Archivo | España RSS for this section

España – La Constitución no es perfecta

José María Gil Robles y Quiñones (Salamanca, 1898 – Madrid, 1980). Político español. Licenciado en Derecho. Se inició en la política bajo la dictadura de Miguel Primo de Rivera (1923-30), colaborando con el ministro José Calvo Sotelo en la redacción del Estatuto Municipal.

Tras la caída de la Dictadura y la proclamación de la Segunda República (1931), consiguió un acta de diputado en las Cortes constituyentes. En aquel mismo año alcanzó el liderazgo del partido Acción Popular.

 

José María Gil Robles

 

En 1933 consiguió formar alrededor de su partido una gran coalición conservadora, la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), que resultó el partido más votado en las elecciones de aquel año.

En 1935 la CEDA obtuvo cinco carteras en el Gobierno, con Gil Robles como ministro de la Guerra.

En las elecciones celebradas en 1936 se dio un retroceso importante de la CEDA, paralelo al triunfo de las fuerzas de izquierdas agrupadas en el Frente Popular.

Al producirse finalmente el golpe militar en el verano de aquel año, Gil Robles prefirió salir de España y desarrolló una campaña de apoyo a los sublevados desde Portugal. Tras el triunfo en la Guerra Civil (1936-39) del bando de Franco, Gil Robles se integró en el Consejo Privado de D. Juan de Borbón y Battenberg.

En 1953 regresó a España e intentó formar un movimiento demócrata-cristiano; fue represaliado por la Dictadura por su participación en el IV Congreso del Movimiento Europeo. Denominado peyorativamente por los falangistas como el «Contubernio de Múnich», en aquel cónclave celebrado en 1962 habían participado opositores al régimen franquista. Y en la lista de participantes estaba Gil-Robles.

Volvió a la política activa tras la muerte de Franco en 1975. Participó entonces en la formación de la Federación Demócrata Cristiana, con la que se presentó a las elecciones de 1977, en las que fracasaron tanto él como su opción política.

Leer Más…

Anuncios

España – Secretos de la democracia – Los crímenes de Atocha

De: https://es.wikipedia.org/wiki/Matanza_de_Atocha_de_1977

 

La matanza de Atocha de 1977 fue un atentado terrorista cometido por terroristas de extrema derecha en el centro de Madrid la noche del 24 de enero de 1977, en el marco del llamado terrorismo tardofranquista.

Un comando ultraderechista penetró en un despacho de abogados laboralistas del Sindicato Comisiones Obreras (CC. OO.) y militantes del Partido Comunista de España (PCE), situado en el número 55 de la calle de Atocha y abrió fuego contra los allí presentes, matando a cinco personas y dejando heridas a cuatro. Fueron condenados José Fernández Cerrá y Carlos García Juliá a un total de 193 años a cada uno de ellos, y a Francisco Albadalejo, a un total de 73 años.

Los terroristas llamaron al timbre del piso entre las 22:30 y 22:45. Al parecer, iban en busca del dirigente comunista Joaquín Navarro, secretario general del Sindicato de Transportes de CC. OO. en Madrid, convocante de unas huelgas anteriores que, en buena medida, desarticularon la que llamaban mafia franquista del transporte. Al no encontrarlo, ya que había salido un poco antes, decidieron matar a los presentes. Eran dos jóvenes con armas de fuego con quienes iba una tercera persona, encargada de cortar los cables del teléfono y registrar los despachos. Esa misma noche, varios individuos asaltaron también un despacho del sindicato UGT, en la calle Fernando VI, que se hallaba vacío. ​

Como consecuencia de los disparos resultaron muertos los abogados laboralistas Enrique Valdelvira Ibáñez, Luis Javier Benavides Orgaz y Francisco Javier Sauquillo; el estudiante de derecho Serafín Holgado; y el administrativo Ángel Rodríguez Leal. Resultaron gravemente heridos MNiguel Sarabia Gil, Alejandro Ruiz-Huerta Carbonell, Luis Ramos Pardo y Lola González Ruiz, casada con Sauquillo.

Una de las abogadas del bufete, Manuela Carmena, pudo evitar el atentado porque Luis Javier Benavides le había pedido usar su despacho para una reunión y marchó a otro bufete situado en la misma calle a dos manzanas de distancia. ​ Carmena es desde 2015 la alcaldesa de Madrid.

​Al entierro de las víctimas de Atocha asistieron más de cien mil personas. Fue la primera manifestación multitudinaria de la izquierda después de la muerte del dictador Franco, y transcurrió en silencio y sin incidentes. Le siguieron importantes huelgas y muestras de solidaridad en todo el país, además de un paro nacional de trabajadores el día después del atentado. En estas muestras de fuerza se dio la paradoja de que las fuerzas de seguridad incluso protegieron a los miembros de un partido todavía ilegal, el Partido Comunista de España, contribuyendo en buena medida –incluso algunos lo consideran como el momento decisivo– para su legalización. En abril, tres meses después, la legalización se oficializó el día conocido como Sábado Santo Rojo, por ser sábado de la Semana Santa, festividad católica para así aprovechar y mitigar parte de la oposición política y militar en vacaciones. En febrero el gobierno de Adolfo Suárez ya había comenzado a legalizar otros partidos, como el PSOE o el PNV.

La matanza de Atocha es quizás el clímax o el momento más grave de los distintos sucesos violentos que van sucediéndose, poniendo en peligro un cambio político y social en el país, con atentados del grupo terrorista vasco ETA –responsable de 28 muertos en 1977–, el maoísta GRAPO –en el mismo mes responsable de la muerte de dos guardias civiles y un policía– o, por ejemplo, de otras organizaciones, como el Movimiento por la Autodeterminación e Independencia del Archipiélago Canario (MPAIAC). En junio se convocan las primeras elecciones generales democráticas posteriores a la dictadura franquista, en un ambiente de gran efervescencia o inquietud social y político que a muchos les recordó la proclamación de la Segunda República en el año 1931.​

Los asesinos, creyéndose bien amparados por sus contactos políticos, no se tomaron la molestia de huir de Madrid. Desconocían que para el gobierno era una prioridad capturarlos, de tal modo que se confiase en el proceso de transición democrática.

En pocos días, la Policía Armada detuvo a José Fernández Cerrá, Carlos García Juliá y Fernando Lerdo de Tejada en calidad de autores materiales de los hechos, y a Francisco Albadalejo Corredera –secretario provincial del Sindicato Vertical del transporte, estrechamente vinculado con la mafia del transporte– como autor intelectual. También fueron detenidos Leocadio Jiménez Caravaca y Simón Ramón Fernández Palacios, excombatientes de la División Azul, por suministrar las armas, y Gloria Herguedas, novia de Cerrá, como cómplice. Sin embargo, los propios agentes declinaron cobrar la recompensa por su captura.

La Audiencia Nacional condenó a los acusados a un total de 464 años de cárcel. José Fernández Cerrá y a Carlos García Juliá, autores materiales de los hechos a 193 años de prisión cada uno; 63 años a Francisco Albadalejo Corredera –fallecido en prisión en 1985–; 4 años a Leocadio Jiménez Caravaca –fallecido en 1985 de cáncer–, y a Gloria Herguedas Herrando, a un año. Uno de los heridos, Miguel Ángel Sarabia, comentaba al respecto en 2005: «Aunque ahora parezca poca cosa, el juicio de los asesinos de Atocha, en 1980 –pese a la arrogancia de los acusados, con camisa azul y muchos asistentes, también de uniforme–, fue la primera vez que la extrema derecha fue sentada en el banquillo, juzgada y condenada»

 

 

https://www.eldiario.es/politica/matanza-Atocha-regimen-murio-matando_0_604739896.html

El régimen agonizaba. Y lo sabía. Franco había muerto en noviembre de 1975 convencido de que todo quedaba “atado y bien atado”, pero el contexto histórico hacía cada vez más inviable que los Principios Fundamentales del Régimen, los “valores del 18 de julio”, jurados en 1968 por Juan Carlos, pudieran seguir vigentes: España tenía ante sí el reto de ser como sus vecinos o ser el búnker nacionalcatólico de Europa Occidental.

