España – El franquismo – 1ª parte

De: https://www.apunteshistoria.info/primer-franquismo-resumen

Primer franquismo resumen. La etapa azul. El primer fascismo. La fascistización de la dictadura

Finalizada la guerra, el nuevo Estado parecía dirigirse, a través de la influencia de Serrano Suñer, hacia un modelo fascista. En agosto de 1939 quedó constituido el primer
Gobierno después de la guerra. En él, se apreciaba claramente la orientación fascista del primer franquismo con un claro predominio de falangistas, acompañados de militares, católicos, carlistas y antiguos miembros de la CEDA próximos al dictador. Además. Se adoptó la retórica fascista; los gestos y la iconografía respondían a esa vocación propia de la época. En realidad, la dictadura franquista adoptó el modelo solo formalmente. El partido único nunca llegó a dominar el Estado, más bien sucedió lo contrario. Intentos de encuadrar a la población en organizaciones de partido, como el Sindicato Español Universitario (SEU), el Frente de Juventudes, la Sección Femenina o los sindicatos verticales, no fueron satisfactorios. Franco no se comprometió a institucionalizar la dictadura sobre fundamentos fascistas que habrían limitado su carácter caudillista y su poder unipersonal.

El nacionalcatolicismo

La retórica fascista del primer franquismo fue paulatinamente abandonada en la medida en que la Segunda Guerra Mundial cambió de signo y, por tanto, la derrota de las potencias del Eje se fue vislumbrando como inevitable. Esto inspiró un inmediato cambio en la retórica. Los rasgos falangistas fueron atemperados y sustituidos por el componente conservador y nacionalista que definía al franquismo, aderezado con un marcado anticomunismo. El nacionalcatolicismo estuvo representado por los militantes de Acción Católica Nacional de Propagandistas.

La consolidación de la dictadura

El afianzamiento del poder personalista de Franco fue posible gracias a la aprobación de una serie de leyes que dotaron de consistencia legislativa a un régimen surgido tras acabar con la legitimidad republicana: -el Fuero del trabajo -La ley de Cortes -el Fuero de los Españoles – la Ley de Referéndum Nacional -la Ley de Sucesión a la jefatura de Estado.

La represión de los años cuarenta

Concluido el enfrentamiento militar, la vida civil de la posguerra quedó totalmente dominada por los vencedores. En los años cuarenta se asistió a la represión sistemática de cualquier tipo de disidencia. La eliminación física, los encarcelamientos, el exilio exterior o interior, o las depuraciones, fueron instrumentos que formaron parte de un todo concebido como el absoluto control político social de la población. Este entramado legal empezó a tomar cuerpo cuando Franco promulgó la Ley de Responsabilidades Políticas, de 9 de Febrero de 1939. Este primer impulso de represalia quedó completado con la Ley de Depuración de Funcionarios, de febrero de 1939. En este mismo sentido actuaron la Ley de Represión de la Masonería y el Comunismo, de Marzo de 1940, y la de Seguridad del Estado, de Marzo de 1941. En virtud de estas leyes, los detenidos eran sometidos a juicios sin la menor garantía procesal. La represión fue uno de los fundamentos de la dictadura.

Las cifras de la represión

En los últimos meses de la guerra, casi medio millón de personas se refugiaron en Francia. De ellos, la mitad regresaron a lo largo de 1939. Unas doscientas sesenta mil personas fueron internadas en campos de concentración. Después de ser sometidos a juicio, sesenta mil terminaron frente al pelotón de fusilamiento, y otros muchos fueron condenados a largas penas de cárcel. Más de cien mil fueron empleados como trabajadores forzados en obras públicas o alquilados por el Gobierno para desempeñar funciones en la empresa privada. La represión tuvo una mayor intensidad entre 1939 y 1945. A partir de esta fecha las cifras disminuyeron; para explicarlo habría que recurrir a la derrota del fascismo en la guerra, que exigió a Franco a suavizar sus políticas represivas, pero también, simplemente, al hecho de que tras años de represalias los sospechosos sin recibir castigo iban en descenso.

El exilio

Particularmente costoso para la sociedad española fue el exilio, tanto exterior como interior de buena parte de la intelectualidad del país, lo que dio lugar a la destrucción de la llamada Edad de Plata de la cultura española del primer tercio del siglo XX. La mayoría de esas personalidades abandonaron el país durante la guerra, y continuaron en su producción cultural y científica en los Estados de acogida. Fue México donde encontraron un mejor recibimiento y desarrollaron una labor más productiva.

