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La última bajada de pantalones de Pedro Sánchez

El camino de servidumbre por el que se arrastra (y nos arrastra) Pedro Sánchez, rehén del separatismo, conoció ayer martes otro hito en su particular historia de la infamia: la destitución de la jefa de los Servicios Secretos Españoles (CNI) para satisfacer el venenoso apetito antiespañol de los enemigos del Estado; una cadena de despropósitos donde la incompetencia rivaliza con la traición.

Todo empezó cuando el fugado Puigdemont, la salsa de todos los guisos, nuestro más grande embajador en el extranjero, y nuestro próximo indultado si Dios no lo remedia, colocó un informe groseramente sesgado en un periódico canadiense: allí se denunciaba un presunto espionaje a sesenta líderes independentistas catalanes.

El separatismo, que vive del llanto perpetuo, puso entonces el grito en el cielo: Pere Aragonés, actual presidente de la Generalitat y uno de los espiados como presunto ex–coordinador de los grupos paramilitares CDR (según publica la prensa de hoy) amagaba su ruptura con Sánchez para no perder el favor de su secta de abducidos.

Pedro Sánchez, tras ese amago de Aragonés, intentó apagar el incendio del único modo que sabe: cediendo otra vez al chantaje del separatismo. Como si el indulto a los delincuentes golpistas no hubiese sido una afrenta al conjunto de la Nación española, Sánchez necesitaba demostrar ahora que el insaciable apetito de los golpistas sólo podía satisfacerse con su no menos insaciable apetito de bajarse continuamente los pantalones y exponer las posaderas. Unas posaderas asentadas, a costa de lo que sea, en un trono que alzan a pulso cuatro porteadores de su entera confianza: comunistas de Podemos, ex–terroristas de Bildu, golpistas de Esquerra Republicana y anarquistas de la CUP. Lo mejorcito de cada casa, lector. No te digo que me lo mejores. Me basta con que lo iguales.

Como primera medida de apaciguamiento (apaciguo y miento), Pedro Sánchez metió a los cuatro porteadores de su trono en la Comisión de Secretos Oficiales: eran los zorros guardando a las gallinas (veganas); eran los rufianes riéndose de los buenos; eran los traidores pidiendo cuentas a los leales; eran los legítimamente espiados acosando a los espías.

Para lograr semejante dislate, Meritxell Batet (socialista a tiempo completo y presidenta del Congreso de los Diputados en sus ratos libres) retorció las reglas del Congreso para dar gusto a su líder y sentar a los amigos de Sánchez en esa Comisión Secreta: una Comisión donde, poco después, compareció la jefa del CNI para probar documentalmente el perfecto amparo judicial que, con el permiso del Tribunal Supremo, sostenía todas sus actuaciones.

Pero como ni así el separatismo se amansaba, Pedro Sánchez perpetró un peliculero giro de guion: ¡oh, sorpresa!, los móviles de Pedro Sánchez y de Margarita Robles también habían sido espiados. Posiblemente por Rusia, o por Marruecos. No se sabe bien, pero da igual. Con ese batiburrillo de espías, con esa mezcla de churras con merinas, se trataba de extender el victimismo separatista al Ejecutivo español. Es un caso único en el mundo: un presidente que, en vísperas de recibir en España a los líderes de la OTAN, confiesa su propia debilidad para hacerse perdonar la legítima e imprescindible vigilancia que él (o su predecesor en la Moncloa) autorizó para los separatistas catalanes.

La propia ministra de Defensa, Margarita Robles, días antes del mentado cambio de guion, justificó desde su escaño en el Congreso el espionaje a los sediciosos, pues consideró a los vigilados una amenaza para la seguridad nacional. Según dijo la ministra, habrían sido espiados por buenísimas razones: sus planes golpistas de autodeterminación, su delito ya juzgado de secesión, su probada malversación de fondos para llevar a cabo aquel Golpe, su insistencia en persistir en el delito, sus contactos con la Rusia de Vladimir Hijodeputin para perpetrar la sedición (que les llegó a prometer 10.000 soldados rusos para convertir Cataluña en otra Ucrania), su responsabilidad en la violencia urbana desatada por el llamado “Tsunami Democràtic”, y su connivencia con los paramilitares CDR que llevaron a cabo, entre otras grandes machadas, la toma del aeropuerto del Prat. Ahí es nada. Una broma. Ah. Nota mental: estos tipos espiados, lector, son quienes custodian ahora las llaves de España, las llaves de nuestro Gobierno, las llaves de nuestros secretos y las llaves de tu cuarto de baño. No se te olvide, lector. Y mientras tanto, el rey Felipe VI, nuestro Jefe del Estado, tiene vetada su presencia en Gerona, donde no puede ni poner el pie. Tampoco se te olvide.

