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Democracia venezolana

Ha habido elecciones democráticas en Venezuela. Con 29 millones de habitantes, 21 millones de ellos con derecho a voto; aunque los datos varían según qué fuentes consultes, han votado el 31% de los electores, y ha ganado Nicolás Maduro con el 67% de los votos. Aproximadamente 4,5 millones de personas, el 15% de toda la población han elegido la nueva Asamblea Nacional y presidente a Nicolás Maduro.

Comparo esta votación con las que se hacían en España con Franco, que eran tan democráticas como estas de Maduro, con la diferencia que Franco obtenía más del 90% de los votos, lo que quiere decir que lo querían más entonces que a Maduro ahora.

Lo peor de todo no es errar, que todos lo hacemos alguna vez en nuestra vida; lo peor es persistir en el error. Y eso es lo que le pasa al Tonto de Babia, que ha resultado no ser tan tonto, porque de abogado de toca sin usar, ha pasado a tener unos signos externos de rico, supongo que propiciado por su agenda como expresidente del Gobierno de España.

Va mucho por Venezuela, y en esta ocasión como “observador imparcial” en las elecciones celebradas, no de forma oficial como representante de la Unión Europea ni de España, y ha salido diciendo que “Lo cierto es que va a haber un Gobierno, lo cierto es que va a haber una Asamblea y de una u otra manera se va a trabajar con esa realidad institucional”  y que “el régimen bolivariano debería ser reconocido por todos los países del mundo”.

Las dos caras de la moneda. Diosdado Cabello, “número dos” del régimen y presidente de la Asamblea Constituyente, defendió a Zapatero en su programa de televisión y atacó a Felipe González: “Felipe lo que quiere es un golpe de estado”.

Por el contrario, once miembros de la opositora Asamblea Nacional de Venezuela, liderados por Juan Guaidó, recuerdan al exjefe del Ejecutivo español que ellos son “la voz legítima del pueblo venezolano al que se le usurpó la democracia” mientras que Maduro representa “una dictadura cada día más decadente, abusiva y cruel” con la que él “está colaborando abiertamente”. “Para nosotros sólo es un aliado del usurpador que nos oprime, que nos persigue, que nos asesina”. Y se preguntan “¿Toleraría usted unas elecciones en España con PSOE, PP, Vox y Ciudadanos prohibidos o perseguidos?”. Y terminan con “Para nosotros la distinción verdadera está clara: es la que separa a los demócratas de los sátrapas. Lamentamos que usted se haya situado, ya sin ningún maquillaje, en la defensa de los segundos”.

Zapatero fue quien inició en España la demolición de la Transición y “resucitó” a muertos enterrados muchos años atrás, abriendo heridas que considerábamos cerradas. Alumnos aventajados, que han superado al maestro, son el presidente y vicepresidente del actual Gobierno de la nación quienes, inexplicablemente para los profanos, no alcanzamos a comprender por qué el trato de favor que se le dispensa a Maduro, a sus emisarios y al régimen bolivariano imperante en Venezuela, donde hay un salario mínimo mensual de 4,6 $USA al cambio oficial, después de dos ajustes salariales en lo que va de año.

Maduro se mantiene en el poder con la indispensable ayuda del Ejército, bien pagado y dotado por el régimen. Fue asesorado política y económicamente por personas que hoy forman la élite de Podemos y marcas desgajadas de ellos por luchas internas de mando, llegando alguno de ellos a decir: “”Qué envidia me dan [los españoles que viven en Venezuela], es muy interesante vivir en un país como éste, en el que se están produciendo bastantes cambios y transformaciones que pueden convertirse en un ejemplo democrático para los ciudadanos del sur de Europa”; los sanchistas mantienen magníficas relaciones con ellos y, lo peor de todo, personas que lo han vivido sobre el terreno en aquel maravilloso país, dicen, avisan y ponen en guardia a todo aquel que quiera oírlos, que la España actual es exactamente igual a como empezaron allí, haciéndose con el poder ejecutivo, legislativo, judicial, de los medios de comunicación, depurando el ejército y quedándose solo con los adictos, devaluando la moneda, asumiendo más y más deuda pública a pagar diferida en el tiempo con petróleo y haciendo a la población esclava de las subvenciones.

A veces la realidad supera a la ficción, por lo que los españoles no deberíamos olvidar la pregunta y la afirmación realizada a Zapatero por los miembros opositores venezolanos, de las que se dejan constancia en párrafos anteriores.

España – La Transición – 3ª parte

De:  Josep María Castellà Andreu en letraslibres.com el 05-12-20108

La Constitución española de 1978 fue aprobada en un contexto complicado: la Transición a la democracia. La Constitución no inaugura la democracia, como subraya Manuel Aragón, sino que culmina el proceso de cambio político (el económico y el social se habían producido antes), que se lleva a cabo de acuerdo con las bases asentadas por la Ley para la reforma política. Para que la Constitución no fuera un acto fallido y tuviera un efecto integrador y perdurable, antes de la celebración de las elecciones del 15 de junio de 1977, y bajo el impulso del gobierno Suárez, se afianzó el pluralismo político (legalización de los partidos y en particular del Partido Comunista en 1977), el heredero legítimo de la dinastía histórica, don Juan de Borbón, cedió sus derechos al rey Juan Carlos y España se adhirió a los grandes pactos internacionales sobre derechos humanos. Tras la celebración de dichas elecciones, y mientras se comenzaba a discutir el proyecto de Constitución, se firmaron los pactos de la Moncloa, que estabilizaron la economía y las relaciones laborales, se aprobó la ley de amnistía, y se restauró la Generalitat con el regreso de Josep Tarradellas. Es justo poner en valor lo que todo ello supuso y recordar lo complicado de la empresa. Compárese el éxito del caso español con las transiciones a la democracia de los regímenes comunistas del Este de Europa, en las que se tuvo que hacer simultáneamente la transición de una economía planificada a otra de mercado, de un Estado ateo a otro con libertad de creencias, de partidos únicos a democracias pluripartidistas. Como en estos países, la democratización iría de la mano de la plena incorporación al Consejo de Europa, a la OTAN y a la Unión Europea.

El resultado de las elecciones de junio de 1977 –con unas Cortes pluripartidistas, sin mayoría absoluta de la UCD– fue determinante para que la Constitución se elaborara en el Parlamento por varios grupos parlamentarios (y no por el Gobierno y sus expertos). Se ha destacado el método del consenso: sabían los múltiples asuntos que les dividían en un momento en que las ideologías pesaban más que ahora (modelo económico, cuestión religiosa…), pero les unía el espíritu de reconciliación y de proyecto nacional de futuro compartido. Estando claro esto, hay técnicas jurídicas para resolver las controversias, mediante “compromisos dilatorios”, como en Weimar. Esto es, remitir al futuro –y a la ley– lo que separa y concentrarse en lo que une. Los ponentes aunaban conocimientos jurídicos y sabiduría política. El resultado, la Constitución, simbolizaba el acta de paz, cuarenta años después del final de la Guerra Civil. Nada más y nada menos. Por eso el pueblo español la ratificó tan mayoritariamente, como antes había votado masivamente la Ley para la reforma política, optando por la vía de la reforma en lugar de la ruptura o el inmovilismo. Reducir esta obra histórica al resultado de la presión de militares es minusvalorar la trayectoria y obra de políticos curtidos en circunstancias nada fáciles frente a sus propios compañeros de viaje. Como advierte el escritor Javier Cercas, cada uno de ellos “traicionó” sus principios e ideologías, como Suárez o Carrillo, en aras del bien común. En cualquier caso, el resultado está ahí: en el texto y en lo que la Constitución ha posibilitado durante toda su vigencia.

