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Largo Caballero

El ayuntamiento de Madrid ha tomado la decisión de retirar el nombre de Largo Caballero de las calles de Madrid. La izquierda marxista y comunista ha puesto el grito en el cielo, con perdón. Esta es la biografía e ideas de este “demócrata”.

 

De: https://www.biografiasyvidas.com/biografia/l/largo.htm

Francisco Largo Caballero (Madrid, 1869 – París, 1946) Político y dirigente socialista español. En 1890 se afilió a la UGT y en 1894 al PSOE. En 1905 fue elegido concejal en Madrid. Miembro de la Comisión Ejecutiva de la UGT, fue detenido en 1909 acusado de preparar la huelga contra la guerra de Marruecos. Durante la huelga revolucionaria de 1917, estuvo en el comité de huelga, por lo que fue condenado a prisión, pero quedó libre al ser elegido diputado (1918). Ese mismo año se convirtió en secretario general de la UGT. En 1920 se opuso a la adhesión del partido a la III Internacional. Vicepresidente del PSOE en 1928, tras proclamarse la República fue ministro de Trabajo, cargo que volvió a ocupar en el Gobierno de Azaña (1931-1933). Con la victoria de la derecha en las elecciones, dejó las posturas moderadas y propugnó un frente unido de los trabajadores. Detenido a raíz del movimiento de octubre de 1934, en 1936 fue elegido diputado por el Frente Popular. Durante la guerra civil fue presidente del Consejo de Ministros (1936-1937). Detenido en Francia por los nazis, murió al poco tiempo de su liberación.


Francisco Largo Caballero

A los nueve años se inició en el oficio de estucador, ámbito laboral en el que desarrollaría su actividad como sindicalista. En 1890 ingresó en la Unión General de Trabajadores (UGT), fundada en 1888, y en otoño de aquel mismo año participó en la organización de una huelga de escayolistas para reivindicar la jornada laboral de ocho horas, lo que supuso el principio de su trayectoria ascendente en la UGT. En 1894 ingresó en el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), comenzando así su carrera política. Desde 1904 fue uno de los seis vocales integrantes de la Junta Directiva del Instituto de Reformas Sociales que designaban los trabajadores; al año siguiente ocupó su primer cargo político al salir elegido concejal del Ayuntamiento de Madrid por el PSOE, cargo que siguió ocupando tras los comicios municipales de 1909 y 1913.

En calidad de vicepresidente del Comité Nacional de la UGT, fue uno de los cuatro firmantes del manifiesto conjunto del PSOE y la UGT del 12 de agosto de 1917 para convocar una huelga general revolucionaria, que empezó al día siguiente y desencadenó la tercera fase de la crisis de 1917; como consecuencia de ello, fue detenido el 29 de septiembre de ese mismo año con los otros tres integrantes del comité de huelga y firmantes del manifiesto: Daniel Anguiano, como vicesecretario de la UGT, y Julián Besteiro y Andrés Saborit, como vicepresidente y vicesecretario, respectivamente, del PSOE. Los cuatro fueron juzgados, condenados a cadena perpetua y trasladados al penal de Cartagena (Murcia).

En las elecciones legislativas de 1918 fue elegido diputado a Cortes (al igual que sus compañeros de presidio), por lo que fue excarcelado en mayo de 1918; en el XIII Congreso de la UGT, celebrado en julio de aquel mismo año, salió elegido secretario general, cargo que habría de ocupar durante una veintena de años. Como secretario general de UGT, asistió en 1919 al congreso de la II Internacional en Berna y al I Congreso de la Federación Sindical Internacional (FSI), que tuvo lugar en Ámsterdam. A su regreso, y contra los criterios de otros dirigentes socialistas, Largo Caballero se opuso a la integración del PSOE en la III Internacional, razón por la cual no formó parte de la ejecutiva del PSOE salida del congreso extraordinario de 1920, en el que eran mayoritarios los partidarios de la adhesión a la misma.

Durante la dictadura del general Miguel Primo de Rivera (1923-1929), Largo Caballero apoyó (frente a la postura contraria de otros dirigentes socialistas como Indalecio Prieto o Fernando de los Ríos) la aceptación de cargos públicos por parte de los militantes del partido y del sindicato, hasta el punto de que él mismo formó parte, a partir de 1924, del Consejo de Estado. La pretensión de Primo de Rivera de perpetuar un régimen que había nacido con vocación de provisionalidad llevó a Largo Caballero a distanciarse de la postura del dictador y, finalmente, apoyó la tesis defendida por Indalecio Prieto de integrar al PSOE en el pacto de San Sebastián (1930), cuyo objetivo último era derrocar al rey Alfonso XIII y preparar el advenimiento de la república.

