez, Gregorio Gómez Miguel, Juan Francisco Alonso Subiñas, Andrés Díaz Balmisa y Facundo Martínez Díaz.

“Vaya boquete que le he hecho en la tripa, dijo el socialista Joaquín Torres tras asesinar en plena calle al sacristánTomás Plaza.

También fueron asesinados por profesar su fe unos cuantos laicos alcalaínos. Quizás, el más conocido de todos sea Tomás Plaza Main, sacristán de la iglesia Magistral. El 22 de julio de 1936 se presentó en su domicilio de la calle Talamanca número cuatro un conocido socialista, Joaquín Torres Barco, acompañado de otro apodado “El soguero”. Los dos iban armados, pero no eran ningunos incontrolados, porque le detuvieron y le indicaron que caminara…  hacia el Ayuntamiento. Sin embargo, al paso obligado por la plaza de Cervantes, la gente al ver que iba detenido el sacristán se arremolinó, y entonces el socialista Joaquín Torres Barco apuntando el arma gritó con voz firme:

-¡Retiraos! ¡Que este no llega al Ayuntamiento! ¡Para que nos vamos a molestar!

A continuación, sonó un disparo y Tomás Plaza cayó al suelo, donde fue rematado por otra descarga. Y el socialista Joaquín Torres dirigiéndose a los que habían presenciado el crimen, les dijo con un tono de jactancia:

-¡Vaya boquete que le he hecho en la tripa!

A la persecución de las personas, los socialistas y sus cómplices de izquierdas añadieron la persecución de las cosas sagradas. El sectarismo antirreligioso del PSOE no se detuvo ante nada, y los socialistas y sus cómplices destruyeron la mayor parte del rico patrimonio artístico de Alcalá de Henares. Su barbarie la han tapado posteriormente con la mentira y siguen manteniendo la patraña inventada por Manuel Azaña y Antonio Machado de “la certera puntería fascista contra el sepulcro del Cardenal Cisneros”, a pesar de que la documentada tesis doctoral de Josué Llul Peñalba, publicada por la Universidad de Alcalá, haya desmontado tan torpe mentira. Ya vimos en un artículo anterior cómo se empleó gasolina para quemar la iglesia Magistral, donde entonces se encontraba el sepulcro del Cardenal Cisneros y sobre el que se desplomó la bóveda de la iglesia.

De la destrucción de la iglesia de Santa María Mayor, situada en la misma plaza de Cervantes, a menos de cien metros del Ayuntamiento, y de la que no queda nada más que un trozo de muro, la torre y una capilla, también se ha culpado a Franco sin ponerse todos de acuerdo, que dicen unos que la bombardeó desde el aire y otros que lo hizo desde tierra, con la artillería. Mentira también desmentida, en este caso por Damián Chacón del Castillo, que ingresó como guardia municipal en 1930 y permaneció en ese puesto durante toda la guerra. Damián fue testigo de cómo el socialista ya citado Joaquín Torres Barco, junto con Nicolás García Sánchez, Ángel García y Jesús Rodríguez sacaron una garrafa de arroba llena de gasolina del Ayuntamiento, para quemar la iglesia de Santa María la Mayor.

El PSOE había convertido la ciudad de Alcalá de Henares en un infierno, por lo que se entiende que las dominicas de Santa Catalina aceptaran incorporarse a los evacuados que fueron trasladados al Levante español, concretamente al pueblo de Agost de Valencia, donde las monjas fueron repartidas en diferentes casas de gente muy humilde, que les permitieron vivir con cierta dignidad hasta el final de la guerra, y desde donde volvieron a su convento en abril de 1939.

El trato que dieron a las Catalinas las buenas gentes, tanto las de Alcalá de Henares como las de Agost, desmonta esa mentira de que la Iglesia en España, a principios del siglo XX, se había separado de los pobres, porque se había aliado con los ricos. No, eso no es cierto. Fueron numerosas las personas de las clases humildes en toda España las que protegieron a las monjas y a los eclesiásticos, durante la persecución religiosa desatada en la zona republicana. Y les ayudaron por dos motivos; primero, por el agradecimiento a su labor educativa y asistencial. Y segundo y, sobre todo, porque eran los suyos, porque eran las clases humildes las que nutrían mayoritariamente los seminarios y las casas de los religiosos. El desapego de la sociedad española de la Iglesia en España, de la sociedad española alta, media y baja es un fenómeno mucho más reciente, tan reciente como que es el mal de nuestros días.

 

 

Javier Paredes

Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Alcalá

 

 

Genocidio contra la Iglesia en 1936

Testimonio estremecedor: El genocidio contra la Iglesia en 1936. Jaime Ignacio del Burgo en La Razón del 24-08-2019

El 7 de enero de 1937, Manuel de Irujo, del PNV, ministro sin cartera de Francisco Largo Caballero, denunciaba el asesinato de miles de religiosos por parte de los militantes del Frente Popular. Una acción que fue planeada y deliberada.

 

Milicianos disfrazados con vestiduras religiosas

tras el saqueo de la iglesia de un pueblo en 1936 / EFE.

 

Los mentores de la Memoria Histórica, en los términos de la normativa aprobada en 2007 y disposiciones posteriores, se niegan a reconocer el genocidio perpetrado contra la Iglesia Católica en la Guerra Civil. En uno de mis últimos libros, titulado «Navarra en la historia. Realidad histórica frente a los mitos aberzales» (Editorial Almuzara, 2017), publiqué sobre este asunto un documento histórico estremecedor y esclarecedor que ha pasado inadvertido. No se trata del testimonio de alguien que padeció la represión desatada contra la Iglesia Católica desde el 18 de julio de 1936 en el bando republicano, sino de una persona que la vivió desde el puente de mando del Gobierno. Me refiero al «Memorándum» que Manuel de Irujo, uno de los políticos más notables del PNV en el siglo XX, en su condición de ministro sin cartera elevó al presidente del Consejo de Ministros, el socialista Francisco Largo Caballero. Entiendo que este documento debiera ser de conocimiento general para que las generaciones actuales puedan tener más elementos de juicio sobre aquel trágico período de nuestra historia contemporánea.

Irujo, estellés de nacimiento, era diputado a Cortes del PNV por Guipúzcoa cuando entre el 17 al 19 de julio de 1936 estalló el levantamiento militar dirigido desde Pamplona por el general Mola. Acudió a Bilbao a una reunión de las ejecutivas del PNV de Vizcaya y de Guipúzcoa para decidir si se sumaban al alzamiento o apoyaban al Frente Popular, incapaz de afrontar el caos que se había apoderado en España desde su acceso al Gobierno en febrero de 1936.

Sobre el Frente Popular daré un par de pinceladas. Se trataba de una coalición impulsada por el líder de Izquierda Republicana Manuel Azaña, y de la que formaron parte, entre otros partidos revolucionarios, el PSOE y el PC. En dichas elecciones las izquierdas habían sido ampliamente derrotadas por las derechas, que se habían agrupado en torno a la CEDA encabezada por Gil Robles. Pero los resultados electorales globales no se publicaron nunca. Investigaciones exhaustivas realizadas por historiadores de absoluta solvencia demuestran que se habían cometido gravísimas irregularidades que supusieron la privación a las derechas de 50 escaños, impidiéndoles de esa forma volver a formar gobierno. El PSOE había protagonizado en octubre de 1934 un golpe de Estado contra el Gobierno presidido por un republicano de indiscutible pedigrí como Alejandro Lerroux, con el fin de proclamar la Revolución Social e implantar la dictadura del proletariado, siguiendo el modelo soviético de Lenin impuesto en Rusia desde la Revolución de octubre de 1917. Uno de los líderes del golpe fue Francisco Largo Caballero, al que sus partidarios llamaban «el Lenin español», que abogaba por derribar la República burguesa.

En la campaña electoral de las elecciones generales de noviembre de 1933, donde el PSOE perdió más de la mitad de los diputados que había obtenido en 1931, proclamó: «Vamos, repito, hacia la revolución social… mucho dudo que se pueda conseguir el triunfo dentro de la legalidad. Y en tal caso, camaradas, habrá que obtenerlo por la violencia… Nosotros respondemos vamos legalmente hacia la revolución de la sociedad. Pero si no queréis, haremos la revolución violentamente (Gran ovación). Eso, dirán los enemigos, es excitar a la guerra civil… Pongámonos en la realidad. Hay una guerra civil… No nos ceguemos, camaradas. Lo que pasa es que esta guerra no ha tomado aún los caracteres cruentos que, por fortuna o desgracia, tendrá inexorablemente que tomar». Nada más conocer el resultado de las elecciones, las ejecutivas del PSOE y de UGT comenzaron a preparar la insurrección armada contra el nuevo Gobierno. El diputado por Vizcaya Indalecio Prieto, que compartía con Largo Caballero el poder en el partido, se ocupó de comprar las armas y las juventudes socialistas comenzaron a recibir instrucción militar. La sublevación tuvo lugar el 5 de octubre de 1934. Hubo centenares de muertos. En Asturias, durante los 15 días en que el Principado estuvo en poder de los mineros. Tiempo suficiente para asesinar a cerca de 40 sacerdotes. En el País Vasco, en Eibar, entre otros crímenes destaca el cometido en la Casa del Pueblo de Eibar con el fusilamiento de Marcelino Oreja, diputado carlista por Guipúzcoa. El Gobierno sofocó la rebelión, pero a partir de ese momento el clima de violencia guerracivilista creció de manera exponencial. En 1942, el otro gran protagonista del golpe, Indalecio Precio, confesó en México: «Me declaro culpable ante mi conciencia, ante el Partido Socialista y ante España entera, de mi participación en aquel movimiento revolucionario. Lo declaro como culpa, como pecado, no como gloria…». El Partido Nacionalista Vasco era en aquellos momentos un partido ultracatólico, independentista y de derechas. Desde la proclamación de la República venía intentado constituirse en Región Autónoma conforme a la Constitución de 1931. El intento de incorporar a Navarra había fracasado en 1932. Un año después se sometió a referéndum del país vascongado un proyecto de Estatuto sin Navarra. Resultó aprobado, pero Álava se opuso porque en su territorio no había obtenido la mayoría de dos tercios del electorado, a diferencia de Guipúzcoa y Vizcaya. Esto produjo la hibernación del proyecto en las Cortes.

Tras el acceso al Gobierno del Frente Popular, Prieto, de acuerdo con Irujo y José Antonio Aguirre, diputado este último por Vizcaya, había conseguido desatascar la tramitación, pero las vacaciones veraniegas la habían paralizado. El dilema que se ofrecía a los dirigentes nacionalistas era el de apoyar o no el alzamiento militar. Irujo estaba convencido de que el Gobierno sofocaría el golpe con rapidez. Propuso y así se aprobó comunicar al Gobierno su lealtad, aunque con el compromiso de que el Estatuto se aprobara de inmediato. El Gobierno así lo aceptó. No fue ésta la postura de la dirección del PNV en Navarra y en Álava, pues en ambos casos se adhirieron a la sublevación.

De acuerdo con el compromiso asumido, el 1 de octubre de 1936 las Cortes republicanas aprobaron el Estatuto. «Con arreglo a la Constitución de la República y al presente Estatuto, Álava, Guipúzcoa y Vizcaya se constituyen en región autónoma dentro del Estado Español, adoptando la denominación de País Vasco».

 

 

El 4 de octubre Irujo fue nombrado ministro sin cartera en el gabinete de Largo Caballero. Y el día 7 de octubre Aguirre resultó elegido presidente del ejecutivo vasco en una asamblea de Ayuntamientos en su gran mayoría vizcaínos, pues los sublevados controlaban ya la práctica totalidad de Álava y Guipúzcoa. Juró su cargo en vascuence y en castellano: «Humilde ante Dios, en pie sobre la Tierra Vasca, en recuerdo de los antepasados, bajo el Árbol de Guernica, ante los representantes del pueblo, juro desempeñar fielmente mi cargo».