 

 

De: elpais.com del 24-07-2012

Siete diputados de la Legislatura Constituyente (1977-1979) fueron los encargados de discutir y estampar su firma en el anteproyecto de Constitución. Un proceso que no estuvo exento de tensiones, aunque logró el consenso de siete hombres de sensibilidades políticas muy alejadas (no así de todos los integrantes de los grupos parlamentarios a los que representaban), y que culminaría con la ratificación en referéndum el 6 de diciembre de 1978. Este es el perfil de los conocidos como padres de la Constitución:

  1. GABRIEL CISNEROS LABORDA – Ponente por: Unión del Centro Democrático (UCD)

 

Nacido en Tarazona (Zaragoza), en 1940, y fallecido en Murcia en 2007. Licenciado en Derecho, ingresó por oposición en el Cuerpo General Técnico de la Administración Civil del Estado en 1967. En 1976 fue nombrado director general de Asistencia Social en el Ministerio de Gobernación, cargo del que dimitió en abril de 1977 para presentarse a las elecciones legislativas de ese año, en las que fue elegido diputado. En la Cámara formó parte de la Ponencia Constitucional, participando en la redacción de la Carta Magna de 1978. Un año más tarde sería elegido secretario de Información de UCD, cargo que ostentaba cuando fue víctima de un grave atentado terrorista perpetrado por ETA el 2 de julio de 1979. En 1986, Gabriel Cisneros abandonó la política activa, aunque dos años más tarde se reincorporó a las filas del Partido Popular (PP). En 1990, durante el X Congreso del PP celebrado en Sevilla, fue elegido miembro de la Ejecutiva del partido, cargo que ostenta desde entonces. En 2002, Cisneros fue elegido –junto al socialista Josep Borrell- representante del Parlamento español en la Convención para la Reforma Institucional de la UE. Fue reelegido diputado popular el 14 de marzo de 2004, el 2 de abril y desempeño el cargo de vicepresidente tercero de la Mesa del Congreso en la VIII Legislatura. Enfermó de cáncer en 2006. Ese mismo año, el 2 de noviembre, sufrió un infarto cerebral en el Congreso de los Diputados del que pudo sobreponerse. Falleció en Murcia, el 27 de julio de 2007.

 

  1. MANUEL FRAGA IRIBARNE – Ponente por: Alianza Popular (AP)

 

 

Nacido en 1922 en Vilalba (Lugo) y fallecido en Madrid en 2012. Doctor en Ciencias Políticas y Económicas por la Universidad de Madrid, comenzó su actividad política en 1951 como secretario general del Instituto de Cultura Hispánica. Durante la dictadura de Franco, ostentó los cargos de consejero nacional del Movimiento y procurador en Cortes, aunque su puesto más destacado fue el de ministro de Información y Turismo, entre 1962 y 1969. Al frente de esta cartera, elaboró la Ley de Prensa e Imprenta y el Estatuto de Publicidad. En 1973, y a lo largo de dos años, ejerció de embajador de España en el Reino Unido e Irlanda del Norte. En diciembre de 1975 regresó a la política para formar parte del primer gobierno de la transición como vicepresidente para Asuntos del Interior y ministro de la Gobernación. Entre 1977 y 1978 formó parte de la ponencia que redactó la actual Constitución. En esos años fundó Alianza Popular, partido con el que obtuvo unos malos resultados electorales en 1979, razón por la que presentó su dimisión. Ese mismo año se celebró el III Congreso de AP, en el que fue elegido presidente del partido. En diciembre de 1986, dimitió de su cargo y un año más tarde fue elegido eurodiputado por AP. A partir de entonces se centró en la presidencia de la Xunta de Galicia. Fue presidente de la Xunta hasta 2005. En las elecciones autonómicas gallegas de ese año el PP volvió a ganar las elecciones, pero perdió la mayoría absoluta. Una alianza entre el PSOE y el BNG impidió que revalidase la presidencia. En 2006 fue elegido senador por designio del Parlamento gallego, cargo que revalidó en las elecciones generales de 2008. Presidió, al ser el senador más longevo, la mesa de edad en la constitución de la Cámara Alta en 2008, donde aprovechó para recordar su idea de reformar el Senado en un sentido autonomista.

 

  1. MIGUEL HERRERO RODRÍGUEZ DE MIÑÓN -Ponente por: Unión del Centro Democrático (UCD)

 

Licenciado en Filosofía y Letras y doctorado en Derecho, en 1966 obtuvo el puesto de Letrado del Consejo de Estado. En 1976 fue nombrado secretario general técnico del Ministerio de Justicia, cargo que desempeñó hasta abril de 1977. Un año más tarde, fue elegido presidente de la Comisión de Justicia del Congreso de los Diputados. Miguel Herrero presidió la Unión de Centro Democrático desde 1980 hasta 1981, partido que abandonó en 1982. A partir de entonces perteneció a Alianza Popular, formación que presidiría tras la renuncia de Fraga, en 1986. Herrero Rodríguez de Miñón perdió protagonismo dentro del partido cuando Aznar alcanzó su presidencia. En el XI Congreso del PP en 1993 quedó fuera de la cúpula al no ser incluido dentro de la candidatura. Desde 1996 compatibiliza sus actividades con las de defensor del asegurado en la mutua FIATC. En 2004 se dio de baja como militante del PP. En la actualidad colabora con la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, sigue siendo miembro de la Real Academia de las Ciencias Morales y Políticas y es miembro del Tribunal Constitucional del Principado de Andorra. Además, colaboraba como tertuliano junto a Santiago Carrillo en el programa La Ventana que conducía Gemma Nierga en la Cadena SER.

 

  1. JORDI SOLÉ TURÁ -Ponente por: Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC)

 

 

Nacido en Mollet del Vallès (Barcelona), en 1930, y fallecido en Barcelona en 2009. Se licenció en Derecho por la Universidad Autónoma de Barcelona con Premio Extraordinario en 1958. Se vio obligado a abandonar España en 1960 ante el aumento de detenciones de comunistas catalanes, viviendo en París y Bucarest durante cuatro años. Al poco tiempo de regresar y después de reincorporarse a la vida universitaria, fue detenido y pasó seis meses en prisión. Solé fue miembro de Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC) desde 1956. Varios años después resultó elegido diputado de este partido por Barcelona y fue ponente y portavoz en la comisión encargada de redactar la Constitución de 1978. Tras varios acercamientos posteriores al mundo de la política, en 1991 fue nombrado Ministro de Cultura con el entonces presidente del Gobierno, Felipe González, puesto que ocupó cinco años, hasta su sustitución por Carmen Alborch. Asiduo colaborador de varias revistas y periódicos, fue además autor de numerosos libros. Desde 2000 estaba apartado de la vida pública, víctima del alzheimer.

 

  1. JOSÉ PEDRO PÉREZ-LLORCA RODRIGO -Ponente por: Unión del Centro Democrático (UCD)

 

 

Gaditano, se licenció en Derecho en la Universidad Complutense de Madrid y poco después ingresó en la carrera diplomática. En julio de 1968 logró, por oposición, la plaza de letrado en las Cortes Españolas. Su primer contacto con la política lo tuvo con el Partido Socialista Popular, aunque en 1976 se incorpora al recién creado Partido Popular. Al poco tiempo, el PP se une a UCD y en las elecciones de 1977 es designado diputado por Madrid. Es en esta legislatura cuando ejerce de ponente en la comisión encargada de la redacción de la Constitución de 1978. Dentro de la UCD y durante varias legislaturas desempeñó diferentes puestos: ministro de la Presidencia, Relaciones con las Cortes, ministro de Administración Territorial y encargado de la cartera de Asuntos Exteriores. Durante 12 años (1984-1996), preside la Asociación Atlántica Española y ocupa puestos de consejero en varias empresas privadas. En 1998 el expresidente Felipe González le nombró mediador en la crisis de Kosovo.

  1. MIQUEL ROCA I JUNYENT -Ponente por: Pacte Democràtic per Catalunya

 

 

Aunque nació en Francia, Miquel Roca siempre ha vivido en Cataluña. Licenciado en Derecho por la Universidad de Barcelona, su primer cargo representativo en política lo desempeñó como secretario general adjunto de Convergencia Democrática de Catalunya (CDC). En las elecciones de 1977 resultó elegido diputado y fue uno de los siete miembros que elaboró la ponencia que sirvió como borrador para redactar la Constitución de 1978. En vista del hundimiento de UCD, Roca pensó en la creación de una fuerza política que ocupara el espacio de centro y presentó oficialmente el Partido Reformista (PDR) en 1983. Tres años después y tras un rotundo fracaso del PDR en las elecciones, decide disolverlo y presentarse con CiU. Alcanza la secretaría general de CDC en 1989, sustituyendo a Jordi Pujol, aunque deja este puesto varios años después por las discrepancias existentes entre CDC y CiU. Después de no resultar elegido para la alcaldía de Barcelona, a la que se presentó en 1995, abandona la política y se dedica a su actividad como abogado y docente. En la actualidad, se dedica a la asesoría jurídica a través de su despacho Roca Junyent Abogados Asociados, que fundó en 1996.