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Largo Caballero II

Frases de Largo Caballero

Los preparativos del golpe socialista de 1934 venían de antiguo. Ya en noviembre 1931, cuando se planteó un debate en torno a la propuesta -lógica y legal- de que se disolviesen las Cortes constituyentes, pues habían concluido su tarea, a fin de convocar Cortes legislativas ordinarias, Largo Caballero no sólo se opuso radicalmente sino que profirió, en sus declaraciones a Ahora, verdaderas amenazas: “La disolución de las Cortes sería la señal para que el Partido Socialista y la UGT lo considerasen como una provocación y se lanzasen a un nuevo movimiento revolucionario. No puedo aceptar tal posibilidad que sería un reto al Partido y que nos obligaría a ir a una guerra civil”. Vicente Palacio Atard, loc. cit., Razón española, 8, pp. 407-408.

“El Partido socialista no es un partido reformista (…) cuando ha habido necesidad de romper con la legalidad, sin ningún reparo y sin escrúpulo. El temperamento, la ideología, y la educación de nuestro partido no son para ir al reformismo”. Durante su discurso en el XIII Congreso del PSOE, celebrado en 1932, siendo Ministro de Trabajo.

De modo, pues, que mucho antes de la aparición de la CEDA y de que se presentase Gil Robles en la escena política, un sector que sería dominante en el PSOE anunciaba estar dispuesto a imponer sus criterios por la fuerza. Fue este mismo sector el que, en víspera de las elecciones de 1933, impidió que se publicase en El Socialista un discurso de Besteiro a la Juventudes Socialistas porque trataba de ponerlas en guardia contra “la ilusión de la dictadura del proletariado”.

 

 

Se dirá: ¡Ah esa es la dictadura del proletariado! Pero ¿es que vivimos en una democracia? Pues ¿qué hay hoy, más que una dictadura de burgueses? Se nos ataca porque vamos contra la propiedad. Efectivamente. Vamos a echar abajo el régimen de propiedad privada. No ocultamos que vamos a la revolución social. ¿Cómo? (Una voz en el público: ‘Como en Rusia´). No nos asusta eso. Vamos, repito, hacía la revolución social… mucho dudo que se pueda conseguir el triunfo dentro de la legalidad. Y en tal caso, camaradas habrá que obtenerlo por la violencia… nosotros respondemos: vamos legalmente hacia la revolución de la sociedad. Pero si no queréis, haremos la revolución violentamente (Gran ovación). Eso dirán los enemigos, es excitar a la guerra civil… Pongámonos en la realidad. Hay una guerra civil… No nos ceguemos camaradas. Lo que pasa es que esta guerra no ha tomado aún los caracteres cruentos que, por fortuna o desgracia, tendrá inexorablemente que tomar. El 19 vamos a las urnas… Mas no olvidéis que los hechos nos llevarán a actos en que hemos de necesitar más energía y más decisión que para ir a las urnas. ¿Excitación al motín? No, simplemente decirle a la clase obrera que debe preparase… Tenemos que luchar, como sea, hasta que en las torres y en los edificios oficiales ondee no la bandera tricolor de una República burguesa, sino la bandera roja de la Revolución Socialista”. El Socialista, 9-11-33.

El Socialista, 24 de junio de 1933, p. 3: El ministro de Trabajo y líder socialista Francisco Largo Caballero, en un discurso ante las Delegaciones hispanoamericanas en la Conferencia Internacional del Trabajo celebrada en Ginebra:

“(…) ideología liberal y democrática que pertenece a otros partidos republicanos, pero que no es esencialmente la nuestra, la del Partido Socialista.

(…) no desertaremos de nuestro deber y llevaremos la revolución española a los fines que le señaló la voluntad popular por todos los medios que para ello sean precisos. Con nosotros, cuando se quiera; sin nosotros, ni un paso. En España, afortunadamente, no hay ningún peligro de que se produzca ese nacionalismo exasperado, porque no existen las causas que se dan en otros países. No hay un ejército desmovilizado y sin trabajo (…). No hay millones de parados.