 

Los refugiados durante la Segunda Guerra Mundial

Muchos de los exiliados en Francia fueron entregados a las autoridades franquistas a través de las autoridades alemanas de ocupación y de la Falange del exterior, como sucedió con Lluís Companys, presidente de la Generalitat catalana o el periodista y ex ministro republicano Julián Zugazagoitia, finalmente fusilados.

 

 

De: https://es.scribd.com/doc/31144450/Espana-durante-el-primer-franquismo

Después de la segunda guerra mundial se inició una campaña internacional que dejó aislada a España del mundo exterior. Los motivos no eran solamente la posición española en la segunda guerra mundial, sino también la propia guerra civil y, sobre todo, el régimen autoritario que existía en España. Se retiraron los embajadores (permaneciendo los de Argentina, Portugal y el Vaticano entre otros), España quedó fuera del Plan Marshall, de la ONU y Francia cerró la frontera con España. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial y al comienzo de la Guerra Fría, Franco asumió la dura tarea de hacer perdurar un régimen totalitario conservador en una época en la que las democracias y el comunismo se habían desarrollado con fuerza. Así pues, en 1951 Franco decidió remodelar el gobierno para facilitar el acercamiento a las potencias occidentales, por lo que esta etapa estuvo caracterizada por el predominio de una corriente política en la cual la Iglesia y el Estado mantienen una relación muy estrecha, y otorga una mayor importancia a los católicos en vez de a los falangistas, al contrario que en la “etapa azul”. Por otra parte, EEUU necesitaba de un buen aliado para luchar contra el comunismo, punto que tenía en común con el gobierno de Franco. Así pues, el catolicismo y el anticomunismo del régimen franquista le valieron para salir de ese aislamiento y en 1953 firmaron un acuerdo, el llamado Pacto de Madrid y contenía tres acuerdos, de defensa mutua, de cooperación económica y de asistencia técnica.

Este pacto, junto con el Concordato con la iglesia del mismo año supusieron un doble reconocimiento internacional para el Régimen. En 1959, el presidente norteamericano Eisenhower visita España. En los años 40, el catolicismo experimentó una vuelta clave a muchos aspectos de la vida social más tradicional. El número de personas asistentes a misa aumentó considerablemente y además se construyeron muchos edificios religiosos. La moral católica fue la predominante en la época. En 1942 las misiones de cristianización masiva estaban en pleno apogeo. También tuvo importancia en esta época el Opus Dei, organización fundada en 1928 por Jose María Escrivá de Balaguer, que en 1950 recibió la aprobación definitiva de la Santa Sede.

 

 

Tras la guerra el país estaba destrozado, por lo que no pudo aprovechar su situación de neutralidad durante la II Guerra Mundial para mejorar su economía. Las infraestructuras no fueron las más dañadas, pero sí la población, ya que entre víctimas y exiliados quedó sin gente para trabajar. La vida en las ciudades era difícil y la gente volvió al campo, ruralizándose la economía. Uno de los principales objetivos de la primera etapa del franquismo fue conseguir la autosuficiencia económica (autarquía). Para ello se fomentó una política económica que propugnó el aislamiento del exterior y la sustitución del libre mercado por la intervención del Estado en la economía, justificando esta política con un discurso patriótico.

El Estado franquista intervino en la economía con afán controlador: fijó de manera arbitraria los precios, sin tener en cuenta la oferta y la demanda; racionó el consumo, estableció cupos de producción y determinó los salarios. El modelo económico que los jerarcas franquistas querían aplicar en España se inspiraba en el fascismo italiano: autosuficiencia económica e intervencionismo estatal que asegurase una economía nacional desligada de toda dependencia extranjera. Cuando finalizó la Segunda Guerra Mundial, el aislamiento internacional de España obligó a intensificar esta política autárquica. La política de autarquía de Franco se había planteado como una forma deseable de alcanzar la autosuficiencia, pero en plena posguerra se convirtió en una necesidad vital. La política económica favorecía el sector industrial en detrimento de la agricultura. En 1941, se creó el INI (Instituto Nacional de Industria) para crear empresas públicas en los principales sectores como la siderurgia, la química y las industrias navales vinculadas a la defensa. La escasez de capitales y tecnología creó una industria obsoleta y poco ambiciosa, cuyas deficiencias fueron cubiertas por el INI. El comercio interior se vio alterado por la escasez de productos y la regulación de precios por parte del Estado, el cual intervino en el mercado y el racionamiento de productos de primera necesidad se extremó. Paralelamente, proliferó un mercado negro (estraperlo), donde se vendían alimentos y otros productos fuera del control estatal, en un mercado ilegal, donde sí regía la ley de la oferta y la demanda, de manera que los precios duplicaban o triplicaban los del mercado oficial. Para muchos fue una forma de supervivencia, para otros, el origen de fortunas considerables.

