Archivo | septiembre 2021

La Palma nos necesita

Era insultantemente joven cuando en 1972 me enviaron a La Palma a trabajar unos meses. “Vergel de belleza sin par”, todo verde, absoluta paz y tranquilidad, primeros jubilados centroeuropeos que se establecían allí optimizando su pensión, allí morían y allí eran enterrados, aeropuerto con única pista de aterrizaje que parecía ibas a amerizar en vez de tocar tierra, lapas a la plancha, chicharrones, potaje de trigo, mojo palmero y vino malvasía. Y unas postales para mi colección particular, que incluyo en la presente y que muestra la diferencia con la vida y desarrollo actual de esa isla.

La mayor fuerza conocida es la naturaleza, y cuando se enfurece viene con las escrituras de propiedad de aquellos terrenos que le pertenecen y que los humanos le hemos arrebatado, sea un arroyo, el cauce de un río o las laderas de un volcán. La España de las tres -C- cerveza, cemento y corrupción marchan indisolublemente unidas, construyendo en dónde nunca se debió hacerlo. Y en esta ocasión, ha sido La Palma el territorio español que ha quedado arrasado por la erupción de un volcán, noticia anunciada por los expertos con suficiente antelación como para que hubiera dado tiempo a poner los medios que paliaran la tragedia. Ha sucedido y ahora lo que hay que hacer es mirar adelante

Nuestros políticos, esos que vienen a servir al pueblo y no a servirse del pueblo, han visitado la isla: Pedro Sánchez ha apagado el fuego con fotografía oficial, y después lo ha rematado Pablo Casado con un extintor ahogando los rescoldos, también con la correspondiente foto oficial. Todo solucionado.

Digo yo que, adicional a las ayudas establecidas por el Gobierno, escasas a ojos de cualquiera que haya perdido su vivienda, su terreno, el ganado del que vivía y todas sus pertenencias, al igual que se está haciendo en la empresa privada en reducción de gastos de viajes, comidas y resto de gabelas en las reuniones de sus directivos, utilizando las videoconferencias y viajando solamente en aquellos casos imprescindibles, ¿por qué no se hace lo mismo con cualquier persona que ocupe un cargo público que no sea funcionario de carrera? Ahorraríamos gasto en trenes, aviones, taxis, comidas, dietas, no solo de ellos sino también de sus escoltas, asesores y resto de personal acompañante y de protocolo, todos ellos por cuenta del erario. Y el 50% del presupuesto previsto, a niveles municipales, autonómicos y estatales, en un periodo de seis meses, por ejemplo, donarlo a los afectados por la tragedia.

A ello se podría unir el 1% de todas las subvenciones de este año 2021 a organizaciones, ONG, sindicatos, chiringuitos y resto de sinecuras existentes en el Estado.

Añadiríamos el 1% de los ingresos de un mes, incluidos óbolos, de todas las religiones.

Y el 1% del ingreso líquido o beneficio de un mes de cada ciudadano, particular y empresarial, nacionales y extranjeros, desde el primero hasta el último.

Como el dinero es más peligroso que el plutonio, se constituiría una fundación integrada por aquellos que eligiesen los propios afectados, auditada por dos Inspectores de Hacienda de dos Delegaciones diferentes, de provincias no sospechosas de influencia nacional: Lugo, Huesca, Ciudad Real, Zamora, Jaén y ciudades similares.

Ni que decir tiene que todo ello sería voluntario y sin obligar a nadie. Cuando yo visité La Palma por primera vez, el eslogan era “Prohibido prohibir”; ahora es “Las opiniones las controlan los políticos, no los magistrados”. Esta sería una buena ocasión para que el Gobierno se apuntase un tanto, declarando bonificable un porcentaje de la donación, considerado donativo, en el IRPF.

Ya sé que esto es el sueño de una noche de otoño de quien piensa que la solidaridad empieza por uno mismo, unos en este caso, y esos son nuestros hermanos isleños de La Palma.

Antonio CAMPOS

Publicado en https://www.eldigitaldecanarias.net/ del 28-09-2021

Os conquistaremos con vuestra democracia

Estamos a punto de vivir dos grandes felonías a la democracia española, probablemente de las más peligrosas transgresiones a la convivencia pacífica de cualquier nación que madruga todos los días para ir a trabajar.

La primera de ellas, la que protagoniza Carles Puigdemont, detenido en Cerdeña por la policía italiana en virtud de la orden de busca y captura internacional emitida por el Tribunal Supremo de España, con relación a la causa del procés independentista catalán. La realidad es que lo estaban esperando en el mismo aeropuerto de llegada porque pretendía reunirse con alcaldes independentistas sardos, y ningún país europeo permite el mamoneo existente en España con el tema secesionista.