Y había algunos que seguían defendiendo que España fuera el búnker nacionalcatólico de Europa Occidental. Franco firmó sus últimas sentencias de muerte semanas antes de morir, en septiembre de 1975; en marzo de 1976 se produjeron los sucesos de Vitoria con cinco huelguistas muertos; en mayo de 1976, los sucesos de Montejurra, con dos carlistas muertos. Y la matanza de Atocha, de la que este martes se cumplen 40 años, fue un símbolo de cómo un régimen mataba en su agonía, de cómo el búnker, los ultras, quienes se aferraban a los girones de un franquismo que no iba a perdurar a quien le dio nombre, seguían apropiándose del concepto de España: una, grande y libre, la rojigualda, la católica; frente a la roja, la plurinacional, la tricolor, la laica. Hasta tal punto se ha convertido en un símbolo, que es uno de los pocos crímenes cometidos por la ultraderecha entre 1939 y 1978 que ha tenido un juicio y un reconocimiento.

En definitiva: tres pistoleros que irrumpen en un despacho de abogados laboralistas un lunes por la noche –entre las 22.30 y las 22.45– para emprenderla a tiros con quienes allí se encuentran. ¿Por qué? Porque eran comunistas y de Comisiones Obreras.

Los tres asesinos se llamaban José Fernández Cerrá, de 31 años; Carlos García Juliá, de 21, y Fernando Lerdo de Tejada, de 23.

Las Comisiones Obreras surgieron en 1962 aprovechando los resquicios de la ley sindical para ser un agente en la negociación colectiva. Así pasó con Joaquín Navarro y el Transporte –que fue elegido como representante de los trabajadores ante el espanto de la dirección del sindicato vertical del transporte–; quien celebraba asambleas precisamente en el despacho de Atocha, 55 para convocar huelgas; cuya presencia estaba prevista ese 24 de enero de 1977: era uno de los objetivos de los pistoleros.

 

El dirigente comunista Simón Sánchez Montero pronuncia unas palabras en el cementerio de Carabanchel, después del entierro de los restos mortales de Enrique Valdevira y Francisco Javier Sauquillo. Madrid, 26-1-1977. EFE/AA

 

Pero Navarro, a quien iban a dar “un susto”, no acudió al despacho. Las víctimas fueron Luis Javier Benavides, Serafín Holgado, Ángel Rodríguez, Javier Sauquillo y Enrique Valdevira. Y los heridos, Alejandro Ruiz-Huerta, Dolores González, Miguel Sarabia y Luis Ramos, estos dos últimos ya fallecidos.

“Yo me libré porque había cambiado el lugar de una reunión”, recordaba la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, en la presentación del libro de Jorge M. Reverte La matanza de Atocha (La Esfera de los libros), en enero de 2016: “Recuerdo los hechos de ese día y los siguientes, se te graban. Y cambiar de un despacho a otro la reunión que tenía que dirigir me salvó la vida, y salvó la vida a otros compañeros que recibieron un burofax cambiando las reuniones. Tengo un recuerdo nítido de lo que pasó”.

 

Manuela Carmena, en 1977, en el documental ‘Los abogados de la democracia’, realizado por Tino Calabuig para la Fundación Abogados de Atocha y CCOO de Madrid, proyectado en el 33 aniversario de los “Abogados de Atocha”.

 

“Siempre que me preguntan, digo que me parece importantísimo hablar del asesinato, que fue un crimen horrible, pero también hablar de la vida que llevábamos”, explicaba Carmena. “Éramos extraordinariamente felices en aquel despacho. La lucha por mejorar la sociedad en la que se vive, por la justicia y la igualdad, en esta situación de mundo injusto en el que vivimos, creo que es importante, esencial”.

La alcaldesa apuntaba un detalle muy propio de aquellos días de tensión: “Hubo un colectivo de obreras y obreros que nos protegieron después de los asesinatos, una cadena que llegaba desde la puerta de la calle hasta el despacho. Recuerdo esa cadena de personas que no tenía capacidad objetiva de protegernos, pero sentí la calidez de todas aquellas personas. Hay que enfocar la injusticia tan brutal de la pérdida de la vida: no están porque hubo alguien que decidió quitarles la vida, nada hay que justifique quitar la vida y por eso nos parece importante su memoria para abrir un camino para las personas que siguen intentando hacer un mundo más justo”.

Si la extrema derecha intentaba buscar una reacción violenta del PCE, se encontró con un funeral silencioso; si los pistoleros esperaban encontrar impunidad, se encontraron con un arresto y una condena… Salvo para uno, Lerdo de Tejada, que aprovechó un generoso permiso penitenciario en abril de 1979, para darse a la fuga, y fugado ha estado hasta hace poco, escondido en Brasil.

En pocos días, la policía detuvo a José Fernández Cerrá, Carlos García Juliá y Fernando Lerdo de Tejada como autores de la matanza. Y también a Francisco Albadalejo Corredera –secretario provincial del sindicato vertical del Transporte– como autor intelectual.

También fueron detenidos Leocadio Jiménez Caravaca y Simón Ramón Fernández Palacios, excombatientes de la División Azul, por facilitar las armas, y Gloria Herguedas, novia de Cerrá, como cómplice.

 

Sede del colegio de Abogados, en el Palacio de Justicia, donde se instaló la capilla ardiente con los féretros de los abogados asesinados en el despacho laboralista de Atocha. EFE/AA

 

Fernández Cerrá y a Carlos García Juliá, fueron condenados a 193 años de prisión cada uno; 63 años a Francisco Albadalejo Corredera (fallecido en prisión en 1985); cuatro años a Leocadio Jiménez Caravaca (fallecido en 1985), y a Gloria Herguedas Herrando, a un año.

García Juliá se fugó también 14 años después, al serle concedida la libertad condicional con todavía pendientes unos 10 años de prisión. Fernández Cerrá, por su parte, fue puesto en libertad tras 15 años en la cárcel.

El régimen agonizaba, y lo sabía. Y, aunque mataba en su agonía, como hace 40 años en la calle de Atocha de Madrid, terminó muriendo.

 

 

Publicado en el Blog de Campos el 21-03-2019

 

España – Secretos de la democracia – ETA

El periodo democrático español, iniciado a la muerte del General Franco, tiene grandes secretos, unos grises y otros negros, que solo conocen pocas personas y que callan, por diferentes razones. Esa es una de las causas por las que el presidente de la Generalitat, Jordi Pujol, campa a sus anchas y nadie se mete con él, pues se cuidó muy bien de ir documentando las cloacas del periodo de la Transición y posteriores, a través de lo que entonces se conoció como los “patas negras” de la policía catalana.

Secretos grises pueden considerarse la financiación de los partidos políticos desde el inicio de dicho periodo, y todos, de una u otra forma, han recibido ayudas externas e internacionales para su puesta en marcha y primer funcionamiento; hasta el último en aparecer en escena, VOX, que ha reconocido que es así, pero, dicen, es legal y ajustado a las normas vigentes.

Los préstamos perdonados por los bancos, perdón, contabilizados en suspenso y amortizados contra la cuenta de resultados, sin reclamación, como puede comprobarse analizando el CIR en secuencias anuales, quien tenga acceso a ello.

La corrupción, a todos los niveles y en todos lados, son excepciones, pero las hay, y han sido de igual o similar tamaño según el periodo en el que han estado en el poder unos y otros.

Personas que cuando llegaron a la política eran asalariados o profesionales liberales de nivel medio en sus ingresos, y que ahora tienen “posibles” en abundancia, como se dice en la Mancha toledana.

Y así podría seguir con otros muchos ejemplos generales que, aunque hayan ido a menos, algunos perduran en nuestros días.

En cuanto a grandes secretos negros, pecados capitales que podían haber dado un vuelco a la democracia española, yo creo que hay varios, que vamos a tratar de explicar someramente (hay mucha documentación, en un sentido y en otro) en los próximos capítulos de esta serie titulada España.

 

ETA

ETA. ORÍGEN E IDEOLOGÍA

Víctor Manuel Javato González – Licenciado en Historia (UAM)

 

El nacionalismo vasco surge en la década de 1890 en Vizcaya como reacción a los síntomas de modernización e industrialización que caracterizan a la España, y muy especialmente, al País Vasco, de fines del s. XIX. La masiva llegada de obreros inmigrantes a la emergente industria vizcaína se mezcló con el caldo de cultivo que el carlismo y el fuerismo venían, desde hacía varias décadas, alimentando.

… / …

Hemos de recordar que Sabino Arana, el ideólogo del nacionalismo vasco, procedía de las filas del carlismo. Y es que el carlismo y el resultante nacionalismo vasco, “compartían una misma concepción religiosa del mundo y un mismo orden de valores. Procedían de la misma tradición antiliberal e integrista. La diferencia se reducía al marco de aplicación. La misma situación de partida: una nación esencial y providencialmente católica, sumida en un proceso de decadencia moral y religiosa por el contagio de ideas y costumbres corruptas extranjeras. También la fórmula salvadora era la misma: aislamiento para evitar el contagio, purificación de elementos impuros y recuperación de viejas esencias”.