(…). No hay beligerantes de ayer a quienes culpar de las dificultades económicas creadas (…). No hay problemas de raza, y en España no sabemos bien, ni nos importa, en qué se diferencia un ario de un judío. No hay líderes nacionalistas. Nosotros tuvimos ya una dictadura, pero pasó para siempre a la historia, y no volverá”.

 

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Largo Caballero I

Desde el “abrazo rojo” entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, tanto ellos personalmente como los Partidos Políticos a los que representan, bufan cuando alguien habla, escribe o se refiere a dos figuras claves en la década de los años treinta del siglo pasado, la de la luctuosa Guerra Civil del año 1936 y siguientes: Santiago Carrillo y Largo Caballero. A Carrillo porque en este mes de noviembre se cumple el 83 aniversario de la llamada “Matanza de Paracuellos del Jarama”, y a Largo Caballero porque se le ha empezado a llamar a Pedro Sánchez, yo uno de los primeros, el Largo Caballero del siglo XXI.

Dejo al margen de este artículo a Santiago Carrillo, por haber contribuido decisivamente a la Transición española, en dónde todos nos dimos el perdón y un fraterno abrazo, olvidando en su totalidad cada uno de los horrores que ambas partes cometieron.

Ahora voy a centrarme en Largo Caballero, una de las figuras españolas más despreciables del siglo pasado, antes que el sanchismo, comunistas, secesionistas y anticapitalistas, impongan la censura y la interpretación de la historia de forma unidireccional a sus ideas. Lo que no se es que van a hacer con los millones de libros escritos en todos los idiomas sobre este asunto.

A pesar de la extensión de este artículo, a quien quiera profundizar en el tema, con referencias documentadas de periódicos, libros, autores y todo tipo de datos contrastados, les remito a: 

 

De: https://www.biografiasyvidas.com/biografia/l/largo.htm

Francisco Largo Caballero (Madrid, 1869 – París, 1946) Político y dirigente socialista español. En 1890 se afilió a la UGT y en 1894 al PSOE. En 1905 fue elegido concejal en Madrid. Miembro de la Comisión Ejecutiva de la UGT, fue detenido en 1909 acusado de preparar la huelga contra la guerra de Marruecos. Durante la huelga revolucionaria de 1917, estuvo en el comité de huelga, por lo que fue condenado a prisión, pero quedó libre al ser elegido diputado (1918). Ese mismo año se convirtió en secretario general de la UGT. En 1920 se opuso a la adhesión del partido a la III Internacional. Vicepresidente del PSOE en 1928, tras proclamarse la República fue ministro de Trabajo, cargo que volvió a ocupar en el Gobierno de Azaña (1931-1933). Con la victoria de la derecha en las elecciones, dejó las posturas moderadas y propugnó un frente unido de los trabajadores. Detenido a raíz del movimiento de octubre de 1934, en 1936 fue elegido diputado por el Frente Popular. Durante la guerra civil fue presidente del Consejo de Ministros (1936-1937). Detenido en Francia por los nazis, murió al poco tiempo de su liberación.

 


Francisco Largo Caballero

 

A los nueve años se inició en el oficio de estucador, ámbito laboral en el que desarrollaría su actividad como sindicalista. En 1890 ingresó en la Unión General de Trabajadores (UGT), fundada en 1888, y en otoño de aquel mismo año participó en la organización de una huelga de escayolistas para reivindicar la jornada laboral de ocho horas, lo que supuso el principio de su trayectoria ascendente en la UGT. En 1894 ingresó en el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), comenzando así su carrera política. Desde 1904 fue uno de los seis vocales integrantes de la Junta Directiva del Instituto de Reformas Sociales que designaban los trabajadores; al año siguiente ocupó su primer cargo político al salir elegido concejal del Ayuntamiento de Madrid por el PSOE, cargo que siguió ocupando tras los comicios municipales de 1909 y 1913.

En calidad de vicepresidente del Comité Nacional de la UGT, fue uno de los cuatro firmantes del manifiesto conjunto del PSOE y la UGT del 12 de agosto de 1917 para convocar una huelga general revolucionaria, que empezó al día siguiente y desencadenó la tercera fase de la crisis de 1917; como consecuencia de ello, fue detenido el 29 de septiembre de ese mismo año con los otros tres integrantes del comité de huelga y firmantes del manifiesto: Daniel Anguiano, como vicesecretario de la UGT, y Julián Besteiro y Andrés Saborit, como vicepresidente y vicesecretario, respectivamente, del PSOE. Los cuatro fueron juzgados, condenados a cadena perpetua y trasladados al penal de Cartagena (Murcia).

