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Navidad

Cada año, el día uno de enero prendemos una vela, un cirio que permanece encendido hasta el treinta y uno de diciembre de ese mismo año, que acaba por consumirse y apagarse sin que nos demos cuenta, porque los efluvios de Nochevieja enmascaran el fin de la cera que ha ido gastándose con el paso del tiempo.

Estos son días navideños, todo el mundo parece bueno, que no ha roto un plato en su vida, que quiere al prójimo como así mismo, que es solidario, humanitario y comparte alegría con cualquiera que se cruce con él en la calle.

Pero la realidad es que ha muerto un año, con sus alegrías y sus tristezas, con sus problemas y sus soluciones, con aquellos que han nacido a la vida y aquellos otros que la han abandonado, con los que tiene mucho y con los que tienen poco, con las ilusiones de lo que está por venir y las desilusiones de lo que ya ha venido.

La naturaleza es sabia y enero es mes de podar las flores para que vuelvan a retoñar con más fuerza e inunden de colores y fragancias, renacer a la vida, un nuevo ciclo vital al que los humanos estamos vetados. Podar los árboles para que crezcan más sanos, fuertes y robustos, a la vez que nos dejen ver el bosque con cierta claridad.

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Todo a Cien – 250 Mundo real

Hay quien no sabe diferenciar entre ayuntar y amar, especialmente los hombres. La mujer es más realista, sabe distinguir entre una relación sexual esporádica de presente, y un proyecto de futuro, de amor con permanencia en el tiempo.

El hombre es más iluso, confunde encoñamiento con amor, obnubilación con razonamiento, sueños con realidad. Se despierta y encuentra la nada.

Todos los días sale el sol y todos los días surge un hombre nuevo que abandona su zona de confort en busca de mayores expectativas y una vida más satisfactoria en todos los sentidos. Bienvenidos al mundo real.

 

 

Publicado en el Blog de Campos el 13-09-2017

Todo a Cien – 239 Verte en la eternidad

España, laica oficial, sigue siendo cristiana de hecho, al menos durante unas cuantas generaciones más. El quince de agosto, bajo diferentes advocaciones marianas, es la fiesta mayor de muchas ciudades y pueblos de España.

Regresan a sus orígenes muchas personas que tuvieron que buscarse el sustento más allá de dónde nacieron. Vuelven hijos y nietos a sus juegos de infancia, porque sus padres no tenían otras vacaciones más allá de pasar unos días del verano en el pueblo.

Se rinde culto a la Virgen del lugar, y la puerta de la iglesia es el punto de encuentro en donde se repasa la vida y milagros de los que fueron, de los que ya no están entre nosotros, de los que acompañarán por siempre el tintineo de la carroza de esa Virgen de no sé qué nombre, que no sé qué tiene, que imprime ese carácter y ese sentimiento que, personas que se declaran ateas, tengan un desmedido amor y devoción por la patrona de su pueblo.

Hoy quiero recordar a todos los que nos faltan a nuestro lado, pero en especial, a ese hombre bueno, con un corazón grande, grande, tan grande como él, trabajador, honesto, entregado, paño y solución de lágrimas para todo el que a él recurría, buen hijo, buen esposo, buen padre y buen hermano. Mi hermano Luis, que se nos ha ido hace poco, todavía insultantemente joven.

Sé que estarás empujando la carroza, porque poco antes de morir me dijiste: Estoy esperando ver a Dios para irme con Él. Cuida de nosotros y espero verte en la eternidad.

 

 

Publicado en el Blog de Campos el 15-08-2017

 

 

 

Todo a Cien – 220 El espejo

Es specullum romano era una superficie pulida en la que reverbera la luz que choca contra su plano y debido a lo cual podemos observar nuestra imagen reflejada en ellos. En la actualidad, realmente son cristales que contienen detrás una capa de aluminio.

Utilizado igual para hacer señales de guerra que de amor, es compañero fiel de casi todas las mujeres y de otros diversos sexos, que acicalan su presencia física ante ese espejo que portan en su bolso de mano.

Hay algunas, en general, que tropiezan; aquí hay que acordarse de ese cura nuevo que llega a un pueblo en el que la mayoría de las calles eran empedradas y había muchas mujeres que tropezaban. Y, al tropezar y caer al suelo, se rompe el espejo. Por mucho esmero, empeño y tiempo que inviertas en recomponerlo, nunca volverá a ser ese maravilloso adminículo que devolvía feliz el rostro de los enamorados, la confianza del amigo o la consideración del jefe que admiraba al trabajador.

Si se rompe el espejo, se ha roto una etapa de la propia vida.

 

 

Publicado en el Blog de Campos el 31-05-2017

Todo a Cien – 210 Resurrección

Todo en esta vida tiene su tiempo de maduración. Nueve meses para nacer una persona. La fruta, jugosa y en sazón en el momento oportuno, aunque hoy día se producen a demanda del consumidor; pero no es lo mismo. El amor, de un día o de una noche, al alcance del demandante; pero no es lo mismo que el que entra por los ojos y poco a poco va inundando toda tu mente y todo tu cuerpo. Hasta Jesucristo, para resucitar, se tomó un margen de tres días.

Primavera, alargan los días, los enamorados se impacientan, todavía quedan bucólicos paseos en busca de margaritas, mirarse a los ojos y buscar en el horizonte un futuro común …

 

 

La sociedad actual de la consecución inminente del deseo, se impacienta cuando no alcanza “ahora mismo” lo que pretende. Perseverar en el esfuerzo, aplicarse más en los estudios, en el trabajo o en el amor, nos llevará a alcanzar la meta de nuestras ilusiones. No se puede ser General en Jefe de la OTAN al segundo día de ingresar en el Ejército.