… / …

Leer Más…

Constituciones en España

 

Año

Constitución

1808 Constitución de Bayona – Carta otorgada
1812 Constitución de Cádiz
1834 Estatuto Real de Fernando VII
1837 José María Calatrava
1845 Isabel II
1852 Proyecto constitucional de Bravo Murillo
1856 Constitución non nata
1869 Serrano – Prim
1873 Proyecto constitucional de la I República Española
1876 Alfonso XII – Cánovas del Castillo
1931 Constitución de la II República Española
1938-1977 Leyes Fundamentales de la etapa franquista
1978 Constitución democrática vigente

 

Constitución de Bayona de 1808

La crisis del Antiguo Régimen absolutista se agudizó en 1808, produciéndose el Motín de Aranjuez contra Godoy y el propio Rey Carlos IV de España. Éste abdica en su hijo Fernando VII de España, pero antes de consolidarse en el poder, Napoleón convocó en Bayona una Asamblea de notables españoles, a los que presentó un texto de Constitución, promulgado el 8 de julio de 1808. Organizaba España como una monarquía hereditaria en que el monarca ocupaba el centro del poder político, pero con la obligación de respetar los derechos ciudadanos proclamados en su texto.

Se considera una carta otorgada, puesto que no fue elaborada por los representantes de la Nación.

Nació en un contexto complejo, dictado fuera de territorio nacional y con un marcado carácter afrancesado, apadrinado por los liberales moderados. Debido a su origen y proceso no puede considerarse una Constitución, sino una Carta otorgada: el proyecto de Estatuto fue presentado por Napoleón a 65 diputados españoles a los que solo se les permitió deliberar sobre su contenido. No existió voluntad previa de elaborar un documento constitucional, se les impuso un texto y se aceptó por unas Cortes reducidas convocadas en territorio francés.

Se abre con la definición confesional del estado, para tratar después todo lo referente a la Corona y, en título posteriores, aborda el entramado institucional, finalizando con un desordenado reconocimiento de determinados derechos y libertades. Pese a establecerse un conjunto de instituciones, no puede hablarse de división de poderes: las atribuciones del monarca eran amplísimas, las Cortes se estructuraban en la representación estamental y las facultades del Senado y de las propias Cortes carecían de fuerza para obligar. Aún así, debido al contexto histórico, este diseño no pudo desarrollarse.

Respecto de los derechos y libertades, cabe destacar el exacerbado carácter confesional que se le atribuye a España:

El artículo 1 señalaba que “La religión Católica, Apostólica y Romana, en España y en todas las posesiones españolas, será la religión del Rey y de la Nación y no se permitirá ninguna otra.”

En un último título se contempla (disposiciones generales) una serie de derechos y libertades. La influencia de la Revolución francesa fue importante: se regulaban derechos de los inicios del liberalismo burgués, lo que suponía un avances respecto la situación existente:

  • Supresión de aduanas interiores.
  • Inviolabilidad del domicilio.
  •  Libertad personal.
  • Derechos del detenido y preso.
  • Abolición del tormento (relacionado con la integridad física y moral).

La Corona: El Estatuto preveía un papel predominante del monarca, aunque su estatuto personal y prerrogativas no venían claramente enunciados. No obstante, del ámbito funcional de las instituciones, se revelan los amplios poderes del Rey. La importancia se observa en su ubicación (tras la religión) y que le dedica 4 de 13 de los títulos.

 Las Cortes: tampoco tuvieron vida efectiva. Se estructuraba en 3 estamentos (alto clero, nobleza y pueblo), donde se advertía una clara influencia del Antiguo Régimen, así como contradicción con los principios inspiradores de la Revolución. No se les confería de modo expreso la función legislativa, aunque sí de forma tácita en algunos preceptos.

 El Gobierno y la Administración: desconocía la institución del Gobierno. Contemplaba un título a los ministerios en el que establece un número (7-9) y su denominación. Los ministros eran responsables de la ejecución de las leyes y órdenes del rey. También regula la Administración de Hacienda, que aboga por la supresión de aduanas interiores, separa el Tesoro público del de la Corona y se configura un Tribunal de Contaduría para el examen y aprobación de las cuentas.

Consejo de Estado: órgano que agrupaba funciones diseminadas del Antiguo Régimen y acaba con la polisinodía en la que se confundían funciones de orden normativo con otras ejecutivas y judiciales. Tenía la facultad de examinar y extender los proyectos de leyes civiles y criminales y los reglamentos generales de la Administración. No deben confundirse sus funciones con las del actual Consejo de Estado, meramente consultivo.

 Poder judicial: tenía importancia crucial. Se configuraba como independiente, todo y que el Rey nombraba a todos los jueces. Se articulaba en distintas instancias a la que los ciudadanos podían acudir, se establecía la publicidad del proceso criminal y se emplazaba a la creación de un solo código de leyes civiles y criminales y otro de comercio para España y las Indias, para poder racionalizar el caótico sistema normativo de entonces.

Leer Más…

España – La Transición – 3ª parte

De:  Josep María Castellà Andreu en letraslibres.com el 05-12-20108

La Constitución española de 1978 fue aprobada en un contexto complicado: la Transición a la democracia. La Constitución no inaugura la democracia, como subraya Manuel Aragón, sino que culmina el proceso de cambio político (el económico y el social se habían producido antes), que se lleva a cabo de acuerdo con las bases asentadas por la Ley para la reforma política. Para que la Constitución no fuera un acto fallido y tuviera un efecto integrador y perdurable, antes de la celebración de las elecciones del 15 de junio de 1977, y bajo el impulso del gobierno Suárez, se afianzó el pluralismo político (legalización de los partidos y en particular del Partido Comunista en 1977), el heredero legítimo de la dinastía histórica, don Juan de Borbón, cedió sus derechos al rey Juan Carlos y España se adhirió a los grandes pactos internacionales sobre derechos humanos. Tras la celebración de dichas elecciones, y mientras se comenzaba a discutir el proyecto de Constitución, se firmaron los pactos de la Moncloa, que estabilizaron la economía y las relaciones laborales, se aprobó la ley de amnistía, y se restauró la Generalitat con el regreso de Josep Tarradellas. Es justo poner en valor lo que todo ello supuso y recordar lo complicado de la empresa. Compárese el éxito del caso español con las transiciones a la democracia de los regímenes comunistas del Este de Europa, en las que se tuvo que hacer simultáneamente la transición de una economía planificada a otra de mercado, de un Estado ateo a otro con libertad de creencias, de partidos únicos a democracias pluripartidistas. Como en estos países, la democratización iría de la mano de la plena incorporación al Consejo de Europa, a la OTAN y a la Unión Europea.

El resultado de las elecciones de junio de 1977 –con unas Cortes pluripartidistas, sin mayoría absoluta de la UCD– fue determinante para que la Constitución se elaborara en el Parlamento por varios grupos parlamentarios (y no por el Gobierno y sus expertos). Se ha destacado el método del consenso: sabían los múltiples asuntos que les dividían en un momento en que las ideologías pesaban más que ahora (modelo económico, cuestión religiosa…), pero les unía el espíritu de reconciliación y de proyecto nacional de futuro compartido. Estando claro esto, hay técnicas jurídicas para resolver las controversias, mediante “compromisos dilatorios”, como en Weimar. Esto es, remitir al futuro –y a la ley– lo que separa y concentrarse en lo que une. Los ponentes aunaban conocimientos jurídicos y sabiduría política. El resultado, la Constitución, simbolizaba el acta de paz, cuarenta años después del final de la Guerra Civil. Nada más y nada menos. Por eso el pueblo español la ratificó tan mayoritariamente, como antes había votado masivamente la Ley para la reforma política, optando por la vía de la reforma en lugar de la ruptura o el inmovilismo. Reducir esta obra histórica al resultado de la presión de militares es minusvalorar la trayectoria y obra de políticos curtidos en circunstancias nada fáciles frente a sus propios compañeros de viaje. Como advierte el escritor Javier Cercas, cada uno de ellos “traicionó” sus principios e ideologías, como Suárez o Carrillo, en aras del bien común. En cualquier caso, el resultado está ahí: en el texto y en lo que la Constitución ha posibilitado durante toda su vigencia.