El «Memorándum» de Manuel de Irujo está fechado el 7 de enero de 1937, cuando solo habían transcurrido seis meses desde el inicio de la guerra. En él denuncia el asesinato de miles de clérigos por el mero hecho de serlo, la prohibición y persecución del culto católico, la destrucción de todos los altares y objetos de culto con grave daño a nuestro patrimonio histórico-artístico, el incendio de la mayor parte de los templos en Cataluña y otros desmanes. Señala que gracias al PNV se había evitado la masacre de la Iglesia en el País Vasco. Aunque no siempre los «gudaris» nacionalistas tuvieron éxito, pues las milicias del frente popular asesinaron mientras duró el dominio republicano en Vizcaya (del 18 de julio de 1936 al 19 de junio de 1937) a sesenta sacerdotes vascos.

Asesinatos deliberados. El «Memorándum» no causó ningún efecto en el Gobierno ni sirvió para mejorar la situación. Al final de la guerra civil el saldo de asesinados fue terrible. Las milicias revolucionarias eliminaron, en muchos casos después de terribles torturas y vejaciones físicas y morales, a cerca de 10.000 sacerdotes, religiosos y religiosas. No fueron como se pretende ahora asesinatos aislados, obra de gentes incontroladas sedientas de sangre y desesperadas por sus miserables condiciones de vida, sino que obedecieron a una voluntad consciente y deliberada del Frente Popular de exterminar a la Iglesia para conseguir la total erradicación del sentimiento católico mayoritario en la sociedad española de aquella época. En nuestros días, tales atrocidades encajarían en el delito de genocidio definido en los artículos 5,1 a) y 6, a) y b) del Tratado de Roma de 1998 sobre creación del Tribunal Penal Internacional.

Por todo esto, resulta absolutamente incomprensible que se pretenda imponer un relato unívoco y además sectario de lo ocurrido durante la guerra civil con la amenaza de sancionar a quienes discrepen de la versión oficial. En cambio, se expide carné de demócratas a quienes mantienen, al día de hoy, las bondades del totalitarismo comunista causante del asesinato de más de cien millones de personas y de la violación permanente de los derechos humanos más elementales en numerosas naciones del mundo, que continúa en países como China, Cuba, Corea del Norte y Vietnam, a los que hay que añadir la Venezuela bolivariana. Y no solo no se les discute el carné de demócratas, sino que se les invita a formar parte como socios preferentes del gobierno de España y se acuerdan coaliciones de gobierno en numerosas comunidades autónomas y ayuntamientos. Todo con tal de cerrar el paso a «las derechas», expresión característica del guerracivilismo de la época republicana.

Puesto que uno de los partidos que desde 2007 está empeñado en remover las cenizas de la guerra civil, rompiendo el pacto constitucional, presume de ser el partido más antiguo de España, ya que fue fundado el 2 de mayo de 1879 por Pablo Iglesias, y se vanagloria de haber defendido en todo momento y ocasión la democracia, no estaría de más que además de condenar los crímenes ajenos haga autocrítica y reconozca los propios, al menos desde el 5 de octubre de 1934, fecha en la que el PSOE y la UGT se sublevaron contra el legítimo gobierno de la República con la finalidad de acabar con la República burguesa e implantar la dictadura del proletariado, hasta el 1 de abril de 1939. Y acepten la retirada de las estatuas que rinden homenaje a Largo Caballero y Prieto en el Paseo de la Castellana, donde hasta no hace mucho fueron vecinos de una estatua ecuestre del general Franco retirada con nocturnidad en 2005.

En este asunto, como en tantos otros, el que esté libre de culpa que tire la primera piedra. Aquel trágico episodio de nuestra historia no fue un enfrentamiento de buenos y malos, de pacíficos demócratas y fascistas sedientos de sangre. Fue un gran fracaso colectivo que produjo sufrimientos inmensos al conjunto de la sociedad española. Ocurrió hace 80 años. Y el primer empeño de los constituyentes fue propiciar un espíritu de concordia y reconciliación para construir un futuro plenamente democrático en paz y en libertad. Por otra parte, las generaciones de la postguerra no teníamos que reconciliarnos con nada ni con nadie porque de nada fuimos responsables y a nadie habíamos hecho daño alguno. Por eso, debemos hacer el esfuerzo necesario para evitar que el guerracivilismo emponzoñe de nuevo a la sociedad española en pleno siglo XXI y recuperar el espíritu de concordia y conciliación que presidió la elaboración de la Constitución de 1978, la única Constitución de toda nuestra historia redactada por consenso de la inmensa mayoría de las fuerzas políticas.

 

 

Lluis Companys

Referencia del Consejo de Ministros – Barcelona, 21-12-2018

  • ACUERDO por el que se toma conocimiento de la Declaración de reparación y reconocimiento personal en favor de DON LLUÍS COMPANYS i JOVER, por la que se rechaza y condena el Consejo de Guerra que decidió la ejecución de DON LLUÍS COMPANYS I JOVER, y se proclama pública y solemnemente el reconocimiento y restitución de la plena dignidad del Presidente DON LLUÍS COMPANYS i JOVER.

DECLARACIÓN DE REPARACIÓN Y RECONOCIMIENTO PERSONAL EN FAVOR DE DON LLUÍS COMPANYS I JOVER

“La Ley 52/2007, de 26 de diciembre, por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la Guerra Civil y la Dictadura, reconoce en su artículo 4.1 el derecho a obtener una Declaración de reparación y reconocimiento personal a quienes durante la Guerra Civil y la Dictadura padecieron los efectos de las resoluciones a que se refieren los artículos anteriores. Por su parte, el artículo 3 declara la ilegitimidad: i) de los tribunales, jurados y cualesquiera otros órganos penales o administrativos que, durante la Guerra Civil, se hubieran constituido para imponer, por motivos políticos, ideológicos o de creencia religiosa, condenas o sanciones de carácter personal, así como la de sus resoluciones; ii) por ser contrarios a Derecho y vulnerar las más elementales exigencias del derecho a un juicio justo, del Tribunal de Represión de la Masonería y el Comunismo, el Tribunal de Orden Público, así como los Tribunales de Responsabilidades Políticas y Consejos de Guerra constituidos por motivos políticos, ideológicos o de creencia religiosa; y iii) por vicios de forma y fondo, de las condenas y sanciones dictadas por motivos políticos, ideológicos o de creencia por cualesquiera tribunales u órganos penales o administrativos durante la Dictadura contra quienes defendieron la legalidad institucional anterior, pretendieron el restablecimiento de un régimen democrático en España o intentaron vivir conforme a opciones amparadas por derechos y libertades hoy reconocidos por la Constitución.

Con fundamento en los preceptos citados, y atendiendo a la trayectoria vital y política del Presidente Don Lluís Companys I Jover, a las ominosas circunstancias en que se produjo su muerte, a las declaraciones e iniciativas parlamentarias favorables al reparación y reconocimiento personal en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la Guerra Civil y la Dictadura y, en particular, de Don Lluís Companys I Jover, la Ministra de Justicia ha expedido en Barcelona el 21 de diciembre de 2018 la Declaración de reparación y reconocimiento personal en favor de Don Lluís Companys I Jover, por la que se rechaza y condena el Consejo de Guerra que decidió la ejecución de Don Lluís Companys I Jover, y se proclama pública y solemnemente el reconocimiento y restitución de la plena dignidad del Presidente Don Lluís Companys I Jover.

En virtud de lo que antecede el Consejo de Ministros acuerda tomar conocimiento de la Declaración de reparación y reconocimiento personal en favor de Don Lluís Companys I Jover, por la que se rechaza y condena el Consejo de Guerra que decidió la ejecución de Don Lluís Companys I Jover, y se proclama pública y solemnemente el reconocimiento y restitución de la plena dignidad del Presidente Don Lluís Companys I Jover, cuyo texto se acompaña como Anexo a este acuerdo”.

La ministra Batet ha explicado que en cuanto a la nulidad del juicio que condenó a Companys, requiere previsión normativa y legal y ha recordado que en estos momentos está contemplada la propuesta en una proposición de ley que ya se tramita en el Congreso, por lo que puede ser aprobada eventualmente.

¿Quién fue Lluis Companys? Dejo a continuación dos referencias:

De mi artículo https://ancamfer.wordpress.com/2018/12/13/espana-guerra-civil-2a-parte/

​Lluís Companys i Jover​ (1882-1940) fue un político y abogado catalán, de ideología catalanista, independentista y republicana, líder de Esquerra Republicana de Cataluña, presidente de la Generalidad de Cataluña desde 1934 hasta 1940. Exiliado tras la Guerra Civil, fue capturado en Francia por la Gestapo, a petición de la policía franquista, y trasladado a España, donde fue juzgado por un Consejo de Guerra.

Dolça Catalunya del 05-06-2015: Era un político incapaz que regó Cataluña de sangre. Su golpe de estado de 1934 dejó 46 muertos y 11 heridos. Bajo su gobierno fueron destruidos más de 7.000 edificios religiosos, asesinados 47 periodistas, mossos d’esquadra y hasta un sordo por saber latín, destrozada la Sagrada Familia y asesinados los tres curas que la atendían, y organizados dantescos campos de concentración como el de Omells de Na Gaia. Toleró el asesinato del 3er presidente de la Generalitat desde su restauración, Jiménez Arenas. Más de 8.129 catalanes fueron asesinados bajo la presidencia de Companys.

Publicó un decreto el 26 de julio de 1936 donde, “a proposta de Presidència”, para “acabar de aniquilar en toda Cataluña los últimos núcleos fascistas existentes” creaba el “Comité de Milicias Antifascistas de Cataluña”. El catalán Gassiot Magret escribía que “cuantos tuvimos la desgracia de tener que sufrir el terror rojo de Barcelona, sabemos que las Milicias Antifascistas eran los técnicos y ejecutores de los asesinatos. Nos consta que no hubo ningún asesinato de personas religiosas que no hubiese sido autorizado por el Comité Directivo”.

 

 

Luis Companys fue responsable del asesinato de más de 8.000 personas, en su mayoría católicos. La violencia acompañó a Luis Companys toda su vida, muy especialmente desde el estallido de la Guerra Civil. Una joya. Por Javier Paredes, 21-10-2018

Si en Historia las cosas son lo que son, para los políticos corruptos las cosas dejan de ser lo que son, las recrean para convertirlas en coartadas y las justificaciones de sus fechorías, con el único objetivo de mantenerse en el poder. Y esto es lo que está sucediendo con la figura del que fuera presidente de la Generalidad de Cataluña, Luis Companys… Porque una cosa es lo que dice la historia y otra muy diferente la imagen que de él difunden los políticos separatistas catalanes y sus aliados socialistas y comunistas de Podemos.

Pase que los separatistas catalanes y sus aliados se adentren en el laberinto enloquecedor de la historia manipulada, pero que los demás les secundemos… Eso algunos no lo vamos a hacer ni por todas las amenazas de multas y de cárcel con las que nos quiere hacer callar la liberticida Comisión de la Verdad, que no se sabe si es más estalinista que maoísta, y que descalifica como demócratas a quienes la están promoviendo para que se convierta en ley.

Levantan a Luis Companys sobre un pedestal racista. Porque, naturalmente, en la versión de la historia politizada, Luis Companys es bueno, pero que muy bueno. ¿Y por qué fue tan requetebueno Luis Companys, si no desfizo entuertos como don Quijote? Pues era tan bueno, tan bueno, que ni falta que le hacía desfacer entuertos para demostrar su bondad, ya que ni las virtudes le ascendían ni los defectos le rebajaban, por cuanto toda su excelencia derivaba exclusivamente de que era catalán. Y por eso, la versión nacionalista le descalza, cuando va al encuentro del pelotón de fusilamiento, para morir pisando directamente la tierra catalana.

La verdad histórica de Luis Companys se silencia en beneficio de la exaltación catalanista. Se le hace un monumento con una tierna imagen de la niña del pañuelo, lo que contrasta con la opinión que nos han transmitido quienes le trataron. Miguel Serra y Pamiés, destacado miembro del PSUC, al que el presidente de la Generalidad, Luis Companys, le nombró consejero, dice lo siguiente: “A Luis Companys le daban ataques, se tiraba de los pelos, arrojaba cosas, se quitaba la chaqueta, rasgaba la corbata, se abría la camisa. Este comportamiento era típico”. Por su parte, su correligionario Juan Solé Plá, diputado de Ezquerra Republicana en la Segunda República afirma que Luis Companys “en el fondo es un enfermo mental, un anormal excitable y con depresiones cíclicas; tiene fobias violentas de envidia y de grandeza violenta, arrebatada, seguidas de fobia de miedo, de persecución, de agobio extraordinario y a veces, ridículo […] lloraba y gemía como una mujer engañada”. Pero todas estas carencias eran compatibles con su gran ambición, pues Juan Puig y Ferreter, perteneciente a Ezquerra Republicana y consejero de Asistencia Social de la Generalidad con Companys, lo califica de “intrigante y sobornador, con pequeños egoísmos de vanidoso y sin escrúpulos para ascender”.

