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Todo a Cien – 220 El espejo

Es specullum romano era una superficie pulida en la que reverbera la luz que choca contra su plano y debido a lo cual podemos observar nuestra imagen reflejada en ellos. En la actualidad, realmente son cristales que contienen detrás una capa de aluminio.

Utilizado igual para hacer señales de guerra que de amor, es compañero fiel de casi todas las mujeres y de otros diversos sexos, que acicalan su presencia física ante ese espejo que portan en su bolso de mano.

Hay algunas, en general, que tropiezan; aquí hay que acordarse de ese cura nuevo que llega a un pueblo en el que la mayoría de las calles eran empedradas y había muchas mujeres que tropezaban. Y, al tropezar y caer al suelo, se rompe el espejo. Por mucho esmero, empeño y tiempo que inviertas en recomponerlo, nunca volverá a ser ese maravilloso adminículo que devolvía feliz el rostro de los enamorados, la confianza del amigo o la consideración del jefe que admiraba al trabajador.

Si se rompe el espejo, se ha roto una etapa de la propia vida.

 

 

Publicado en el Blog de Campos el 31-05-2017

Todo a Cien – 200 No te merece

Hay muchas relaciones de pareja y matrimonio en las que el respeto no existe, quien no te valora, no te merece. Eso es algo que toda persona debiera tener en mente. El respeto empieza por uno mismo, que se te valore o no depende de ti, solo de ti.

Las personas que se quieren a sí mismas, alcanzan su control, su paz interior y piensan en ellos, y luego en los problemas; entonces, es imposible que otra persona te controle y te manipule.

Quien te utiliza, te usa para que uses la tarjeta de crédito, para calmar un tiempo sus picores sexuales (masculinos, femeninos o neutros), quien te olvida, quien no está a tu lado en los momentos difíciles, quien juega con tu persona, no te merece.

Y la culpa es tuya, y solo tuya, si persistes en tropezar una y otra vez en la misma piedra.

Ama, quiere, respeta, valora, lucha por la persona adecuada, la que te ama, te quiere, te respeta, te valora y lucha por ti. No pierdas por error a quien te quiere, y no intentes querer por error a quien no le importas. La vida es un suspiro, no dejes pasar el tren de tu futuro.

 

Publicado en el Blog de Campos el 11-03-2017

Historia del vibrador

Esta semana ha aparecido una noticia en internet sobre un médico de la pedanía de Llanos de Brujas en Murcia, que atendió a una mujer joven que presentaba síntomas de desfallecimiento. Su diagnóstico fue que “estaba mal follada”.  Han saltado todas las alarmas, pero el asunto no es de hoy.

 

En la antigua Grecia, cuando una mujer sufría de histeria, se decía que padecía de “útero ardiente”, luego en la Edad Media se la denominó como “sofocación de la matriz” y se suponía que su causante era la abstinencia sexual, ya que ésta provocaba la retención del “esperma femenino”, responsable del padecimiento. De hecho existió una época en la que se recomendó que la comadrona se impregnara un dedo en aceite de lirio o de nardo, que lo introdujera en la vulva de la mujer histérica y lo agitara fuertemente. Más formalmente, se aconsejaron las relaciones sexuales, por lo que muchas veces la maternidad acabó transformándose finalmente en el tratamiento salvador de las mujeres histéricas.

En la Inglaterra victoriana del siglo XIX, los médicos solían combatir la histeria femenina acariciando manualmente el clítoris de las pacientes hasta que pudieran alcanzar el orgasmo, que en esa época era conocido como paroxismo histérico, puesto que consideraban que el deseo sexual femenino reprimido era una enfermedad.

 

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Ya cansado y dolorido de utilizar su mano, el doctor Joseph Mortimer Granvilla desarrolló el primer vibrador eléctrico en la década de 1880. El objetivo era utilizarlo en su consultorio como una herramienta terapéutica contra la histeria, que en aquellos años asolaba a las mujeres como una especie de epidemia. El único problema era su tamaño industrial. La paciente se tumbaba en un diván y el doctor le aplicaba el vibrador electromecánico en la entrepierna, consiguiendo un orgasmo en unos 10 minutos, más o menos.

 

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Lo más curioso es que en aquella época se consideraba impropio que una mujer entrara sola al consultorio de un médico, por lo que generalmente las madres y en algunos casos los maridos de las pacientes, se sentaban tranquilamente a un lado de la camilla mientras el médico masturbaba a su hija o esposa.