 

 

De: elpais.com del 24-07-2012

Siete diputados de la Legislatura Constituyente (1977-1979) fueron los encargados de discutir y estampar su firma en el anteproyecto de Constitución. Un proceso que no estuvo exento de tensiones, aunque logró el consenso de siete hombres de sensibilidades políticas muy alejadas (no así de todos los integrantes de los grupos parlamentarios a los que representaban), y que culminaría con la ratificación en referéndum el 6 de diciembre de 1978. Este es el perfil de los conocidos como padres de la Constitución:

  1. GABRIEL CISNEROS LABORDA – Ponente por: Unión del Centro Democrático (UCD)

 

Nacido en Tarazona (Zaragoza), en 1940, y fallecido en Murcia en 2007. Licenciado en Derecho, ingresó por oposición en el Cuerpo General Técnico de la Administración Civil del Estado en 1967. En 1976 fue nombrado director general de Asistencia Social en el Ministerio de Gobernación, cargo del que dimitió en abril de 1977 para presentarse a las elecciones legislativas de ese año, en las que fue elegido diputado. En la Cámara formó parte de la Ponencia Constitucional, participando en la redacción de la Carta Magna de 1978. Un año más tarde sería elegido secretario de Información de UCD, cargo que ostentaba cuando fue víctima de un grave atentado terrorista perpetrado por ETA el 2 de julio de 1979. En 1986, Gabriel Cisneros abandonó la política activa, aunque dos años más tarde se reincorporó a las filas del Partido Popular (PP). En 1990, durante el X Congreso del PP celebrado en Sevilla, fue elegido miembro de la Ejecutiva del partido, cargo que ostenta desde entonces. En 2002, Cisneros fue elegido –junto al socialista Josep Borrell- representante del Parlamento español en la Convención para la Reforma Institucional de la UE. Fue reelegido diputado popular el 14 de marzo de 2004, el 2 de abril y desempeño el cargo de vicepresidente tercero de la Mesa del Congreso en la VIII Legislatura. Enfermó de cáncer en 2006. Ese mismo año, el 2 de noviembre, sufrió un infarto cerebral en el Congreso de los Diputados del que pudo sobreponerse. Falleció en Murcia, el 27 de julio de 2007.

 

  1. MANUEL FRAGA IRIBARNE – Ponente por: Alianza Popular (AP)

 

 

Nacido en 1922 en Vilalba (Lugo) y fallecido en Madrid en 2012. Doctor en Ciencias Políticas y Económicas por la Universidad de Madrid, comenzó su actividad política en 1951 como secretario general del Instituto de Cultura Hispánica. Durante la dictadura de Franco, ostentó los cargos de consejero nacional del Movimiento y procurador en Cortes, aunque su puesto más destacado fue el de ministro de Información y Turismo, entre 1962 y 1969. Al frente de esta cartera, elaboró la Ley de Prensa e Imprenta y el Estatuto de Publicidad. En 1973, y a lo largo de dos años, ejerció de embajador de España en el Reino Unido e Irlanda del Norte. En diciembre de 1975 regresó a la política para formar parte del primer gobierno de la transición como vicepresidente para Asuntos del Interior y ministro de la Gobernación. Entre 1977 y 1978 formó parte de la ponencia que redactó la actual Constitución. En esos años fundó Alianza Popular, partido con el que obtuvo unos malos resultados electorales en 1979, razón por la que presentó su dimisión. Ese mismo año se celebró el III Congreso de AP, en el que fue elegido presidente del partido. En diciembre de 1986, dimitió de su cargo y un año más tarde fue elegido eurodiputado por AP. A partir de entonces se centró en la presidencia de la Xunta de Galicia. Fue presidente de la Xunta hasta 2005. En las elecciones autonómicas gallegas de ese año el PP volvió a ganar las elecciones, pero perdió la mayoría absoluta. Una alianza entre el PSOE y el BNG impidió que revalidase la presidencia. En 2006 fue elegido senador por designio del Parlamento gallego, cargo que revalidó en las elecciones generales de 2008. Presidió, al ser el senador más longevo, la mesa de edad en la constitución de la Cámara Alta en 2008, donde aprovechó para recordar su idea de reformar el Senado en un sentido autonomista.

 

  1. MIGUEL HERRERO RODRÍGUEZ DE MIÑÓN -Ponente por: Unión del Centro Democrático (UCD)

 

Licenciado en Filosofía y Letras y doctorado en Derecho, en 1966 obtuvo el puesto de Letrado del Consejo de Estado. En 1976 fue nombrado secretario general técnico del Ministerio de Justicia, cargo que desempeñó hasta abril de 1977. Un año más tarde, fue elegido presidente de la Comisión de Justicia del Congreso de los Diputados. Miguel Herrero presidió la Unión de Centro Democrático desde 1980 hasta 1981, partido que abandonó en 1982. A partir de entonces perteneció a Alianza Popular, formación que presidiría tras la renuncia de Fraga, en 1986. Herrero Rodríguez de Miñón perdió protagonismo dentro del partido cuando Aznar alcanzó su presidencia. En el XI Congreso del PP en 1993 quedó fuera de la cúpula al no ser incluido dentro de la candidatura. Desde 1996 compatibiliza sus actividades con las de defensor del asegurado en la mutua FIATC. En 2004 se dio de baja como militante del PP. En la actualidad colabora con la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, sigue siendo miembro de la Real Academia de las Ciencias Morales y Políticas y es miembro del Tribunal Constitucional del Principado de Andorra. Además, colaboraba como tertuliano junto a Santiago Carrillo en el programa La Ventana que conducía Gemma Nierga en la Cadena SER.

 

  1. JORDI SOLÉ TURÁ -Ponente por: Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC)

 

 

Nacido en Mollet del Vallès (Barcelona), en 1930, y fallecido en Barcelona en 2009. Se licenció en Derecho por la Universidad Autónoma de Barcelona con Premio Extraordinario en 1958. Se vio obligado a abandonar España en 1960 ante el aumento de detenciones de comunistas catalanes, viviendo en París y Bucarest durante cuatro años. Al poco tiempo de regresar y después de reincorporarse a la vida universitaria, fue detenido y pasó seis meses en prisión. Solé fue miembro de Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC) desde 1956. Varios años después resultó elegido diputado de este partido por Barcelona y fue ponente y portavoz en la comisión encargada de redactar la Constitución de 1978. Tras varios acercamientos posteriores al mundo de la política, en 1991 fue nombrado Ministro de Cultura con el entonces presidente del Gobierno, Felipe González, puesto que ocupó cinco años, hasta su sustitución por Carmen Alborch. Asiduo colaborador de varias revistas y periódicos, fue además autor de numerosos libros. Desde 2000 estaba apartado de la vida pública, víctima del alzheimer.

 

  1. JOSÉ PEDRO PÉREZ-LLORCA RODRIGO -Ponente por: Unión del Centro Democrático (UCD)

 

 

Gaditano, se licenció en Derecho en la Universidad Complutense de Madrid y poco después ingresó en la carrera diplomática. En julio de 1968 logró, por oposición, la plaza de letrado en las Cortes Españolas. Su primer contacto con la política lo tuvo con el Partido Socialista Popular, aunque en 1976 se incorpora al recién creado Partido Popular. Al poco tiempo, el PP se une a UCD y en las elecciones de 1977 es designado diputado por Madrid. Es en esta legislatura cuando ejerce de ponente en la comisión encargada de la redacción de la Constitución de 1978. Dentro de la UCD y durante varias legislaturas desempeñó diferentes puestos: ministro de la Presidencia, Relaciones con las Cortes, ministro de Administración Territorial y encargado de la cartera de Asuntos Exteriores. Durante 12 años (1984-1996), preside la Asociación Atlántica Española y ocupa puestos de consejero en varias empresas privadas. En 1998 el expresidente Felipe González le nombró mediador en la crisis de Kosovo.

  1. MIQUEL ROCA I JUNYENT -Ponente por: Pacte Democràtic per Catalunya

 

 

Aunque nació en Francia, Miquel Roca siempre ha vivido en Cataluña. Licenciado en Derecho por la Universidad de Barcelona, su primer cargo representativo en política lo desempeñó como secretario general adjunto de Convergencia Democrática de Catalunya (CDC). En las elecciones de 1977 resultó elegido diputado y fue uno de los siete miembros que elaboró la ponencia que sirvió como borrador para redactar la Constitución de 1978. En vista del hundimiento de UCD, Roca pensó en la creación de una fuerza política que ocupara el espacio de centro y presentó oficialmente el Partido Reformista (PDR) en 1983. Tres años después y tras un rotundo fracaso del PDR en las elecciones, decide disolverlo y presentarse con CiU. Alcanza la secretaría general de CDC en 1989, sustituyendo a Jordi Pujol, aunque deja este puesto varios años después por las discrepancias existentes entre CDC y CiU. Después de no resultar elegido para la alcaldía de Barcelona, a la que se presentó en 1995, abandona la política y se dedica a su actividad como abogado y docente. En la actualidad, se dedica a la asesoría jurídica a través de su despacho Roca Junyent Abogados Asociados, que fundó en 1996.