Y esta falta de escrúpulos es la que le permitió despuntar y darse a conocer en Cataluña por la defensa que hizo de los pistoleros que amedrantaban a la sociedad catalana en los años veinte, lo que la historia manipulada de sus panegiristas traduce como que Luis Companys fue un abogado laboralista.

La violencia acompañó a Luis Companys toda su vida, y muy especialmente al estallar la Guerra Civil. Luis Companys, además de diputado y ministro de Marina durante unos meses, durante la Segunda República, fue presidente de la Generalidad desde diciembre de 1933 hasta el golpe de Estado de octubre de 1934, y desde febrero de 1936 hasta el final de la guerra civil.

El 24 de julio de 1936, mediante un decreto presidencial, creó el Comité Central de Milicias Antifascistas de Cataluña, que asesinó a millares de catalanes. Los cálculos varían de 8.000 a 9.000 asesinatos, entre cuyas victimas había un buen número de periodistas, que trabajaban en medios tan diversos como El Correo, Avui, Terra Ferma, El Matí, Diario de Lérida, La Cruz, Agencia Fabra, El Semanario Católico, El Correo de Lérida, Diario de Comercio de Barcelona, El Correo de Tortosa, el Correo Catalán o el Semanario Católico.

Los estudiosos, además de los periodistas, ofrecen los datos de otros sectores de la sociedad catalana, que fueron víctimas del genocidio de Luis Companys. Entre estas víctimas se cuentan: 16 poetas, 51 funcionarios del Ayuntamiento de Barcelona, 31 nobles, 16 socios del Barça, 199 militares y hasta 99 miembros del propio partido de Luis Companys, Ezquerra Republicana.

Pero el mayor número de las víctimas de las que es responsable Luis Companys, fueron perseguidos y asesinados por ser católicos. Y algunos de una manera tan cruel, como ya he contado en otros artículos, como fue el caso de las hermnanas de sangre Carmen, Rosa y Magdalena Fradera Ferragutcasas, que las tres profesaron como Misioneras del Corazón de María, a las que desnudaron, las violaron y, a continuación, las penetraron con palos por la vagina y, por último, y como muestra de desprecio a su virginidad consagrada, las introdujeron de un golpe los cañones de sus pistolas hasta la empuñadura, para desgarrarlas las entrañas y acabar apretando el gatillo.

O como Apolonia Lizárraga y Ochoa de Zabalegui, superiora general de las Carmelitas de la Caridad, que fue apresada a primeros de septiembre de 1936 y encerrada en la checa barcelonesa de San Elías, una checa que controlaba el partido de Luis Companys. En esta checa, Apolonia fue sometida a todo tipo de vejaciones y malos tratos, aunque por pocos días. El día 8 de septiembre, el responsable de la checa, apodado ‘El Jorobado’, junto con otros tres milicianos la sacaron al patio central, donde la desnudaron totalmente. Tras vejarla, la colgaron de un gancho, la aserraron y echaron los trozos de su cuerpo a unos cerdos, que habían sido incautados y que los engordaba allí el responsable de la checa.

Por ofrecer un dato indicativo, decir que de los 5.060 sacerdotes que ejercían su ministerio el 18 de julio de 1936 en las ocho diócesis catalanas -Lérida, Tortosa, Tarragona, Vic, Barcelona, Gerona, Urgell y Solsona- fueron asesinados 1541, lo que equivale al 30,4% del total.

Y junto al martirio de las personas, el de las cosas. Cuando George Orwell vio la ciudad de Barcelona la describió así en diciembre de 1936 en su libro Homenaje a Cataluña: “casi todas las iglesias habían sido saqueadas y las imágenes quemadas, y algunas de ellas estaban siendo sistemáticamente demolidas por cuadrillas de obreros”.

 

Pero nadie mejor que Luis Companys para describir la situación. En un libro publicado en Toulouse por Luis Carreras en 1938, se recogen las palabras de Luis Companys de una entrevista realizada en agosto de1936, cuando apenas había transcurrido un mes desde que estallara la guerra civil. Esto es lo que cuenta Luis Carreras en su libro Grandeza cristiana de España. Notas sobre la persecución religiosa: “Abordado en la entrevista el problema religioso, no sin cierto temor por lo delicado, al preguntarle a Companys por la posibilidad de la reapertura del culto católico, contestó vivamente: ¡Oh, este problema no se plantea siquiera, porque todas las iglesias han sido destruidas!”.

Bien, pues este “angelito”, a deseos de ERC, ha sido perdonado y anuladas todas sus fechorías por nuestro presidente Pedro Sánchez que, como cualquier loco felón, se cree el centro del mundo y en posesión absoluta de la verdad. De “su” verdad, colaborando expresamente de esta forma en cambiar la historia de España según como la quieren contar él y sus partidos independentistas, necesarios para mantenerse en el poder omnímodo en el que está convirtiendo la democracia española. Por esa regla de tres, mañana puede anular el matrimonio de los Reyes Católicos, la Toma de Granada, las Cortes de Cádiz o destruir los pantanos que construyó Franco.

Cuando está a punto de acabar el año 2018, tómese el presente artículo como una recapitulación de la España real en la que vivimos, en la que los ciudadanos caminan por senderos diferentes a sus gobernantes.

 

Publicado en el Blog de Campos el 29-12-2018

 

 

España – El franquismo – 1ª parte

De: https://www.apunteshistoria.info/primer-franquismo-resumen

Primer franquismo resumen. La etapa azul. El primer fascismo. La fascistización de la dictadura

Finalizada la guerra, el nuevo Estado parecía dirigirse, a través de la influencia de Serrano Suñer, hacia un modelo fascista. En agosto de 1939 quedó constituido el primer
Gobierno después de la guerra. En él, se apreciaba claramente la orientación fascista del primer franquismo con un claro predominio de falangistas, acompañados de militares, católicos, carlistas y antiguos miembros de la CEDA próximos al dictador. Además. Se adoptó la retórica fascista; los gestos y la iconografía respondían a esa vocación propia de la época. En realidad, la dictadura franquista adoptó el modelo solo formalmente. El partido único nunca llegó a dominar el Estado, más bien sucedió lo contrario. Intentos de encuadrar a la población en organizaciones de partido, como el Sindicato Español Universitario (SEU), el Frente de Juventudes, la Sección Femenina o los sindicatos verticales, no fueron satisfactorios. Franco no se comprometió a institucionalizar la dictadura sobre fundamentos fascistas que habrían limitado su carácter caudillista y su poder unipersonal.

El nacionalcatolicismo

La retórica fascista del primer franquismo fue paulatinamente abandonada en la medida en que la Segunda Guerra Mundial cambió de signo y, por tanto, la derrota de las potencias del Eje se fue vislumbrando como inevitable. Esto inspiró un inmediato cambio en la retórica. Los rasgos falangistas fueron atemperados y sustituidos por el componente conservador y nacionalista que definía al franquismo, aderezado con un marcado anticomunismo. El nacionalcatolicismo estuvo representado por los militantes de Acción Católica Nacional de Propagandistas.

La consolidación de la dictadura

El afianzamiento del poder personalista de Franco fue posible gracias a la aprobación de una serie de leyes que dotaron de consistencia legislativa a un régimen surgido tras acabar con la legitimidad republicana: -el Fuero del trabajo -La ley de Cortes -el Fuero de los Españoles – la Ley de Referéndum Nacional -la Ley de Sucesión a la jefatura de Estado.

La represión de los años cuarenta

Concluido el enfrentamiento militar, la vida civil de la posguerra quedó totalmente dominada por los vencedores. En los años cuarenta se asistió a la represión sistemática de cualquier tipo de disidencia. La eliminación física, los encarcelamientos, el exilio exterior o interior, o las depuraciones, fueron instrumentos que formaron parte de un todo concebido como el absoluto control político social de la población. Este entramado legal empezó a tomar cuerpo cuando Franco promulgó la Ley de Responsabilidades Políticas, de 9 de Febrero de 1939. Este primer impulso de represalia quedó completado con la Ley de Depuración de Funcionarios, de febrero de 1939. En este mismo sentido actuaron la Ley de Represión de la Masonería y el Comunismo, de Marzo de 1940, y la de Seguridad del Estado, de Marzo de 1941. En virtud de estas leyes, los detenidos eran sometidos a juicios sin la menor garantía procesal. La represión fue uno de los fundamentos de la dictadura.

Las cifras de la represión

En los últimos meses de la guerra, casi medio millón de personas se refugiaron en Francia. De ellos, la mitad regresaron a lo largo de 1939. Unas doscientas sesenta mil personas fueron internadas en campos de concentración. Después de ser sometidos a juicio, sesenta mil terminaron frente al pelotón de fusilamiento, y otros muchos fueron condenados a largas penas de cárcel. Más de cien mil fueron empleados como trabajadores forzados en obras públicas o alquilados por el Gobierno para desempeñar funciones en la empresa privada. La represión tuvo una mayor intensidad entre 1939 y 1945. A partir de esta fecha las cifras disminuyeron; para explicarlo habría que recurrir a la derrota del fascismo en la guerra, que exigió a Franco a suavizar sus políticas represivas, pero también, simplemente, al hecho de que tras años de represalias los sospechosos sin recibir castigo iban en descenso.

El exilio

Particularmente costoso para la sociedad española fue el exilio, tanto exterior como interior de buena parte de la intelectualidad del país, lo que dio lugar a la destrucción de la llamada Edad de Plata de la cultura española del primer tercio del siglo XX. La mayoría de esas personalidades abandonaron el país durante la guerra, y continuaron en su producción cultural y científica en los Estados de acogida. Fue México donde encontraron un mejor recibimiento y desarrollaron una labor más productiva.

 

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España – Guerra Civil – 2ª parte

 

 

https://es.wikipedia.org

Al Golpe de Estado del 18 de julio de 1936 en España siguió de forma casi inmediata una brutal represión ejercida desde ambos bandos que, persiguiendo la eliminación física del adversario, produjo decenas de miles de muertes.

Estudios, basados en evoluciones demográficas, cifran en 540 000 la sobremortalidad de los años de la Guerra Civil y la inmediata posguerra, y en 576 000 la caída de la natalidad. ​ La estimación de víctimas mortales en la Guerra Civil Española consecuencia de la represión puede cifrarse en 200 000 personas. De ellas, se calcula en unas 50 000 las asesinadas en la retaguardia de la zona republicana, ​ calculándose en 100 000 las asesinadas en la retaguardia de la zona sublevada, ​ a las que hay que añadir unas 50 000 ejecuciones en la represión franquista que siguió a la Guerra Civil. ​ Estas estimaciones, aún en 2009, estaban sometidas a revisión; aunque las víctimas producidas por el bando republicano fueron bien identificadas, las producidas por los sublevados, habiendo sido ignoradas durante el franquismo, hoy existen dificultades para cuantificarlas e identificarlas.

Represión en ambas zonas

Los impulsos ciegos que han desencadenado sobre España tantos horrores, han sido el odio y el miedo. Odio destilado, lentamente, durante años en el corazón de los desposeídos. Odio de los soberbios, poco dispuestos a soportar la insolencia de los humildes. Odio a las ideologías contrapuestas, especie de odio teológico, con que pretenden justificarse la intolerancia y el fanatismo. Una parte del país odiaba a la otra y la temía. Miedo de ser devorado por un enemigo en acecho: el alzamiento militar y la guerra han sido, oficialmente, preventivos para cortarle el paso a una revolución comunista. Las atrocidades suscitadas por la guerra en toda España han sido el desquite monstruoso del odio y del pavor. La humillación de haber tenido miedo y el ansia de no tenerlo más atizaban la furia.
Manuel Azaña​

Desde los primeros días, en ambas zonas, se desató una represión que se concretó en juicios sumarísimos y numerosos paseos, eufemismo que utilizaron aquellos que sacaban de sus casas, amparados por la noche en la mayoría de los casos, a los que consideraban enemigos y los llevaban para fusilarlos, normalmente, al borde de las cunetas.