Puigdemont es prófugo de la Justicia española desde el otoño de 2017, y un cobarde. Oriol Junqueras y el resto de los golpistas permanecieron firmes en sus puestos y fueron sometidos a juicio por la judicatura; podremos estar de acuerdo, yo no, con su posición y actuación, pero fueron responsables de aguantar sus consecuencias. No así Puigdemont, general en jefe de los rebeldes, que azuza a sus huestes para que se dejen la vida en pro de la causa, hasta 50.000 de ellos están dispuestos a morir en una guerra civil contra España, mientras él permanece fuera del alcance de las balas, en una vida regalada no se sabe con qué fuentes de ingresos.

Ni que decir tiene que, de forma inmediata, han surgido las protestas callejeras en Cataluña y discursos de detención ilegal y antidemocrática por parte de los independentistas, que llaman a “una respuesta clara y contundente”, reclamando la amnistía y la autodeterminación, a los que se han unido Podemos y Bildu, este en declaraciones de Arnaldo Otegui. No sé cuándo los españoles vamos a ser conscientes que el Gobierno actual se sustenta en esos tres grupos cuyo único objetivo es destruir España, a los que se somete Pedro Sánchez con tal de seguir durmiendo en ese colchón de la Moncloa que fue lo primero que cambió en los dos fatídicos años que lleva allí.

De forma institucional, el presidente de la Generalitat, Pere Aragonès ha declarado: “Ante la persecución y represión judicial, la más enérgica condena. Se debe parar. La amnistía es el único camino. La autodeterminación, la única solución. A tu lado, president”.

Hay una cosa que me preocupa. A Puigdemont se le puede designar con todos los calificativos que uno quiera, menos tonto. Y no me cuadra que, sabiéndose vigilado de forma permanente, fuera a Italia, que es un país con una democracia deteriorada similar a la española, en dónde sabía perfectamente que podía ser detenido.

Ahora veremos el contubernio jurídico europeo que se forma alrededor de este caso, si es extraditado o no a España, si entra en prisión y es juzgado, o se trata de una estratagema para que Pedro Sánchez pueda sentarse en esa indigna mesa bilateral con una sonrisa en los labios por haber intentado, de cara a la ciudadanía en general, la detención del prófugo; pero libre por designio de la justicia y libertad emanada por el conglomerado globalista de la superioridad europea.

La segunda de ellas, que se veía venir desde hace tiempo, la reforma del Reglamento de Extranjería que un arrodillado ante mandil masón “llevará al Consejo de Ministros para su aprobación, su publicación en el BOE y su puesta en funcionamiento”, por la que se va a conceder la ciudadanía española a todos los MENAS, por el solo hecho de serlo, subvencionándolos con una paga de 664 euros mensuales hasta que cumplan los 23 años de edad, a lo que habrá que añadir otros gastos para vivienda, sanidad, medicinas, etc ….

Esos MENAS son los que llegan a España, declaraciones privadas de miembros de las FCSE que están a pie de obra cuando arriban a nuestras costas, con un móvil de última generación, una batería de repuesto, dos cargadores, un anillo de oro, una cadena de oro, un reloj y unos mil euros en efectivo, pensando en no trabajar ni aportar impuestos en toda su vida al país que los acoge.

Los españoles entre 18 y 23 años no tienen ningún tipo de subvenciones; los jubilados españoles con pensión no contributiva, tampoco; los viudos y viudas, pensiones contributivas, tampoco en su mayoría llegan a esos importes; muchos jubilados, de pensión contributiva, tampoco.

España tiene una Deuda Pública impagable, que deberá reconvertir en deuda perpetua en el momento que los intereses alcancen un precio de mercado que cubra la inflación, real y latente, en nuestro país y en el mundo entero. No podemos permitirnos esas alegrías en las que los impuestos de los que trabajan sirven para mantener de forma perenne a quienes no lo hacen, con un trasfondo claro: Estómagos agradecidos que debidamente bombardeados con la propaganda gubernamental, votarán a Pedro Sánchez, por lo bueno que es manteniéndolos cinco años con el gratis total y haciéndoles españoles a todos los efectos, incluidos los de futura pensión estatal.

Todo ello, evidentemente, con el apoyo de los secesionistas vascos y catalanes, Podemos y resto de fuerzas radicales, anticonstitucionales y pluralistas, conscientes que son lo que son mientras esté el Sr. Sánchez en el poder, salvo sorpresa si algún día el Sr. Casado llegara a la Moncloa y por miedo a que le dijesen que no era suficientemente democrático, siguiera con esa disparatada política económica y social, que nos conduce directamente a la ruina.

Qué razón llevaba aquél que dijo “Conquistaremos Europa con el vientre de nuestras mujeres y con vuestra democracia”.