 

LA OPOSICIÓN POLÍTICA DURANTE EL PRIMER FRANQUISMO

Eliminada la oposición, prohibidos los partidos y sindicatos, la única resistencia durante estos años estuvo representada por fuerzas guerrilleras, los llamados “maquis”, desde 1944, promovidas por el PCE (Partido Comunista de España). Entre 1944 y 1950 intervinieron en varias zonas, y su acción más espectacular fue la ocupación del Valle de Arán. Les faltó apoyo suficiente en la población y la guardia civil acabó con ellos en 1949.Toda actividad política fuera del partido único (FET y de las JONS) estaba prohibida, de modo que cualquier otro partido quedaba en situación de clandestinidad. En el interior permanecieron activos pequeños grupos del PCE, el PSOE y la CNT pues, a pesar de la prohibición de difundir noticias sobre sus actividades en la prensa nacional, se conocieron detenciones y ejecuciones de sus componentes durante los años cuarenta.

También se planteaba la oposición monárquica. En marzo de 1945 desde Lausana (Suiza), don Juan de Borbón publicó un manifiesto en el que, tras hablar del fracaso del régimen de Franco, proponía como alternativa para España la monarquía tradicional. El manifiesto complicó más las relaciones entre don Juan y el dictador, que fueron tensas hasta la muerte de éste. Sin embargo, y a pesar de que el futuro de la monarquía seguía siendo incierto, en 1948 Juan de Borbón aceptó enviar a su hijo Juan Carlos de España para acabar su formación, bajo la supervisión de Franco, para mantener abierta la vía del restablecimiento de la monarquía en España.

El reconocimiento internacional de la España de Franco, dificultó la actuación dela oposición. La oposición monárquica es la que parecía tener mayores posibilidades, aunque su peso real era mínimo, al igual que era mínimo el de las otras organizaciones liberales y democristianas. Por lo que respecta a parte de las izquierdas se formó en 1958 el Frente de Liberación Popular de carácter revolucionario. El PSOE y la UGT prácticamente no existían. Y el PCE se renovó en el exilio, teniendo como nuevo dirigente desde 1956 a Santiago Carrillo. Las acciones más frecuentes de la oposición eran las convocatorias de huelga, aunque eran ilegales, en las que se reivindicaban mejoras económicas. La huelga que tuvo más eco fue la de los usuarios de los tranvías, en Barcelona, en 1951.Frente a estas acciones el régimen franquista reaccionó de dos maneras: de una parte, mediante la Ley contra el Bandidaje y el Terrorismo (1958) y la Ley de Orden Público (1959), y, de otra, aceptó cierta flexibilidad respecto a las demandas salariales con la Ley de Convenios Colectivos (1958).

 

 

De: https://victorsociales.files.wordpress.com/2018/03/012

LOS PRIMEROS AÑOS DEL FRANQUISMO (1939-1949).

Tras su victoria en la Guerra Civil, Franco implantó en España una dictadura que perduró entre 1939 y 1975, año de su fallecimiento. Sus principales características fueron:

  • Franco tenía todos los poderes. Era el Jefe del Estado, el Jefe del Gobierno y la máxima autoridad del Ejército.
  • Existían Cortes, pero sólo a título consultivo. No había Constitución, sino una serie de leyes, las conocidas como “Leyes Fundamentales”.
  • Sólo existía un partido político, FET y de las JONS (Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista), que agrupaba a las fuerzas que habían apoyado el golpe de estado contra la República.
  • Se suprimieron los derechos y las libertades.
  • Se prohibió cualquier manifestación de nacionalismo regional y se abolieron los Estatutos de Autonomía de País Vasco y Cataluña.
  • Hubo una feroz represión contra los vencidos. Muchos de ellos se tuvieron que exiliar, mientras que los que se quedaron fueron encarcelados y condenados a trabajos forzados o ejecutados.
  • Se implantó la censura.