Esta situación de terror se concentró en los primeros meses de la contienda y respondían a un objetivo común, la eliminación física del adversario. Aunque las características fueron diferentes en las dos distintas zonas. En el bando sublevado fueron los mecanismos judiciales instaurados por los rebeldes, y las milicias falangistas y carlistas, los que llevaron a cabo esta represión, con el beneplácito e instigados desde la cúpula militar. ​ En el bando republicano, desatada la contienda, el Gobierno y el resto de instituciones públicas perdieron el control de los acontecimientos, se desató una revolución que los desbordó, propiciando la creación de fuerzas paralelas y tribunales que fueron los que, principalmente, ejercieron la represión.​ La represión continuó, aunque en menor medida, hasta el final de la contienda y, aun, se prolongó con la represión que el franquismo ejerció en los años siguientes.

 

El deterioro de la justicia fue común en ambas zonas. Tanto los tribunales militares como los populares estaban compuestos en su mayoría por personas ajenas a la magistratura. En el bando sublevado, en tribunales militares únicamente uno de cada cinco miembros debía ser jurista, los juicios duraban breves minutos y en ocasiones los acusados eran juzgados en grupo. Se llegaba al absurdo de juzgar por “rebelión militar” a aquellos que no se sumaron a la sublevación. En la zona republicana, los tribunales populares, creados el 14 de agosto de 1936, estaban formados por tres funcionarios judiciales y un jurado de catorce miembros pertenecientes a diferentes organizaciones del Frente Popular. A estos tribunales populares, más adelante, vendrían a sumarse los de urgencia que restringían aún más las garantías procesales. ​

Los parlamentarios fueron un grupo especialmente castigado por ambas partes. Uno de cada cinco miembros de este colectivo fue asesinado. Los sublevados ejecutaron a unos cuarenta diputados de Frente Popular, mientras que en la zona republicana fueron ejecutados veinticinco de la coalición de derechas. ​

Las declaraciones públicas de destacados republicanos como Manuel Azaña, quien en un discurso pedía “paz, piedad y perdón” o Indalecio Prieto que apelaba: “No imitéis esa conducta, os lo ruego, os lo suplico. Ante la crueldad ajena, la piedad vuestra; ante los excesos del enemigo, vuestra benevolencia generosa”; contrastaron con el silencio entre las autoridades del bando sublevado. Igualmente, si hubo voces en la prensa de la zona republicana que mostraron su malestar ante la violencia desatada como la del periodista Zugazagoitia que escribiría: “para juzgar a cuantos hayan delinquido disponemos de la ley”, en la zona sublevada, anulada la libertad de prensa, la represión ejercida en su zona fue silenciada. No obstante, desde el bando de los sublevados también se alzaron voces en contra de la represión, destacando las declaraciones de Marcelino Olaechea, obispo de Pamplona que declaró: “Nosotros no podemos ser como nuestros hermanos de la otra banda: esos hermanos ciegos, que odian, que no saben de perdón”.​

Represión en la zona sublevada

La zona sublevada se militarizó desde los primeros días de la contienda. Se prohibieron los partidos políticos, únicamente se mantuvieron legales la Falange y el Carlismo que desarrollaron una actividad más militar que civil. Esta militarización alcanzó a la magistratura: los jueces debían demostrar simpatía por los sublevados. Los primeros en sufrir la represión fueron las autoridades civiles. Sometidos a simulacros de juicio que duraban menos de cinco minutos, en su mayoría, fueron condenados a la pena de muerte y, casi de inmediato, fusilados. Fueron candidatos a sufrir la represión todos aquellos que, no pudiendo demostrar simpatías por los sublevados, desempeñaban cargos públicos en el momento de la sublevación. Promulgada una huelga general en contestación a la sublevación fueron fusilados, sin juicio, los sindicalistas que se significaron. Masones, socialistas, sindicalistas y nacionalistas eran condenados a muerte por el simple hecho de serlo. Esta represión fue llevada a cabo principalmente por el ejército, aunque también participaron en ella las milicias de la Falange y los carlistas.

Significativa fue la represión en Navarra, donde la sublevación triunfó el primer día sin apenas enfrentamientos. El general Mola, el día 19 de julio, dio instrucciones explícitas: “Es necesario propagar una atmósfera de terror. Tenemos que crear una impresión de dominación […]. cualquiera que sea abierta o secretamente defensor del Frente Popular debe ser fusilado”.​

Destacó, también, el terror ejercido por Queipo de Llano en Andalucía, jactándose por radio de las hazañas represivas que cometía. Málaga, Granada y Córdoba fueron las provincias andaluzas más castigadas. Esta última sufrió un doble castigo primero a cargo del Frente Popular y, después, por parte de los nacionalistas. ​ La masacre de la carretera Málaga-Almería acaecida el 8 de febrero de 1937, durante la entrada en Málaga de las tropas franquistas, causó la muerte a varios miles que intentaban alejarse da la ciudad.

En Valladolid, una denominada “patrulla del amanecer”, grupo de falangistas dirigidos por Onésimo Redondo, cofundador de las JONS, fusilaba a unas cuarenta personas cada día. Allí, como en otras ciudades de la zona sublevada, los presos eran sacados por la noche en camiones para ser fusilados en las afueras de la ciudad sin siquiera el simulacro de un juicio.16​ El general Mola enviaría un comunicado pidiendo que estas ejecuciones se hiciese en lugares más discretos y que se enterrase a los muertos, algo que hasta entonces no se hacía.17

En Zaragoza se asesinaron a más de 6.000 personas, la mayoría de las cuales en los primeros meses de la contienda.

En Cáceres capital se asesinó a más de 600 personas, solo durante las navidades de 1937 lo fueron unas 200.

La toma de Badajoz supuso una gran matanza protagonizada por las fuerzas moras que tomaron la ciudad al mando del general Yagüe. Las estimaciones más comunes apuntan que entre 2.000 y 4000 personas fueron ejecutadas, algunas por el simple hecho de portar moratones en sus brazos, signo de haber empuñado un fusil.

 

La represión en cifras en la zona sublevada

Cuantificar el número de víctimas de la represión en la zona franquista ha sido hasta ahora un problema. Durante el franquismo, éste intentó silenciar esta represión y, en todo caso, minimizar su dimensión. Tradicionalmente, los estudios más o menos documentados sobre estas víctimas, han corrido a cargo de historiadores cercanos al franquismo y basándose en los datos suministrados por el propio franquismo. Los registros utilizados por estos historiadores (Instituto Nacional de Estadística y Registros Civiles, principalmente) se ha demostrado no fiables, reflejando tan sólo la mitad, incluso sólo la tercera parte, de las muertes. ​

A partir de 2008, este problema comenzó a superarse. Poco a poco fueron apareciendo estudios que mediante trabajos de campo y consulta de archivos desvelaron el verdadero alcance de la represión. Estos trabajos avanzan despacio, en parte, por las dificultades intrínsecas de esta labor y, en parte, por la resistencia de los Gobiernos Militares expresada por los investigadores​ y por dificultades en el acceso a determinados archivos. ​

Con los datos disponibles en 2009, el número de víctimas mortales en la retaguardia de los sublevados puede cifrarse en 100.000 (no incluye las ejecuciones y muertes del franquismo posteriores a la guerra); siendo éstas, principalmente, sindicalistas, intelectuales, políticos republicanos y nacionalistas (el colectivo de maestros fue objetivo de una dura represión) y la población en general acusada de colaborar con la República o de no ofrecer resistencia a esta.

Puede ser interesante conocer las cifras que se han ido barajando hasta 2009, acercamientos que denotan las dificultades que los historiadores han encontrado ante la falta de registros fiables (estos estudios no desglosaban las víctimas producidas durante la guerra y las producidas por la posterior represión franquista). Historiadores, en 2002, ya cifraban el número de víctimas en 150.000. ​ Las asociaciones de la memoria histórica cifraron este número en 130.000​ y algunos historiadores elevan esta cifra. El historiador británico Paul Preston calculó el número de víctimas en 180.000 y, el también historiador, Santos Juliá aporta una cifra mínima de 90.000 para las 36 provincias que ha estudiado. ​ Eduardo Guzmán, estudiando especialmente la represión de posguerra, da la cifra de 200.000 muertos. ​

En 2008, el entonces juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón solicitó a Ayuntamientos y otros organismos un listado de desaparecidos durante la Guerra y la posguerra. ​ El listado, que se reunió el 22 de septiembre de 2008 incluía 143.353 nombres, aunque sus propios autores avisan que faltan muchos nombres y, al mismo tiempo, que muchos de los nombres podrían estar duplicados e incluso triplicados (lo que hicieron en el momento de hacer entrega del material para evitar suspicacias).​ Presenta la siguiente distribución geográfica (según las actuales comunidades autónomas):

 

 

 

Represión en la zona republicana

Tras el levantamiento, en las zonas en las que no triunfó la insurrección, se desató una revolución que propició la desaparición o transformación de muchas instituciones. En las grandes ciudades surgieron las fuerzas paralelas a las de orden público, cada partido político contaba con sus milicias. Los milicianos republicanos, especialmente de partidos y sindicatos de izquierda, establecieron sus checas, especie de cárceles al margen de la autoridad de la república, que pronto se significaron por la práctica de la tortura (en Madrid llegaron a abrirse varias docenas). Los revolucionarios dieron especial importancia a la autoridad municipal y numerosos ayuntamientos fueron tomados y los comités revolucionarios asumieron sus funciones, desplazando, también, a las fuerzas de orden público. ​

 

 

 

La revolución se inició con una oleada de asesinatos, destrucciones y saqueos. ​ En las grandes ciudades, las milicias de los diferentes partidos se dedicaron dar paseo a todo aquel que identificaban como potencial enemigo. Los sacerdotes y frailes fueron los que más sufrieron sus iras, desatándose lo que se ha conocido como la persecución religiosa, asesinando a 6.866 eclesiásticos en toda la geografía española. ​ Uno de los ejemplos más destacados entre los casos de la brutalidad revolucionaria ejercida contra el clero aconteció en la diócesis de Barbastro, donde se asesinó a 123 de los 140 sacerdotes, es decir, el 88% de sus miembros.

En Madrid, durante el mes de noviembre de 1936 se produjeron las sacas masivas de presos que, ante la cercanía del frente, se consideró que debían ser trasladados. La mayoría de estos presos no llegaron a su destino, entre 2.000 y 5.000 fueron fusilados en el municipio de Paracuellos del Jarama y de Torrejón de Ardoz.

Los tres primeros meses de la guerra fueron de especial terror en las grandes ciudades de la zona republicana. Las pasiones revolucionarias estaban en su zénit y la autoridad del Gobierno en su nadir. Madrid se convirtió en territorio ocupado por un laberinto de milicias que, al amparo de la noche, sacaban de sus casas a aquellos que arbitrariamente eran denunciados por colaborar con los sublevados; en casos, la prueba consistía en haber escuchado radio Sevilla o haber encendido las luces del coche, supuestamente para orientar a los aviones de los sublevados. Esos meses, las embajadas se llenaron de refugiados. ​

En Barcelona la situación fue muy similar a Madrid, con el añadido de que fueron frecuentes los enfrentamientos entre las distintas milicias principalmente las de la UGT se enfrentaban a las de la CNT y los comunistas del PSUC se enfrentaban a los trotskistas del POUM. ​

Al contrario de lo ocurrido con las víctimas en la zona nacional, puede considerarse que las víctimas en la zona republicana están bien identificadas y sobre su número existen menos controversias. Al concluir la Guerra Civil, el franquismo acometió un exhaustivo estudio que quedó reflejado en la llamada Causa General. El estudio recoge las consecuencias del denominado “terror rojo” desde febrero de 1936 hasta el fin de la contienda. Se trata de un minucioso estudio realizado municipio por municipio y que ocupa más de 1.500 legajos, hoy conservados en el Archivo Histórico Nacional. Según la conclusión de la Causa General, el número de víctimas de la represión republicana sería de 85.940, ​ aunque un estudio de la documentación conservada en el Archivo Histórico Nacional reduce la cifra a 38.563. Ramón Salas Larrazabal publicaría un estudio, según el cual este número ascendería a más de 70.000; estimaciones actuales calculan que el número de estas víctimas no debió superar las 50.000.​

Las víctimas, en esta zona fueron, principalmente, religiosos, terratenientes, empresarios y políticos de derechas, y éstas se concentraron principalmente los primeros meses de la contienda, producto de numerosos paseos que, aunque en menor medida, siguieron produciéndose hasta el fin de la misma.