 

  1. GREGORIO PECES-BARBA -Ponente por: Partido Socialista Obrero Español (PSOE)

 

 

Nacido en Madrid en 1938 y fallecido en Asturias en 2012. Se licenció en Derecho por la Universidad Complutense y en 1963 fundó, junto a Pedro Altares y Javier Rupérez, entre otros, la revista Cuadernos para el diálogo. En 1972 se afilió al Partido Socialista Obrero Español (PSOE), entonces en la clandestinidad. En las elecciones generales de 1977 fue elegido diputado por Valladolid y designado miembro de la ponencia encargada de estudiar el anteproyecto de la Constitución. El 7 de marzo de 1978 se retiró de la citada ponencia, siguiendo instrucciones de su partido. Sin embargo, al concluir ésta sus trabajos, Peces-Barba firmó el anteproyecto, precisando que su firma no presuponía el consenso del PSOE. En 1982 es nombrado presidente del Congreso, puesto que abandona cuatro años después para incorporarse a la vida universitaria como catedrático de Derecho Natural y Filosofía del Derecho en la Universidad Complutense de Madrid. En 1990 fue nombrado rector de la Universidad Carlos III, tarea que aún desempeña. Además de su tarea docente, ha continuado con el ejercicio de la abogacía, es Director del Instituto de Derechos Humanos y parlamentario del Consejo de Europa. Su gran afición por el fútbol le llevó en julio de 2000 a presentarse a la presidencia del Real Madrid, en sustitución de Lorenzo Sanz, puesto que nunca llegó a desempeñar. Fue rector de la Universidad Carlos III de Madrid hasta 2007. Fue Alto Comisionado para el Apoyo a las Víctimas del Terrorismo, cargo de nueva creación con rango de secretario de Estado, entre 2004 y 2006, año en el que fue cesado por deseo propio y desapareció el cargo con él. Seguía ligado a la Universidad Carlos III como catedrático de Filosofía del Derecho.

 

 

Publicado en el Blog de Campos el 16-02-2019

 

España – La Transición – 2ª parte

De: https://es.wikipedia.org/AdolfoSuarez

Adolfo Suárez González (Cebreros, 25 de septiembre de 1932- Madrid, 23 de marzo de 2014), duque de Suárez y Grande de España, fue un político y abogado español, presidente del Gobierno de España entre 1976 y 1981.

Suárez, cuya infancia transcurrió en Ávila se licenció en derecho por la Universidad de Salamanca e hizo sus estudios de doctorado en la Universidad Complutense de Madrid. Desempeñó varios cargos públicos durante la dictadura franquista: fue Gobernador Civil de Segovia, procurador en Cortes y Director General de RTVE. Fue nombrado presidente del Gobierno por el rey Juan Carlos I en 1976.

 

Como presidente del Gobierno, Suárez fue una de las figuras clave de la Transición española, el proceso a través del cual se dejó atrás el régimen dictatorial de Francisco Franco y España se constituyó un Estado social y democrático de derecho. Durante su presidencia se llevaron a cabo diversas medidas que reformaron el sistema previo, como la «autoliquidación» de las Cortes franquistas o la legalización de los partidos políticos; fue especialmente notoria la legalización del Partido Comunista. Fue elegido presidente bajo la coalición Unión de Centro Democrático (UCD) en las elecciones generales de 1977, convirtiéndose en el primer presidente del gobierno del nuevo período democrático español, cargo que ocuparía durante las legislaturas constituyente y en la primera.. En 1981 presentó su dimisión como presidente del Gobierno.

Tras su dimisión, creó junto a otros dirigentes de UCD el partido Centro Democrático y Social  (CDS) y fue elegido diputado en Cortes en varias elecciones generales, hasta que abandonó la política en 1991. Se retiró de la vida pública desde 2003 por haber sido diagnosticado con enfermedad de Alzheimer. Falleció en 2014 a causa de una enfermedad pulmonar obstructiva.​ Tras su fallecimiento, le fue concedido el collar de la Orden de Carlos III.

 

De: https://es.wikipedia.org/wiki/Transicionespañola

La Transición española​ es el período de la historia contemporánea de España en el que se llevó a cabo el proceso por el que el país dejó atrás el régimen dictatorial del general Francisco Franco  y pasó a regirse por una Constitución que restauraba la España democrática. Dicha fase constituye la primera etapa del reinado de Juan Carlos I.

Existe cierto consenso en situar el inicio de la transición en la muerte del general Franco, el 20 de noviembre de 1975, tras la cual el denominado Consejo de Regencia asumió, de forma transitoria, las funciones de la jefatura del Estado hasta el 22 de noviembre, fecha en la que fue proclamado rey ante las Cortes y el Consejo del Reino Juan Carlos I de Borbón, que había sido designado seis años antes por Franco como su sucesor “a título de rey”.

El rey confirmó en su puesto al presidente del Gobierno del régimen franquista, Carlos Arias Navarro. No obstante, pronto se manifestaría la dificultad de llevar a cabo reformas políticas bajo su gobierno, lo que produciría un distanciamiento cada vez mayor entre Arias Navarro y Juan Carlos I. Finalmente el rey le exigió la dimisión el 1 de julio de 1976 y Arias Navarro se la presentó. Le sustituyó ADOLFO SUÁREZ, quien se encargaría de entablar las conversaciones con los principales líderes de los diferentes partidos políticos de la oposición democrática y fuerzas sociales, más o menos legales o toleradas, de cara a instaurar un régimen democrático en España.

 

 

Adolfo Suárez formó un gobierno de jóvenes «reformistas» franquistas, en el que no incluyó a ninguna figura prominente —Fraga y Areilza, se negaron a participar—, pero que no carecía de experiencia política —se dijo que era un «gobierno de PNNs», en referencia a los profesores universitarios no numerarios—​. El peso mayor lo tenían los «reformistas» democristianos del grupo Tácito o asimilados (Alfonso Osorio, Marcelino Oreja, Landelino Lavilla, Leopoldo Calvo Sotelo …) seguidos de los «reformistas azules», como el propio Suárez y Rodolfo Martín Villa o Fernando Abril Martorell. Sólo uno de los miembros del gabinete, el almirante Pita da Veiga, había sido ministro con Franco.

El camino utilizado fue la elaboración de una nueva Ley Fundamental, la octava, la Ley para la Reforma Política que, no sin tensiones, fue finalmente aprobada por las Cortes franquistas y sometida a referéndum el día 15 de diciembre de 1976. Como consecuencia de su aprobación por el pueblo español, esta ley se promulgó el 4 de enero de 1977. Esta norma contenía la derogación tácita del sistema político franquista en solo cinco artículos y una convocatoria de elecciones democráticas.

 

 

Se creaban unas nuevas Cortes, formadas por dos cámaras, el Congreso de Diputados y el Senado, compuestas de 350 y 207 miembros, respectivamente, elegidas por sufragio universal, excepto los senadores designados por el rey «en número no superior a la quinta parte» de los miembros del Senado.​ Así pues, según Javier Tusell, «lo fundamental de Ley de Reforma Política era la convocatoria de elecciones y la configuración de un marco institucional mínimo para realizarlas». Pero al mismo tiempo quedaban abolidas implícitamente todas las instituciones establecidas en las «leyes fundamentales» que no fueran esas Cortes, es decir, todas las instituciones franquistas sin excepción —el Consejo Nacional del Movimiento y el Movimiento mismo, las Cortes establecidas en la ley de 1942, el Consejo del Reino y el Consejo de Regencia de la ley de 1967, etc.—, por lo que la ley de reforma lo que hacía en realidad era liquidar lo que pretendía reformar.​ En el preámbulo de la ley al basar la legitimidad en el sufragio universal se introducía una especie «autorruptura» —expresión acuñada por Javier Tusell— con las instituciones franquistas.

Para ello hubo que conseguir que las Cortes franquistas «se suicidaran» y votaran a favor de una Ley que suponía su desaparición y la del propio régimen para dar paso a la democracia. Además, debería salvar otros muchos obstáculos: convencer a la cúpula militar de la necesidad de la reforma; desalojar de las posiciones de poder a los franquistas inmovilistas; convencer a la oposición democrática de la bondad de la misma y conseguir que participara en el proceso para legitimarlo, tanto interna como internacionalmente.

En seguida se produjeron los primeros contactos con los partidos de la oposición democrática —durante los meses de julio y agosto Suárez habló con los democristianos José María Gil Robles y Joaquín Ruiz Giménez; los socialistas Felipe González y Joan Reventós  y con el catalanista Jordi Pujol, entre otros—​ e incluso, de forma discreta y a través de personas interpuestas, con Santiago Carrillo, el secretario general del PCE. Fruto de los mismos, y de la promesa hecha en su primera declaración, fue la concesión de una amnistía el 31 de julio, de la que se excluyeron los «delitos de sangre» por lo que aún permanecieron en las cárceles muchos «presos vascos» presuntos miembros de ETA. También hubo contactos con los sindicatos ilegales Comisiones Obreras, Unión Sindical Obrera (USO) y UGT.