 

Los apoyos del Franquismo

  • Ejército.- Se encargó de la seguridad del Estado y fue el principal pilar del régimen. Numerosos militares ocuparon puestos políticos importantes.
  • Iglesia.- Se benefició de la confesionalidad del Estado. Controló la enseñanza y marcó las normas de conducta.
  • Terratenientes y grandes empresarios.- La burguesía rural se benefició de la abolición de la reforma agraria y la burguesía industrial, de la inexistencia de los sindicatos. · Clase media.- Un pequeño sector de la clase media era muy conservador que deseaba, ante todo, la paz.

Falange Española. Falange fue un partido fundado por José Antonio Primo de Rivera (hijo del dictador Miguel Primo de Rivera) en 1933. En 1934 se fusionó con las JONS. Su ideología es nacionalsindicalista. Tenía muchos rasgos del fascismo italiano, con la particularidad añadida del catolicismo. Propugnaba la creación de un Estado Sindical totalitario en el que la lucha de clases sería superada por el Sindicato Vertical, que agruparía en un mismo organismo a empresarios y trabajadores organizados por ramas de la producción. De Falange también dependían otras organizaciones como la Sección Femenina, que agrupaba a las mujeres para realizar labores sociales, o el Frente de Juventudes, que organizaba actividades recreativas con el fin de captar a la juventud.

Papel en la II Guerra Mundial. Aunque España no intervino directamente en la guerra y se declaró neutral, Franco demostró desde el principio favorable a las potencias del Eje. En 1940 se entrevistó con Hitler en Hendaya, en la frontera con Francia, para negociar la entrada de España en la guerra, pero finalmente no se produjo. En 1941, se creó al División Azul para apoyar a los nazis en el frente ruso. Se retiró del mismo en 1943 a causa de las victorias aliadas. Tras la finalización de la guerra, las potencias vencedoras intentaron provocar la caída del franquismo. Para ello, aislaron internacionalmente a España: no fue admitida en la ONU, casi todos los países retiraron sus embajadores y Francia cerró su frontera.

Autarquía. Al finalizar la Guerra Civil, la economía española estaba hundida. Numerosas industrias, carreteras y vías de ferrocarril habían sido destruidas, y los campos, devastados. Como consecuencia, disminuyó la actividad económica en las ciudades y muchas personas regresaron al medio rural. En economía, se impuso la autarquía, que aspiraba a la autosuficiencia del país. Para tratar de alcanzarla se contó con instituciones como el Servicio Nacional del Trigo, que controlaba la producción y distribución de este cereal, y el Instituto Nacional de Industria (INI), cuyo objetivo era promover la producción industrial. Sin embargo, la política autárquica fracasó y la economía española no fue capaz de cubrir las necesidades de la población. La década de 1940 estuvo marcada por el desabastecimiento de productos básicos, como alimentos, ropa o combustible. Para aprovisionar a la población, el Estado estableció el racionamiento de los alimentos y otros productos primarios. Al mismo tiempo apareció el mercado negro, conocido como “estraperlo”. Del mismo modo, se fomentó el ahorro.

 

 

De: https://www.libertaddigital.com/otros/revista/articulos/26730156.htm

El hambre en España en los años 40
El hambre de la posguerra civil en España fue más una consecuencia del bloqueo comercial internacional que de la destrucción provocada por la propia guerra Pío Moa

Los años 40 fueron en España “los del hambre” por antonomasia, como también en buena parte de Europa, a consecuencia de la II Guerra Mundial. No fue un hambre como las que devastaron a algunos países, especialmente a la Unión Soviética, con cientos de miles y hasta millones de víctimas mortales, pero fue una época de penuria muy extendida. Su evolución puede seguirse en las estadísticas de mortalidad: debe considerarse que un muerto por inanición supone la existencia de decenas o cientos de personas con graves carencias nutricionales, y otras muchas muertes por enfermedades derivadas de la miseria. Así, durante la guerra civil, las defunciones por enfermedad crecieron muy notablemente en territorio del Frente Popular, en número muy superior al de las causadas directamente por hambre.

La desnutrición afectaba tradicionalmente a buena parte de España, en especial a las zonas de latifundio extremeñas y andaluzas. A principios del siglo XIX morían directamente por hambre unas 300 personas cada año, bajando la cifra paulatinamente hasta la mitad en 1929. Al llegar la II República, la mortandad creció bruscamente, y en 1933, al final del bienio izquierdista, volvía a la de principios de siglo. En el bienio de centro derecha, llamado “negro” por sus enemigos, el proceso se invirtió, con un descenso del hambre débil, pero significativo.