La memoria

Cada vez ejercitamos menos la memoria. Antes teníamos que aprendernos los reyes visigodos, las capitales de todos los países del mundo, las obras de Cervantes, las de Lope de Vega y otras muchas cosas, que parece que son inútiles porque ahora se pueden encontrar mediante un click en internet. Sabíamos de memoria el número de teléfono de los familiares y amigos, su dirección de correo postal, jugábamos en la calle sin problema alguno de seguridad, y nos esforzábamos por pequeñas cosas que, con el transcurso del tiempo, han forjado una forma de ser y actuar.

Hoy casi nadie recuerda lo que pasó hace tan solo un mes, no podemos pasar sin secretaria informática, e incluso recibimos un mensaje diario notificándonos el cumpleaños de todos nuestros contactos. Somos más prácticos, pero menos humanistas.

Publicado en https://www.65ymas.com/opinion/antonio-campos-memoria_32037_102.html

Los jóvenes necesitamos fiesta

He visto en la televisión concentraciones de jóvenes, en horarios nocturnos, en playas, botellones y otro tipo de actividades lúdicas y/o alcohólicas, la última este fin de semana pasado, macrobotellones en las zonas universitarias de las principales ciudades españolas, sin mascarillas y haciendo frente a la policía, que siente miedo a repeler las agresiones no vaya a ser que sus propios jefes les acusen de “abuso de fuerza” y pierdan el sustento de su familia.

Da la impresión de ser actividades que no tienen nada que ver con el cierre de los lugares de ocio nocturno por el tema del coronavirus, sino una concepción paralela de supuesta libertad y modelo de vida de la juventud, en este último caso, de aquellos universitarios que están llamados a dirigir esta nación en el futuro.

Y también he visto en televisión una muchacha, entre 20 y 25 años, que por toda explicación dice: “Los jóvenes necesitamos fiesta”.

Ha usado el verbo necesitar, que significa “necesidad de algo o de alguien”, “obligar a ejecutar algo”. Lo que es lo mismo, impulso irresistible que hace que las causas obren infaliblemente en cierto sentido; aquello a lo cual es imposible sustraerse, faltar o resistir; carencia de las cosas que son menester para la conservación de la vida; peligro o riesgo ante el cual se precisa auxilio urgente.

Si lo que se trata es de esa importancia, pues bueno …. nadie quiere poner en peligro la vida de nuestros jóvenes, de los nacidos a partir de 1990, esos que no tendrán pensión estatal y su única esperanza futura es la solidaridad, caridad, del Estado en su vejez.

Pero no veo a estos jóvenes haciendo esas concentraciones pidiendo mejor educación colegial y universitaria; pidiendo bibliotecas y museos; pidiendo trabajo tajo por tajo desde las ocho de la mañana; ayudando a sus padres a mantenerlos en la casa paterna hasta bien entrada la treintena; pidiendo obligaciones y no solo derechos …

Sus padres son los nacidos en los últimos años del régimen franquista, y sus abuelos nacieron cuando en España había 28 millones de habitantes, acabada la IIWW. La mayoría de ellos, personas hechas a sí mismo, que pasaron muchas necesidades, que soportaban el calor del verano sin más aire acondicionado que un ventilador negro con tres aspas y un abanico, que unas botas katiuska valían para aguantar todo el invierno de nieve, hielo y granizo, con sabañones en las orejas de soportar el frio, calentándose únicamente con el brasero de picón o con la estufa de petróleo, con unos pantalones nuevos de unos viejos de su padre. Y ganándose el pan desde muy jóvenes en múltiples trabajos, hoy desaparecidos.

La situación, por suerte, ha cambiado. El menor de edad está super protegido, por los padres, por la sociedad y por la justicia. Para mí que habría que distinguir entre un niño/a de siete años y un mozo/a de 15 a 18, que hoy en día está ya de vuelta de todo, que se cree con derecho a todo, sin contraprestación de ningún tipo. El trabajo del estudiante es estudiar, el trabajo del trabajador es trabajar. Y el de todos, vivir en paz y armonía.

En cuanto a los mayores de dieciocho años, una parte importante de ellos saben que además de botellones, porros, juego del “clavo” y ayuntamientos callejeros rápidos, hay cines, teatros, libros, conferencias, museos y una ingente cantidad de actividades que no ponen en riesgo la salud de todos los españoles en esta pandemia que ha dejado otros 3.000 muertos durante este verano.

Ser joven, y cuidado con esos que se consideran jóvenes hasta que cumplen 50 años, no es sinónimo de idiotez, de insolidaridad, de no respetar al resto de personas como si no existieran, de ser edadista (discriminación por razón de edad), porque les molestan quienes no están de acuerdo con ellos. Ser joven es algo maravilloso, que pasa y no vuelve jamás, pero que hay que vivir en una sociedad en la que uno no tiene siempre preferencia.