Represión en la posguerra

El régimen había llegado al poder como resultado de una violenta propaganda que, en especial en sus primeros años, se basó en una coacción extremada, con el fin de mantener bajo control a los enemigos declarados. […] El excesivo número de ejecuciones políticas por parte de ambos bandos en los primeros meses del conflicto, que llegó a decenas de miles de víctimas en cada zona conoció una mayor moderación el 1937. […] La terminación de la Guerra Civil no puso fin a la represión, sino que facilitó una más eficaz sistematización de ella.
Stanley G. Payne, La Época de Franco. ​

Acabada la guerra, con el triunfo de los sublevados, los vencedores iniciaron otra etapa de represión cuya finalidad fue atemorizar a todos aquellos que no se identificaban con el nuevo régimen. En febrero de 1939 se promulgó la Ley de Responsabilidades Políticas, según la cual, no solo aquellos que habían colaborado con el gobierno legal de la República podían ser condenados, sino también aquellos que supuestamente hubieran mostrado una “pasividad grave”. Entre otras arbitrariedades, haber pertenecido a una logia masónica, personal obsesión de Franco, fue suficiente para ser procesado.

En la geografía española surgieron numerosos campos de concentración donde se hacinaban los detenidos viviendo en condiciones durísimas, sometidos a malos tratos y muertes arbitrarias. La primera represión la ejercieron las milicias falangistas que se presentaban en estos campos y se llevaban a aquellos a los que consideraban debían darles el “paseo”. Antes de terminar la guerra ya funcionaba el de Castuera que se construyó una vez caída en manos del ejército franquista la comarca de La Serena. En el campo de concentración de Albatera fueron ingresados muchos republicanos que no pudieron exiliarse desde Alicante en los últimos momentos de la contienda. A finales de 1940 estos campos ya habían sido desmantelados en su mayoría y los presos pasaron a diferentes cárceles en las que las condiciones no eran mucho mejores. no obstante, los campos de concentración siguieron existiendo hasta 1947, año en que se cierra el último, el de Miranda de Ebro.

La primera depuración la sufrió el sistema judicial, el franquismo tuvo especial cuidado en que los tribunales estuviesen compuestos por elementos afines. Estaban compuestos principalmente por militares, el defensor era otro militar al que no se le pedía una formación jurídica y debía subordinación al presidente del tribunal, también militar. Estos tribunales se encargaron de juzgar a aquellos que, como en un mundo al revés, eran acusados de promover o apoyar la insurrección. Los juicios duraban breves minutos, en ocasiones se juzgaban a grupos de sesenta personas las que podían o no ser escuchadas. Otro sector especialmente castigado fue el de la enseñanza. Se continuó con la represión iniciada con la sublevación militar. «Además de los asesinatos, con formación de causa o sin ella, durante el proceso de depuración resultaron sancionados en torno a dieciséis mil maestros y maestras, alrededor del 25% del cuerpo. Casi el 10% fueron expulsados del ejercicio de la profesión».​

En 1939, el número de detenidos esperando juicio superaba los 270.000. Ramón Salas, en los años 1970, daba la cifra de 30.000 ejecuciones dictadas por estos tribunales. En la actualidad se calcula en unas 50.000 las personas que fueron ejecutadas​ (aunque, aun hoy, esta cifra puede considerarse provisional). A esta cifra habría que sumar todas aquellas muertes que se produjeron en las cárceles como consecuencia de las pésimas condiciones en las que intentaban sobrevivir los presos. «En la cárcel Modelo de Valencia llegaron a concentrarse 15.000 prisioneros en algunos meses de 1939 y 1940, pese a que la capacidad prevista de ese recinto construido en 1907 era para 528 personas».​ Como ejemplo, se conoce que en Albacete, donde hubo un millar de ejecuciones, murieron en la cárcel 300 personas. ​ Los datos sobre las víctimas que murieron ejecutadas o en las cárceles franquistas se obtienen por extrapolación de los pocos datos con los que cuentan los investigadores, ya que el franquismo se preocupó de que muchos de estos crímenes no figuraran en registros oficiales y los datos existentes, aún hoy son de difícil acceso.

 

 

En la primavera de 1940 de los más de 250.000 reclusos, solo 103.000 lo estaban por sentencias judiciales. En 1941, en el segundo aniversario de la terminación de la guerra se promulgó una amnistía que alcanzó a los condenados a sentencias inferiores a doce años y el 17 de diciembre de 1943 otra amnistía dejó también en libertad provisional a aquellos cuyas condenas eran inferiores a los veinte años.​ Se dictó un decreto que reducía las condenas en un tercio por la realización de trabajos “voluntarios” en la reconstrucción del país. La principal obra que acometieron estos batallones de reclusos fue la construcción del Valle de los Caídos, basílica que alojó la tumba del propio Franco, cuyo proyecto se dio a conocer el 1 de abril de 1940. ​

Los Tribunales y los procesos no sólo sirvieron a una finalidad represora sino que también tuvieron la misión de amedrentar a la población. Como ejemplo, el caso conocido de Albacete, donde los tribunales militares juzgaron a 34.000 personas lo que supuso que el 9% de la población pasó por estos tribunales. ​

Otra forma de represión fue la administrativa y la económica. El franquismo en su afán de combatir al “enemigo interior”, depuró todos los organismos oficiales (siendo maestros y catedráticos sospechosos, puso especial atención en la depuración de la enseñanza) y la economía se montó favoreciendo a los adeptos al Régimen, excluyendo de ella a todo sospechoso de desafección. En todas las ciudades y pueblos, la autoridad civil y religiosa, esta última encarnada por el párroco, emitían informes que, en el caso de ser negativos, conllevaban sanciones de todo tipo. ​ Se impusieron sanciones no sólo a los condenados sino también a familias completas y determinadas regiones y provincias fueron castigadas por haber permanecido fieles a la República o ser consideradas izquierdistas. La represión no sólo alcanzó a aquellos que se habían opuesto al Régimen sino que se extendió a aquellos a los que se les consideró discrepantes. «Los avances en la comprensión de la represión como un fenómeno de más amplio alcance que las ejecuciones y los asesinatos van haciendo cada vez más inteligible la nueva realidad social que se fue configurando en torno al régimen».​

Especial fue la dedicación a la represión de la mujer del bando vencido. «Las sanciones que se ejecutaban sobre las “mujeres rojas” actuaba sobre la imagen de la mujer», se las rapaba el pelo al cero, se les suministraba aceite de ricino para provocar la posterior mofa por sus efectos, o se las obligaba a barrer las iglesias y las casas de los señoritos. ​

Refugiados y exiliados

Los primeros meses del conflicto provocaron desplazamientos de población principalmente en las regiones fronterizas con Francia, que se sentían amenazadas por la acción de ambos contendientes y especialmente, numerosas personas afectadas por la violencia durante la revolución social y la acción de milicias. La provisionalidad y carácter minoritario de estos primeros refugiados fue dejando paso a formas más permanentes y masivas que afectaron mayormente a la población de las zonas de control “republicano” a medida que progresaban las áreas bajo autoridad de las fuerzas franquistas, para generar a término del conflicto, una situación de exilio o de no retorno a cientos de miles de personas.

Los desplazamientos masivos se produjeron como consecuencia de la batalla del Norte, periodo durante el cual cerca de 200.000 personas cruzaron a Francia, de las cuales 165.000 regresaron para reincorporarse a la zona republicana. Desde entonces Francia recogería un goteo de exiliados hasta que en los últimos momentos de la guerra, con la caída de Cataluña, se produjera la gran oleada en la que pasaron a Francia otras 350.000 personas. En los días siguientes al cese de hostilidades y final de la contienda, desde Alicante, zarparon unas 15.000 personas, la mayoría con destino al norte de África y la Unión Soviética. En total se calcula que fueron unos 450.000 personas las que permanecían exiliadas en la primavera de 1939, inmediatamente después de acabada la Guerra Civil, de ellas, casi la totalidad, 430.000, lo estaban en Francia, confinadas, en su mayoría, en campos de concentración habilitados para acogerlas. ​

Francia no previó la gran cantidad de españoles que cruzarían la frontera, no destinó suficientes medios y los campos de concentración se convirtieron en lugares inhabitables donde los exiliados se hacinaban en condiciones de vida penosas. Francia negoció con Franco para que aceptara el retorno de aquellos exiliados que quisieran regresar y a finales de 1939 el número de refugiados que permanecían en los campos se redujo a 140.000, otros 42.000 se distribuyeron en otros países. ​ La Unión Soviética, Argentina, Cuba, Santo Domingo y especialmente Chile, por los esfuerzos de Pablo Neruda (en aquel tiempo embajador en París) y México, que llegaría a acoger a unos 22.000 refugiados, fueron los principales países de acogida.

Los campos de Francia no se desmantelaron hasta bien entrado el año 1940. Los refugiados fueron incorporándose a la Legión Extranjera y compañías de trabajo destinadas a trabajadores extranjeros.

Con la ocupación alemana de Francia, los exiliados españoles pasaron a sufrir una nueva represión. Dirigentes del Frente Popular fueron reclamados por Franco y entregados a la policía franquista, éste fue el caso del Presidente de la Generalidad Companys ((1)) que posteriormente fue ejecutado; 13.000 españoles fueron enviados a campos de concentración en Alemania, entre ellos Largo Caballero. De los 13.000 españoles que fueron enviados a campos de concentración nazis únicamente lograron sobrevivir 2.000 pereciendo el 85% de ellos, porcentaje de muertos superior al de cualquier otra nacionalidad. Entre 30.000 y 40.000 españoles fueron enviados a campos de trabajo en Alemania.

((1)) Nota del editor del Blog.  ​Lluís Companys i Jover​ (1882-1940) fue un político y abogado catalán, de ideología catalanista, independentista y republicana, líder de Esquerra Republicana de Cataluña, presidente de la Generalidad de Cataluña desde 1934 hasta 1940. Exiliado tras la Guerra Civil, fue capturado en Francia por la Gestapo, a petición de la policía franquista, y trasladado a España, donde fue juzgado por un Consejo de Guerra.

Dolça Catalunya del 05-06-2015: Era un político incapaz que regó Cataluña de sangre. Su golpe de estado de 1934 dejó 46 muertos y 11 heridos. Bajo su gobierno fueron destruidos más de 7.000 edificios religiosos, asesinados 47 periodistas, mossos d’esquadra y hasta un sordo por saber latín, destrozada la Sagrada Familia y asesinados los tres curas que la atendían, y organizados dantescos campos de concentración como el de Omells de Na Gaia. Toleró el asesinato del 3er presidente de la Generalitat desde su restauración, Jiménez Arenas. Más de 8.129 catalanes fueron asesinados bajo la presidencia de Companys.

 

Publicó un decreto el 26 de julio de 1936 donde, “a proposta de Presidència”, para “acabar de aniquilar en toda Cataluña los últimos núcleos fascistas existentes” creaba el “Comité de Milicias Antifascistas de Cataluña”. El catalán Gassiot Magret escribía que “cuantos tuvimos la desgracia de tener que sufrir el terror rojo de Barcelona, sabemos que las Milicias Antifascistas eran los técnicos y ejecutores de los asesinatos. Nos consta que no hubo ningún asesinato de personas religiosas que no hubiese sido autorizado por el Comité Directivo”. No, això no ho ensenyen a les madrasses de la Gene.

Companys autorizó personalmente decenas de asesinatos. Per exemple, podem veure la foto de la Sentència 377 del Tribunal d’Espionatge i Altra Traició de Catalunya, de 19-11-1938, i confirmada pel President Lluís Companys el 10-12-1938: pena de mort a 7 homes i 6 dones. Gràcies a Déu aquest cop el mandat d’en Companys no es va complir, perquè va fugir davant l’arribada dels nacionals el 26 de gener del 1939. De paso se llevó bienes púbs y patrimonio de todos. El president había mandfado destruir gran parte del pastrimonio artístico de Cataluñas.

