Casado y el déficit estructural de Sánchez

Por Carmelo Tajadura en Vozpopuli del 07-11-2021

La semana pasada, en el debate de las enmiendas a la totalidad de los presupuestos, decía Casado que el déficit obligará a «60.000 millones de euros de ajustes. Ya lo hará el PP», avisó.

No puede llevar más razón el líder de la oposición. Esos 60.000 millones se pueden identificar, más o menos, con el déficit público estructural que tiene España en este momento. Es decir, la parte que no se corresponde con los vaivenes del ciclo económico y que requiere medidas de fondo para su corrección. Medidas que tendrían un coste electoral y que, por ello, les cuesta muchísimo a los partidos afrontar.

Así que el Gobierno actual ha practicado todo lo contrario. Es decir que, aparte de las actuaciones temporales exigidas por la crisis de la covid (acertadas en general), se ha dedicado a aprobar también medidas de gasto permanente que han incrementado el mencionado déficit estructural desde un nivel del orden del 3%, donde lo dejó el Gobierno de Rajoy, a otro que debe incluso superar el 5% en la actualidad, el mayor de la eurozona. Es la consecuencia de los errores de un presidente cuya directriz es alargar su estancia en la Moncloa, de un partido socialista que cuando gobierna suele dejar la economía en un estado lastimoso (ocurrió en 1996 y en 2011), y de un socio podemita de coalición donde predomina la ineptitud.

Y ha sido posible porque la UE decretó el abandono transitorio de la disciplina fiscal, como consecuencia de la crisis, y porque el BCE de Lagarde se ha dedicado a comprar toda la deuda que España emitía en los mercados, aunque lo haya hecho -como en el cuento del traje nuevo del emperador- diciendo que no financia a los Estados. Encima tenemos que escuchar a algunos miembros de este Gobierno alardear de que el coste en intereses de la deuda actual es menor que antes, aunque esta última represente más de un 120% del PIB frente al 100% anterior. Podrían «vendernos» que se ha alargado el plazo de la deuda, lo que sin duda es positivo. Pero no presumir de un mérito que es de otro.

Es cierto que el coste es menor, pero a las cigarras les suele llegar el invierno. Y al Gobierno español le acabará llegando. Porque, ahora que tanto se habla de sostenibilidad en las empresas y en el medio ambiente, nuestro déficit estructural no es sostenible. Y, en cuanto el BCE reduzca significativamente sus adquisiciones de deuda, los mercados nos empezarán a exigir mayor contraprestación por emitir papel para financiarlo. Al mismo tiempo que Bruselas nos pondrá en la diana.

Y aquí enlazamos con la segunda parte de las declaraciones de Casado. Porque, si es verdad que acierta al denunciar esos 60.000 millones de agujero, no se entiende y resulta absurdo que a continuación pase a prometer que cuando gobierne procedería a «bajar 10.000 millones los impuestos». Eso no cuadra. Sobre todo, sin decir qué gastos bajaría. Señalándolos concretamente, no en forma de nebulosa.

Es el fruto de intentar jugar a todas las barajas y apuntarse a lo que sirva para atraer algún voto al convento. Lo que resulta especialmente frívolo cuando se tiene el precedente de Rajoy que, en la campaña previa a las elecciones en que obtuvo la mayoría absoluta, prometió cosas imposibles. Y, luego, la primera medida del sr. Montoro como ministro de Hacienda fue una enorme subida de impuestos.

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En realidad, no pienso que un eventual Gobierno del PP vaya a eliminar el déficit estructural. Porque es endémico y el coste electoral también sería para ellos. Pero sí que es verdad que cualquier Gobierno lo tendrá que afrontar y empezar, al menos, a reducirlo. Y el próximo Gobierno lo hará.

En realidad, se nota que Casado carece por ahora de un equipo económico solvente. Es verdad que estando en la oposición no resulta fácil configurarlo. Pero, a estas alturas, ya va siendo imprescindible que conforme una alternativa económica seria, con personas de prestigio que elaboren el programa económico que necesita nuestro país. Y que Casado se comprometa a garantizar a ese equipo suficiente relevancia como para atraer talento.

Ese diseño económico, entre otras actuaciones, debería incluir un plan de consolidación fiscal a medio plazo, que resulta absolutamente imprescindible porque, si no, los mercados acabarían castigándonos sobremanera. Que, desde luego, tiene que contemplar una significativa reducción de gastos. Pero que, dado el desfase a donde hemos llegado, no parece que pueda soslayar, al mismo tiempo, subidas de impuestos. Porque la servilleta de Laffer ya está pasada de moda… Otra cosa es que se deba actuar sobre las figuras impositivas que menos dañen la actividad económica.

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