Será el gobierno de Suárez el que asumirá la tarea que la oposición había asignado a ese gobierno: convocar elecciones generales.​ Asumiendo que la iniciativa política había pasado al gobierno de Suárez, Felipe González, líder del PSOE, declaró que la oposición democrática tenía que superar «la dialéctica del todo o nada» y participar en el proceso diseñado por aquél.

El 18 de marzo de 1977 el gobierno promulgó el decreto-ley que regulaba las elecciones que se iban a celebrar en junio. Para el Congreso de los Diputados establecía un sistema electoral de representación proporcional corregido —por la aplicación del sistema D’Hont y la fijación de un mínimo de dos diputados por provincia, lo que favorecía a las zonas rurales en detrimento de las zonas urbanas e industriales más pobladas—​ y listas cerradas y bloqueadas; para el Senado un sistema electoral mayoritario y de listas abiertas, en el que 41 escaños, de los 207, no eran elegibles sino que serían designados directamente por el rey. ​ Dos meses después habían solicitado su inscripción en el registro 111 partidos, de los que fueron legalizados 78. La prensa empezó a hablar de sopa de siglas.

Por la izquierda, el panorama estaba dominado por los dos partidos históricos, el PSOE y el PCE. El primero mucho menos implantado, había podido realizar su XXVII Congreso dentro de España en diciembre de 1976 después de cuarenta años, gracias a la tolerancia del gobierno pues aún no había sido legalizado. El PSOE se reafirmó en ese Congreso como un partido socialista marxista y republicano, aunque el programa inmediato que propugnaba era moderado —poner en marcha una serie de reformas sociales y económicas que permitieran alcanzar los niveles de bienestar y de protección social que gozaban los europeos del norte de Europa, después de bastantes años de gobiernos socialdemócratas—.​ En el Congreso, celebrado bajo el lema Socialismo es libertad y al que asistieron importantes líderes socialistas europeos como Willy Brandt y Olof Palme, se ratificó el liderazgo del grupo sevillano encabezado por Felipe González y Alfonso Guerra. ​

Pero disputándoles el «espacio socialista» al PSOE se encontraba el Partido Socialista Popular del profesor Enrique Tierno Galván además de otros partidos socialistas de ámbito «regional» —entre los que destacaba el Moviment Socialista de Catalunya— que formaban la Federación de Partidos Socialistas (FPS), que al final optarían por presentar candidaturas conjuntas de Unidad Socialista PSP-FPS, en lugar de integrarse en el PSOE, que se negó a formar coalición con ellos.

 

Por su parte el PCE, el partido antifranquista hegemónico, había abandonado el marxismo-leninismo y su dependencia del Partido Comunista de la Unión Soviética, y ahora defendía el llamado eurocomunismo, una vía democrática para alcanzar el socialismo −idea que compartía con los partidos comunistas italiano y francés−, aunque sin abandonar del todo el modelo leninista de la Revolución de octubre de 1917. Junto al PCE y disputándole el «espacio comunista» existía un numeroso grupo de pequeñas organizaciones y partidos de extrema izquierda que no fueron legalizados y que por tanto no pudieron presentarse a las elecciones bajo sus propias siglas — Movimiento Comunista, PCE (marxista-leninista), Partido del Trabajo de España, Liga Comunista Revolucionaria, Organización Revolucionaria de Trabajadores, Organización Comunista de España (Bandera Roja), etc ….—. ​

Por otro lado, los partidos republicanos, con una escasa implantación, tampoco fueron legalizados y también tuvieron que presentarse a las elecciones camuflados —como fue el caso de la histórica Esquerra Republicana de Cataluña—.​

 

Logo de Unión de Centro Democrático, la coalición liderada por Adolfo Suárez que ganó las elecciones de junio de 1977:

 

En la derecha la situación era más confusa que en la izquierda. En la extrema derecha el búnker franquista aparecía muy fragmentado entre diversos grupos falangistas y Fuerza Nueva, que se presentó a las elecciones bajo la candidatura Alianza Nacional 18 de julio. Entre los reformistas franquistas, Manuel Fraga Iribarne acabó liderando al sector que pensaba que la reforma de Suárez había ido demasiado lejos con la legalización del PCE y con la consideración de las nuevas Cortes como constituyentes. Así nació, en octubre de 1976, una coalición llamada Alianza Popular integrada por siete exministros franquistas, apodados por un sector de la prensa como los siete magníficos: Manuel Fraga, Laureano López Rodó, Federico Silva Muñoz, Cruz Martínez Esteruelas, Gonzalo Fernández de la Mora, Licinio de la Fuente y Enrique Thomas de Carranza. La pretensión de Fraga fue, según Javier Tusell, «vertebrar el franquismo sociológico”.​ Un punto de vista que comparte Julio Gil Pecharromán. ​

Por su parte, los reformistas franquistas que apoyaban la reforma de Suárez fundaron en noviembre de 1976 un partido que llamaron Partido Popular —tomando el nombre de los partidos democristianos europeos—. El partido encabezado por Pío Cabanillas y José María de Areilza defendía la opción centrista «con el propósito de evitar la politización de la vida española en dos bloques antagónicos», según se decía en su manifiesto fundacional.​ De este partido surgió la idea de formar una gran coalición que acogiera también a los partidos de la oposición moderada —liberales de Ignacio Camuñas y Joaquín Garrigues Walker; democristianos de Fernando Álvarez de Miranda;  socialdemócratas de Francisco Fernández Ordoñez —. Así fue como nació la coalición que finalmente se llamó Unión de Centro Democrático (UCD), a cuyo frente se pusieron el propio Suárez y los principales ministros de su gobierno —los hombres del presidente—, desplazando a los fundadores del Partido Popular —José María de Areilza fue obligado a abandonarlo—​. Los únicos partidos de la oposición democrática moderada que no se integraron en la operación de UCD fueron los democristianos de Izquierda Democrática de Joaquín Ruiz Giménez y de Federación Popular Democrática de José María Gil Robles, aliados con dos partidos democristianos «regionales» (Unión Democrástica de Catalunya y Unió Democrática del País Valencià), que formaron el Equipo Demócrata Cristiano del Estado Español.  Tampoco se integraron en UCD los nacionalistas vascos del PNV ni los nacionalistas catalanes de Convergencia Democrática de Catalunya, liderada por Jordi Pujol.

 

 

Las elecciones se celebraron el 15 de junio de 1977 sin que se produjera ningún incidente y con una participación muy alta, cercana al 80% del censo. La victoria fue para UCD, aunque no consiguió alcanzar la mayoría absoluta en el Congreso de Diputados —obtuvo el 34 % de los votos y 165 escaños: le faltaban 11 para la mayoría absoluta—.

El segundo triunfador fue el PSOE que se convirtió en el partido hegemónico de la izquierda —al conseguir el 29,3% de los votos y 118 diputados— desbancando por amplio margen al PCE —que obtuvo el 9,4% de los votos y se quedó en 20 diputados— a pesar de que era el partido que había soportado el mayor peso en la lucha antifranquista —también quedó desbancado el PSP de Tierno Galván que sólo obtuvo seis diputados y el 4% de los votos—. El otro gran derrotado de las elecciones, junto con el PCE, fue la Alianza Popular de Fraga que sólo obtuvo el 8,3% de los votos y 16 diputados —13 de los cuales habían sido ministros con Franco—​, aunque el descalabro mayor lo padeció la democracia cristiana de Ruiz Giménez y Gil Robles que no obtuvo ningún diputado. Por otro lado, ni la extrema derecha —que sólo obtuvo en conjunto 192.000 votos—ni la extrema izquierda consiguieron representación parlamentaria.

 

 

Las elecciones eran las primeras desde la Guerra Civil. A partir de ese momento comenzó el proceso de construcción de la democracia en España y de la redacción de una nueva Constitución.

 

Publicado en el Blog de Campos el 24-01-2019

España – La Transición – 1ª parte

De: Historia de la Transición, fascículos coleccionables de Diario16, editor Justino Sinova, años 1983/1984.

El 20 de diciembre de 1973 el general Francisco Franco perdía a su hombre de confianza, su único hombre de confianza, y quedaba literalmente desarmado para culminar sus planes en la última etapa de su vida. Los terroristas de ETA trataron de atentar contra él, pero, convencidos de lo imposible de esa misión, apuntaron hacia su segundo, el almirante Carrero Blanco, presidente del Gobierno. Siempre será un enigma si previeron tan concienzudamente como el atentado sus consecuencias políticas. Pero el asesinato de Carrero fue un disparo al corazón de Franco, un golpe de muerte al franquismo, que entró desde entonces en una carrera sin retorno hasta su final.