Con el inicio de la II Guerra Mundial, la mayoría de los refugiados que permanecían en Francia se incorporaron a unidades militares para combatir a Alemania y unos 10.000 refugiados, principalmente comunistas, se integraron en la resistencia jugando un papel importante en la lucha contra la ocupación alemana. ​ Los combatientes españoles liberaron gran parte del sur de Francia, una de las primeras unidades en entrar a París la integraban exiliados españoles y los batallones Guernica y Libertad participaron en liberación de posiciones en la zona del Atlántico. El número de exiliados españoles muertos en la II Guerra Mundial puede acercarse a la cifra de 25.000. Acabada la II Guerra Mundial, los exiliados españoles en Francia adquirieron un estatus legal, del que carecían con anterioridad, que les permitió permanecer en el país. También es de destacar la comunidad de exiliados en México. ​

El exilio republicano permanente se calcula en 200.000 exiliados, compuesto principalmente por combatientes del Frente Popular, cargos públicos, profesionales e intelectuales. En determinadas áreas como la poesía, las ciencias o el pensamiento, quienes emigraron representaban una parte trascendental de la cultura española, por lo que la sociedad española se vio mutilada por la desaparición de esas personas.

 

 

Consecuencias de la Guerra Civil Española

De: https://historiaybiografias.com/civil_espanola/

La principal consecuencia de la Guerra Civil Española fue la gran cantidad de pérdidas humanas, no todas atribuibles a las acciones propiamente bélicas y sí muchas de ellas relacionadas con la violenta represión ejercida o consentida por ambos bandos, entre las que se pueden incluir las muertes producidas por los bombardeos sobre las poblaciones civiles.

En el aspecto político, el resultado fue el brusco cambio de un gobierno emanado de las urnas electorales a otro surgido de las armas; es decir, el final de la democracia para dar paso a una férrea dictadura que se prolongaría hasta la muerte de Franco en 1975.

Las principales consecuencias en el plano económico fueron: pérdida de reservas materiales y financieras, disminución de la población activa, destrucción de infraestructura, disminución de la producción y reducción en el nivel de ingresos. La mayoría de la población española padeció durante la contienda y por las siguientes dos décadas, los efectos del racionamiento y la privatización de bienes de consumo.

El Plan Marshall, que después de la Segunda Guerra Mundial ayudó en la recuperación económica de otros países europeos, no se hizo extensivo a España debido a que el régimen franquista debía su triunfo a la ayuda nazi—fascista. La Guerra Civil Española, con todas sus brutales implicaciones para la población y el desarrollo político y económico del país, parecía constituir el preámbulo de la nueva guerra total que amenazaba al mundo entero, un conflicto que colocaba a las naciones occidentales en la disyuntiva entre el terror rojo y la amenaza fascista, una guerra cuyo desarrollo y pavoroso desenlace final fundamentarían los cimientos de la etapa histórica que hoy llamamos “mundo actual”.

 

Francisco Franco

 

Relaciones internacionales

Las repercusiones políticas y emocionales de la guerra trascendieron de lo que es un conflicto nacional, ya que, por muchos otros países, la Guerra Civil española fue vista como parte de un conflicto internacional que se libraba entre la religión y el ateísmo, la revolución y el fascismo. Para la URSS, Alemania e Italia, España fue terreno de prueba de nuevos métodos de guerra aérea y de carros de combate. Para Gran Bretaña y Francia, el conflicto representó una nueva amenaza al equilibrio internacional que trataban dificultosamente de preservar, el cual se derrumbó en 1939 (pocos meses después del fin de la guerra española) con la Segunda Guerra Mundial. El pacto de Alemania con la Unión Soviética supuso el fin del interés de esta en mantener su presión revolucionaria en el sur de Europa.

En cuanto a la política exterior, supuso el aislamiento de España y la retirada de embajadores de casi todo el mundo. Solo unos pocos países mantuvieron relaciones diplomáticas con España desde el final de la II Guerra Mundial hasta el inicio de la Guerra Fría. A partir de los años 50, las relaciones internacionales españolas, con el apoyo de EE. UU., pasan a ser casi normales, salvo con los países del Bloque Soviético.

 

 

 

Franco no derrotó en 1939 a una democracia, sino a un frente popular disgregador y totalitario, salido de unas elecciones fraudulentas. Por Pío Moa

Escrito por Pío Moa • 2018-09-05

La izquierda y los separatistas tienen una coherente versión histórica de la historia reciente: en 1936 Franco y los suyos dieron un golpe de estado contra un régimen democrático, que llaman la república, la cual amenazaba los privilegios de los “enemigos del pueblo y de la libertad”. Luego instituyeron una dictadura feroz, durante cuarenta años. Y tras la muerte del dictador, sus seguidores y beneficiarios impusieron una transición democrática a medias, desde el franquismo y no contra él, reteniendo gran parte de su poder. Y hoy ha llegado el momento democratizar plenamente a España, integrarla en Europa, etc. Este esquema histórico es el que subyace a todas sus políticas y argumentario.

…/…

El Frente Popular no fue la república, sino la destrucción de ella mediante el golpe de estado de unas elecciones fraudulentas seguidas de un verdadero régimen de terror. Se compuso de partidos separatistas y totalitarios acompañados de los mariachis republicanos de izquierda, a su vez golpistas desde 1933. Carecía, por tanto, de toda legitimación democrática. Y por ello mismo, los partidos que después se identificaban moral y políticamente con el Frente Popular estaban en la misma posición.  (Diré de pasada que esta evidencia decisiva he sido el primero o de los primerísimos en señalarla e insistir en ella).

…/…

a) Franco no derrotó en 1939 a una democracia, sino a un frente popular disgregador y totalitario, salido de unas elecciones fraudulentas. Y no tuvo oposición democrática, sino comunista y/o terrorista, porque era preciso asegurar un país próspero y sin odios antes de replantearse una democracia, y todo el mundo lo entendía más o menos conscientemente. Y eso fue lo que hizo el franquismo.

b) Franco volvió a derrotar después de muerto a un nuevo frente popular en ciernes. Fue en el referéndum de 1976, cuando la inmensa mayoría del pueblo votó por una democratización desde el franquismo y contra una amalgama de partidos izquierdistas y separatistas (“rupturistas”) que se identificaban con los derrotados del 36. Con la novedad de incluir a grupos cristianos y similares salidos del confusionismo sembrado por el Vaticano II.

c) Los frentistas no renunciaron a las tesis que les daban la citada coherencia, sino que aprovecharon las ventajas que les proporcionaba la democracia para socavarla, bien conscientes de la utilidad que representaba una visión de la historia, aunque fuera falsaria. Con Zapatero lograron fuerza suficiente para anular la transición, deslegitimar por fin al franquismo, y con él a la monarquía y a la democracia, agravando los problemas de separatismos y el impulso totalitario, bien manifiesto en un tipo de propaganda, en leyes como la de la memoria histórica o la de género, o en la recompensa política a los asesinatos de la ETA.

d) Cumplida esta primera parte, quedaba aún ultrajar al hombre que los había vencido por dos veces y destruir de alguna manera, física o simbólicamente, el Valle de los Caídos, que con su mera presencia denunciaba la falsedad del discurso frentista y de sus políticas derivadas.

  

Publicada en el Blog de Campos el 13-12-2018

 

 

 

España – Guerra Civil – 1ª parte

Nota del editor del Blog: Hemos dedicado varios Capítulos a la II República Española, al tema del Oro de Moscú y a saber quién era Franco. Habrán visto que “cada uno cuenta la Historia según sus ideas”. Lo que sí es verdad que, en ese ambiente de odio entre hermanos, la República ostentaba el poder y el Gobierno establecido, y Franco se alzó militarmente contra ella. Estos son los hechos.

 

De: La Guerra Civil Española – Tomo III – Hugh Thomas – Ediciones Urbión – 1983

El 23 de junio de 1936 el general Francisco Franco escribió al jefe del Gobierno, Casares Quiroga. La carta mostraba su preocupación por las divisiones existentes dentro del cuerpo de oficiales, reflejo de la nación dividida. Franco protestaba contra las privaciones de mando a militares de derechas … El jefe del Gobierno no contestó a su carta … Parece ser que el alzamiento militar estaba decidido, pero Franco vacilaba … A finales de junio llegó la fusión entre los movimientos juveniles socialista y comunista, que dio lugar a la JSU (Juventudes Socialistas Unificadas) … El 8 de julio fueron detenidos en Madrid setenta falangistas, y varios centenares en provincias, acusados de sedición

En Londres, Luis Bolín, corresponsal en aquella ciudad del diario monárquico ABC, había Alquilado un Dragón Rapide al Olley Air Service para trasladar a Franco desde Canarias hasta Marruecos, con parada previa en Lisboa, Casablanca, Cabo Yuby y Las Palmas, donde se estaban realizando maniobras de La Legión y Los Regulares, y donde el plan preveía que asumiría el mando del ejército de África desde Tenerife… El 11 de julio, el jefe del Gobierno fue advertido de lo que iba a ocurrir: “¿Con que aseguran ustedes que van a levantar a los militares? Muy bien, yo, en cambio, me voy a acostar” …

El 12 de julio fue asesinado el socialista Teniente Castillo, de la Guardia de Asalto, por cuatro hombres armados con revólveres, en plena calle … El 13 de julio fue asesinado el líder de la oposición parlamentaria José Calvo Sotelo a quien dos días antes La Pasionaria le había gritado en Las Cortes: “Este es su último discurso”, aunque esta expresión no consta en el Diario de Sesiones. El asesino fue el joven socialista Luis Cuenca, miembro de la policía regular … El gobierno suspendió los periódicos derechistas YA y Época del 14 de julio por publicar relatos sensacionalistas del asesinato de Calvo Sotelo, sin haber sometido previamente los originales a la censura

El general Amadeo Balmes, gobernador militar de Las Palmas, se mató accidentalmente en unas prácticas de tiro, lo que dio una excusa a Franco para acudir desde Tenerife a Las Palmas al entierro. A las 12:30 de la madrugada, en la noche del 16 al 17 de julio, el general Franco subía a bordo del pequeño barco que hacía el servicio entre las islas, acompañado de su esposa y su hija, en la primera etapa de un viaje que le llevaría al supremo poder en España.

De: Guerra Civil Española | Historia de España – https://historiaespana.es › Edad Contemporánea

 

En respuesta a la muerte del teniente José Castillo, los izquierdistas asesinaron a José Calvo Sotelo, líder de la oposición derechista. Esta fue la chispa que incendió la guerra civil española.

 

El 17 de julio de 1936, cuatro días después del asesinato de Calvo Sotelo, el General Francisco Franco, encabezo un levantamiento general en las Islas Canarias, para luego pasar a Marruecos español, siendo secundado por otras guarniciones en la península.

El alzamiento militar fue considerado por sus protagonistas como un pronunciamiento del ejército, “unido a las demás fuerzas de la nación”, para restablecer el orden público, el principio de autoridad y para defender la unidad de España.

Así se inició una sangrienta guerra civil entre dos frentes. Por un lado, los izquierdistas, apoyado por Rusia, Francia e Inglaterra y, por otro lado, los derechistas, con el respaldo de la Italia de Mussolini y la Alemania de Hitler.

Los militares golpistas de África atravesaron el Estrecho de Gibraltar, en agosto de 1936. En setiembre conquistaban Toledo, liberando a los soldados franquistas, que se encontraban sitiados en el Alcázar de Toledo. Poco después, el 1º de octubre del mismo año, Franco fue designado Jefe de Estado.

Desde los momentos iniciales, los insurrectos encontraron dura resistencia en los izquierdistas, pero el auxilio de Alemania e Italia, que acudieron con cerca de 100,000 soldados en favor de Franco, inclinaron la balanza en beneficio de los derechistas. En esa oportunidad la aviación nazi bombardeó pueblos indefensos, como Guernica, inmortalizado más tarde en el famoso óleo pintado por el genio de Pablo Picasso (*).

Contra la intervención de los gobiernos fascistas lucharon voluntarios de todo el Mundo, agrupados en las “Brigadas Internacionales”. Sin embargo, fueron doblegados después de acciones heroicas en Brúnete, donde sucumbieron 40 mil soldados de los ejércitos contendientes, Teruel, Río Ebro, Santuario de Santa María de la Cabeza y Barcelona.