En las elecciones legislativas de 1918 fue elegido diputado a Cortes (al igual que sus compañeros de presidio), por lo que fue excarcelado en mayo de 1918; en el XIII Congreso de la UGT, celebrado en julio de aquel mismo año, salió elegido secretario general, cargo que habría de ocupar durante una veintena de años. Como secretario general de UGT, asistió en 1919 al congreso de la II Internacional en Berna y al I Congreso de la Federación Sindical Internacional (FSI), que tuvo lugar en Ámsterdam. A su regreso, y contra los criterios de otros dirigentes socialistas, Largo Caballero se opuso a la integración del PSOE en la III Internacional, razón por la cual no formó parte de la ejecutiva del PSOE salida del congreso extraordinario de 1920, en el que eran mayoritarios los partidarios de la adhesión a la misma.

Durante la dictadura del general Miguel Primo de Rivera (1923-1929), Largo Caballero apoyó (frente a la postura contraria de otros dirigentes socialistas como Indalecio Prieto o Fernando de los Ríos) la aceptación de cargos públicos por parte de los militantes del partido y del sindicato, hasta el punto de que él mismo formó parte, a partir de 1924, del Consejo de Estado. La pretensión de Primo de Rivera de perpetuar un régimen que había nacido con vocación de provisionalidad llevó a Largo Caballero a distanciarse de la postura del dictador y, finalmente, apoyó la tesis defendida por Indalecio Prieto de integrar al PSOE en el pacto de San Sebastián (1930), cuyo objetivo último era derrocar al rey Alfonso XIII y preparar el advenimiento de la república.

Tras las elecciones municipales de 1931, y ante la victoria de los republicanos en las principales capitales de provincia y la proclamación de la Segunda República, Alfonso XIII abandonó España. Los firmantes del pacto de San Sebastián constituyeron un gobierno provisional, presidido por Niceto Alcalá Zamora, en el que Francisco Largo Caballero se hizo cargo de la cartera de Trabajo. Tras la aprobación de la Constitución de 1931, se mantuvo al frente del mismo ministerio en el primer gabinete presidido por Manuel Azaña (1931-1933). En 1932 fue elegido presidente del PSOE, cargo en el que permanecería hasta su dimisión en 1935.

La victoria conservadora en las elecciones de 1933 hizo que los dirigentes del PSOE tuvieran que abandonar el gobierno y pasar a la oposición. Largo Caballero, que había ido evolucionando hacia posiciones cada vez más extremas, intervino de forma decisiva en los preparativos de la Revolución de octubre de 1934, acelerada por la entrada de ministros pertenecientes a la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA) en el gobierno de Alejandro Lerroux (1934-1935). Sofocada la revuelta, fue juzgado y condenado por su implicación en los sucesos revolucionarios, pero quedó pronto en libertad.

Tras el estallido de la Guerra Civil (1936-1939), y mientras las tropas nacionales avanzaban sobre Madrid, Francisco Largo Caballero fue designado para presidir un gobierno de coalición (1936-1937), compuesto por ministros de las diferentes fuerzas políticas que conformaban el Frente Popular y en el que ocupó también la cartera de Guerra; sin embargo, por su incapacidad para resolver la crisis barcelonesa de comienzos de mayo de 1937 (enfrentamientos callejeros entre la Generalitat de Catalunya y los comunistas con los anarquistas y los militantes del Partido Obrero de Unificación Marxista, POUM), se vio obligado a dimitir de la presidencia del gobierno y, carente incluso del apoyo de los tres ministros socialistas, a abandonar sus cargos en el PSOE y en la UGT.

En enero de 1939 abandonó España con destino a Francia, pero, tras la invasión de este país por las tropas nacionalsocialistas alemanas (1940), fue detenido por el gobierno colaboracionista de Vichy, entregado a los alemanes e internado en 1943 en el campo de concentración de Sachsenhausen, cerca de Oranienburg (Alemania), de donde fue liberado en 1945, poco antes de su fallecimiento.