 

  1. GREGORIO PECES-BARBA -Ponente por: Partido Socialista Obrero Español (PSOE)

 

 

Nacido en Madrid en 1938 y fallecido en Asturias en 2012. Se licenció en Derecho por la Universidad Complutense y en 1963 fundó, junto a Pedro Altares y Javier Rupérez, entre otros, la revista Cuadernos para el diálogo. En 1972 se afilió al Partido Socialista Obrero Español (PSOE), entonces en la clandestinidad. En las elecciones generales de 1977 fue elegido diputado por Valladolid y designado miembro de la ponencia encargada de estudiar el anteproyecto de la Constitución. El 7 de marzo de 1978 se retiró de la citada ponencia, siguiendo instrucciones de su partido. Sin embargo, al concluir ésta sus trabajos, Peces-Barba firmó el anteproyecto, precisando que su firma no presuponía el consenso del PSOE. En 1982 es nombrado presidente del Congreso, puesto que abandona cuatro años después para incorporarse a la vida universitaria como catedrático de Derecho Natural y Filosofía del Derecho en la Universidad Complutense de Madrid. En 1990 fue nombrado rector de la Universidad Carlos III, tarea que aún desempeña. Además de su tarea docente, ha continuado con el ejercicio de la abogacía, es Director del Instituto de Derechos Humanos y parlamentario del Consejo de Europa. Su gran afición por el fútbol le llevó en julio de 2000 a presentarse a la presidencia del Real Madrid, en sustitución de Lorenzo Sanz, puesto que nunca llegó a desempeñar. Fue rector de la Universidad Carlos III de Madrid hasta 2007. Fue Alto Comisionado para el Apoyo a las Víctimas del Terrorismo, cargo de nueva creación con rango de secretario de Estado, entre 2004 y 2006, año en el que fue cesado por deseo propio y desapareció el cargo con él. Seguía ligado a la Universidad Carlos III como catedrático de Filosofía del Derecho.

 

 

Publicado en el Blog de Campos el 16-02-2019

 

España – La Transición – 2ª parte

De: https://es.wikipedia.org/AdolfoSuarez

Adolfo Suárez González (Cebreros, 25 de septiembre de 1932- Madrid, 23 de marzo de 2014), duque de Suárez y Grande de España, fue un político y abogado español, presidente del Gobierno de España entre 1976 y 1981.

Suárez, cuya infancia transcurrió en Ávila se licenció en derecho por la Universidad de Salamanca e hizo sus estudios de doctorado en la Universidad Complutense de Madrid. Desempeñó varios cargos públicos durante la dictadura franquista: fue Gobernador Civil de Segovia, procurador en Cortes y Director General de RTVE. Fue nombrado presidente del Gobierno por el rey Juan Carlos I en 1976.

 

Como presidente del Gobierno, Suárez fue una de las figuras clave de la Transición española, el proceso a través del cual se dejó atrás el régimen dictatorial de Francisco Franco y España se constituyó un Estado social y democrático de derecho. Durante su presidencia se llevaron a cabo diversas medidas que reformaron el sistema previo, como la «autoliquidación» de las Cortes franquistas o la legalización de los partidos políticos; fue especialmente notoria la legalización del Partido Comunista. Fue elegido presidente bajo la coalición Unión de Centro Democrático (UCD) en las elecciones generales de 1977, convirtiéndose en el primer presidente del gobierno del nuevo período democrático español, cargo que ocuparía durante las legislaturas constituyente y en la primera.. En 1981 presentó su dimisión como presidente del Gobierno.

Tras su dimisión, creó junto a otros dirigentes de UCD el partido Centro Democrático y Social  (CDS) y fue elegido diputado en Cortes en varias elecciones generales, hasta que abandonó la política en 1991. Se retiró de la vida pública desde 2003 por haber sido diagnosticado con enfermedad de Alzheimer. Falleció en 2014 a causa de una enfermedad pulmonar obstructiva.​ Tras su fallecimiento, le fue concedido el collar de la Orden de Carlos III.

 

De: https://es.wikipedia.org/wiki/Transicionespañola

La Transición española​ es el período de la historia contemporánea de España en el que se llevó a cabo el proceso por el que el país dejó atrás el régimen dictatorial del general Francisco Franco  y pasó a regirse por una Constitución que restauraba la España democrática. Dicha fase constituye la primera etapa del reinado de Juan Carlos I.

Existe cierto consenso en situar el inicio de la transición en la muerte del general Franco, el 20 de noviembre de 1975, tras la cual el denominado Consejo de Regencia asumió, de forma transitoria, las funciones de la jefatura del Estado hasta el 22 de noviembre, fecha en la que fue proclamado rey ante las Cortes y el Consejo del Reino Juan Carlos I de Borbón, que había sido designado seis años antes por Franco como su sucesor “a título de rey”.

El rey confirmó en su puesto al presidente del Gobierno del régimen franquista, Carlos Arias Navarro. No obstante, pronto se manifestaría la dificultad de llevar a cabo reformas políticas bajo su gobierno, lo que produciría un distanciamiento cada vez mayor entre Arias Navarro y Juan Carlos I. Finalmente el rey le exigió la dimisión el 1 de julio de 1976 y Arias Navarro se la presentó. Le sustituyó ADOLFO SUÁREZ, quien se encargaría de entablar las conversaciones con los principales líderes de los diferentes partidos políticos de la oposición democrática y fuerzas sociales, más o menos legales o toleradas, de cara a instaurar un régimen democrático en España.

 

 

Adolfo Suárez formó un gobierno de jóvenes «reformistas» franquistas, en el que no incluyó a ninguna figura prominente —Fraga y Areilza, se negaron a participar—, pero que no carecía de experiencia política —se dijo que era un «gobierno de PNNs», en referencia a los profesores universitarios no numerarios—​. El peso mayor lo tenían los «reformistas» democristianos del grupo Tácito o asimilados (Alfonso Osorio, Marcelino Oreja, Landelino Lavilla, Leopoldo Calvo Sotelo …) seguidos de los «reformistas azules», como el propio Suárez y Rodolfo Martín Villa o Fernando Abril Martorell. Sólo uno de los miembros del gabinete, el almirante Pita da Veiga, había sido ministro con Franco.

El camino utilizado fue la elaboración de una nueva Ley Fundamental, la octava, la Ley para la Reforma Política que, no sin tensiones, fue finalmente aprobada por las Cortes franquistas y sometida a referéndum el día 15 de diciembre de 1976. Como consecuencia de su aprobación por el pueblo español, esta ley se promulgó el 4 de enero de 1977. Esta norma contenía la derogación tácita del sistema político franquista en solo cinco artículos y una convocatoria de elecciones democráticas.

 

 

Se creaban unas nuevas Cortes, formadas por dos cámaras, el Congreso de Diputados y el Senado, compuestas de 350 y 207 miembros, respectivamente, elegidas por sufragio universal, excepto los senadores designados por el rey «en número no superior a la quinta parte» de los miembros del Senado.​ Así pues, según Javier Tusell, «lo fundamental de Ley de Reforma Política era la convocatoria de elecciones y la configuración de un marco institucional mínimo para realizarlas». Pero al mismo tiempo quedaban abolidas implícitamente todas las instituciones establecidas en las «leyes fundamentales» que no fueran esas Cortes, es decir, todas las instituciones franquistas sin excepción —el Consejo Nacional del Movimiento y el Movimiento mismo, las Cortes establecidas en la ley de 1942, el Consejo del Reino y el Consejo de Regencia de la ley de 1967, etc.—, por lo que la ley de reforma lo que hacía en realidad era liquidar lo que pretendía reformar.​ En el preámbulo de la ley al basar la legitimidad en el sufragio universal se introducía una especie «autorruptura» —expresión acuñada por Javier Tusell— con las instituciones franquistas.