Durante la guerra, este tipo de mortandad alcanzó su máximo en 1938: nada menos que 1.111 víctimas. Al corresponder en su gran mayoría al Frente Popular —llamado erróneamente “República”—, la cifra resulta la más alta del siglo en proporción a la población, aunque en 1946 sería superada para el conjunto del país.

 

 

Tras la guerra, el nuevo régimen debió afrontar la reconstrucción. Contra una idea extendida, las destrucciones bélicas no fueron asoladoras, en parte por la política de Franco de evitarlas, pero aun así imponían un pesado tributo a un país técnicamente atrasado. Además, la ex zona revolucionaria estaba en completo desorden y ruina. El historiador P. Voltes ha señalado: “Una de las páginas más dramáticas de la historia de nuestra guerra civil es la anulación, por Franco, de la moneda emitida por el Gobierno republicano a partir de julio de 1936, y con ella, la ruina de millares de familias, empresas y entidades”. Esta “hecatombe económica” constituye, según él, una estafa gigantesca: “¿Qué duda cabe de que en el territorio republicano se había registrado una inflación que pesaba sobre el futuro del país? Bien está. Obsérvese, empero, que en la zona nacional había habido también su propia inflación”. Pero si el señor Voltes hubiera cuantificado esa inflación, vería que, como señala el economista Antonio de Miguel, fue de sólo 41 puntos en la zona nacional, contra unos desastrosos 1.340 en la republicana. Las familias, empresas y entidades estaban ya completamente arruinadas, más aun desde la pérdida del oro del Banco de España, destinado a respaldar la moneda. La peseta republicana simplemente no valía nada, y su anulación solo refrendó un hecho objetivo.

Pese a las dificultades, en los años 39 y 40 descendió rápidamente el hambre: 803 muertos el primer año, y 490 el segundo. En cambio, en 1941 experimentó un brusco repunte, hasta 1.093. La causa debe encontrarse en la guerra mundial. Desde el otoño de 1940 Londres y Berlín pugnaban, uno por asegurar la neutralidad española, y el otro por arrastrar a Franco al conflicto. Londres combinó las promesas y seguridades políticas con la amenaza de emplear su dominio naval para bloquear el comercio español, restringiéndolo fuertemente por el momento. La consecuencia fue el brutal aumento del hambre en España.

Una vez afirmada la neutralidad, España pudo comerciar más libremente con los Aliados y otros países, y con Alemania, aunque siempre bajo la presión de un posible bloqueo aliado o de una invasión nazi desde los Pirineos. Aun así, la mortandad por hambre bajó el año siguiente a 842, volviendo en 1943 a la del primer bienio republicano (con 315 víctimas mortales) y a las del segundo bienio republicano en 1944 y 1945 (267 y 236). Para entonces se daba por concluida en lo esencial la reparación material de los daños bélicos, y la situación había mejorado notablemente para buena parte de la población. En La fuerza de las cosas, Simone de Beauvoir, describe su paso a España, al final de la guerra en Francia: “Al borde de la carretera una mujer vendía naranjas, plátanos, chocolate, y se me anudó la garganta de codicia y de rebeldía: ¿por qué se nos prohibía una abundancia que estaba a diez metros de nosotros? Al verme pasar por la carretera los españoles habían dicho: “¡Es una mujer pobre, no tiene medias!”. Nuestro dinero no valía nada. En los andenes de las estaciones se paseaban muchachas charlatanas y risueñas, cubiertas sus piernas con medias de seda; en las vitrinas de los negocios de las ciudades que atravesábamos veía montones de comestibles. Los comedores de las estaciones desbordaban de comida. Me acordaba de la estación de Nantes, donde estábamos tan hambrientos, tan cansados, y donde sólo pudimos comprar, a un precio exorbitante, galletas rancias. Me sentía rabiosamente solidaria con la miseria francesa”.

Sin embargo, en 1946 el esperanzador panorama cambió por completo al decretar los vencedores de la guerra mundial el aislamiento diplomático y económico de España. El estudioso inglés Preston habla de un “inocuo bloqueo internacional”, pero su “inocuidad” se revela en los demoledores datos: la mortandad por hambre dio un salto hasta las 1120 víctimas, la cifra más alta del siglo. Este será el año del hambre por excelencia, dejado atrás poco a poco gracias a un esfuerzo redistribuidor y a la ruptura del bloqueo por Argentina, que vendió trigo. En 1947, la cifra volvía a las 232, propias de los años buenos de la república, y en torno a ella se mantuvo hasta los años 50.