 

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Como naturalmente resultaba un tanto engorroso acudir al médico para ver como a la paciente le aliviaban la histeria, el potencial mercado para los vibradores de mano era enorme, y esto fue aprovechado enseguida por la empresa Hamilton Beach que los patentó en 1902. Para esa época, el vibrador personal fue el tercer aparato eléctrico disponible en los hogares, solamente precedido por la nevera y el ventilador, pero mucho más antiguo que la plancha eléctrica, la licuadora y la aspiradora. Las mujeres podían comprar sus aparatos por correo ya que se anunciaban normalmente en revistas de decoración y bordado. Por ejemplo, un anuncio de 1910 decía:

“La cura al envejecimiento ha sido descubierta en las vibraciones. Los más grandes científicos dicen que le debemos no sólo nuestra salud sino también la misma vitalidad a esa fuerza maravillosa. La vibración promueve la vida y el vigor, la fuerza y la belleza. Si su cuerpo vibra, usted se sentirá bien y no enfermara jamás.”

Su comercialización llegó a tal extremo que algunos modelos incluían un recambio adaptable que convertía al vibrador en una batidora.

 

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Para la década de 1920, en los hogares norteamericanos había más vibradores que tostadoras; y aunque desaparecieron de las consultas de los médicos, seguían considerándose aparatos clínicos para proporcionar relax a las “histéricas” más inquietas.

La buena imagen y reputación de los vibradores cambió completamente a mediados del siglo XX por dos razones. Primero porque en 1952, la Asociación Americana de Psiquiatría declaró oficialmente que la histeria femenina no era una enfermedad legítima, sino un mito anticuado, y el segundo motivo fue que la popularidad del cine hizo que las películas pornográficas tuvieran más difusión, y varias de ellas mostraban actrices utilizando el vibrador como juguete sexual y la gente los empezó a ver como objetos de perversión. Esto originó que los vibradores desaparecieran de las revistas femeninas, catálogos y estantes de tiendas populares como Sears, donde se habían vendido durante casi medio siglo.

 

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A mediados de la década de 1970, en plena explosión del feminismo, la sexóloga americana Betty Dodson empezó a utilizar vibradores en sus talleres de salud sexual femenina y poco después los aparatos fueron reapareciendo en los estantes de farmacias especializadas, y no únicamente en los sex shops. También recibieron otro gran impulso en 1986, cuando el Dr. Everett Koop lo incluyó en una lista de prácticas de sexo seguro dentro de un folleto de prevención del SIDA que se envió a los 107 millones de hogares estadounidenses, siendo este el mayor correo enviado en la historia de ese país.

Estos aparatitos han ido evolucionando a la par de la tecnología y hoy es posible encontrarlos hasta como un accesorio para el Ipod, que vibra al compás de los sugerentes ritmos musicales.

 

Publicado en el Blog de Campos el 14-09-2016

 

 

 

 

 

¿Te merece?

Por Cristian Testa, Marzo 2007

 

Cuentan que había una vez un rey muy apuesto que estaba buscando esposa. Por su palacio pasaron todas las mujeres más hermosas del reino y de otros más lejanos; muchas le ofrecían además de su belleza y encantos muchas riquezas, pero ninguna lo satisfacía tanto como para convertirse en su reina.

 

 

Cierto día llegó una mendiga al palacio de este rey y con mucha lucha consiguió una audiencia. “No tengo nada material que ofrecerte; solo puedo darte el gran amor que siento por ti” le dijo al rey: “si me permites puedo hacer algo para demostrarte ese amor”. Esto despertó la curiosidad del rey, quien le pidió que dijera que sería eso que podía hacer.

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Donabond

Hubo un tiempo en el que los hombres caían en una depresión cuando cumplían los cuarenta años y la esperanza de vida no iba más allá de tres o cuatro años posteriores a su jubilación. ¿Qué he hecho en mi vida? ¿Qué he hecho con mi vida? “De los cuarenta para arriba, no te mojes la barriga”. Hombres ajados por el trabajo y el esfuerzo de largas peonadas, con y sin corbata, radio novela a la hora de cenar, luego televisión en blanco y negro, y futbol los domingos, eso sí, en donde se podía insultar al árbitro y a los futbolistas y no pasaba nada. Nunca pasaba nada si no te metías con Franco o con la Falange, en cuyo caso te daban a elegir el número de vergajo, en función de su longitud, con el que te molían las costillas.