Para ello hubo que conseguir que las Cortes franquistas «se suicidaran» y votaran a favor de una Ley que suponía su desaparición y la del propio régimen para dar paso a la democracia. Además, debería salvar otros muchos obstáculos: convencer a la cúpula militar de la necesidad de la reforma; desalojar de las posiciones de poder a los franquistas inmovilistas; convencer a la oposición democrática de la bondad de la misma y conseguir que participara en el proceso para legitimarlo, tanto interna como internacionalmente.

En seguida se produjeron los primeros contactos con los partidos de la oposición democrática —durante los meses de julio y agosto Suárez habló con los democristianos José María Gil Robles y Joaquín Ruiz Giménez; los socialistas Felipe González y Joan Reventós  y con el catalanista Jordi Pujol, entre otros—​ e incluso, de forma discreta y a través de personas interpuestas, con Santiago Carrillo, el secretario general del PCE. Fruto de los mismos, y de la promesa hecha en su primera declaración, fue la concesión de una amnistía el 31 de julio, de la que se excluyeron los «delitos de sangre» por lo que aún permanecieron en las cárceles muchos «presos vascos» presuntos miembros de ETA. También hubo contactos con los sindicatos ilegales Comisiones Obreras, Unión Sindical Obrera (USO) y UGT.

Será el gobierno de Suárez el que asumirá la tarea que la oposición había asignado a ese gobierno: convocar elecciones generales.​ Asumiendo que la iniciativa política había pasado al gobierno de Suárez, Felipe González, líder del PSOE, declaró que la oposición democrática tenía que superar «la dialéctica del todo o nada» y participar en el proceso diseñado por aquél.

El 18 de marzo de 1977 el gobierno promulgó el decreto-ley que regulaba las elecciones que se iban a celebrar en junio. Para el Congreso de los Diputados establecía un sistema electoral de representación proporcional corregido —por la aplicación del sistema D’Hont y la fijación de un mínimo de dos diputados por provincia, lo que favorecía a las zonas rurales en detrimento de las zonas urbanas e industriales más pobladas—​ y listas cerradas y bloqueadas; para el Senado un sistema electoral mayoritario y de listas abiertas, en el que 41 escaños, de los 207, no eran elegibles sino que serían designados directamente por el rey. ​ Dos meses después habían solicitado su inscripción en el registro 111 partidos, de los que fueron legalizados 78. La prensa empezó a hablar de sopa de siglas.

Por la izquierda, el panorama estaba dominado por los dos partidos históricos, el PSOE y el PCE. El primero mucho menos implantado, había podido realizar su XXVII Congreso dentro de España en diciembre de 1976 después de cuarenta años, gracias a la tolerancia del gobierno pues aún no había sido legalizado. El PSOE se reafirmó en ese Congreso como un partido socialista marxista y republicano, aunque el programa inmediato que propugnaba era moderado —poner en marcha una serie de reformas sociales y económicas que permitieran alcanzar los niveles de bienestar y de protección social que gozaban los europeos del norte de Europa, después de bastantes años de gobiernos socialdemócratas—.​ En el Congreso, celebrado bajo el lema Socialismo es libertad y al que asistieron importantes líderes socialistas europeos como Willy Brandt y Olof Palme, se ratificó el liderazgo del grupo sevillano encabezado por Felipe González y Alfonso Guerra. ​

Pero disputándoles el «espacio socialista» al PSOE se encontraba el Partido Socialista Popular del profesor Enrique Tierno Galván además de otros partidos socialistas de ámbito «regional» —entre los que destacaba el Moviment Socialista de Catalunya— que formaban la Federación de Partidos Socialistas (FPS), que al final optarían por presentar candidaturas conjuntas de Unidad Socialista PSP-FPS, en lugar de integrarse en el PSOE, que se negó a formar coalición con ellos.

 

Por su parte el PCE, el partido antifranquista hegemónico, había abandonado el marxismo-leninismo y su dependencia del Partido Comunista de la Unión Soviética, y ahora defendía el llamado eurocomunismo, una vía democrática para alcanzar el socialismo −idea que compartía con los partidos comunistas italiano y francés−, aunque sin abandonar del todo el modelo leninista de la Revolución de octubre de 1917. Junto al PCE y disputándole el «espacio comunista» existía un numeroso grupo de pequeñas organizaciones y partidos de extrema izquierda que no fueron legalizados y que por tanto no pudieron presentarse a las elecciones bajo sus propias siglas — Movimiento Comunista, PCE (marxista-leninista), Partido del Trabajo de España, Liga Comunista Revolucionaria, Organización Revolucionaria de Trabajadores, Organización Comunista de España (Bandera Roja), etc ….—. ​

Por otro lado, los partidos republicanos, con una escasa implantación, tampoco fueron legalizados y también tuvieron que presentarse a las elecciones camuflados —como fue el caso de la histórica Esquerra Republicana de Cataluña—.​

 

Logo de Unión de Centro Democrático, la coalición liderada por Adolfo Suárez que ganó las elecciones de junio de 1977:

 

En la derecha la situación era más confusa que en la izquierda. En la extrema derecha el búnker franquista aparecía muy fragmentado entre diversos grupos falangistas y Fuerza Nueva, que se presentó a las elecciones bajo la candidatura Alianza Nacional 18 de julio. Entre los reformistas franquistas, Manuel Fraga Iribarne acabó liderando al sector que pensaba que la reforma de Suárez había ido demasiado lejos con la legalización del PCE y con la consideración de las nuevas Cortes como constituyentes. Así nació, en octubre de 1976, una coalición llamada Alianza Popular integrada por siete exministros franquistas, apodados por un sector de la prensa como los siete magníficos: Manuel Fraga, Laureano López Rodó, Federico Silva Muñoz, Cruz Martínez Esteruelas, Gonzalo Fernández de la Mora, Licinio de la Fuente y Enrique Thomas de Carranza. La pretensión de Fraga fue, según Javier Tusell, «vertebrar el franquismo sociológico”.​ Un punto de vista que comparte Julio Gil Pecharromán. ​

Por su parte, los reformistas franquistas que apoyaban la reforma de Suárez fundaron en noviembre de 1976 un partido que llamaron Partido Popular —tomando el nombre de los partidos democristianos europeos—. El partido encabezado por Pío Cabanillas y José María de Areilza defendía la opción centrista «con el propósito de evitar la politización de la vida española en dos bloques antagónicos», según se decía en su manifiesto fundacional.​ De este partido surgió la idea de formar una gran coalición que acogiera también a los partidos de la oposición moderada —liberales de Ignacio Camuñas y Joaquín Garrigues Walker; democristianos de Fernando Álvarez de Miranda;  socialdemócratas de Francisco Fernández Ordoñez —. Así fue como nació la coalición que finalmente se llamó Unión de Centro Democrático (UCD), a cuyo frente se pusieron el propio Suárez y los principales ministros de su gobierno —los hombres del presidente—, desplazando a los fundadores del Partido Popular —José María de Areilza fue obligado a abandonarlo—​. Los únicos partidos de la oposición democrática moderada que no se integraron en la operación de UCD fueron los democristianos de Izquierda Democrática de Joaquín Ruiz Giménez y de Federación Popular Democrática de José María Gil Robles, aliados con dos partidos democristianos «regionales» (Unión Democrástica de Catalunya y Unió Democrática del País Valencià), que formaron el Equipo Demócrata Cristiano del Estado Español.  Tampoco se integraron en UCD los nacionalistas vascos del PNV ni los nacionalistas catalanes de Convergencia Democrática de Catalunya, liderada por Jordi Pujol.

 

 

Las elecciones se celebraron el 15 de junio de 1977 sin que se produjera ningún incidente y con una participación muy alta, cercana al 80% del censo. La victoria fue para UCD, aunque no consiguió alcanzar la mayoría absoluta en el Congreso de Diputados —obtuvo el 34 % de los votos y 165 escaños: le faltaban 11 para la mayoría absoluta—.

El segundo triunfador fue el PSOE que se convirtió en el partido hegemónico de la izquierda —al conseguir el 29,3% de los votos y 118 diputados— desbancando por amplio margen al PCE —que obtuvo el 9,4% de los votos y se quedó en 20 diputados— a pesar de que era el partido que había soportado el mayor peso en la lucha antifranquista —también quedó desbancado el PSP de Tierno Galván que sólo obtuvo seis diputados y el 4% de los votos—. El otro gran derrotado de las elecciones, junto con el PCE, fue la Alianza Popular de Fraga que sólo obtuvo el 8,3% de los votos y 16 diputados —13 de los cuales habían sido ministros con Franco—​, aunque el descalabro mayor lo padeció la democracia cristiana de Ruiz Giménez y Gil Robles que no obtuvo ningún diputado. Por otro lado, ni la extrema derecha —que sólo obtuvo en conjunto 192.000 votos—ni la extrema izquierda consiguieron representación parlamentaria.

