Archivo de etiquetas| procès

Roma locuta

Roma locuta, causa finita es una locución latina que significa: «Roma ha hablado, el caso está cerrado». Ha hablado el Tribunal Supremo. Como siempre, España dividida. A unos les parece poca la pena impuesta a los golpistas catalanes; a otros les parece mucha; los secesionistas, con alborotos callejeros de gran repercusión mediática, con Torra a la cabeza moral de las revueltas, reclama una amnistía y mantiene el compromiso “sin excusas” hacia la independencia. Mientras escribo estas líneas, estoy oyendo por la radio el caos y la violencia social en el que está sumido Barcelona en estos momentos.

 

 

El Tribunal ha considerado que no hay delito de rebelión que, según dispone el art. 472 CP, son reos del delito de rebelión los que se alcen violenta y públicamente para cualquiera de los fines siguientes:

1º Derogar, suspender o modificar total o parcialmente la Constitución. 2º Destituir o despojar en parte o en todo de sus prerrogativas y facultades al Rey o al Regente o miembros de la Regencia, u obligarles a ejecutar un acto contrario a su voluntad. 3º Impedir la libre celebración de elecciones para cargos públicos. 4º Disolver las Cortes Generales, el Congreso de los Diputados, el Senado o cualquier Asamblea Legislativa de una Comunidad Autónoma. 5º Declarar la independencia de una parte del territorio nacional. 6º Sustituir por otro el Gobierno de la Nación o el Consejo de Gobierno de una Comunidad Autónoma. 7º Sustraer cualquier clase de fuerza armada a la obediencia del Gobierno.

La cosa está juzgada y, visto desde fuera, parece una sentencia salomónica que se acerca a la pretensión de la Abogacía del Estado (pásate media vida estudiando y varios años enclaustrado para las oposiciones, para ser bastaje que igual hace un informe a favor que en contra sobre una misma cuestión) y del Gobierno socialista, que, penando al transgresor, deja la puerta abierta para que los presos puedan acceder a permisos carcelarios y situación de semilibertad, pudiendo ser clasificados en poco tiempo como tercer grado o régimen abierto, lo que les permitiría tener que acudir a prisión solamente a dormir de lunes a jueves.

Pedro Sánchez, el más preclaro mentiroso en materia de política nacional, ha declarado a continuación de conocerse la sentencia (esa es otra, filtrada al menos con cuarenta y ocho horas de antelación a su conocimiento por los juzgados, para que te fíes de los jueces) sobre el cumplimiento íntegro de las penas, siendo desmentido a las veinticuatro horas por su vicepresidenta, por aquello de hacer lo bueno por sí mismo, lo malo por terceros.

 

 

Podemos comentar y censurar la sentencia. Pero en un país democrático, las sentencias judiciales están para cumplirlas, nos gusten o no. Aquello que tantas veces hemos censurado que los gobernantes catalanes no cumplen las sentencias judiciales del Constitucional, reclamando medidas coercitivas para que lo hagan, no podemos ahora estar contra esta, coincida o no con nuestra postura política. Lo que si es verdad es que los jueces deberían ser nombrados y elegidos entre ellos mismos y no por los poderes políticos.

Una conclusión vistas las diversas reacciones habidas: Está claro que Cataluña, una parte de Cataluña, el 50% de su ciudadanía, no está dispuesta a dejar de transgredir la Constitución y el ordenamiento jurídico español, y su único objetivo es la independencia; y otro, la ultraizquierda española, los comunistas verdes y rojos, están con ellos, contra la unidad de España. Dos de los bloques que en la década de los años treinta del siglo pasado contribuyeron con su actuación al trágico golpe militar y la Guerra Civil.

Acabo estas líneas con un aforismo de unos de mis escritores de cabecera, Baltasar Gracián: “Para que llore yo mañana, mejor que llore él hoy”.