 

La mujer de esa época casi nacía ajada, establecida en los parámetros que años antes, en 1897, escribía Joaquín Costa: “Ante todo, es preciso tener en cuenta el recogimiento extraordinario, causi musulmán, en que viven las solteras y el cuidado extremado que se guarda con ellas. Desde que, a los trece o catorce años dejan de asistir a la escuela, no les es ya lícito salir nunca solas de su casa … para andar por la calle, es requisito indispensable que las acompañe alguno de sus hermanos o de sus padres, o una persona de respeto que tenga la confianza de estos”.

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La inteligencia de la mujer

Una mujer recién divorciada, pasó el primer día bien triste empacando sus cosas en baúles y maletas y su mobiliario en grandes cajas.

El segundo día vinieron y recogieron sus pertenencias y muebles.

El tercer día se sentó en el suelo en el comedor vacío, puso música suave, dos velas, dos kilos de camarones, un plato de caviar y una botella de vino blanco frío hasta más no poder.

Cuando terminó de comer, desmontó todas las barras de las cortinas de cada cuarto, le quitó los tapones de los extremos y dentro le puso la mitad de los camarones y un buen poco de caviar y las colocó de nuevo con sus tapones de los extremos.

 

 

El marido se quedó con la casa con nuevos muebles y con nueva novia. Todo fue perfecto los primeros días.

Lentamente, la casa empezó a oler muy mal.

Trataron de todo: limpiaron y airearon toda la casa. Los ventiladores fueron revisados por si hubieran ratones muertos. Y las alfombras fueron lavadas.

En cada esquina se colgaron perfumadores de aire. Se gastaron cientos de botes de spray de olor. Hasta pagaron para cambiar todas las caras alfombras de la casa.

¡¡Nada funcionó!!

Nadie volvió a visitarlos, los trabajadores se negaban a trabajar en la casa y hasta la sirvienta renunció. Finalmente, el marido y la novia tuvieron que mudarse ya desesperados.

Pasado un mes no habían encontrado a quien venderle la hedionda casa. Inclusive los vendedores se negaban a responder a sus llamadas.

Decidieron gastar muchísimo dinero comprando una nueva casa. La ex esposa llamó al hombre para asuntos del divorcio y le preguntó que cómo estaba. Él le contestó que bien, que estaba vendiendo la casa pero sin decirle las verdaderas razones.
Ella lo escuchó con mucha calma y le dijo que ella extrañaba demasiado la casa y que ella hablaría con los abogados para arreglar los papeles con tal de que conseguir la casa de nuevo.

Él suponiendo que su ex esposa no tenía la menor idea del mal olor, aceptó la negociación por una décima parte del precio real de la casa con tal de que ella firmara ese mismo día.

Ella aceptó y en menos de una hora él le mandó los papeles para firmarlos.

Una semana más tarde el hombre y su novia se pararon en la puerta de la vieja casa con una sonrisa en los labios viendo como empacaban todos sus muebles y los metían en un camión camino a su nueva casa ……. incluyendo las barras de cortinas.

“LOS HOMBRES DEBERIAMOS ENTENDER QUE LAS MUJERES SON INTELIGENTÍSIMAS, INVENCIBLES, IMPARABLES E INSUPERABLES”.

 

Publicado en el Blog de Campos el 05-05-2016

 

Todo a Cien – 116 Doña María

Esperaba pacientemente en la fila para llegar a la ventanilla del banco, papelito en la mano con un número, facilitado por un amable jovenzuelo que estaba al lado de una máquina que ella no entendía. Buenos días, Carmen. Buenos días Doña María. Como todos los meses, a ver cuánto he cobrado de pensión. Pues han sido setecientos tres euros. Está bien, hacemos el apartado de siempre: Sesenta euros para la comunidad; cuarenta para la luz y el gas; otros veinte para el teléfono; cien para mi nieto; otros cien los dejas en la cartilla para cuando haya que pagar el IBI; me das trescientos para comer; cincuenta para mis cosillas y el resto lo envías, ¿a dónde fue el mes pasado? A la Cruz Roja. Bueno, pues este mes a Cáritas. Muchas gracias, hasta el mes que viene, hija, Dios te bendiga. Usted sí que es una bendición de Dios.

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Publicado en PUERTA DE MADRID de Alcalá de Henares del 18-12-2015, pág. 13