Domingo de Resurrección, levantarse, alzarse, resurgir, renacer. Resucitemos todos de nuestras debilidades y pensemos que el mañana es nuestro, que la vida es bella, que vamos a conseguir nuestros deseos, que volvemos a la vida.

 

Publicado en el Blog de Campos el 16-04-2016

 

Todo a Cien – 200 No te merece

Hay muchas relaciones de pareja y matrimonio en las que el respeto no existe, quien no te valora, no te merece. Eso es algo que toda persona debiera tener en mente. El respeto empieza por uno mismo, que se te valore o no depende de ti, solo de ti.

Las personas que se quieren a sí mismas, alcanzan su control, su paz interior y piensan en ellos, y luego en los problemas; entonces, es imposible que otra persona te controle y te manipule.

Quien te utiliza, te usa para que uses la tarjeta de crédito, para calmar un tiempo sus picores sexuales (masculinos, femeninos o neutros), quien te olvida, quien no está a tu lado en los momentos difíciles, quien juega con tu persona, no te merece.

Y la culpa es tuya, y solo tuya, si persistes en tropezar una y otra vez en la misma piedra.

Ama, quiere, respeta, valora, lucha por la persona adecuada, la que te ama, te quiere, te respeta, te valora y lucha por ti. No pierdas por error a quien te quiere, y no intentes querer por error a quien no le importas. La vida es un suspiro, no dejes pasar el tren de tu futuro.

 

Publicado en el Blog de Campos el 11-03-2017

Cuentacuentos

SEMBRAR PARA LOS DEMÁS

“Un anciano muy pobre se dedicaba a sembrar árboles de mango. Un día se encontró con un joven que le dijo: ¿Cómo es que a su edad se dedica a plantar mangos? ¡Tenga por seguro que no vivirá lo suficiente para consumir sus frutos! El anciano respondió apaciblemente: Toda mi vida he comido mangos de árboles plantados por otros. ¡Que los míos rindan frutos para quienes me sobrevivan! Continuando con su explicación el sembrador sentenció: Habitamos en un universo en el que todo y todos tienen algo que ofrecer: lo árboles dan, los ríos dan, la tierra, el sol, la luna y las estrellas dan. ¿De dónde, pues, esa ansiedad por tomar, recibir, amasar, juntar, acumular sin dar nada a cambio? Todos podemos dar algo, por pobres que seamos. Podemos ofrecer pensamientos agradables, dulces palabras, sonrisas radiantes, conmovedoras canciones, una mano firme y tantas otras cosas que alivien a un corazón herido. Yo he decidido dar mangos, para que otros, que vengan después que yo, los disfruten. Y tú jovencito, preguntó el anciano, ¿has pensado en lo que quieres dar?”

 

SOLTAR LAS AMARRAS Y CONFIAR

Una tarde dos turistas que habían acampado a la orilla de un lago decidieron atravesarlo en barca para irse a tomar unas copas al bar de la otra orilla. Allí se quedaron hasta bien entrada la noche. Salieron del bar un tanto afectados por lo que habían bebido, pero al fin lograron llegar a la barca para volver a su destino. Empezaron a remar con fuerza. Sudaban y resoplaban por el esfuerzo y el empeño que ponían. Habían pasado así más de dos horas cuando uno le dijo al otro:

– ¿No crees que en tanto tiempo deberíamos haber llegado ya a la otra orilla?

– Eso mismo digo yo – contestó el otro – Pero tal vez no hemos remado con la energía suficiente.

Multiplicaron entonces los esfuerzos y remaron decididamente durante una hora más. Sólo que, al salir el sol, contemplaron sorprendidos que seguían estando en el mismo lugar. Se habían olvidado de desatar la gruesa cuerda que sujetaba su barca al muelle de los barcos.

 

MEJOR DORMIR

Recuerdo que una vez cuando era niño, experimenté una fase de fervor religioso. Ayunaba, y solía levantarme por las noches para rezar. Otra vez, velé toda una noche, sentado con mi padre, sosteniéndole el Sagrado Corán en el regazo. A nuestro alrededor toda la casa roncaba mientras dormía.

– ¡Escúchalos! – advertí a mi padre – Ninguno de ellos piensa siquiera en recitar una plegaria. Están durmiendo como los muertos.

– Mi querido hijo – replicó mi padre – Harías mejor en estar dormido como ellos si todo lo que consigues con tu vigilia es criticar a los demás.

 

LAS DOS PLANTAS

Dos plantas nacieron de dos semillas iguales, a pocos metros de distancia una de la otra. Una brotó a la orilla del camino. A veces estaba llena de polvo; otras veces estaba cubierta de barro. En verano la quemaba el sol. En las noches de invierno estaba helada de frío, azotada por la lluvia, batida por el viento. Sin embargo, creció verde, lustrosa y llena de vida.

La otra planta creció al amparo de un techito que había al pie de una pared. Así que no tuvo que luchar contra el viento. La lluvia no la mojaba, ni la quemaba el sol. Apenas sentía un poco de frío en las largas noches del invierno. Esta planta creció delgada, endeble y descolorida

Y es que luchar y sufrir muchas veces, ayuda a conservar la vida.

 

De internet – Año 2015

Publicado en el Blog de Campos el 04-03-2017