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Una vez privado Franco de su hombre de confianza, el almirante Carrero, se libró en el palacio de El Pardo una batalla por su sustitución. Franco tenía su candidato a presidente, su gran amigo el almirante Nieto Antúnez, y el presidente en funciones, Fernández-Miranda, hacía por su cuenta todo lo posible para encaramarse en el poder. Perro los vínculos familiares del general pudieron más. Carlos Arias Navarro, precisamente el responsable de la seguridad de Carrero como ministro de la Gobernación, era el candidato de Carmen Polo de Franco y el que, naturalmente, alcanzó el sillón de la Presidencia.

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En marzo de 1974 Franco entró en un grave conflicto con la Iglesia. El Gobierno de Carlos Arias se empeñó en expulsar de España a Antonio Añoveros, obispo de Bilbao, por una homilía, y la jerarquía eclesiástica amenazó con la excomunión a todos los políticos responsable. Arias quiso romper relaciones incluso con el Vaticano. Fue un problema absurdo en los momentos de plenitud de la anunciada apertura del régimen franquista (el discurso del 12 de febrero de 1974 de Arias Navarro). Perro no el único. La policía de Franco perseguía a los curas más progresistas, mientras en algunas parroquias se cobijaba a la más activa oposición a Franco (el padre Llanos permitía las reuniones de las ilegales CCOO en su parroquia de Vallecas). Había ya una ruptura con la Iglesia. El régimen franquista se agotaba a espaldas de quienes en sus orígenes le habían protegido.

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Enl 31 de agosto de 1974, tres comandantes y nueve capitanes fundaron la Unión Militar Democrática. Un año después, once integrantes de la organización eran detenidos y sometidos a un consejo de guerra …/… La historia de la UMD es un episodio fundamental en la Transición.

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La oposición democrática se aglutinó en torno al PCE (Partido Comunista Español) y al PSOE. Se preveía el fin del régimen franquista y se trataba de estar preparados. Mientras tanto, en el interior, los hombres del sistema, con la colaboración de algunas fuerzas democráticas moderadas, trataban de dar salida a un sucedáneo de los partidos, las asociaciones.

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El 27 de septiembre de 1975, el franquismo escribió una de las páginas más negras de su historia. A primera hora de la mañana, tres militantes del FRAP (terroristas) y dos de ETA (terroristas) fueron fusilados, después de que el dictador Franco desoyera las peticiones de clemencia que llegaban desde todas las esquinas del mundo y de su entorno más próximo …/… La reacción contra España fue unánime, mientras el franquismo agonizaba.

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Con Franco agonizando, el rey Hassan de Marruecos planteó por la fuerza de los hechos la reclamación del Sahara. España no pudo reaccionar en aquel momento y, aunque el Gobierno Arias intentó frenart la invasión de la “marcha verde”, tuvo que rendirse a la evidencia. Todas las promesas hechas por el régimen de Franco a los saharauis quedaron en nada …/… Desde Madrid llegó la orden: retirada.

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El general Franco murió el día 20 de noviembre de 1975, después de una agonía interminable. España, y el mundo entero, asistieron sorprendidos al curso de una enfermedad que parecía no tener fin a pesar de la gravedad que revelaban los partes médicos.

 

 

Testamento de Franco a los españoles

Españoles: Al llegar para mí la hora de rendir la vida ante el Altísimo y comparecer ante su inapelable juicio pido a Dios que me acoja benigno a su presencia, pues quise vivir y morir como católico. En el nombre de Cristo me honro, y ha sido mi voluntad constante ser hijo fiel de la Iglesia, en cuyo seno voy a morir. Pido perdón a todos, como de todo corazón perdono a cuantos se declararon mis enemigos, sin que yo los tuviera como tales. Creo y deseo no haber tenido otros que aquellos que lo fueron de España, a la que amo hasta el último momento y a la que prometí servir hasta el último aliento de mi vida, que ya sé próximo.

Quiero agradecer a cuantos han colaborado con entusiasmo, entrega y abnegación, en la gran empresa de hacer una España unida, grande y libre. Por el amor que siento por nuestra patria os pido que perseveréis en la unidad y en la paz y que rodeéis al futuro Rey de España, don Juan Carlos de Borbón, del mismo afecto y lealtad que a mí me habéis brindado y le prestéis, en todo momento, el mismo apoyo de colaboración que de vosotros he tenido.

No olvidéis que los enemigos de España y de la civilización cristiana están alerta. Velad también vosotros y para ello deponed frente a los supremos intereses de la patria y del pueblo español toda mira personal. No cejéis en alcanzar la justicia social y la cultura para todos los hombres de España y haced de ello vuestro primordial objetivo. Mantened la unidad de las tierras de España, exaltando la rica multiplicidad de sus regiones como fuente de la fortaleza de la unidad de la patria.

Quisiera, en mi último momento, unir los nombres de Dios y de España y abrazaros a todos para gritar juntos, por última vez, en los umbrales de mi muerte, “¡Arriba España! ¡Viva España!”.

 

 

Ramón Tamames, economista, catedrático, comunista en aquella época, escribía en el libro de referencia (en 1983) del que se han obtenido los comentarios: “Los jóvenes que hoy cuentan con menos de veinte años empiezan a olvidarse del franquismo tangible que ya apenas conocieron. Dejemos en paz a Franco, políticamente hablando. Situémosle en la historia, en el pasado; y pongamos nuestra atención en un futuro que ha de ser de todos los que quieren trabajar para hacerlo más luminoso, superando las muchas dificultades que nos acosan”. Ese fue el espíritu de la Transición y eso es lo que han desenterrado Zapatero, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias en la segunda década del siglo XXI.

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Cuando una losa de 1.500 kilos de granito selló la tumba en que había sido depositado en cadáver del dictador Franco en el Valle de los Caídos, el futuro de la libertad se habría para España … / … Mientras se despedía a Franco, ya se barajaban los nombres de los posibles candidatos a sustituir a Carlos Arias Navarro para llevar adelante el progreso político que España necesitaba. Una etapa de importancia suma empezaba para nuestro país, que se aprestaba a reconquistar la libertad.

 

El Rey Juan Carlos I se pronunció, desde el primer momento, por una monarquía democrática, para lo que se rodeó de dos personas fundamentales para llevar a cabo la Transición: Torcuato Fernández Miranda y Adolfo Suárez González.

 

De: www.biografiasyvida.com

Torcuato Fernández-Miranda y Hevia; Gijón, Asturias, 1915 – Londres, 1980. Político español. Catedrático de Derecho Político realizó su carrera político-administrativa bajo el régimen franquista, adquiriendo protagonismo político como secretario general del Movimiento (1969-74). El dictador le encargó igualmente una responsabilidad importante como preceptor de su sucesor en la jefatura del Estado, el entonces príncipe Juan Carlos.

 

Torcuato Fernández-Miranda

Nombrado vicepresidente del gobierno de Carrero Blanco, asumió interinamente la presidencia a raíz del asesinato de éste (1973). La lucha por el poder que se desató entonces entre las «familias» del régimen, agravada por la perspectiva sucesoria que auguraba la avanzada edad de Franco, se saldó en contra de Fernández-Miranda, que resultó apartado en beneficio de Carlos Arias Navarro (1974).

Tras la muerte del dictador y la coronación del Rey Juan Carlos I (1975), Fernández-Miranda colaboró estrechamente con el rey en la tarea de impulsar una transición pacífica a la democracia desde la legalidad del régimen anterior. Para ello fue nombrado presidente de las Cortes orgánicas (sería su último presidente, de 1975 a 1977). Desde aquel cargo, que llevaba aparejada la presidencia del Consejo del Reino, ayudó al rey a desembarazarse del ultraconservador Arias y poner al frente del gobierno al joven y renovador Adolfo Suárez, quien habría de llevar a término la reforma política. En reconocimiento a los servicios prestados, fue nombrado duque de Fernández-Miranda y senador de designación real en las primeras Cortes democráticas (1977-79).

 

Lo que el Rey me ha pedido. ABC 03-07-2016

Primero de julio de 1976. Amenaza tormenta sobre Madrid. En el Palacio Real, Don Juan Carlos va a tomar una de las decisiones más difíciles de sus siete meses de mandato: pedir a Carlos Arias Navarro su dimisión como presidente del Gobierno. El Rey lleva varios días muy preocupado y durmiendo mal, pero sabe que necesita tener a dos personas de su máxima confianza en los dos puestos clave: la Presidencia del Gobierno y la de las Cortes. Sobre ese triángulo pivotará la Transición.