Las razones invocadas entonces por Margarita Robles desde su escaño, fueron un alarde de dignidad personal e institucional que le ha durado pocos días. Porque ayer, en la rueda de prensa tras el Consejo de Ministros, aquella dignidad se le fue por el sumidero del cálculo egoísta: Robles accedía a entregar al separatismo la inocente cabeza de la jefa de nuestros servicios secretos a cambio de callar, aplaudir perrunamente a Sánchez y conservar su poltrona. Otro bochorno nacional. Otro sindiós.

Pero ni de esa manera logrará Margarita la piedad de Esquerra Republicana, de Podemos, de Bildu o de Puigdemont. Y lo que es aún peor: tampoco recuperará el respeto perdido del constitucionalismo.

Como dijo ayer mi admirado Arturo Pérez-Reverte: <<me fascina cómo mata Sánchez, con esa frialdad de pistolero implacable. Todos, uno tras otro, van cayendo a su alrededor mientras él se protege tras los cadáveres. Lo grave será cuando ya no le queden víctimas o instituciones que interponer. Entonces, estaremos desnudos y a la intemperie>>. Redondas palabras.

Así funciona el sanchismo: seguirá degradando una institución tras otra hasta que las urnas permitan a los españoles rescatarlas de Sánchez.

No lo olvides nunca, lector. Y pon otra muesca en tu voto.

Firmado: Juan Manuel Jimenez Muñoz.

Sevilla – Primera semana de diciembre

El domingo apareció un día radiante, soleado, con ese azul especial que tiene el cielo de Sevilla. La gente votó tranquilamente, sin ningún incidente digno de mención.

El gobierno autonómico de Andalucía lo ocupa el Partido Socialista Andaluz desde el dos de junio de 1979, siendo el primer presidente democráticamente elegido Rafael Escuredo. Lo que es lo mismo, llevan en el poder, de forma ininterrumpida, más años que Franco.

Andalucía, cuando murió Franco en el año 1975, tenía una tasa de paro del 13,54%, una Renta Regional en millones de pesetas constantes de 1975 de 630.617 millones, la tercera de España, detrás de Cataluña y Madrid, una Tasa de crecimiento anual del 4,7%. Fuente: “Renta Nacional de España y su distribución provincial años 1955-1975”, del Servicios de Estudios del Banco de Bilbao.

EPA. Tasa de actividad: 56,81%; EPA. Tasa de paro: 22,85%; es la última CCAA en el informe PISA en materia educativa. Fuente: INE, datos año 2017. Andalucía es una de las regiones más pobres de Europa, con la mayor tasa impositiva de España y la última en PIB per cápita. Siempre envuelta en temas de corrupción, amiguismo y populismo obrero subvencionado, en la actualidad se sienten en el banquillo de los acusados por la Justicia, dos expresidentes del gobierno autonómico por un caso de dinero público utilizado fraudulentamente, en el que existen más de cien personas involucradas y un importe de miles de millones de euros.

El resultado de las elecciones ha sido el siguiente:

 

 

La mayoría absoluta está en 55 diputados, que hasta ahora sumaban los partidos de izquierda PSOE y Podemos; por primera vez desde la democracia, el centro-derecha, representado por Ciudadanos, Partido Popular y VOX, pasan a tener mayoría absoluta.

