Cuestión de pelo

Yolanda Díaz Pérez, vicepresidenta del Gobierno por la gracia de Pablo Iglesias, comunista, amiga íntima de Irene Montero, no ha trabajado nunca en la empresa privada, es abogada laboralista y activista feminista.

De izquierda radical y sindicalista desde la cuna, dicen que es una brillante oradora, durísima negociadora, inflexible en sus planteamientos, feminista convencida, y sobre la que existen opiniones encontradas, una de ellas la que asegura que es la persona adecuada para joder cualquier iniciativa de emprendedores.

Con gran bombo y boato, ha asegurado que en el documento que el Ejecutivo ha enviado a Bruselas para acceder a los Fondos Europeos de Recuperación, se ha incluido la derogación de la reforma laboral del PP, para devolver derechos a los trabajadores.

Los próximos meses serán una “revolución en el mercado de trabajo”, una enmienda a la totalidad a la política laboral de la Administración Rajoy, a la que culpó del retraso en la salida de la anterior crisis por las medidas de austeridad y reducción salarial practicadas. Anunció su intención para “tejer un nuevo contrato social” para devolver “derechos arrebatados” y reequilibrar la negociación colectiva, priorizando la contratación indefinida como norma y el contrato fijo-discontinuo para las actividades de fuerte temporalidad, como el turismo o la agricultura…. dado que “la pauta va a ser la estabilidad en el empleo y la excepción van a ser los despidos”. “La legislatura empieza ahora”, ha concluido. Demasiados obstáculos a la contratación laboral en pleno siglo XXI.

No ha tardado mucho en ser “infiel” a su amiga Irene Montero; en una nueva lucha de poderes, le ha faltado tiempo para intentar coaligarse con Errejón, apoyada por CCOO y el Partido Comunista, y convertirse en el nuevo socio chavista para extender Más Madrid a Más País, apoyada por Roures y Pablo Iglesias desde un nuevo medio de comunicación creado ad doc.

En las últimas elecciones generales, Errejón se presentó con un libreto en el que se dirigía a votantes ecologistas, feministas e izquierda radical en un mundo de naturaleza idílica: Acuerdo verde para España, acuerdo verde y feminismo confluirán en una agenda común con un enorme potencial para transformar nuestro país en un sentido progresista, modernización ecológica y digital de la economía, una nueva constitución a la altura de la emergencia climática, empleo verde, rehabilitación de edificios o limitar los vuelos peninsulares a favor del uso del tren, electricidad 100% renovable.

La otra característica de sus propuestas es el intervencionismo, en donde aflora el sustrato comunista.

«Impulsaremos los cambios legislativos necesarios para, aprovechando los avances tecnológicos y los aumentos de la productividad, reducir la jornada laboral sin pérdida de salario a 32 horas semanales en el marco de la próxima década, intentando que en la mayoría de los sectores esto se traduzca en una semana laboral de 4 días». Esta reducción de la jornada laboral «podrá ser modulada de modo flexible, en semanas de 5 días o mediante su acumulación en años sabáticos pagados», añade.

«Trabajar todos y trabajar menos», ha resumido Errejón, para quien la reducción de la jornada, sin merma salarial, arrastra ventajas medioambientales (menos transporte) y en salud (más tiempo para deporte).

Rebajar la edad de voto a los 16 años; se es menor de edad a efectos legales y de responsabilidad penal, pero no a efectos sexuales, para abortar o políticos porque, en teoría, recogería el voto de los más jóvenes y de la generación “millennial”, tomándolos de la parte más reaccionaria del PSOE.

«Cada viaje en tren de alta velocidad contamina veinte veces menos que un viaje en avión. Debemos hacer del tren el elemento vertebrador del transporte en nuestro país: mejorando las redes de cercanías, alcanzando la electrificación total de la red, desarrollando proyectos como el corredor mediterráneo, el corredor Atlántico o el tren a Extremadura y rehaciendo la estructura tarifaria de RENFE».

Un cambio verdaderamente importante: Cambiar el concepto del PIB como hasta ahora lo conocemos porque «es un indicador necesario pero cada vez más contraproducente en sus dos tareas fundamentales: cuantificar la riqueza nacional y marcar metas colectivas que orienten un proyecto compartido de país. Su carácter distorsionante ha quedado en evidencia en una situación de crisis climática radicalmente nueva, que el PIB ni sabe medir ni ayuda a atajar, ejemplo de la necesidad de replantear la idoneidad de muchos esquemas económicos que se están demostrando obsoletos». Por ello proponen una Reforma Ecológica y feminista de la Contabilidad Nacional en dos claves: «en primer término, desplazaremos al PIB del centro de gravedad de la acción económica. Siguiendo el camino inaugurado por Nueva Zelanda, constituiremos una Comisión Parlamentaria para introducir un Índice de bienestar que constituirá el nuevo concepto-guía en la elaboración de los Presupuestos Generales del Estado y en los objetivos de las diversas políticas públicas españolas».

Y aparca, sin citarlos, los más acuciantes problemas que tenemos: La unidad de España, la Constitución Española, la Monarquía, Cataluña, Euskadi, pensiones, sanidad y seguridad social, paro, inmigración, subvenciones a todo el mundo, crisis económica, vivienda, …

Mientras se enarbola la bandera verde, dimite la Secretaria de Estado de Economía, responsable de la gestión de la Deuda Pública Española, a la que sustituye Gonzalo García Andrés, quien el año pasado escribió un artículo en el que decía “sería un gesto de los pensionistas aceptar una reducción de sus pensiones nominales el año que viene … sería coherente con el mantenimiento de su poder adquisitivo. Si no se reducen se estará de nuevo aumentando el poder adquisitivo de los pensionistas en un entorno de fuertes caídas en las rentas reales de los trabajadores activos”;

y el Director General de Economía y Estadística del Banco de España avisa que, si no se lleva a cabo ningún tipo de ajuste, la Deuda Pública no alcanzará los niveles pre-covid al menos hasta el año 2035;

y el Gobierno español propicia que en Euskadi se agiten en sus tumbas los muertos por ETA mientras sus asesinos quedan libres y “socializados”, y en Cataluña se indulta a los golpistas, que tienen intención de volver a intentarlo, y surge el eslogan “guerra por la tierra” contra el “invasor” español y “a morir por Cataluña”. Quedo a las órdenes de mi paisano, el príncipe de Vergara y duque de la Victoria.

Desde que ha dejado la política activa, Pablo Iglesias se ha cortado la coleta y aparece con un nuevo look de corte menos libertario y más de profesión liberal, de cuarentañero ligón; Yolanda Díaz, algo mayor que él, es la rubia pizpireta que sabe mover la melena y que puede confundir al contrario. Hemos cambiado el estilo SEPU por el de ejecutiva dinámica y agresiva. Para mí, va a resultar que hemos salido de Málaga para entrar en Malagón. Todo, en una España crispada en donde la única verdad universal es que cada uno queremos que la razón sea la nuestra.

Publicado en PUERTA DE MADRID de Alcalá de Henares el 21-05-2021

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One response to “Cuestión de pelo”

  1. unodeltendido says :

    Todas estas ideas económicas-revolucionarias, se me escapan de mis conocimientos y por lo tanto ni puedo ni quiero valorarla, solo sé que mientras haya colas del hambre, mientras Cáritas no de a basto, que los centros asistenciales se las vean y se las desean para dar un plato de comida, todos estos visionarios futuristas me sobran y lo que tienen que hacer es predicar con el ejemplo y no decirnos A LOS DEMÁS QUE ES LO QUE TENEM,OS QUE HACER.

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