La primera de esas dos personas es Torcuato Fernández-Miranda, cuyo nombramiento como presidente de las Cortes fue la primera decisión política de Don Juan Carlos, apenas diez días después de su proclamación: el 3 de diciembre de 1975. Previamente, le había preguntado a su antiguo profesor si quería presidir el Gobierno, pero este lo rechazó: «Señor, le seré más útil en la Presidencia de las Cortes».

No obstante, su designación para ese puesto no fue en absoluto fácil. Para lograrlo, el Rey tuvo que pedir ayuda al mismo Arias Navarro, que no dudó en colaborar, probablemente porque sabía que situar a Fernández-Miranda en las Cortes le dejaba el camino expedito para continuar al mando del Gobierno. Pero transcurridos siete meses del primer Gobierno de la Monarquía, en ese primero de julio, no hay manera de que Arias Navarro entienda que su permanencia es un obstáculo para cualquier plan aperturista. Ni le presentó la dimisión por cortesía cuando murió Franco ni escuchaba los diferentes mensajes enviados por el Rey. El más sonado, un reportaje publicado por la revista norteamericana «Newsweek» el 26 de abril, en el que Don Juan Carlos dijo que Arias era un «desastre sin paliativos». Pero el presidente del Gobierno actuaba como quien oye llover, ganando la partida a un Rey angustiado ante el bloqueo de la situación. Sin embargo, esa angustia tenía fecha y hora de caducidad. El Monarca y su presidente de las Cortes lo habían diseñado puntualmente siete meses atrás.

El nombramiento de Fernández-Miranda en las Cortes conllevaba una segunda responsabilidad, trascendental para sustituir a Arias: la presidencia del Consejo del Reino. Esa institución era el auténtico «atado y bien atado» de Franco. Si el sucesor a título de Rey quería nombrar un nuevo presidente y hacerlo respetando la legalidad vigente, debería elegirlo sobre una terna presentada por el Consejo del Reino. ¿Cómo conseguir que sus quince miembros, todos ellos designados personalmente por Franco, incluyeran en la terna a un candidato abiertamente aperturista?

Durante los últimos años del franquismo el Consejo del Reino se reunía solo para ocasiones muy especiales. Por ejemplo, para entregar una terna de candidatos al jefe del Estado tras el atentado de Carrero Blanco, el 20 de diciembre de 1973. Con Franco vivo, todo era un teatro, pero con Don Juan Carlos no tenía por qué ser lo mismo. Sortear la voluntad del Consejo del Reino no iba a ser fácil.

La excepcionalidad de estas reuniones era tal que a cada cita acudía masivamente la prensa. Ese era el primer obstáculo que quiso esquivar el nuevo presidente. En la primera reunión con los consejeros, que fue presidida por el Rey, impusieron un plan de reuniones quincenales: serían los jueves alternos, a las cinco de la tarde. Esos encuentros forzados abordaban temas tan poco atractivos que los periodistas fueron desapareciendo.

Así, según el plan para nombrar al nuevo presidente del Gobierno, el Rey debería pedir la dimisión a Arias un jueves, poco antes de las cinco de la tarde. El día de iniciar el proceso para relevar a Arias es, pues, el primero de julio, dado que a las cinco de esa tarde estaba convocado de oficio el Consejo del Reino. A eso de la una, el Rey recibe a Arias en el Palacio Real: Cuando empieza a plantear a Arias la nueva situación, es gratamente sorprendido:

—No quiero ser un obstáculo —dice el presidente asumiendo su relevo con naturalidad y para alivio del Rey.

El proceso para nombrar a Adolfo Suárez tiene al fin vía libre. En tres horas está convocado el Consejo del Reino, aunque ni la prensa ni los consejeros tienen la menor idea de la trascendencia de esta reunión. Con esta estrategia de despistar a la prensa y no avisar a nadie, el Rey logra un valor muy importante en política: la iniciativa. Durante los últimos siete meses, el Rey y su viejo profesor han trabajado muy discretamente con dos objetivos: diseñar, primero, un retrato robot del presidente del Gobierno, y decidir, después, quién es el candidato idóneo. Una persona se adecuaba casi a la perfección: Adolfo Suárez. Unas semanas antes los matrimonios Fernández-Miranda y Suárez cenan juntos:

—Arias es insostenible —argumenta Suárez—. Hay que pensar en el sustituto y el único posible eres tú.

—Yo no puedo ser presidente del Gobierno—, responde Fernández-Miranda.

Cinco de la tarde del primero de julio. Palacio de las Cortes. Fernández-Miranda da comienzo a la reunión del Consejo del Reino informando a los consejeros de la dimisión de Arias. Su objetivo es lograr que el nombre de Adolfo Suárez sea uno de los tres finalistas, y hacerlo sin desvelar que ese es el deseo del Rey. Las deliberaciones se desarrollarán en dos sesiones, el 2 y 3 de Julio de 1976. Solo dos personas saben quién es el elegido.

Como catedrático de Derecho Político, Fernández-Miranda sabe que el resultado de una votación depende del sistema que se utilice. Así, para llevar a Suárez a la terna decide comenzar dando la posibilidad a los consejeros de nombrar sus candidatos. Esa es la forma de introducir a su candidato sin levantar sospechas, pues la primera lista es de 32 nombres.

El siguiente paso es nombrar uno a uno en alto, de modo que si algún candidato no es defendido por nadie queda descartado. Así son eliminados los dos favoritos de la prensa: Manuel Fraga y José María de Areilza. Es la prueba de que el Consejo del Reino no está dispuesto a ser permisivo con los aperturistas. Pero Fernández-Miranda ha movido sus hilos y Suárez es defendido por uno de los consejeros: además de ser un hombre del Régimen —ni más ni menos que ministro del Movimiento—, es joven y carismático. Todavía resuena su discurso un mes atrás en las Cortes, cuando sin citar a Machado parafraseó «no está el mañana en el ayer escrito».

Las votaciones se siguen sucediendo hasta un momento en el que Fernández-Miranda intuye que Suárez va a caer. Solo quedan seis nombres. Es el momento de hacer un receso y replantear la estrategia. A la vuelta, y con la excusa de que todos los sectores del régimen estén representados, Torcuato propone agruparlos en tres grupos: falangistas, tecnócratas y democristianos. Los consejeros aceptan y se ven abocados a incluir a Suárez. Lo hacen sin sospechar nada y convencidos de que el Rey no se decantará por él. Federico Silva y Gregorio López Bravo han tenido muchos más votos.

Al abandonar las Cortes, los periodistas preguntan por el futuro presidente. Fernández-Miranda se detiene y dice una de sus frases enigmáticas:

—Estoy en condiciones de ofrecer al Rey lo que me ha pedido.

Unas horas después, el Rey recibe a Adolfo Suárez en el Palacio de la Zarzuela. Cuando el futuro presidente entra en la sala, Fernández-Miranda la abandona sin decirle nada.

—Adolfo, quiero que me hagas un favor…—, comienza el Rey.

—Señor…

—Quiero que seas presidente.

Es 3 de julio de 1976.

 

 

 