La respuesta de Podemos, partido de ultraizquierda, asesor del régimen chavista en Venezuela, comunista leninista, no se ha hecho esperar. Ha llamado a “tomar la calle en contra del fascismo”, que es como ellos llaman a todos los que no estén a favor de su ideario, con eslóganes como “sin piernas, sin brazos, fachas a pedazos”, ellos, que quieren acabar con la Constitución Española que nos dimos en el año 1978, que son amigos y se relacionan con personajes cuyo ADN está manchado de sangre de otros españoles, que quieren proclamar la república (España ha tenidos dos repúblicas y las dos han acabado en guerra civil), que odian llamar a España por su nombre, y que quieren crear pequeños países federados en torno a esa república, cuando las actuales Comunidades Autónomas españolas tienen transferidas más competencias que los landers alemanes o los estados confederados norteamericanos.

Transcribo a continuación una “Carta abierta a Pablo Iglesias” (líder de Podemos), escrita por Juan Manuel Jimenez Muñoz, médico y escritor malagueño que, creo, resume el sentir de la mayoría de españoles, y que suscribo en su totalidad.

Hoy, a tan sólo unas horas de que el pueblo andaluz haya dicho ¡BASTA YA! a 40 años de Régimen Monocolor, cuando las trituradoras de papel están echando chispas en todos los despachos de la Administración andaluza y cuando Pablo Iglesias anda en Madrid, estupefacto, preguntándose qué coño habrá pasado aquí para que el avance fascista haya sido tan rotundo, yo le voy a dar unas claves para que reflexione.

Mire usted, señor Iglesias. Vivo a temporadas en un pueblecito de Málaga que se llama SEDELLA. Son pocos habitantes en Sedella, pero magníficas personas. Tendría usted que conocer el pueblo. Por sus gentes, por su gastronomía y por sus vistas a la Tejea. Yo le invito a mi casa. También a Irene.

 

 

Sedella tiene un alcalde de Izquierda Unida porque 6 de sus 7 concejales son de Izquierda Unida. Y la gente quiere a su alcalde porque da trabajo y porque se preocupa por el pueblo.

Ningún concejal de Vox hay por allí que pueda molestarle a usted, señor Iglesias. Nadie de Ciudadanos. Nadie del PP. Nadie de derechas que deba quitarle el sueño. Son unos rojos mis paisanos de Sedella. Unos rojos irredentos. Unos rojos de cojones.

 

 

Pero mire usted por dónde hace unas horas, como por ensalmo, se me han vuelto fascistas mis paisanos, o medio fascistas. 109 votos han ido al Partido Socialista y a Podemos, y otros 105 se han marchado a VOX, al PP y a Ciudadanos. ¿No le asombra eso, señor Iglesias? ¿No le dice nada que un pueblo de rojos se haya convertido en facha de la noche a la mañana? ¿Sigue pensando usted que hay que “salir a la calle para combatir el fascismo”? ¿Cree necesaria una marcha con el lema “No Pasarán? ¿No se da cuenta, señor Iglesias, de que ese supuesto fascismo ha nacido de las propias filas de usted y del Partido Socialista, de sus propios errores, de sus propias contradicciones, y de tanto tocarnos los cojones al conjunto de la sociedad?

Mire usted, señor Iglesias:

Cuando usted dice que no puede pronunciar la palabra España porque le duele la boca, nace un fascista.

Cuando usted grita ¡Visca Cataluña Libre y Soberana!, nace un fascista.

Cuando usted se va a una cárcel a negociar los presupuestos nacionales con unos investigados por sedición, nace un fascista.

Cuando usted predica pobreza y sobriedad, pero se compra un chalé, nace un fascista.

Cuando una parlamentaria de Podemos retira la bandera española del Parlament Catalán, nace un fascista.

Cuando Ada Colau (alcaldesa de Barcelona) dice que ha votado Sí a la Independencia Catalana en un referéndum ilegal, nace un fascista.

Cuando usted y los suyos hacen parabienes de Chaves y Maduro, nace un fascista.

Cuando Pedro Sánchez y usted se reparten, como cromos, los puestos directivos de Radiotelevisión Española, nace un fascista.

Cuando usted se lleva las manos a la cabeza porque un inmigrante ilegal murió de un infarto en Lavapiés, pero no se las lleva cuando asaltan en grupo la valla de Melilla, nace un fascista.