 

 

 

 

La persistencia del hambre durante el resto de la década puede achacarse, por una parte, al bloqueo, insistente aunque perforado, y por otra al gasto militar originado por una amenaza de intervención exterior —cada año más remota—, y de reanudación de la guerra civil, objetivo del maquis. En el resto de Europa la penuria era también muy grande, y como la economía no daba muestras de reactivarse, USA, temiendo un auge de los movimientos comunistas, aplicó desde 1948 el Plan Marshall, que permitió la reconstrucción europea y el alejamiento del peligro revolucionario. El plan, ofrecido a los países comunistas y rechazado por Stalin, fue negado a España (algún historiador despistado ha dicho que España lo rechazó), y ello mantuvo la escasez, no recuperando España la renta per capita de 1935 hasta 1951 (Según A. Maddison, Francia recuperó su nivel de anteguerra en 1949, Italia en 1951, Alemania en 1954 y Japón en 1956. Otras estimaciones hacen variar los años).

Al comenzar la década de los 50, quedaban atrás definitivamente las amenazas de intervención, el maquis y el bloqueo, todo lo cual se reflejó en un rápido descenso del hambre hasta desaparecer como causa de fallecimientos en España, probablemente por primera vez en su historia.

Surge la cuestión de cómo, si los españoles no recuperaron en los años 40 su nivel de ingresos de preguerra, pudo el hambre mantenerse, salvo años especiales, como en la república. La respuesta más probable está en el racionamiento, el cual aseguraba a la población una alimentación espartana, pero suficiente para sostenerse.

Otra causa de penuria, muy grave en un país básicamente agrario, fue la sequía, la “pertinaz sequía” de aquella década, probablemente la menos lluviosa del siglo en España. Pero, por deberse a causas naturales, la he dejado deliberadamente al margen en esta aproximación.

 

De: https://www.infolibre.es/noticias/verano_libre/2016/08/24/anos_50

España años 50′: la miseria que captó el objetivo de Carlos Saura

  • El cineasta publica un trabajo documental con 180 fotografías de pueblos y gentes en España años 50, un álbum que creó a lo largo de sus viajes por el país en aquellos años

Marta Valverde @marvalop – Publicado el 25/08/2016

 

Portada de ‘España años 50’  – Carlos Saura

 

Atraso, hambruna, pobreza. Un país donde “no existe el futuro, solo la miseria”, como diría más tarde el cantautor Carlos Cano. Cuando finalizó la Guerra Civil, España era un país hundido, de calles de tierra o a lo sumo empedradas, de ancianas guardando luto mendigando por las esquinas y niños desamparados corriendo de un lado a otro entre ruinas, de analfabetismo y penuria.

La necesidad se apoderó de la mayoría de la población en un periodo en el que el régimen franquista pretendía curar los destrozos de la guerra con una autarquía inspirada en la puesta en marcha por Mussolini en Italia y en la de Hitler en Alemania. Una política económica basada en la autosuficiencia y la intervención del Estado.

El resultado no fue otro que una descomunal regresión económica marcada por el hundimiento de la producción agrícola y el desarrollo industrial. Fueron los llamados años del hambre, del mercado negro y el estraperlo que, además, se vieron agravados posteriormente por la coyuntura internacional.

La Segunda Guerra Mundial trajo consigo un aislamiento del país en el panorama internacional que se mantendría vigente hasta los primeros años de la década de los cincuenta, a pesar de los intentos de Franco por enmendar la imagen fascista de su régimen buscando en todo momento el auspicio de la Iglesia Católica. Pero todo fue en vano. En agosto de 1945 en la Conferencia de Potsdam, Stalin, Truman y Churchill condenaron la dictadura franquista y consensuaron su oposición a la entrada de España en la Organización de Naciones Unidas.

El Saura fotógrafo

De sus años de fotógrafo, que precedieron a los de cineasta, Carlos Saura (Huesca, 1932) recupera las miradas, los rostros y los paisajes de una de las etapas más decadentes de la historia. El cineasta y el editor Gerhard Steidl muestran en España años 50 (Steidl/ Círculo del Arte/ La Fábrica) aquel país que, compartiendo frontera con otros donde se desplazaban en automóvil desde hacía años, seguía utilizando burros y mulos como principal medio de transporte.