Publicado en el Blog de Campos el 17-01-2019

Una España fragmentada

La Transición española supuso la reconciliación de todos los españoles y el archivo en el olvido de cualquier fechoría pasada, que fueron muchas y muy grandes, por ambas partes.
Si repasamos la Historia, como pretenden hacer el PSOE y Podemos, odio y revanchismo genético perdedor, ayudados por los independentistas porque eso favorece sus objetivos, nadie está libre de culpa; al contrario, todos tienen muchos muertos, cunetas, paseos de la muerte, asesinatos, incendios, violaciones y quebrantamiento de todo tipo de derechos humanos por los que callar. Según La Vanguardia del 17-07-2016, “el número de víctimas mortales (en la Guerra Civil) fue de unas 600.000. Recientes trabajos de Paul Preston (El holocausto español), Santos Juliá (Víctimas de la guerra civil) y Francisco Espinosa (Violencia roja y azul. España, 1936-1959) hacen un resumen de distintos estudios para dar las cifras más aproximadas: Unos 300.000 soldados de ambos bandos murieron en el frente de batalla. Cerca de 200.000 personas fueron ejecutadas (los republicanos mataron a unas 50.000 –entre ellas 6.800 miembros del clero– y los nacionales a unos 130.000-140.000)”.
Javier Paredes, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Alcalá de Henares, dice que: “A día de hoy (02-09-2018), la cifra más creíble es la que proporciona Carlos Fernández Santander, que da un total de 22.642 fusilados en doce años, de 1939 a 1950. Cifra a la que si se quiere se puede añadir las 1.362 muertes violentas por causas desconocidas del año 1939 y las 1.474 muertes del año siguiente, lo que sumaría un total 25.477, un total bien alejado de las que han dado otros autores. Y sin el propósito ni de entrar en una guerra de cifras ni de justificar lo injustificable, pero por situarnos en las coordenadas de aquel tiempo, debo decir, que los ejecutados por el Frente Popular en los tres años de Guerra fueron 70.000”
Si ha de ser, que se imponga “la” verdad, no “su” verdad, en la que se identifiquen claramente los gatuperios cometidos por todos, sin excepción de ningún tipo.
Azaña, en sus artículos escritos desde el exilio en Francia, habló del papel de los independentistas catalanes: “la Generalitat ha vivido en franca rebelión e insubordinación y si no ha tomado las armas para hacer la guerra al Estado será o por qué no las tiene o por falta de decisión o por ambas cosas, pero no por falta de ganas”. E incide: “Creación del ejército catalán, al considerar que el ejército de la República era un ejército de ocupación. Todos los establecimientos militares de Barcelona quedaron en poder de las “milicias antifascistas”, controladas por los sindicatos y el gobierno catalán publicó unos decretos organizando las fuerzas militares de Cataluña”.
Negrín, español antes que comunista, en noviembre de 1938, con ocasión del Consejo de Ministros celebrado en Pedralbes, afirmó, según refiere Julián Zugazagoitia: “Antes de consentir campañas nacionalistas que nos lleven a desmembraciones, que de ningún modo admito, cedería el paso a Franco. En cuanto a la integridad de España soy irreductible y la defenderé de los desafueros de los de adentro”.
Alfonso Guerra, 04-10-2017: “En Cataluña hay un golpe de Estado; no se puede negociar con golpistas”…. Lo de Cataluña es un “golpe de Estado” como pasó el 23 de febrero de 1981. Entonces, ha recordado, “todos” fueron a “grandes manifestaciones en contra”, pero ahora “se ponen los ojos en la policía” … “La gente se escandaliza de las cargas policiales porque mentalmente aún viven en la dictadura. El Estado sólo usa su fuerza legítima”.
Algunas cosas que sostenía la masonería en mayo de 1931: La Asamblea General de la Logia emitió una declaración de principios en la que reclamaba una serie de conquistas que habría de conseguir el nuevo régimen: la abolición de la pena de muerte y de la cadena perpetua, el matrimonio civil, la libertad de cultos, el divorcio y el estado federal, la separación de la Iglesia y el Estado y la escuela neutra, única y obligatoria.
El penúltimo golpe independentista catalán lo protagonizó Lluís Companys, apoyados por los Mossos d’Escuadra. Condenado a 30 años de prisión por rebelión militar, nada más llegar al poder el Frente Popular en febrero de 1936, el nuevo gobierno decretó una amnistía urgente a todos los encarcelados por el golpe de Estado de Cataluña de 1934 por él protagonizado, y creó el Comité Militar Revolucionario, compuesto por 8.000 voluntarios separatistas miembros de su partido, especialmente de las Juventudes de Esquerra Republicana-Estat Catalá, a las que dotó de 20.000 fusiles comprados con dinero público, estimándose en unos 8.000 los asesinatos cometidos en la Cataluña Republicana en el periodo.
El último, por ahora, es el protagonizado el año pasado por Puigdemont y la votación en el Parlament Catalán de la Declaración de los representantes de Cataluña el 27-10-2017, cuya exposición de motivos anunciaba la proclamación de la República catalana como Estado independiente, que se ha tomado muy lubricada por parte del ejecutivo y legislativo español, no actuando con la contundencia con la que lo hizo la Segunda República en la situación anterior.
Es más, nuestro actual presidente les ofrece más dinero (con el que comprar armas para los Mossos como en el año 1936; el partido de Puigdemont quiere montar una especie de “milicia juvenilobligatoria en Cataluña que reclute a los jóvenes de la Comunidad Autónoma para formar parte de un “servicio civil” a las órdenes de la Generalitat); mejoras fiscales y recaudatorias que ampliarían la diferencia con otras Autonomías, con una deuda que mantienen de 80.000 millones de euros con el Estado, impagable a todas luces; un referéndum de autogobierno catalán con artículos rechazados en su día por el Tribunal Constitucional (referéndum probablemente anticonstitucional); acercamiento de los políticos presos; y negocia modificar la Constitución (¿) para que el catalán sea lengua vehicular única en aquel territorio. Como dice el manchego José Mota, “¡Tú eres tonto del tó, no pa un rato, tonto del tó y pa siempre!”.
Ahora sale Ernest Maragall y propone abrir las prisiones ya para sacar a los presos políticos. El president de la Generalitat, Sr. Torra, “Si hay condena del Supremo, abriré las cárceles”, e insiste en la independencia como punto de partida para “su” Cataluña. Estamos llegando a la línea roja de cualquier negociación.
Comunismo, leninismo, masonería, sionismo, laicismo, islamismo, inmigración ilegal e incontrolada, independentismo, secesionismo, intentos de desamortización de bienes eclesiásticos, Pedro Sánchez quiere ser el Largo Caballero del siglo XXI, acompañado de su Valido Pablo Iglesias.
Seguimos con la mantequilla, que es más pacífica, barata, maleable y dúctil que el acero, y recordamos el poema “Oda al dos de mayo” de 1866, autor Bernardo López García, que ha sido reescrito de forma actualizada por el pueblo llano en internet, del siguiente literal:
Oigo, Patria, tu aflicción,
y no entiendo por qué callas,
viendo a traidores canallas
despedazar la Nación.
Dando a un ingrato felón
estúpidas concesiones,
están haciendo jirones
esta tierra milenaria
de gente, ayer solidaria,
hoy podrida de ambiciones.
Lloras, porque te engañaron
los que lealtad prometieron,
los mismos que te aplaudieron,
y la Ley corroboraron.
Alevosos, traicioneros,
bellacos y desleales,
la convivencia entre iguales
rompen con su felonía,
y han de acabar la porfía,
en inmundos cenagales.
Buscando solo engañar,
distorsionaron la historia
para turbar la memoria
de las gentes del lugar.
Anhelantes por medrar,
con su estúpida insolencia,
rompieron la convivencia
entre familias y amigos;
requiere firme castigo
su ruin malevolencia.
Un tipo poco honorable
quiso imponer sus ideas
con maneras maniqueas,
fraudulentas, miserables,
arteras y despreciables.
Medio milenio hermanados
no lo separa un tarado
dirigente provinciano,
por mucho discurso vano
que largue desde su estrado.
¡Basta! Gritó el pueblo fiel
por toda la piel de toro.
¡Basta! Clamaron a coro
los españoles de bien.
¡Basta! Poned pie en pared
a tanta provocación
y cortad la humillación
de estos cuatro hijos de perra,
¡No se trocea esta tierra,
somos una gran nación!
Fieles paisanos, honrados,
que queréis que vuestros nietos
os recuerden con respeto
por haberles entregado
un país fuerte y aunado.
¡Levantaos, despertad!
Negad la eventualidad
de una España fragmentada
y levantad vuestra espada
contra tanta indignidad’.

 

Antonio CAMPOS

http://www.es.ancamfer.wordpress.com

Publicado en PUERTA DE MADRID de Alcalá de Henares el 15-09-2018

Publicado en el Blog de Campos el 18-09-2018

Secretos oficiales

La Ley sobre secretos oficiales, es del 5 de abril de 1968, con algunos retoques establecidos en 1978, antes de la aprobación de la Constitución. Actualmente, el periodo de desclasificación automática es de 25 años para materias secretas y 10 más para las reservadas, atribuyendo al Consejo de Ministros la facultad de clasificación.

La primera voz pública que surgió en contra de la verdad oficial del momento sobre la asonada del 23-F-1981, fue la del excoronel Amadeo Martínez Inglés, quién escribió, hace ya muchos años, que “El golpe del 23-F lo dirigió el rey Juan Carlos” en su libro “23-F. El golpe que nunca existió” de Editorial Foca.

El coronel Martínez Inglés fue profesor de Historia Militar y Estrategia en la Escuela del Estado Mayor, miembro de los Servicios Secretos-CESID y testigo directo de los entresijos del Ejército durante el período de la Transición.  En 1990 fue arrestado durante cinco meses en la prisión militar de Alcalá de Henares por defender la idea de crear unas fuerzas armadas profesionales, y se le apartó del servicio activo cuando iba a ser ascendido a general. Dice:

“Los golpes militares se dirigen desde el primer momento contra la cúpula del Estado, en este caso contra el rey; sin embargo, el 23 de febrero de 1981 al monarca no lo molestaron”.