 

 

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Genocidio contra la Iglesia en 1936

Testimonio estremecedor: El genocidio contra la Iglesia en 1936. Jaime Ignacio del Burgo en La Razón del 24-08-2019

El 7 de enero de 1937, Manuel de Irujo, del PNV, ministro sin cartera de Francisco Largo Caballero, denunciaba el asesinato de miles de religiosos por parte de los militantes del Frente Popular. Una acción que fue planeada y deliberada.

 

Milicianos disfrazados con vestiduras religiosas

tras el saqueo de la iglesia de un pueblo en 1936 / EFE.

 

Los mentores de la Memoria Histórica, en los términos de la normativa aprobada en 2007 y disposiciones posteriores, se niegan a reconocer el genocidio perpetrado contra la Iglesia Católica en la Guerra Civil. En uno de mis últimos libros, titulado «Navarra en la historia. Realidad histórica frente a los mitos aberzales» (Editorial Almuzara, 2017), publiqué sobre este asunto un documento histórico estremecedor y esclarecedor que ha pasado inadvertido. No se trata del testimonio de alguien que padeció la represión desatada contra la Iglesia Católica desde el 18 de julio de 1936 en el bando republicano, sino de una persona que la vivió desde el puente de mando del Gobierno. Me refiero al «Memorándum» que Manuel de Irujo, uno de los políticos más notables del PNV en el siglo XX, en su condición de ministro sin cartera elevó al presidente del Consejo de Ministros, el socialista Francisco Largo Caballero. Entiendo que este documento debiera ser de conocimiento general para que las generaciones actuales puedan tener más elementos de juicio sobre aquel trágico período de nuestra historia contemporánea.

Irujo, estellés de nacimiento, era diputado a Cortes del PNV por Guipúzcoa cuando entre el 17 al 19 de julio de 1936 estalló el levantamiento militar dirigido desde Pamplona por el general Mola. Acudió a Bilbao a una reunión de las ejecutivas del PNV de Vizcaya y de Guipúzcoa para decidir si se sumaban al alzamiento o apoyaban al Frente Popular, incapaz de afrontar el caos que se había apoderado en España desde su acceso al Gobierno en febrero de 1936.

Sobre el Frente Popular daré un par de pinceladas. Se trataba de una coalición impulsada por el líder de Izquierda Republicana Manuel Azaña, y de la que formaron parte, entre otros partidos revolucionarios, el PSOE y el PC. En dichas elecciones las izquierdas habían sido ampliamente derrotadas por las derechas, que se habían agrupado en torno a la CEDA encabezada por Gil Robles. Pero los resultados electorales globales no se publicaron nunca. Investigaciones exhaustivas realizadas por historiadores de absoluta solvencia demuestran que se habían cometido gravísimas irregularidades que supusieron la privación a las derechas de 50 escaños, impidiéndoles de esa forma volver a formar gobierno. El PSOE había protagonizado en octubre de 1934 un golpe de Estado contra el Gobierno presidido por un republicano de indiscutible pedigrí como Alejandro Lerroux, con el fin de proclamar la Revolución Social e implantar la dictadura del proletariado, siguiendo el modelo soviético de Lenin impuesto en Rusia desde la Revolución de octubre de 1917. Uno de los líderes del golpe fue Francisco Largo Caballero, al que sus partidarios llamaban «el Lenin español», que abogaba por derribar la República burguesa.