Una empresa no sobrevive sin vender

Con el desarrollismo español, segunda mitad de los años sesenta del siglo pasado, en la que con los Planes de Desarrollo Económico y Social (además del turismo y de las remesas de dinero de los emigrantes) se consiguió una tasa media acumulativa del 7,2% anual en el aumento del PIB, empezó la etapa expansiva de construcción de viviendas en España.

Al principio eran casas viejas que se derruían, y el constructor-promotor se autofinanciaba en todo el proceso: Propiedad del terreno, inicio de las obras, y venta con reserva de dominio mediante efectos timbrados, aceptados y con carácter ejecutivo, a un plazo de cinco, ocho o máximo de diez años, que el librador descontaba en los bancos en clasificaciones de hasta dieciocho meses máximo, llamadas letras persiana, manteniendo el resto en su cartera mediante autofinanciación.

Fueron las cajas de ahorro las primeras entidades, y entonces únicas, que se iniciaron en los mal llamados préstamos hipotecarios, a plazo máximo de diez años, y a donde el constructor-promotor acudía con la propiedad del terreno y un porcentaje de fondos propios tal que hacía que la financiación ajena fuera de un máximo del sesenta por ciento del total de la inversión. Guardo todavía un documento de carácter confidencial, en donde uno de los entonces denominados “siete grandes” decía a sus directivos que “no es conveniente entrar en este mercado, en donde se invierte a un plazo de diez años, con recursos captados a plazo de un año”. Y ya entonces, esas cajas exigían dos avalistas al préstamo concedido, que era, y siguen siendo, préstamo personal amparado en el artículo 1911 CC (“del cumplimiento de las obligaciones responde el deudor con todos sus bienes, presentes y futuros”), y garantía adicional hipotecaria.

El tema funcionó mejor de lo previsto, y fue aumentando la demanda debido a los turistas extranjeros que se establecían en España optimizando el poder adquisitivo de sus pensiones, y al crecimiento sostenido de la “clase media”, y la liquidez, consumo y riqueza que ello llevaba consigo.

El cambio de mentalidad se produce con el regreso a España de ejecutivos que se habían formado en Estados Unidos y que traían muy bien aprendida la diferencia entre capitalista y empresario, el primero cediendo el capital y el segundo combinando los factores de producción, de Jean Baptiste Say, actualizada en el primer cuarto del siglo XX cuando el pensamiento económico recoge la figura del empresario como “manager”, como directivo, como “el que toma las decisiones”.

Eso, la transición política del régimen franquista a la democracia, el “todo vale” si es nuevo y la ausencia de una ley de financiación de toda la clase política que surgió de la nada, cambió las normas del juego, también de la construcción. Los parámetros se fueron relajando, aumentó el porcentaje de financiación, hasta que llegó un momento en que Bancos y Cajas financiaban toda la promoción en su conjunto, incluso el cien por cien de la compra del suelo, a precios abusivos en el caso de ser urbanizables dada la construcción en vertical que se usa en España y no en horizontal como en los países más desarrollados, con precios calculados en función del final de venta de las viviendas, y a precios absolutamente suicidas los rústicos con esperanza de reconversión a urbanizables, dados los contactos y relaciones entre agentes financieros, intermediarios, comisionistas, políticos y resto del espectro interviniente.

Para ello, se convenció (fácilmente) al capital, a los banqueros de toda la vida: Yo, a cambio de tomar el control de todo el negocio, te voy a hacer mucho más rico de lo que eres; vas a ganar en un año más de lo que has venido haciendo en los últimos cinco, el valor de tus acciones se va a multiplicar por varios dígitos, pero a cambio, yo también me tengo que hacer rico, legalmente, pero rico. Y para eso, tengo que hacer crecer el negocio de manera exponencial, como sea, pues el mercado se encuentra en una onda expansiva a la que no se le ve fin, y tengo que prejubilar a los eficientes y cautos gestores que hasta ahora había, tanto por rebajar el capítulo de gastos, como para colocar y dar carrera profesional a jóvenes aguerridos, dinámicos y agresivos, que no preguntan nada, solo venden lo que se les dice.

Locura colectiva y círculo de despropósitos en el que el estado (central, autonómico y ayuntamientos) tenían elevadísimos ingresos por impuestos y servicios; las entidades financieras (bancos y cajas de ahorro) grandes beneficios, de tal forma que abriendo una oficina en un bloque de viviendas por ellos financiado, era rentable desde el primer día, prestando a plazo de treinta años con fondos obtenidos en función del euribor a un año;  los promotores (muchos) se hacían ricos sin poner un duro; los partidos políticos, absolutamente contentos por el bienestar social existente y por los préstamos bancarios recibidos, de cuyo resultado final el público en general desconocemos situación; y los particulares (muchos) restregándose los ojos porque ni en sueños pensaban que podían llegar a tener una vivienda como la que el banco les había financiado, y eso, sin que a ninguno le pusieran una pistola en el pecho para firmar el préstamo.