Las sucesivas derrotas republicanas obligaron a dimitir al presidente Azaña. Seguidamente cayó Madrid y sus bravos defensores. El 1º de abril de 1939, el General Francisco Franco anunció oficialmente el fin de la guerra, tras haber sido nombrado Jefe del Estado español y Generalísimo de las Fuerzas de Tierra, Mar y Aire. Se inicia así la dictadura franquista en España, que había de durar hasta 1975, en que le sucedió el príncipe Juan Carlos de Borbón, nieto de Alfonso XIII.

 

 

(*) En la actualidad hay autores que mantienen que este cuadro fue un homenaje al torero Sánchez Mejías, muerto antes del inicio de la Guerra Civil, en la plaza de toros de Manzanares (Ciudad Real).

 

De: https://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_civil_española

A las partes del conflicto se las suele denominar bando republicado y bando sublevado:

  • El “bando republicano” estuvo constituido en torno al Gobierno, formado por el Frente Popular, que a su vez se componía de una coalición de partidos republicanos – Izquierda Republicana y Unión Republicana- con el Partido Socialista Obrero Español, a la que se habían sumado los marxistas-leninistas del Partido Comunista de España y el POUM, el Partido Sindicalista de origen anarquista y en Cataluña los nacionalistas de izquierda encabezados por Esquerra Republicana de Cataluña. Era apoyado por el movimiento obrero y los sindicatos UGT y CNT, los cuales también perseguían realizar la revolución social. También se había decantado por el bando republicano el Partido Nacionalista Vasco, cuando las Cortes republicanas estaban a punto de aprobar e Estatuto de Autonomía para el País Vasco.

 

  • El bando sublevado, que se llamó a sí mismo “bando nacional”, estuvo organizado en torno aparte del alto mando militar, institucionalizado inicialmente en la Junta de Defensa Nacional sustituida tras el nombramiento de Francisco Franco como Generalísimo y Jefe del Gobierno del Estado. Políticamente, estuvo integrado por la Falange Española, los carlistas, los monárquicos alfonsinos de Renovación Española y gran parte de los votantes de la CEDA, la Liga Regionalista, y otros grupos conservadores. Socialmente fue apoyado por aquellas clases a las que la victoria en las urnas del Frente Popular les hizo sentir que peligraba su posición; por la Iglesia Católica, acosada por la persecución religiosa desatada por parte de la izquierda nada más estallar el conflicto y por pequeños propietarios temerosos de una “revolución del proletariado”. En las regiones menos industrializadas o primordialmente agrícolas, los sublevados también fueron apoyados por numerosos campesinos y obreros de firmes convicciones religiosas.11

 

Víctimas de la Guerra Civil

El número de víctimas civiles aún se discute. Algunos afirman exageradamente que la cifra se situaría entre 500 000 y 1 000 000 de personas.2​ Muchas de estas muertes no fueron debidas a los combates, sino a la represión en forma de ejecuciones sumarias y paseos. Esta se llevó a cabo en el bando sublevado de manera sistemática y por orden de sus superiores, mientras en el bando republicano se produjo de manera descontrolada en momentos en que el gobierno perdió el control de las masas armadas.319​ Los abusos se centraron en todos aquellos sospechosos de simpatizar con el bando contrario. En el bando sublevado se persiguió principalmente a sindicalistas y políticos republicanos (tanto de izquierdas como de derechas), mientras en el bando republicano esta represión se dirigió hacia simpatizantes de la reacción o sospechosos de serlo y sacerdotes de la Iglesia Católica, llegando a quemar conventos e iglesias y asesinando a obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas. Es incalculable la pérdida en el patrimonio histórico y artístico de la Iglesia católica, pues se destruyeron unos 20 000 edificios —entre ellos varias catedrales— incluyendo su ornamentación (retablos e imágenes) y archivos. ​

El número de muertos en la guerra civil española solo puede ser estimado de manera aproximada. El bando sublevado estableció una cifra de 500 000, incluyendo además de los muertos en combate, a las víctimas de bombardeos, ejecuciones y asesinatos. Estimaciones recientes arrojan esa misma cifra de 500 000 muertos o algo menos, sin incluir a quienes murieron de malnutrición, hambre y enfermedades engendradas por la guerra. La cifra de un millón de muertos, a veces citada, procede de una novela de Gironella, que la justifica entre los 500 000 reconocidos y otros tantos cuya vida resultó irremediablemente destrozada.

 

De: Javier Paredes – Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Alcalá de Henares

Franco fusiló a 22.642 personas, el Frente Popular a 70.000

Y ojo: los condenados a muerte por el franquismo lo fueron por sentencia de un tribunal y por delitos de sangre, nunca por disidencia política. En ese caso, les caían penas de prisión. Javier Paredes 02/09/18 09:00 en hispanidad.com

 

 

Franco fusiló a 22.642 personas, el Frente Popular a 70.000

“En ocasiones veo muertos…”. Yo, no. Yo, todavía, no. El que los ve es Haley Joel Osment, el niño de la película titulada El sexto sentido, que hasta llegó a estar nominado para un Óscar por su actuación. Pero tan cierto como que yo no los he visto, es que hace años sí que tuve una cierta relación con los difuntos y, por lo tanto, parafraseando al niño actor puedo afirmar con toda propiedad:

“¡En ocasiones he contado muertos!”.

Fuera miedos, que lo mío no es de suspense. Se lo cuento. Hace ya muchos años, muchos más de los que a mí me gustaría, andaba yo por tierras del norte ocupándome en escribir mi tesis doctoral, a la vez que me ganaba la vida dando clases de Historia Contemporánea en la Facultad de Periodismo de la Universidad de Navarra.

Y resultó que uno de los días nublados de Pamplona, que son unos cuantos al año, apareció por aquella ciudad Ramón Salas Larrazábal. A Don Ramón —como naturalmente yo le llamaba— le sorprendió la Guerra Civil siendo estudiante de Ciencias y se alistó en El Requeté. Terminada la contienda ingresó en el Ejército del Aire, formó parte de la Escuadrilla Azul en la guerra contra Rusia y como militar hizo una brillantísima carrera.

Pero Ramón Salas Larrazábal, además de militar, buena persona y gran conversador, era un historiador como la Plaza del Castillo que, si no es la más grande, desde luego es la más famosa de las plazas de Pamplona. Por entonces, preparaba su libro sobre las cifras de la Guerra Civil. Así es que a mí, que era un niñato que estaba empezando, todo esto me animaba a saludar a un historiador consagrado.

Nunca había coincidido personalmente con Salas Larrazábal, pero me di maña para llegar hasta él y presentarme. Y nos caímos tan bien desde el primer momento que los dos días que Don Ramón permaneció en Pamplona, le acompañé a todos los lados. Bueno, a decir verdad, realmente todos los sitios por los que anduvimos se redujeron a dos, porque no fuimos a ningún otro. Solo estuve con él en el hotel donde se alojaba y en el Registro Civil.

Don Ramón, por aquellas fechas, había visitado ya la casi totalidad de los Registros Civiles de España, contando, uno a uno, los muertos de la Guerra Civil de los dos bandos y los fusilados de la postguerra. Me pidió que le ayudará, lo que fue todo un honor para mí durante los dos días que estuvimos trabajando juntos.

Él me explicó que en el Registro Civil no se puede hacer constar los motivos infamantes de la muerte de los reos, de manera que Don Ramón ya me advirtió que nunca me encontraría un registro que dijera que una determinada persona había sido fusilada. Pero tampoco era difícil descubrirlo, porque los que nosotros teníamos que contar no se morían ni de cáncer, ni de pulmonía con los fríos de Pamplona, sino que fallecían de hemorragia en las tapias de la Vuelta del Castillo (no es coña). Y no hace falta haber vivido en la capital de Navarra para saber que ese no es el nombre de ningún hospital.

Don Ramón me contagió su paciencia benedictina, lo que me permitió aguantar sin desfallecer y llevar a cabo aquella tarea tan rutinaria y tan pesada. Y nos dimos una soberana paliza a trabajar, hasta que revisamos todos los tomos de defunciones del Registro Civil. Por lo tanto, no miento: “Yo, en ocasiones, he contado muertos”.

Así es el trabajo del historiador: silencioso, humilde, minucioso y muy largo, y todo para, al final, obtener un dato o una cifra exacta. Todo lo contrario del método del toca-memorias Pedro Sánchez, al que después de pasarme más de cuarenta años desatando el balduque de los legajos en archivos no puedo menos que decirle, para mi desahogo, lo mismo que le soltó el labriego al vecino inoportuno: “no me toques las memorias…, que vengo de vendimiar”. Aunque ahora que lo pienso, ya no recuerdo si el aldeano dijo exactamente eso, o dijo otra cosa.

Me llevan los señoritos cuando oigo las cifras que se están dando sobre los represaliados por Franco, las llamadas por el toca-memorias “víctimas del franquismo”. No pocos políticos, periodistas y contertulios repiten los tópicos y las mentiras de siempre, sin documentarse, sin haber leído nada, despreciando a Ramón Salas Larrazábal y a otros tantos que, como él, se dejaron la vida en la recolección de la uva histórica.

Pues bien, veamos, en esta ocasión, la mentira y la verdad sobre el número de los fusilados después de la Guerra Civil, que de los penados con cárcel me ocuparé en otra ocasión, en algún próximo domingo.

Conviene aclarar que todo lo de la Guerra Civil y sus secuelas es deseable que no hubiera pasado pero, puesto que pasó, contémoslo como fue. Los condenados a muerte después de la guerra lo fueron por sentencia de un tribunal y en todos los casos fueron condenados a la pena capital por haber cometido delitos de sangre, nunca por disidencia política, porque en ese caso, les caían penas de prisión.

 

Javier Paredes Alonso

 

Es decir que, en principio, estos condenados tuvieron más garantías que las dispensadas por los socialistas que asesinaron a Calvo Sotelo, y, desde luego, mayor culpa que la del jefe de la oposición de la derecha durante la Segunda República.

Además, es de justicia reconocer que no es lo mismo juzgar y fusilar a un asesino, que matar y violar a monjas y laicas católicas como hicieron los socialistas y sus aliados del Frente Popular. Sin duda, y a pesar de todos los defectos que se quiera, tuvieron muchas más garantías los tribunales militares de la postguerra, que las actuaciones de los matones de las checas, regentadas por socialistas, comunistas y anarquistas.

Además, cuando se habla de los fusilados de la postguerra por cometer delitos de sangre, conviene recordar que, por entonces, la pena de muerte estaba vigente en muchos países con regímenes democráticos. Sin ir más lejos, nuestros vecinos, los franceses, abolieron la pena de muerte en 1975.

 

 

La primera cifra de los fusilados la proporcionó Heriberto Quiñones, un comunista que fue detenido en 1941, cuando intentaba reorganizar el partido, al que se le incautó un informe en el que afirmaba que, desde abril de 1939 hasta 1941, se había asesinado a medio millón de personas en paseos y ejecuciones.

Y esa fue la cifra oficial para la izquierda durante un tiempo, hasta que Gabriel Jackson, en 1967, la rebajó a 200.000. Ocurrió que Jackson había visto una estadística que hablaba de 213.843 muertes violentas. Él redondeo hasta los doscientos mil, pero su sectarismo le impidió ver que esa violencia de la estadística se refería a muertes que incluían homicidios, envenenamientos, incendios, epidemias, hambre, frío, etc… Y lo increíble es que todavía algunos siguen a cuestas con la cifra de los 200.000 fusilados.

En mis años de estudiante, Ramón Tamames nos comía el coco a los que cursábamos la carrera de Historia en la Universidad Autónoma de Madrid y nos daba la cifra de 105.000 fusilados. Eran otros tiempos para el comunista Tamames de entonces, aunque las malas lenguas ya decían que le seducía el capitalismo, porque le gustaba el dinero más que comer con los dedos y que cobraba hasta por dar los buenos días.

A día de hoy, la cifra más creíble es la que proporciona Carlos Fernández Santander, que da un total de 22.642 fusilados en doce años, de 1939 a 1950. Cifra a la que si se quiere se puede añadir las 1.362 muertes violentas por causas desconocidas del año 1939 y las 1.474 muertes del año siguiente, lo que sumaría un total 25.477, un total bien alejado de los que han dado los autores citados anteriormente.