En la campaña electoral de las elecciones generales de noviembre de 1933, donde el PSOE perdió más de la mitad de los diputados que había obtenido en 1931, proclamó: «Vamos, repito, hacia la revolución social… mucho dudo que se pueda conseguir el triunfo dentro de la legalidad. Y en tal caso, camaradas, habrá que obtenerlo por la violencia… Nosotros respondemos vamos legalmente hacia la revolución de la sociedad. Pero si no queréis, haremos la revolución violentamente (Gran ovación). Eso, dirán los enemigos, es excitar a la guerra civil… Pongámonos en la realidad. Hay una guerra civil… No nos ceguemos, camaradas. Lo que pasa es que esta guerra no ha tomado aún los caracteres cruentos que, por fortuna o desgracia, tendrá inexorablemente que tomar». Nada más conocer el resultado de las elecciones, las ejecutivas del PSOE y de UGT comenzaron a preparar la insurrección armada contra el nuevo Gobierno. El diputado por Vizcaya Indalecio Prieto, que compartía con Largo Caballero el poder en el partido, se ocupó de comprar las armas y las juventudes socialistas comenzaron a recibir instrucción militar. La sublevación tuvo lugar el 5 de octubre de 1934. Hubo centenares de muertos. En Asturias, durante los 15 días en que el Principado estuvo en poder de los mineros. Tiempo suficiente para asesinar a cerca de 40 sacerdotes. En el País Vasco, en Eibar, entre otros crímenes destaca el cometido en la Casa del Pueblo de Eibar con el fusilamiento de Marcelino Oreja, diputado carlista por Guipúzcoa. El Gobierno sofocó la rebelión, pero a partir de ese momento el clima de violencia guerracivilista creció de manera exponencial. En 1942, el otro gran protagonista del golpe, Indalecio Precio, confesó en México: «Me declaro culpable ante mi conciencia, ante el Partido Socialista y ante España entera, de mi participación en aquel movimiento revolucionario. Lo declaro como culpa, como pecado, no como gloria…». El Partido Nacionalista Vasco era en aquellos momentos un partido ultracatólico, independentista y de derechas. Desde la proclamación de la República venía intentado constituirse en Región Autónoma conforme a la Constitución de 1931. El intento de incorporar a Navarra había fracasado en 1932. Un año después se sometió a referéndum del país vascongado un proyecto de Estatuto sin Navarra. Resultó aprobado, pero Álava se opuso porque en su territorio no había obtenido la mayoría de dos tercios del electorado, a diferencia de Guipúzcoa y Vizcaya. Esto produjo la hibernación del proyecto en las Cortes.

Tras el acceso al Gobierno del Frente Popular, Prieto, de acuerdo con Irujo y José Antonio Aguirre, diputado este último por Vizcaya, había conseguido desatascar la tramitación, pero las vacaciones veraniegas la habían paralizado. El dilema que se ofrecía a los dirigentes nacionalistas era el de apoyar o no el alzamiento militar. Irujo estaba convencido de que el Gobierno sofocaría el golpe con rapidez. Propuso y así se aprobó comunicar al Gobierno su lealtad, aunque con el compromiso de que el Estatuto se aprobara de inmediato. El Gobierno así lo aceptó. No fue ésta la postura de la dirección del PNV en Navarra y en Álava, pues en ambos casos se adhirieron a la sublevación.

De acuerdo con el compromiso asumido, el 1 de octubre de 1936 las Cortes republicanas aprobaron el Estatuto. «Con arreglo a la Constitución de la República y al presente Estatuto, Álava, Guipúzcoa y Vizcaya se constituyen en región autónoma dentro del Estado Español, adoptando la denominación de País Vasco».

 

 

El 4 de octubre Irujo fue nombrado ministro sin cartera en el gabinete de Largo Caballero. Y el día 7 de octubre Aguirre resultó elegido presidente del ejecutivo vasco en una asamblea de Ayuntamientos en su gran mayoría vizcaínos, pues los sublevados controlaban ya la práctica totalidad de Álava y Guipúzcoa. Juró su cargo en vascuence y en castellano: «Humilde ante Dios, en pie sobre la Tierra Vasca, en recuerdo de los antepasados, bajo el Árbol de Guernica, ante los representantes del pueblo, juro desempeñar fielmente mi cargo».

El «Memorándum» de Manuel de Irujo está fechado el 7 de enero de 1937, cuando solo habían transcurrido seis meses desde el inicio de la guerra. En él denuncia el asesinato de miles de clérigos por el mero hecho de serlo, la prohibición y persecución del culto católico, la destrucción de todos los altares y objetos de culto con grave daño a nuestro patrimonio histórico-artístico, el incendio de la mayor parte de los templos en Cataluña y otros desmanes. Señala que gracias al PNV se había evitado la masacre de la Iglesia en el País Vasco. Aunque no siempre los «gudaris» nacionalistas tuvieron éxito, pues las milicias del frente popular asesinaron mientras duró el dominio republicano en Vizcaya (del 18 de julio de 1936 al 19 de junio de 1937) a sesenta sacerdotes vascos.