El “año hipotecario” en España fue el 2006, con más de un millón y medio de hipotecas formalizadas. Y se hizo bueno aquello a lo que el gran Antonio Machado puso métrica y compás: “Todo necio / confunde valor y precio”. El valor eran mil quinientos euros el metro cuadrado, y el precio cuatro o cinco mil euros el metro cuadrado. ¿A dónde ha ido a parar el dinero entre ambas cifras? Su destino es un secreto casi tan grande como el tesoro de los templarios.

Y el estado, en todos sus niveles, se endeudó más allá de una buena y leal administración; los bancos, entre otras muchas cosas, concedieron préstamos a largo plazo endeudándose a corto,  saltándose la prudencia y las Políticas de Riesgo que tienen autorizadas por sus Consejos de Administración y refrendadas por el Banco de España de que cualquier prestatario debe: a) generar tesorería presente y futura para hacer frente al pago de sus deudas, b) solvencia económica acorde al importe prestado y c) solvencia moral de hacer efectivo su cumplimiento. Y, lo que es peor, nadie tomó medidas correctoras.

Todo ello en conjunto, degradó la solvencia de España como marca en los mercados mundiales, que se ha ido superando mediante un aumento exagerado de la Deuda Pública, que ha pasado de 392 mil millones de euros, el 39,10% del PIB en 2006, a 1.392 mil millones de euros, el 125,14% del PIB en marzo 2021.

La crisis financiera se cerró en falso y aunque la morosidad bancaria ha bajado oficialmente a menos de la mitad entonces existente, ha influido en ello de forma decisiva el cambio contable de “Operaciones en Seguimiento Especial” (Mora futura), “Bienes muebles e inmuebles adjudicados” (Mora aparcada en subsidiarias) y “Suspenso” (Mora con más de un año de antigüedad, totalmente amortizada), que es cierto ha saneado los balances, pero no significa que los impagos hayan sido menores. Ha bastado no repartir dividendos para volver a la senda de resultados positivos, en un mercado cada vez más atomizado, poniendo más énfasis en la reducción de gastos vía cierre de oficinas y despido de trabajadores bajo distintas nomenclaturas, con unos tipos de interés sostenidos ficticiamente por los distintos gobiernos mundiales, y una competencia que les está llegando desde grandes empresas de todo tipo que tiene exceso de liquidez y financian a consumidores particulares, lo que hace cada vez más difícil ganar dinero para retribuir al accionista y calmar los mercados, con unas cotizaciones muy alejadas del precio que tenían en sus mejores momentos.

Atemperado el tema coronavirus, con un alto índice de paro y de precariedad laboral de los que trabajan, en este año 2021 empieza a repetirse el mismo error, inconsistencia económica entre los deudores, relajación en los porcentajes de financiación y nueva guerra comercial, ahora silente, entre las distintas organizaciones bancarias. Una empresa no sobrevive sin vender; pero quiebra si no cobra.

Antonio CAMPOS

Publicado en https://www.eldiestro.es/2021/09/una-empresa-no-sobrevive-sin-vender/

Simulación de delito

En los últimos tiempos se están produciendo una serie de hechos, sospechosamente casuales, pero jurídicamente perfectos, que, sin pasar desapercibidos para el gran público, no tienen una resolución suficientemente publicitada con el mismo tipo de letra y/o altavoz que la noticia inicial.

La policía detiene a atracadores, violadores, bandas organizadas, manifestantes que agreden físicamente a las fuerzas públicas, y todos estos hechos son recogidos con grandes titulares en la prensa y otros medios de comunicación. Lo que nadie publica es el tiempo que tardan en salir en libertad, con o sin cargos, cuanto tardan en volver a delinquir, cuando se celebra el juicio correspondiente y qué pena o sanción se les impone. Y si se trata de individuos extranjeros y en grado sumo si no pertenecen a la Unión Europea, se palía al máximo la repercusión mediática, la nacionalidad y los rostros.

Hasta tal punto llega la idiocia que una periodista, típica representante de la “España Olegaria”, dice textualmente que “es intolerable defender que unos niños inocentes sean expulsados del país por violar a una chica. Ellos vienen de otra cultura diferente y no saben que eso está mal, lo tenemos que comprender y respetar”.