Cuando le tiran excrementos a nuestra policía de frontera y usted no dice nada, nace un fascista.

Cuando a Pedro Sánchez lo encumbran a la Presidencia del Gobierno los votos de usted, y los de Bildu, y los de Gabriel Rufián, nace un fascista.

Cuando escupen los independentistas a Borrell, y usted se calla, nace un fascista.

Cuando Susana Díaz dice que la huelga de los médicos catalanes le parece justa y necesaria, pero que la de los médicos andaluces es cosa de personas de derechas, nace un fascista.

Cuando un andaluz tiene que esperar 10 meses una colonoscopia y luego, tras hacérsela, resulta que tiene un cáncer de intestino, nace un fascista.

Cuando un andaluz va a la farmacia y hay desabastecimiento, nace un fascista.

Cuando a un maestro andaluz le pegan, o le insultan, y la izquierda no dice nada, nace un fascista.

Cuando a una auxiliar de enfermería andaluza le arrojan una escupidera de orines a la cabeza, y la izquierda no dice nada, nace un fascista.

Cuando en las aulas se les obliga a los niños a estudiar temarios tendenciosos, nace un fascista.

Cuando Susana Díaz dice que la Gürtel estuvo mal pero que los ERE fueron una tontería, nace un fascista.

Cuando un puñado de altos cargos socialistas se va de putas con el dinero de los andaluces, nace un fascista.

Cuando Pedro Sánchez dice ayer que lo ocurrido en Cataluña es una rebelión, y dice hoy que sólo es una sedición, nace un fascista.

Cuando Willy Toledo se caga en Dios y la izquierda progresista le ríe la gracia, nace un fascista.

Cuando un cómico se suena los mocos en la bandera española y la izquierda progresista lo defiende, nace un fascista.

Cuando Ada Colau, sin despeinarse, dice que un almirante español del siglo XIX era un fascista, nace un fascista.

Cuando Podemos de Zaragoza organiza unas Jornadas Antifascistas e invita como ponente a una exterrorista de Terra Lliure que asesinó a nueve personas, nace un fascista.

Pues eso, señor Iglesias. Ya no le canso más.

Busque usted a los fascistas en las propias sedes de Podemos. Y que Susana Díaz y Pedro Sánchez los busquen en las sedes del Partido Socialista. Pues quien siembra vientos, recoge tempestades. Y se cría lo que se come. Y algunas junteras no son buenas. Y todos los fascismos tienen, o han tenido, un motor desencadenante.

El fascismo de Mussolini nació por la depresión económica y el paro de los años treinta. El de Hitler, por la depresión económica europea y la humillación de Alemania tras la Primera Guerra Mundial. Y el fascismo de ahora, ese que todos tememos, ese que nadie queremos, ese que vemos esparcirse como una mancha de aceite por Europa, hunde sus raíces en la falta de luces de la socialdemocracia europea y en trepas como usted, señor Iglesias, a quienes lo único que les interesa, para lo único que han venido a la política española, es para cargarse la Constitución de 1978 y para ponernos como ejemplos a seguir otros paraísos caribeños. Bueno, y para comprarse un casoplón.

 

 

Así que, señor Iglesias, ahórrenos ahora llantos y lamentos en las calles. Ahórrenos barricadas y carreras policiales. La movilización ha de hacerse antes de ir a las urnas, no después, cuando no gusta el resultado. Eso, al menos, es lo que dicen los verdaderos demócratas.

Deje tranquilo a Andalucía por cuatro años, y veamos todos, al menos por una vez, qué saben hacer, por estas maltratadas tierras, Ciudadanos y el PP.

Y si dentro de cuatro años no nos gusta lo que hacen, si montan otro cortijo de otro color o si la gente sigue esperando diez meses para una colonoscopia, haremos como hemos hecho ahora con el cortijo de Susana: mandarlo a hacer puñetas, y a otra cosa, mariposa.

Pues eso, precisamente, es lo que me encanta de la democracia: que nunca damos los votos. Tan sólo los prestamos.

 

Antonio CAMPOS

http://www.es.ancamfer.wordpress.com

 

Publicado en el Blog de Campos el 05-12-2018