Asesinatos deliberados. El «Memorándum» no causó ningún efecto en el Gobierno ni sirvió para mejorar la situación. Al final de la guerra civil el saldo de asesinados fue terrible. Las milicias revolucionarias eliminaron, en muchos casos después de terribles torturas y vejaciones físicas y morales, a cerca de 10.000 sacerdotes, religiosos y religiosas. No fueron como se pretende ahora asesinatos aislados, obra de gentes incontroladas sedientas de sangre y desesperadas por sus miserables condiciones de vida, sino que obedecieron a una voluntad consciente y deliberada del Frente Popular de exterminar a la Iglesia para conseguir la total erradicación del sentimiento católico mayoritario en la sociedad española de aquella época. En nuestros días, tales atrocidades encajarían en el delito de genocidio definido en los artículos 5,1 a) y 6, a) y b) del Tratado de Roma de 1998 sobre creación del Tribunal Penal Internacional.

Por todo esto, resulta absolutamente incomprensible que se pretenda imponer un relato unívoco y además sectario de lo ocurrido durante la guerra civil con la amenaza de sancionar a quienes discrepen de la versión oficial. En cambio, se expide carné de demócratas a quienes mantienen, al día de hoy, las bondades del totalitarismo comunista causante del asesinato de más de cien millones de personas y de la violación permanente de los derechos humanos más elementales en numerosas naciones del mundo, que continúa en países como China, Cuba, Corea del Norte y Vietnam, a los que hay que añadir la Venezuela bolivariana. Y no solo no se les discute el carné de demócratas, sino que se les invita a formar parte como socios preferentes del gobierno de España y se acuerdan coaliciones de gobierno en numerosas comunidades autónomas y ayuntamientos. Todo con tal de cerrar el paso a «las derechas», expresión característica del guerracivilismo de la época republicana.

Puesto que uno de los partidos que desde 2007 está empeñado en remover las cenizas de la guerra civil, rompiendo el pacto constitucional, presume de ser el partido más antiguo de España, ya que fue fundado el 2 de mayo de 1879 por Pablo Iglesias, y se vanagloria de haber defendido en todo momento y ocasión la democracia, no estaría de más que además de condenar los crímenes ajenos haga autocrítica y reconozca los propios, al menos desde el 5 de octubre de 1934, fecha en la que el PSOE y la UGT se sublevaron contra el legítimo gobierno de la República con la finalidad de acabar con la República burguesa e implantar la dictadura del proletariado, hasta el 1 de abril de 1939. Y acepten la retirada de las estatuas que rinden homenaje a Largo Caballero y Prieto en el Paseo de la Castellana, donde hasta no hace mucho fueron vecinos de una estatua ecuestre del general Franco retirada con nocturnidad en 2005.

En este asunto, como en tantos otros, el que esté libre de culpa que tire la primera piedra. Aquel trágico episodio de nuestra historia no fue un enfrentamiento de buenos y malos, de pacíficos demócratas y fascistas sedientos de sangre. Fue un gran fracaso colectivo que produjo sufrimientos inmensos al conjunto de la sociedad española. Ocurrió hace 80 años. Y el primer empeño de los constituyentes fue propiciar un espíritu de concordia y reconciliación para construir un futuro plenamente democrático en paz y en libertad. Por otra parte, las generaciones de la postguerra no teníamos que reconciliarnos con nada ni con nadie porque de nada fuimos responsables y a nadie habíamos hecho daño alguno. Por eso, debemos hacer el esfuerzo necesario para evitar que el guerracivilismo emponzoñe de nuevo a la sociedad española en pleno siglo XXI y recuperar el espíritu de concordia y conciliación que presidió la elaboración de la Constitución de 1978, la única Constitución de toda nuestra historia redactada por consenso de la inmensa mayoría de las fuerzas políticas.

 

 

Aquí estamos – Primera parte – Marxismo

Pasan las hojas del calendario, avanza el nuevo año y sigue el cuento viejo. En España hay mucho sentimiento republicano, la mayoría por ser conscientes que todas las personas nacemos desnudos, llorando y con la sangre roja, sin ninguna otra distinción. Y que hombres y mujeres se hacen con esfuerzo, preparación y lucha para conseguir cualquier desempeño obtenido en igualdad de oportunidades y no predestinados desde la cuna.

Pero, duele reconocerlo, los españoles somos los inventores de la picaresca, los sobres voladores, la mordida de la serpiente, sola o acompañada de terceros, dar sombra al botijo, la ley del mínimo esfuerzo y, actualmente, muy europeos y democráticos, siempre que Europa nos preste dinero y siempre que la votación general coincida con nuestros propios deseos y pensamientos. Leer Más…