 

 

Las elecciones eran las primeras desde la Guerra Civil. A partir de ese momento comenzó el proceso de construcción de la democracia en España y de la redacción de una nueva Constitución.

 

Publicado en el Blog de Campos el 24-01-2019

España – La Transición – 1ª parte

De: Historia de la Transición, fascículos coleccionables de Diario16, editor Justino Sinova, años 1983/1984.

El 20 de diciembre de 1973 el general Francisco Franco perdía a su hombre de confianza, su único hombre de confianza, y quedaba literalmente desarmado para culminar sus planes en la última etapa de su vida. Los terroristas de ETA trataron de atentar contra él, pero, convencidos de lo imposible de esa misión, apuntaron hacia su segundo, el almirante Carrero Blanco, presidente del Gobierno. Siempre será un enigma si previeron tan concienzudamente como el atentado sus consecuencias políticas. Pero el asesinato de Carrero fue un disparo al corazón de Franco, un golpe de muerte al franquismo, que entró desde entonces en una carrera sin retorno hasta su final.

…/…

Una vez privado Franco de su hombre de confianza, el almirante Carrero, se libró en el palacio de El Pardo una batalla por su sustitución. Franco tenía su candidato a presidente, su gran amigo el almirante Nieto Antúnez, y el presidente en funciones, Fernández-Miranda, hacía por su cuenta todo lo posible para encaramarse en el poder. Perro los vínculos familiares del general pudieron más. Carlos Arias Navarro, precisamente el responsable de la seguridad de Carrero como ministro de la Gobernación, era el candidato de Carmen Polo de Franco y el que, naturalmente, alcanzó el sillón de la Presidencia.

…/…

En marzo de 1974 Franco entró en un grave conflicto con la Iglesia. El Gobierno de Carlos Arias se empeñó en expulsar de España a Antonio Añoveros, obispo de Bilbao, por una homilía, y la jerarquía eclesiástica amenazó con la excomunión a todos los políticos responsable. Arias quiso romper relaciones incluso con el Vaticano. Fue un problema absurdo en los momentos de plenitud de la anunciada apertura del régimen franquista (el discurso del 12 de febrero de 1974 de Arias Navarro). Perro no el único. La policía de Franco perseguía a los curas más progresistas, mientras en algunas parroquias se cobijaba a la más activa oposición a Franco (el padre Llanos permitía las reuniones de las ilegales CCOO en su parroquia de Vallecas). Había ya una ruptura con la Iglesia. El régimen franquista se agotaba a espaldas de quienes en sus orígenes le habían protegido.

…/…

Enl 31 de agosto de 1974, tres comandantes y nueve capitanes fundaron la Unión Militar Democrática. Un año después, once integrantes de la organización eran detenidos y sometidos a un consejo de guerra …/… La historia de la UMD es un episodio fundamental en la Transición.

… / …

La oposición democrática se aglutinó en torno al PCE (Partido Comunista Español) y al PSOE. Se preveía el fin del régimen franquista y se trataba de estar preparados. Mientras tanto, en el interior, los hombres del sistema, con la colaboración de algunas fuerzas democráticas moderadas, trataban de dar salida a un sucedáneo de los partidos, las asociaciones.

… / …

El 27 de septiembre de 1975, el franquismo escribió una de las páginas más negras de su historia. A primera hora de la mañana, tres militantes del FRAP (terroristas) y dos de ETA (terroristas) fueron fusilados, después de que el dictador Franco desoyera las peticiones de clemencia que llegaban desde todas las esquinas del mundo y de su entorno más próximo …/… La reacción contra España fue unánime, mientras el franquismo agonizaba.

… / …

Con Franco agonizando, el rey Hassan de Marruecos planteó por la fuerza de los hechos la reclamación del Sahara. España no pudo reaccionar en aquel momento y, aunque el Gobierno Arias intentó frenart la invasión de la “marcha verde”, tuvo que rendirse a la evidencia. Todas las promesas hechas por el régimen de Franco a los saharauis quedaron en nada …/… Desde Madrid llegó la orden: retirada.

… / …

El general Franco murió el día 20 de noviembre de 1975, después de una agonía interminable. España, y el mundo entero, asistieron sorprendidos al curso de una enfermedad que parecía no tener fin a pesar de la gravedad que revelaban los partes médicos.

 

 

Testamento de Franco a los españoles

Españoles: Al llegar para mí la hora de rendir la vida ante el Altísimo y comparecer ante su inapelable juicio pido a Dios que me acoja benigno a su presencia, pues quise vivir y morir como católico. En el nombre de Cristo me honro, y ha sido mi voluntad constante ser hijo fiel de la Iglesia, en cuyo seno voy a morir. Pido perdón a todos, como de todo corazón perdono a cuantos se declararon mis enemigos, sin que yo los tuviera como tales. Creo y deseo no haber tenido otros que aquellos que lo fueron de España, a la que amo hasta el último momento y a la que prometí servir hasta el último aliento de mi vida, que ya sé próximo.

Quiero agradecer a cuantos han colaborado con entusiasmo, entrega y abnegación, en la gran empresa de hacer una España unida, grande y libre. Por el amor que siento por nuestra patria os pido que perseveréis en la unidad y en la paz y que rodeéis al futuro Rey de España, don Juan Carlos de Borbón, del mismo afecto y lealtad que a mí me habéis brindado y le prestéis, en todo momento, el mismo apoyo de colaboración que de vosotros he tenido.

No olvidéis que los enemigos de España y de la civilización cristiana están alerta. Velad también vosotros y para ello deponed frente a los supremos intereses de la patria y del pueblo español toda mira personal. No cejéis en alcanzar la justicia social y la cultura para todos los hombres de España y haced de ello vuestro primordial objetivo. Mantened la unidad de las tierras de España, exaltando la rica multiplicidad de sus regiones como fuente de la fortaleza de la unidad de la patria.

Quisiera, en mi último momento, unir los nombres de Dios y de España y abrazaros a todos para gritar juntos, por última vez, en los umbrales de mi muerte, “¡Arriba España! ¡Viva España!”.

 

 

Ramón Tamames, economista, catedrático, comunista en aquella época, escribía en el libro de referencia (en 1983) del que se han obtenido los comentarios: “Los jóvenes que hoy cuentan con menos de veinte años empiezan a olvidarse del franquismo tangible que ya apenas conocieron. Dejemos en paz a Franco, políticamente hablando. Situémosle en la historia, en el pasado; y pongamos nuestra atención en un futuro que ha de ser de todos los que quieren trabajar para hacerlo más luminoso, superando las muchas dificultades que nos acosan”. Ese fue el espíritu de la Transición y eso es lo que han desenterrado Zapatero, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias en la segunda década del siglo XXI.

… / …

Cuando una losa de 1.500 kilos de granito selló la tumba en que había sido depositado en cadáver del dictador Franco en el Valle de los Caídos, el futuro de la libertad se habría para España … / … Mientras se despedía a Franco, ya se barajaban los nombres de los posibles candidatos a sustituir a Carlos Arias Navarro para llevar adelante el progreso político que España necesitaba. Una etapa de importancia suma empezaba para nuestro país, que se aprestaba a reconquistar la libertad.

 

El Rey Juan Carlos I se pronunció, desde el primer momento, por una monarquía democrática, para lo que se rodeó de dos personas fundamentales para llevar a cabo la Transición: Torcuato Fernández Miranda y Adolfo Suárez González.

 

De: www.biografiasyvida.com

Torcuato Fernández-Miranda y Hevia; Gijón, Asturias, 1915 – Londres, 1980. Político español. Catedrático de Derecho Político realizó su carrera político-administrativa bajo el régimen franquista, adquiriendo protagonismo político como secretario general del Movimiento (1969-74). El dictador le encargó igualmente una responsabilidad importante como preceptor de su sucesor en la jefatura del Estado, el entonces príncipe Juan Carlos.

 

Torcuato Fernández-Miranda

Nombrado vicepresidente del gobierno de Carrero Blanco, asumió interinamente la presidencia a raíz del asesinato de éste (1973). La lucha por el poder que se desató entonces entre las «familias» del régimen, agravada por la perspectiva sucesoria que auguraba la avanzada edad de Franco, se saldó en contra de Fernández-Miranda, que resultó apartado en beneficio de Carlos Arias Navarro (1974).