Esos niños tienen entre 15 y 18 años y un instrumento peneano para mujeres con gran experiencia, más adecuados para “un coño como una mesa de grande”, ese piropo que le parece muy bonito a nuestra ministra de Igualdad dicho sobre su persona, la que quiere apartar de las ayudas de la UE a aquellas empresas que no usen el lenguaje inclusivo de “todes”, que de principiante chica española. Estoy de acuerdo con ella, dónde va a parar decirle a una mujer eso en vez de ¡qué guapa estás! o ¡tienes unos labios preciosos!, porque esto sí que es acoso sexual, moralmente libidinoso.

Defectos de forma en la instrucción de sumarios que la policía lleva investigando más de un año, fuegos y ataques a la sede de algunos partidos políticos, balas que se envían por correo y se saltan no sé cuántos controles, un chaval de 20 años homosexual, que dice haber sido violado por unos desconocidos y confiesa que fue un montaje cuando se ve descubierto por la policía en su mentira, ojo al tinglado, perfectamente orquestado y documentado por el protagonista, que desconozco si tiene conocimientos jurídicos para ello, probablemente tipificado como “simulación de delito” por lo que, en el peor de los casos, con una multa de 180 euros se irá libre y sin más cargos, y que el fiscal duda si impulsa o no la acción judicial contra él … Estoy seguro, en la mayoría de los casos descritos, la policía ha llegado hasta dónde le han permitido.

Algún día, alguien, escribirá “Historias de La Palanca”, ese barrio bilbaíno que era un lujo de alegría, a la vez que tranquilidad, en el puterío de los años setenta del siglo pasado. También pululaban por aquellas calles muchos homosexuales, prohibido en aquella época, y nadie se metía con nadie. Daba gusto tomar allí una cerveza y ver el jolgorio que reinaba, eso sí, vigilado siempre por lo que se conocía como la policía secreta y guardando, en la distancia, el frontal, o la espalda, de algunos de los que periódicamente se abastecían de la única farmacia que, abierta a todas horas, había en la calle de Las Cortes.

Pasados los años, por razones de trabajo, tenía muy cerca el barrio de Chueca cuando los primeros homosexuales, creo recordar que holandeses, empezaron a llegar a esa zona de Madrid. Los vecinos los acogieron con los brazos abiertos porque con su llegada se marchaban los yonquis, drogadictos y la delincuencia que hasta entonces ocupaban las calles. Los homosexuales compraron casas antiguas, recuerdo una en concreto, una planta entera, de cuatrocientos metros cuadrados, que se vendió en cinco millones de pesetas, treinta mil euros, y que hoy, reconvertido en apartamentos, puede valer sobre dos millones de euros. Y nadie se metía con nadie.

El caso de este último chaval presuntamente violado en Malasaña en Madrid, ha sido aceptado como artículo de fe -yo sí te creo – entre otros, por Irene Montero, Pablo Echenique, Carolina Alonso, de Podemos; Pedro Sánchez, Marlaska, ambos del PSOE; Íñigo Errejón, Mónica García, de Más País; una periodista televisiva, lesbiana, que ha escrito que “Vox y los gays, cuando regalas lanzallamas a tus hordas, lo raro sería que no prendieran fuego”; otro periodista, muy famoso, dice que no se siente seguro en Madrid por ser homosexual …. La maldad de la extrema izquierda, de los lobbies subvencionados y de los periodistas hooligans, no ha tenido límite. En resumen, la izquierda y el colectivo LGTBI se hacen las víctimas, con carácter general, de desafortunados hechos puntuales que todos lamentamos y que, estadísticamente, son muchos menos que los suicidios, los muertos en carretera, los accidentes laborales o los fallecidos por cáncer; y para ninguno de estos problemas hay un ministerio ni se gastan los millones de euros que se asignan al Ministerio de Igualdad.

Pedro Sánchez se compromete a evitar los delitos de odio tras las agresiones homófobas: “No habrá otra vez armarios”. El ministro Marlaska califica de “anecdótico” el giro del “caso Malasaña” y pide “no banalizar” con el aumento de delitos de odio que, según él, han subido el 10% en el último año. Miedo me da pensar si en sus sentencias como juez que fue se basó en pruebas evidentes o se dejó llevar por indicios iniciales inconsistentes.

No sé si ahí el Ministro del Interior incluye el odio a los españoles en Euskadi, Baleares y Cataluña; el odio palpable en los ongi etorri a los asesinos convictos y confesos de ETA; el odio a los viejos por esos que quieren prohibirles votar para poder llegar ellos al poder; el odio al cristianismo de quienes quieren derribar una cruz de ciento cincuenta metros de alto, como los talibanes derribaron sus esculturas históricas, y en cambio salvan una media luna de cartón en las Fallas valencias; el odio a los hijos de los guardias civiles en Cataluña, que son señalados y apartados en los colegios; como otros actos enmascarados en libertad de expresión, pero con un fondo evidente de odio hacia quien no piensa como uno mismo.