Y sin el propósito ni de entrar en una guerra de cifras ni de justificar lo injustificable, pero por situarnos en las coordenadas de aquel tiempo, debo decir, que los ejecutados por el Frente Popular en los tres años de Guerra fueron 70.000, y que después de la Segunda Guerra Mundial las represalias en Italia provocaron 67.000 ejecutados. En Francia todavía fueron muchos más, casi el cuádruple que en España: nuestros vecinos fusilaron a 85.000 franceses.

 

De: la batalla final de la guerra civil española – www.grandesbatallas.es/batallafinalguerracivil.html

  • Resumen de la batalla final de la Guerra Civil Española

En la noche del 5 al 6 de marzo de 1939, el coronel Segismundo Casado jefe del Ejército del Centro que defiende Madrid, habló por teléfono con Negrín, presidente del gobierno de la Zona Republicana y le comunicó que se ha sublevado contra él; Negrín, se lo piensa y decide no resistir, sino huir de España. Cuando recibió esta llamada, Negrín se encontraba en Elda (Alicante), decide informar al ministro comunista Álvarez del Vayo, en el cuartel general del Partido Comunista en Elda, cuyo presidente era el ministro de Agricultura Vicente Uribe. El Dr. Negrín, presidente del gobierno de la República, tiene que ir en persona a dar cuenta de lo que pasa al Partido Comunista y recomendarles que se protejan, ya que el final de la Guerra Civil está cerca.

Madrid se convirtió entre el 5 y el 13 de marzo, en el centro de una pequeña guerra civil, dentro de la Guerra Civil. Casado se había negado a ir a Elda, cuando Negrín le convocó a una reunión en el Cuartel General Comunista. Durante estos días, la obstinación de Negrín por continuar con la sangrienta e inútil Guerra Civil y la firme decisión de Casado y Besteiro, para pararla, convirtió el centro de Madrid en la primera línea de fuego del frente de guerra. Casado quería iniciar negociaciones de capitulación con el Cuartel General de Franco y los comunistas se oponían.

Por las calles del centro de Madrid, se disparaba unos a otros, todos eran soldados del Frente Popular. Tanques y piezas de artillería disparando por la Castellana, Recoletos, José Abascal, eran ejércitos el mismo bando: los comunistas de Negrín contra los socialistas y anarquistas de Casado, Besteiro y Cipriano Mera.

Durante las negociaciones de la Junta del coronel Casado con el Cuartel general de Franco se habló de la evacuación al extranjero de cuantos quisieran marcharse, especialmente los que más tuvieran temor de ser castigados por sus actividades durante la guerra. El plan disponía que los fugitivos se reunieran en los puertos del Mediterráneo para ser posteriormente evacuados en barcos franceses e ingleses. Desgraciadamente, aquel sueño no se realizó, ni los que quería pudieron llegar a los puertos de Alicante y Cartagena, ni los esperados barcos llegaron a nuestros puertos. Sólo algunos elegidos pudieron salvarse de los campos de concentración o del pelotón de fusilamiento

Lo derrotados por lo nacionales, dispusieron de 20 días para huir, pero lo hicieron muy pocos por falta de medios. En los aviones se fueron los altos cargos comunistas, algunos lo hicieron por mar y la gran mayoría de los soldados y mandos intermedios, se quedaron esperando en los puertos los barcos que nunca llegaron.

Habla Julián Besteiro por la radio:

«¡Ciudadanos españoles! Después de un largo y penoso silencio, hoy me veo obligado a dirigiros la palabra, por un imperativo de la conciencia, desde un micrófono de Madrid».

«Ha llegado el momento en que irrumpir con la verdad y rasgar la red de falsedades en que estamos envueltos, es una necesidad ineludible, con deber de humanidad y una exigencia de la suprema ley de la salvación de la masa inocente e irresponsable».

«Tras la Batalla del Ebro, los ejércitos nacionales han ocupado Cataluña y el Gobierno republicano ha andado errante durante largo tiempo en territorios franceses . Por tanto, el Consejo Nacional de Defensa viene a llenar un vacío de poder ante el panorama de ministros ausentes y, peor aun, ante una cabeza decapitada, pues el presidente de la República también ha dejado su cargo».

«El Gobierno del señor Negrín no puede aspirar a otra cosa que a ganar tiempo.».«Y esa política de aplazamiento no puede tener otra finalidad que alimentar la morbosa creencia de que la complicación de la vida internacional desencadene una catástrofe de proporciones universales, en la cual, juntamente con nosotros, perecerían las masas proletarias de muchas naciones del mundo ».El socialista, 7 de marzo de 1939.

De: ABC 02-04-2014

La voz de Fernando Fernández de Córdoba, actor de profesión, sonó a través de las ondas poco después de las 10.30 con el habitual énfasis y engolamiento, pero también especialmente emocionada. Era un momento muy especial y eso pesaba en el ambiente. Fue entonces cuando se escucharon en todo el país las famosas palabras: «Parte oficial de guerra, del cuartel general del generalísimo, correspondiente al día de hoy, primero de abril de 1939, tercer año triunfal. En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado. Burgos, primero de abril de 1939, año de la victoria. El generalísimo Franco».

 

 

Publicado en el Blog de Campos el 29-11-2018

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

España – II República Española – 2ª parte

PSOE 1934. Golpe de Estado contra la II República.  VerdadesOfenden

En 1934, con el sistema democrático implantado en España bajo el régimen republicano votado por la mayoría de los españoles, el PSOE que no formaba parte del Gobierno porque así lo quisieron los ciudadanos con sus votos, no se conformó al verse desplazado de los lugares claves desde los que podían hacerse con las arcas públicas y los fondos del Estado.

Para conseguirlo no dudaron en organizar un golpe de estado contra la República y la democracia con el fin de instaurar una dictadura proletaria como la de los soviets en Rusia y hundir al pueblo español en una negra tiranía similar a la que millones de personas sufrieron en la Unión Soviética.

 

De esta manera, antes de que se iniciara la criminal sublevación socialista que tanta sangre costó, el PSOE emitió unas instrucciones de 73 puntos en las que se planificaban detalladamente las directrices a seguir, no dudando en ordenar el asesinato de quienes intentaran evitarlo e incluso matar a mujeres y niños si llegaba el caso, como se refleja perfectamente en la instrucción nº 49 en la que se dice:

“Las casas cuarteles de la Guardia Civil deben incendiarse si previamente no se entregan. Son depósitos que convienen suprimir”.

Estas instrucciones fueron fielmente seguidas por los asesinos que secundaron en el golpe de estado al PSOE tanto en aquellos trágicos días de octubre del año 1934 como dos años después en el que, tras las fraudulentas elecciones de febrero de 1936, reventadas por las izquierdas del Frente Popular cuyos resultados jamás se publicaron, y una vez alzados los militares contra el revolucionario, criminal y bolchevique Gobierno del Frente Popular, a través de otro golpe de estado, más de cincuenta mil personas fueron torturadas, quemadas vivas o asesinadas en una brutal represión, mientras que los actuales herederos de aquella ideología no han pedido aún disculpas por la sangre que derramaron sus antecesores.

 

 

 

 

De: https://revistadehistoria.es/1934-insurreccion-y-golpe-de-estado/

Los socialistas habían dejado claro su apuesta por la Dictadura del Proletariado Soviética. Las instrucciones enviadas estaban influidas por el texto del fascista italiano Curzio Malaparte Técnica del colpo di Stato, y el programa de la sublevación implicaba “conquistar el poder político para la clase obrera”. Los republicanos de izquierda declararon romper con las instituciones legales. El PSOE planteó la insurrección como una medida necesaria para evitar lo que había sucedido en Italia y en Alemania, en una analogía clara con la CEDA. Francisco Largo Caballero, el llamado ‘El Lenin Español’, hizo honor a su sobrenombre al declarar que la revolución se “hace violentamente, luchando en la calle con el enemigo”. La entrada de la CEDA en un nuevo gobierno supuso la señal.

El 4 de octubre la Ejecutiva del PSOE dio la orden. Militantes socialistas se dirigieron hacia el Ministerio de Gobernación con la intención de tomarlo por asalto. La CNT no les apoyó, la esperada colaboración de simpatizantes del Ejército se quedó en una vana ilusión, y el apoyo social en una quimera. Los planes socialistas en Madrid preveían la detención del presidente de la República, Niceto Alcalá-Zamora, y no lo habían conseguido. Tampoco lograron imponerse en las quince provincias en las que había estallado la rebelión. Significaba que el levantamiento que debía tener “los caracteres de una guerra civil” estaba condenado al fracaso.

 

De: http://www.grandesbatallas.es/prologo%20guerra%20civil%20espanola.html

El gran escritor y filósofo Miguel de Unamuno, posiblemente el  español que más contribuyó al restablecimiento de la República, cuando apenas habían transcurrido seis meses de la proclamación, manifestó  a un amigo suyo:  “Me pregunta usted que cómo va la República. La República, o res-pública, si he de ser fiel a mi pensamiento, tengo que decirle que no va: se nos va. Esa es la verdad…”

La II República Español, fue una etapa de nuestra Historia repleta de progreso y libertad, pero rota en 1936 por una sublevación fascista.

Esta interpretación puede tener algunas lagunas ocultas por los historiadores de lo políticamente correcto. Miremos ligeramente las hemerotecas de la época y tomemos algunos datos adicionales enriquecedores de nuestra historia próxima.

Desde la primavera de 1934 la dirección del PSOE se manifiesta a romper con la legalidad republicana y a practicar una política abiertamente revolucionaria. Desde febrero de 1934, el PSOE y la UGT organizaron un golpe de estado articulado como   movimiento revolucionario. Esta decisión socialista, que no estaba oculta porque se hablaba de él en artículos de prensa y en discursos, culminó el 15 de octubre de 1934 con la Revolución de Asturias. La experiencia revolucionaria de la progresía terminó con casi 2.000 muertos y cerca de 30.000 detenidos, entre ellos: Luis Companys (ERC)

La progresía nunca creyó que bastaría con una huelga revolucionaria para tomar el poder.  El PSOE y la UGT divulgaron en sus medios de comunicación la justificación de la violencia y continuamente hacían llamamiento a la juventud para que adoptase posturas violentas. Los planteamientos violentos abundaron en la prensa socialista, principalmente en Renovación.

El objetivo era organizar un ejército revolucionario basado en las milicias socialistas; aunque Largo Caballero, dirigente del PSOE y la UGT, se refería a la necesidad de lograr “el armamento general del pueblo”: “Vamos a conquistar el poder, (…) si no nos dejan de otra forma lo haremos revolucionariamente”, para lo que hacía falta “preparar las huestes para la revolución”, como instrumento específico de realización de una acción violenta

EL 16 y 23 de febrero de 1936 se presentan unidas bajo la marca “Frente Popular” la progresía y los separatistas vascos y catalanes.

Desde 1933 ya el PSOE, CNT y UGT iniciaron la violencia callejera; y en febrero de 1936 se reanudo la violencia izquierdista. Lógicamente, los falangistas como respuesta a esta violencia hicieron su aparición.

Meses después del “triunfo” del Frente Popular, el PSOE (Largo Caballero) decidió tomar todo el poder, cambió su estrategia y puso todo su esfuerzo en el desgaste del gobierno republicano del Frente Popular. Practicando   la violencia, atentados, asesinatos, etc., buscaba la desaparición de la democracia burguesa e implantar su dictadura del proletariado (socialismo real o socialismo imperante en la Unión Soviética). Esta fase prerrevolucionaria lograría el debilitamiento definitivo del poder capitalista y clerical mediante huelgas, violencias e incautaciones de propiedades privadas.

«Cuando la violencia procedió de los falangistas, lo fue, al menos en principio, como respuesta a la violencia continuada de la izquierda.» (pág. 298.) Ciertamente, los falangistas liquidaron a unos cuántos del Frente Popular, es bien cierto, «Aunque la mayor parte de la violencia durante la República siempre había provenido de la izquierda.» (pág. 300.) Stanley G. Payne, El colapso de la República, los orígenes de la Guerra Civil (1933-1936).

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