Tras la muerte del dictador y la coronación del Rey Juan Carlos I (1975), Fernández-Miranda colaboró estrechamente con el rey en la tarea de impulsar una transición pacífica a la democracia desde la legalidad del régimen anterior. Para ello fue nombrado presidente de las Cortes orgánicas (sería su último presidente, de 1975 a 1977). Desde aquel cargo, que llevaba aparejada la presidencia del Consejo del Reino, ayudó al rey a desembarazarse del ultraconservador Arias y poner al frente del gobierno al joven y renovador Adolfo Suárez, quien habría de llevar a término la reforma política. En reconocimiento a los servicios prestados, fue nombrado duque de Fernández-Miranda y senador de designación real en las primeras Cortes democráticas (1977-79).

 

Lo que el Rey me ha pedido. ABC 03-07-2016

Primero de julio de 1976. Amenaza tormenta sobre Madrid. En el Palacio Real, Don Juan Carlos va a tomar una de las decisiones más difíciles de sus siete meses de mandato: pedir a Carlos Arias Navarro su dimisión como presidente del Gobierno. El Rey lleva varios días muy preocupado y durmiendo mal, pero sabe que necesita tener a dos personas de su máxima confianza en los dos puestos clave: la Presidencia del Gobierno y la de las Cortes. Sobre ese triángulo pivotará la Transición.

La primera de esas dos personas es Torcuato Fernández-Miranda, cuyo nombramiento como presidente de las Cortes fue la primera decisión política de Don Juan Carlos, apenas diez días después de su proclamación: el 3 de diciembre de 1975. Previamente, le había preguntado a su antiguo profesor si quería presidir el Gobierno, pero este lo rechazó: «Señor, le seré más útil en la Presidencia de las Cortes».

No obstante, su designación para ese puesto no fue en absoluto fácil. Para lograrlo, el Rey tuvo que pedir ayuda al mismo Arias Navarro, que no dudó en colaborar, probablemente porque sabía que situar a Fernández-Miranda en las Cortes le dejaba el camino expedito para continuar al mando del Gobierno. Pero transcurridos siete meses del primer Gobierno de la Monarquía, en ese primero de julio, no hay manera de que Arias Navarro entienda que su permanencia es un obstáculo para cualquier plan aperturista. Ni le presentó la dimisión por cortesía cuando murió Franco ni escuchaba los diferentes mensajes enviados por el Rey. El más sonado, un reportaje publicado por la revista norteamericana «Newsweek» el 26 de abril, en el que Don Juan Carlos dijo que Arias era un «desastre sin paliativos». Pero el presidente del Gobierno actuaba como quien oye llover, ganando la partida a un Rey angustiado ante el bloqueo de la situación. Sin embargo, esa angustia tenía fecha y hora de caducidad. El Monarca y su presidente de las Cortes lo habían diseñado puntualmente siete meses atrás.

El nombramiento de Fernández-Miranda en las Cortes conllevaba una segunda responsabilidad, trascendental para sustituir a Arias: la presidencia del Consejo del Reino. Esa institución era el auténtico «atado y bien atado» de Franco. Si el sucesor a título de Rey quería nombrar un nuevo presidente y hacerlo respetando la legalidad vigente, debería elegirlo sobre una terna presentada por el Consejo del Reino. ¿Cómo conseguir que sus quince miembros, todos ellos designados personalmente por Franco, incluyeran en la terna a un candidato abiertamente aperturista?

Durante los últimos años del franquismo el Consejo del Reino se reunía solo para ocasiones muy especiales. Por ejemplo, para entregar una terna de candidatos al jefe del Estado tras el atentado de Carrero Blanco, el 20 de diciembre de 1973. Con Franco vivo, todo era un teatro, pero con Don Juan Carlos no tenía por qué ser lo mismo. Sortear la voluntad del Consejo del Reino no iba a ser fácil.

La excepcionalidad de estas reuniones era tal que a cada cita acudía masivamente la prensa. Ese era el primer obstáculo que quiso esquivar el nuevo presidente. En la primera reunión con los consejeros, que fue presidida por el Rey, impusieron un plan de reuniones quincenales: serían los jueves alternos, a las cinco de la tarde. Esos encuentros forzados abordaban temas tan poco atractivos que los periodistas fueron desapareciendo.

Así, según el plan para nombrar al nuevo presidente del Gobierno, el Rey debería pedir la dimisión a Arias un jueves, poco antes de las cinco de la tarde. El día de iniciar el proceso para relevar a Arias es, pues, el primero de julio, dado que a las cinco de esa tarde estaba convocado de oficio el Consejo del Reino. A eso de la una, el Rey recibe a Arias en el Palacio Real: Cuando empieza a plantear a Arias la nueva situación, es gratamente sorprendido:

—No quiero ser un obstáculo —dice el presidente asumiendo su relevo con naturalidad y para alivio del Rey.

El proceso para nombrar a Adolfo Suárez tiene al fin vía libre. En tres horas está convocado el Consejo del Reino, aunque ni la prensa ni los consejeros tienen la menor idea de la trascendencia de esta reunión. Con esta estrategia de despistar a la prensa y no avisar a nadie, el Rey logra un valor muy importante en política: la iniciativa. Durante los últimos siete meses, el Rey y su viejo profesor han trabajado muy discretamente con dos objetivos: diseñar, primero, un retrato robot del presidente del Gobierno, y decidir, después, quién es el candidato idóneo. Una persona se adecuaba casi a la perfección: Adolfo Suárez. Unas semanas antes los matrimonios Fernández-Miranda y Suárez cenan juntos:

—Arias es insostenible —argumenta Suárez—. Hay que pensar en el sustituto y el único posible eres tú.

—Yo no puedo ser presidente del Gobierno—, responde Fernández-Miranda.

Cinco de la tarde del primero de julio. Palacio de las Cortes. Fernández-Miranda da comienzo a la reunión del Consejo del Reino informando a los consejeros de la dimisión de Arias. Su objetivo es lograr que el nombre de Adolfo Suárez sea uno de los tres finalistas, y hacerlo sin desvelar que ese es el deseo del Rey. Las deliberaciones se desarrollarán en dos sesiones, el 2 y 3 de Julio de 1976. Solo dos personas saben quién es el elegido.

Como catedrático de Derecho Político, Fernández-Miranda sabe que el resultado de una votación depende del sistema que se utilice. Así, para llevar a Suárez a la terna decide comenzar dando la posibilidad a los consejeros de nombrar sus candidatos. Esa es la forma de introducir a su candidato sin levantar sospechas, pues la primera lista es de 32 nombres.

El siguiente paso es nombrar uno a uno en alto, de modo que si algún candidato no es defendido por nadie queda descartado. Así son eliminados los dos favoritos de la prensa: Manuel Fraga y José María de Areilza. Es la prueba de que el Consejo del Reino no está dispuesto a ser permisivo con los aperturistas. Pero Fernández-Miranda ha movido sus hilos y Suárez es defendido por uno de los consejeros: además de ser un hombre del Régimen —ni más ni menos que ministro del Movimiento—, es joven y carismático. Todavía resuena su discurso un mes atrás en las Cortes, cuando sin citar a Machado parafraseó «no está el mañana en el ayer escrito».

Las votaciones se siguen sucediendo hasta un momento en el que Fernández-Miranda intuye que Suárez va a caer. Solo quedan seis nombres. Es el momento de hacer un receso y replantear la estrategia. A la vuelta, y con la excusa de que todos los sectores del régimen estén representados, Torcuato propone agruparlos en tres grupos: falangistas, tecnócratas y democristianos. Los consejeros aceptan y se ven abocados a incluir a Suárez. Lo hacen sin sospechar nada y convencidos de que el Rey no se decantará por él. Federico Silva y Gregorio López Bravo han tenido muchos más votos.

Al abandonar las Cortes, los periodistas preguntan por el futuro presidente. Fernández-Miranda se detiene y dice una de sus frases enigmáticas:

—Estoy en condiciones de ofrecer al Rey lo que me ha pedido.

Unas horas después, el Rey recibe a Adolfo Suárez en el Palacio de la Zarzuela. Cuando el futuro presidente entra en la sala, Fernández-Miranda la abandona sin decirle nada.

—Adolfo, quiero que me hagas un favor…—, comienza el Rey.

—Señor…

—Quiero que seas presidente.

Es 3 de julio de 1976.

 

 

 

Publicado en el Blog de Campos el 17-01-2019