Los españoles no somos homófobos, nadie se mete con lo que cada uno haga en su casa, muchísimos homosexuales ocupan puestos de relevancia política, económica o social, son respetados y conviven sin incidencias de ningún tipo. Que hay algunas personas que se meten, molestan e incluso agreden a estos colectivos, pues sí. Igual que hay algunos curas pederastas, algunos directores de banco infieles con su empresa, algunos militares que incumplen su juramento, algunos futbolistas o tenistas que se venden a las apuestas, algunos periodistas que se dejan sobornar (los famosos sobres de los toreros de los años sesenta, para que ninguno actual se dé por aludido), fontaneros que no pagan el IVA y defraudadores de Hacienda. ¿Son mayoría? No, rotundamente no. La única diferencia es que del tema de ese feminismo mal entendido y del colectivo LGTBI viven muchas personas, evidentemente a costa de subvenciones, que no encontrarían ningún puesto de trabajo fuera de la canonjía que las cobija.

Publicado en PUERTA DE MADRID de Alcalá de Henares el 17-09-2021

Un cuento del Gobierno

Pedro Sánchez declara en TVE que “aquí hemos vacunado a todo el mundo y no hemos preguntado ni su origen, ni sus creencias, ni lo que votaban”.

Hay que ser canalla, malvado y ruin, para decir eso; él es el presidente de todos los españoles, de los que le votan y de los que no le votan, hasta de esos inmigrantes musulmanes de los que ninguno se ha vacunado. Es una muestra evidente, lapsus linguae que deja ver sus verdaderas ideas, gobierna únicamente para los suyos, yo creo que para él solo, para pasar a la historia como el peor dirigente político español desde el siglo XIX.

Está en imprenta, y prevista su venta para el próximo mes de octubre, mi libro titulado UN CUENTO DEL GOBIERNO en el que dejo testimonio con datos, citas, artículos y referencias documentadas, al único propósito de dejar constancia para el futuro, de la realidad de lo ocurrido en España con la pandemia del coronavirus, en donde, aprovechando el estado de alarma, declarado posteriormente inconstitucional, vivimos un deficiente control parlamentario, político y social, no antes visto en la historia de la democracia. Una situación en la que las autopsias no parecían necesarias, las cifras de muertos nunca estuvieron claras y las fotografías y reportajes no llegaban a los medios de comunicación.

Todo ello, bajo el mando único centralizado del Gobierno del Sr. Sánchez, que traspasó la responsabilidad a las Comunidades Autónomas cuando el tema se le fue de las manos, con importante retraso en poner en funcionamiento las medidas necesarias para tratar de atajar el problema y realizando compras de material sanitario a precios muy por encima de mercado. Sí ha hecho una cosa bien: Ha comprado muchas vacunas, algunas revendidas o regaladas a otros países, aumentando la Deuda Pública, dinero bien empleado, no como el que destina a acoger a todo el que llega a este país a vivir de forma regalada durante toda su vida, o a fortalecer el poder bélico de ciertas autonomías que alguna vez se volverá en contra de todos los españoles.

Porque en la misma entrevista, declaró que, de esa mesa de negociación bilateral prevista entre España y Cataluña, como si esta Comunidad Autónoma fuese un país del mismo rango que España, saldría “un referéndum dentro de la ley”.

El 30 de junio de 2021 compareció en el Congreso de Diputados y dijo que “no habrá referéndum de autodeterminación …..” Y yo escribí: Conociendo al personaje y la mentira permanente en la que está establecido desde que llegó a la presidencia del Gobierno, la trampa está en la expresión “referéndum de autodeterminación”. No hace falta tal consulta si la Generalitat organiza una o varias votaciones, sin que sean legalmente vinculantes, preguntando sobre la independencia con una frase retorcida gramaticalmente, con censos a la medida y sin control democrático, para que el resultado sea “el sentir del pueblo catalán” y sirva de justificación, con pátina de mayoría en las urnas, para tomar la calle y reclamar o volver a proclamar la república catalana en nombre del pueblo.

Le respondió el líder de ERC, Gabriel Rufián, que le llamó mentiroso de una forma inusual en este parlamentario, o sea, con educación, diciéndole “Usted ha dicho que nunca habrá un referéndum de autodeterminación; la verdad es que también dijo que nunca habría indultos, así que, denos tiempo”.

Los socios de Pedro Sánchez en el Gobierno, Podemos, manifestaron que “estos son los mínimos consensos con los que debemos ir a la mesa de diálogo, autodeterminación y amnistía”.

Un refrán es un dicho agudo y sentencioso de uso común. “En la mesa y en el juego se conoce al caballero”. Pedro Sánchez está acostumbrado a jugar sucio, a decir una cosa y la contraria, a vender su alma al diablo con tal de mantenerse en la columna peridiana del poder. Ha concedido prebendas a las autonomías proindependentistas impensables hasta que este ególatra llegó al poder y que, ojalá, no tengamos que lamentar en el futuro.