El después director de películas como El Jardín de las delicias (1970), Ana y los lobos(1972), La prima Ángélica (1973) o Cría cuervos (1975) cumple aquí “un sueño del ser humano” que, como señala en las primeras páginas de la obra, consiste en “¡la posibilidad de recuperar el pasado!” gracias a la magia de la fotografía.

Sus periplos como fotógrafo comenzaron con una Rolleiflex en 1951cuando abandonó sus estudios de ingeniería y fue nombrado fotógrafo oficial de los Festivales de Música y Danza de Granada y Santander. Pero fue cuando Saura se hizo con una Leica M3 cuando España 50 empezó a gestarse. Son un total de 180 imágenes en blanco y negro que ilustran 256 páginas del archivo de la memoria.

 

El fracaso del modelo autárquico obligó al régimen a virar la política económica. Se liberalizaron parcialmente los precios, el comercio y en 1952 se puso fin al racionamiento de alimentos de primera necesidad. Los españoles pudieron comprar libremente a partir de entonces algo tan básico como el pan, aunque el hambre perduró muchos años más.

A pesar de que las medidas de la dictadura propiciaron una cierta expansión económica, la guerra fría y el posterior cambio en la política internacional norteamericana hicieron el resto, ya que la ayuda a España desde 1953en el marco de la firma de los Acuerdos de Madrid dio al régimen un balón de oxígeno. La ayuda consistía en un total de 1.500 millones de dólares a cambio de permitir a los americanos instalar las bases aéreas de Morón, Zaragoza y Torrejón de Ardoz, y la base naval de Rota. Esta cuantía fue inferior, sin embargo, a las prestaciones recibidas por los países europeos beneficiaros del Plan Marshall, pero contribuyó a la importación de bienes de equipo que más tarde trajo consigo el desarrollo industrial.

No obstante, el subdesarrollo se prolongó hasta bien entrados los sesenta, y estuvo muy focalizado en ciertas regiones del país como a las que hace referencia el trabajo documental de Saura.

La revista Life publicó en abril de 1951 un artículo sobre Deleitosa, un pueblo de Cáceres en el que habitaban 2.300 personas en condiciones que sorprendieron al reportero enviado. No era único, existían muchísimos otros pueblos en la misma situación, pero fue ahí donde W. Eugene Smith terminó haciendo su reportaje. Era la viva imagen de la posguerra de Franco, personas que decían no haber visto nunca la vía de un tren, con calles colmadas de burros y cerdos, sin agua ni electricidad, y cuyo único teléfono se encontraba a 20 kilómetros.

España blanca y negra

Todas las fotografías del trabajo de Saura sin excepción son en blanco y negro. “Quitando penas, quitando hambres, verde blanca y verde”, decía Carlos Cano en la canción que escribió a su Andalucía trabajadora. Esa letra coincidía con la descripción que Saura hace de Andalucía en su trabajo: “Para mí, Andalucía sigue siendo tierra de olivares, de casas encaladas, de paisajes románticos, de gentes abiertas y sencillas”. Un pueblo que seguía conservando la influencia de los árabes que la ocuparon durante siglos, y que el franquismo dejó anclada en el subdesarrollo.

Tan solo un coche, y muy de lejos, se aprecia en una de las instantáneas de Saura sobre las calzadas andaluzas, cuando coincidió que hizo su aparición en España el esperado Seat 600, también conocido como el seílla. Y esto no era más que una pequeña muestra del atraso que campaba por las regiones que, como el sur de España, miraba con curiosidad –y así están retratadas– el objetivo de la cámara de Saura como algo venido de otro mundo.

Entre 1950 y 1970 un millón y medio de andaluces abandonaron sus casas en dirección a países como Francia o Alemania, pero también a Cataluña, Valencia, Madrid o País Vasco. Por aquel entonces, la economía andaluza se encontraba en un proceso de regresión que, a pesar de venir de lejos, se afianzó con la industrialización española a partir de la segunda mitad del siglo XIX.

El que fue dos veces ministro de Franco, Laureano López Rodó, impulsó los planes de desarrollo durante los años sesenta y principios de los setenta, y fue encargado de la Comisaría del Plan de Desarrollo Económico y Social a partir de 1963.

 

 

Publicado en el Blog de Campos el 20-12-2018

 

 

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