“Los guardias civiles que entraron en el Congreso de los Diputados bajo las órdenes del teniente coronel Tejero no iban en contra del rey, iban precisamente en su nombre, incluso dando vivas al monarca, como se observó en la televisión”.

“Ese golpe, entre comillas, tampoco iba contra el sistema político. El general Armada, la cabeza visible en Madrid, llevaba en su bolsillo una hoja con un futuro Gobierno presidido por él e integrado por demócratas de los principales partidos políticos”. “Fue una maniobra político-militar- institucional, puesta en marcha por el propio sistema, desde la Corona, para desactivar un golpe militar que se estaba fraguando para el 2 de mayo en los ambientes más radicales de la extrema derecha española, era un golpe contra el rey, preparado por militares que deseaban que España volviera al totalitarismo.”

“La operación fracasó por la actitud de Tejero al entrar en el Congreso de la forma como lo hizo, pistola en mano, disparando al techo. El rey no pudo asumir esa actuación. “El rey fue alertado por sus ayudantes y le recomendaron que se quedara fuera de la maniobra. Entonces el general Armada intentó ir al palacio de la Zarzuela a explicarle al rey lo que había sucedido y prometerle que lo solucionaría todo, pero el rey le dijo que se quedara en la sede del Estado Mayor a las órdenes del general Gabeiras. Y después lo arrestaron.”

Y sigue diciendo: Milans del Bosch dijo: “El rey quiso dar un golpe de timón institucional, enderezar el proceso que se le escapaba de las manos y, en esta ocasión, con el peligro que se cernía sobre su corona y con el temor de que todo saltara por los aires, me autorizó actuar de acuerdo con las instrucciones que recibiera de Armada”.

El periodista Nicolás Valero Garrido añade: A mi juicio y por lo que yo he investigado / colaboré en 1991 /10 años del 23F / en el reportaje que emitió la SER, quien en realidad paró todo fueron Reagan y Margaret Thacher que llamaron al Rey mostrando su rechazo absoluto a lo que podría pasar.

“Para Suárez estaba claro que el alma del 23-F era el Rey”, en opinión de Pilar Urbano. El rey parece que insistió “¡A mi dádmelo hecho!” (El Rey y su secreto, Jesús Palacios). Estaba previsto que a la llegada de Armada, varios diputados lo avalaran, entre ellos Fraga, Sánchez Terán, Herrero de Miñón, Enrique Múgica, Peces Barba y José Luis Álvarez. Se consiguió lo que pretendía: el rey y la monarquía consolidados; la democracia fortalecida; el desarrollo del estado autonómico paralizado; y la política de Suárez reconducida”. Víctor Arrogante, Secretos de Estado, 20-02-2017.

¿Por qué ahora en el año 2018 el PP y el PSOE quieren mantener secretos los documentos reservados relacionados con el intento de golpe de Estado del 23-F, aunque el Congreso aprobara en su día la desclasificación de los mismos? ¿Tienen algo que ocultar de alguno de sus líderes de aquella época? ¿De su financiación transfronteriza de aquellos momentos? ¿Es este asunto parte de los dosieres de Jordi Pujol y sus patas negras? ¿Cambiamos una dictadura, llamada democracia orgánica, por una dictadura de partidos políticos, llamada partitocracia?

Han pasado muchos años, aunque, probablemente, no los suficientes para aceptar toda la verdad de lo sucedido en aquellos años de la Transición, más aún cuando ahora nos remontamos a la Guerra Civil reclamando venganza sobre las matanzas cometidas por ambos bandos, dos frentes secesionistas abiertos tratando de pararlos con transferencias dinerarias y paños calientes, y unos radicales que lo único que quieren es derribar aquel sistema que nos dimos con la Constitución del año 1978.

A lo peor en este caso la posición de esos partidos políticos es la prudente, en estos momentos. Salud y larga vida.

 

Antonio CAMPOS

http://www.es.ancamfer.wordpress.com

 

https://www.alcalahoy.es/2018/04/07/secretos-oficiales-por-antonio-campos/

Publicado en el Blog de Campos el 07-04-2018

 

Todo a Cien – 228 Elecciones año 1977

Hoy se ha celebrado el 40 aniversario de las primeras elecciones democráticas del 15 de junio de 1977, con la presencia de los sobrevivientes de aquellos momentos y los familiares directos de los fallecidos, ausencia notable del Rey Juan Carlos, protagonista básico de la Transición, indicio de que algo no va bien en las relaciones institucionales de máximo nivel.

El Rey Felipe VI ha dicho que  “ningún camino que se emprenda en la democracia puede ni debe conducir a la ruptura de la convivencia” … “fuera de la ley, solo hay arbitrariedad, imposición, inseguridad y, en último extremo, la negación misma de la libertad” … “nadie en España debía volver a ser enemigo de nadie” … “la exclusión y la imposición, la intolerancia y la discordia deben ser sustituidas por la renuncia al dogmatismo y la defensa de las propias convicciones con pleno respeto al adversario y hacia las opiniones ajenas o diferentes”.

El discurso no ha gustado a los independentistas y a Unidos Podemos, que no han aplaudido ni al Rey ni al Himno español. Algunas caras socialistas tampoco mostraban mucha alegría.

Pablo Iglesias ha vuelto, una vez más, a tratar de romper el consenso de la Transición, porque el discurso, dice, ha mantenido “equidistancia” entre demócratas y víctimas de la dictadura; podía haber añadido que también faltaban las víctimas de la Reconquista y de la Guerra de Independencia; y que “no se puede hablar de convivencia sin reconocer que eso implica la plurinacionalidad de España”. Ha aparecido la matrona del parto socialista de Pedro Sánchez, esa misma demagogia y palabrería barata que le sirvió para mover las masas en el peor momento de la crisis económica.

Cada vez nos estamos alejando más del consenso, con el único fin de hacerse con el poder y con el control de las Fuerzas Armadas, emulando al alumno Maduro: “si Venezuela fuera sumida en el caos y la violencia se destruiría la Revolución Bolivariana. Lo que no se pudo con los votos, lo haríamos con las armas, liberaríamos la patria con las armas”.

 

Foto El País

Publicado en el Blog de Campos el 28-06-2017

 

 

 

Todo a Cien – 209 Viernes Santo

Fue el Viernes Santo del año 1977 cuando el Presidente Adolfo Suárez legalizó al Partido Comunista de Santiago Carrillo. Una persona procedente del Movimiento Nacional y otra a la que se le asignaba el liderazgo de los fusilamientos de Paracuellos del Jarama, en contra de la mayoría de los políticos de entonces, iniciaban el camino de la paz, del perdón y de la reconciliación de todos los españoles. La Transición, en la que todos tuvieron que renunciar a algo de sus principios, se llevó a cabo gracias a aquellos estadistas que antepusieron el bien general al particular de cada uno de ellos.

Cinco meses más tarde, volvió el Presidente de la Generalitat Catalana en el exilio, Josep Tarradellas, al grito de “Ja sóc aquí” y “Viva Cataluña, viva España”. La Transición era inevitable.

Ahora, los que no vivieron esos años, o eran unos chiquillos no lúcidos de lo que ocurría, no son conscientes que si hubiera permanecido la dictadura no podrían decir ni hacer lo que dicen y hacen, quieren acabar con la Constitución y otros dicen que Tarradellas era un pobre hombre que solo sabía hacer hijos deficientes. Hay que ser mal nacidos para una cosa y la otra. Señor, tú que hoy yaces muerto en un país laico pero con raíces profundamente católicas, “perdónalos, porque no saben lo que hacen”.

 

 

Publicado en el Blog de Campos el 14-04-2016

Todo a Cien – 35 Pacífica es la palabra

Pacífica es la palabra. El padre pilotó la Transición de la dictadura a la democracia. Sin guerras, secesiones ni disensiones más allá del devenir diario, aunque hubo víctimas inocentes en el camino. Cordura, renuncias, diálogo, pactos y un objetivo común fueron los estandartes del momento. El hijo tiene que pilotar una nueva transición desde una democracia con demasiados corruptos, a un verdadero Estado democrático plural, con separación real de poderes, incardinado en la Europa del siglo XXI. Si difícil fue entonces, más difícil va a ser ahora, que hay diferentes objetivos y en donde los políticos nacidos en la democracia no saben lo que es una dictadura, de derechas ni de izquierdas, y tienen que demostrar su espíritu de sacrificio, esfuerzo y generosidad en esta nueva transición que se avecina.

 

 

Publicado en PUERTA DE MADRID de ALCALA DE HENARES, nº 2.333 del 14-06-2014, PÁG. 10