La oposición, liderada por el estatuario Casado, se limita a pequeños discursos de repulsa, sin una posición clara sobre sus propuestas y su postura política en el supuesto de llegar a la situación descrita, ni cuál es su proyecto nacional si alcanzase el Gobierno de España.

Esperemos acontecimientos para comprobar si Pedro Sánchez miente una vez más y sigue haciendo concesiones a los secesionistas hasta que acabe todo en un proceso de independencia de Cataluña, al que seguirían otras regiones de España con las mismas pretensiones.

Septiembre

Septiembre, inicio curso. Parlamento nacional, paquebotes varados en puerto al abrigo de cualquier tempestad, sempiterno manual de supervivencia; aniversario agresión medieval al mundo del siglo XXI; guerra incruenta a la Constitución española y a la pacífica convivencia establecida, diseño escurialense de escuadra y compás, tropas combatientes con mentes cinceladas desde la más tierna infancia; vuelta al colegio, avance de curso sin superar prueba de conocimiento alguno, prefacio de deambulantes sociales futuros; dificultades financieras, deuda explosiva, pública y privada, solo ahorran los obreros, de mono y de corbata; suspenden pagos empresas, preámbulo de su desaparición; otras hacen un esfuerzo final para conseguir los objetivos del año; lluvia sobre pantanos secos, ahogados en la ambición de la especulación eléctrica; inflación en subida libre, sin medidas económicas que palien la pobreza; agua al mar para un país estancado en las tres -C- de cemento, cerveza y corrupción; el coronavirus muta y seguimos sin saber a ciencia cierta ni de dónde ha venido ni a dónde va; mucho paseante joven ocioso a media mañana en las plazas de los pueblos; más estrecheces dinerarias para la casi ya extinta clase media; jubilados cercenados en su economía; las playas, sol de ocaso veraniego, museo al aire libre con esculturas animadas de Botero. Mes agotado. España, hoy.

Lo peor de nosotros mismos

“El referéndum es irrenunciable” ha dicho Pere Aragonès, presidente de la Generalitat de Cataluña y pide una «alianza entre instituciones, partidos, sociedad civil y ciudadanía», tanto independentistas como no independentistas, para «hacer inevitable un referéndum» que considera «irrenunciable» para resolver el conflicto catalán.

«Catalunya está a las puertas de hacer una cosa que no había conseguido nunca antes: abrir una negociación con el Estado, de gobierno a gobierno, para abordar cómo resolvemos el conflicto”.

La presidenta del Parlament, Laura Borràs, advirtió a Pere Aragonès que sí hay una alternativa: la «unilateralidad» …. «Si alguien cree que, ante la oportunidad que tenemos de discutir delante del Estado el derecho a la autodeterminación hemos de renunciar a ello, que me diga qué hacemos».

Aliança Catalana, partido nacionalista extremista, en el primer punto de su programa señala: “Declararem unilateralment la independència i la defensarem fins expulsar definitivament l’Estat espanyol de Catalunya”.

Héctor López Bofill, nacido en Barbate (Cádiz), profesor de la Universidad Pompeu Fabra y colaborador habitual de TV3, escribe: “Yo creo que a estas alturas de la película todo el mundo sabe que para controlar el territorio y hacer efectiva la independencia habrá 10.000 soldados sean rusos o catalanes”.

Los independentistas catalanes solo hablan de “besos y abrazos” cuando se les concede todo lo que demandan, cuando se les da la razón a sus reclamaciones “irrenunciables”.

Si a todo esto alguien contesta que, para cumplir la Constitución de todos los españoles, habrá en Cataluña soldados integrantes de un Tercio de La Legión, un Regimiento de Paracaidistas y un Batallón de Boinas verdes, ¿es un facha?

Cataluña ha perdido sus guerras históricas y ahora “llora como mujer lo que no supiste defender como hombre” que dijo la sultana Aixa, madre del último rey islámico de Granada, Boabdil el Chico. Los confederados estadounidenses perdieron la Guerra de Secesión y nunca más se volvió a hablar de ello, hoy es una única nación en la que todos sus habitantes, sin distinción de ningún tipo, muestran, respetan y se enorgullecen de su himno y bandera nacional. Verdaderamente, España es diferente. Aquí nos dedicamos a reescribir la historia pretendiendo ganar la guerra sin disparar un solo tiro, únicamente arrojándonos unos a otros lo malo, lo peor, de nosotros mismos.

Antonio CAMPOS

Publicado en eldiestro.es/2021/09/lo-peor-de-nosotros-mismos/