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No al indulto

Sr. Rufián, D. Juan Gabriel. Usted es nacido en Cataluña, pero no tiene sangre fenicia ni visigoda; sus antepasados eran unos aldeanos andaluces, destripaterrones de izquierdas, y su abuelo “un republicano que creía que España era el mejor país del mundo”, que fueron a Cataluña en busca de ese trabajo que Franco facilitaba con inversiones y empresas tanto en aquella región como en el País Vasco. Sus padres se conocieron en un mitin de Bandera Roja (Organización Comunista de España), un partido de extrema izquierda en el que ambos militaban.

Es usted un charnego en toda la amplitud de la palabra. Listillo, eso sí, nacido varios años después de morir Franco, sin haber conocido aquella época ni haber pasado penalidad alguna por su ideología política, estando Zapatero de presidente del Gobierno se dio cuenta por dónde podría derivar la política manifestando ya su propensión a vivir del negocio del independentismo, siendo relativamente reciente, año 2015, su incorporación profesional a la misma, con una carrera meteórica que va desde los seiscientos euros que cobraba mensualmente del paro a ser la mano derecha de Oriol Junqueras.

Desde el primer día se ha distinguido usted por aquello “que hablen de mí, aunque sea mal”, con un discurso faltón, patán, insolente, grosero, insultante, procaz, desconsiderado y abiertamente bélico, en contra de España, de sus gentes, de su historia, de sus valores, de su existencia como nación; usted está contra todo y contra todos los que nos sentimos españoles por encima de cualquier ideología política, religiosa o social que cada uno podamos tener.

Si se hubiera solucionado para siempre la guerra payesa de condados catalanes sobre si España o Francia, y el General Espartero no hubiera parado cuando iban mil y catorce, a lo mejor usted no me habría insultado como hizo el domingo pasado. A mí y a más de 125.000 personas, muchas de ellas, como yo, sin adscripción política de ningún signo, nos congregamos en la madrileña plaza de Colón contra los indultos que prepara el Gobierno de Pedro Sánchez, el peor político español desde Fernando VII, en un acto convocado por Unión 78, entidad civil alrededor de la Constitución Española, para pedir NO AL INDULTO a los golpistas catalanes, juzgados y condenados por las más altas instancias judiciales de esta gran nación.

Alrededor de la situación y el origen de esta gracia que se remonta a “Gaceta de Madrid núm. 175, de 24 de junio de 1870” y si en este caso concreto concurre alguna circunstancia para que pudiera imputarse al Consejo de Ministros por prevaricación, definida en nuestro Código Penal como “A la autoridad o funcionario público que, a sabiendas de su injusticia, dictare una resolución arbitraria en un asunto administrativo se le castigará con la pena de inhabilitación especial para empleo o cargo público y para el ejercicio del derecho de sufragio pasivo por tiempo de nueve a quince años”, me parece que se va a abrir un proceso jurídico de largo recorrido en el que van a ser los propios jueces los que más ofendidos se sientan al comprobar que sus conocimientos, trabajos y sentencias no sirven para nada, con el agravante que en este caso una mayoría absoluta de los ciudadanos está a favor de lo que ellos han dictaminado.

En la magna obra “Comentarios a la Constitución Española” de 2018, dirigida por Miguel Rodríguez-Piñero y Bravo-Ferrer y María Emilia Casas Baamonde, el Catedrático de Derecho Constitucional de la UAM, Juan José Solozábal Echavarría, al hablar del artículo 2 de nuestra Constitución, dice: La claridad y firmeza de nuestra Norma Fundamental, atribuyendo el poder constituyente a la Nación española y concibiéndolo como expresión del poder político del Estado, impide la asunción de dicho poder por quien no es el soberano. Soberano es el pueblo español, no los pueblos del Estado, ni siquiera los pueblos de España. Así, el titular de la soberanía es un sujeto homogéneo, no un sujeto múltiple, de modo que cupiese pensar que las colectividades territoriales que lo integran, al participar alícuotamente en la soberanía, pueden recuperar su poder político propio, como el socio fundador puede renunciar a sus derechos y abandonar la sociedad en la que hasta ese momento participaba. Pero el soberano tampoco es un sujeto complejo o resultante de las incorporaciones separadas de sus integrantes, y cuya voluntad se formase por acuerdo de dichos componentes, sino un sujeto único con identidad propia que trasciende y se distingue, sin ser necesariamente diferente, y menos opuesto, a las unidades que lo integran, absorbiendo así el poder fundamental de la colectividad. Paladinamente lo ha dejado claro el Tribunal Constitucional. La Constitución, dice, «no es el resultado de un pacto entre instancias territoriales históricas que conserven unos derechos anteriores a la Constitución y superiores a ella, sino una norma del poder constituyente que se impone con fuerza vinculante general en su ámbito, sin que queden fuera de ella situaciones «históricas» anteriores» (STC 76/1988, de 26 de abril, FJ 3). La soberanía está depositada de modo exclusivo en la Nación española, y en sentido jurídico constitucional no puede referirse la expresión nación «a otro sujeto que no sea el pueblo titular de la soberanía» (STC 31/2010).

Que hasta el presidente Felipe González, que puso a España en Europa y respetada por todo el mundo, dijera en televisión y en horas de máxima audiencia que él no se siente representado por el Partido Socialista actual, y que no concedería el indulto del que estamos hablando, es un claro indicio de la deriva que está tomando la política: “el fin justifica los medios”, cuando el único fin es mantenerse en el poder por parte de Pedro Sánchez.

Sr. Rufián, haciendo justicia a los sinónimos de su apellido (alcahuete, aprovechado, baratero bellaco, bergante, birlesco, bribón, chulo, felón, garitero, gorrón, granuja, lenón, malandrín, miserable, pícaro, pillo, sabandija, truhán, vil), usted ha dicho que ese acto democrático, únicamente con banderas constitucionales de España y sin ningún tipo de incidente, nada que ver por los protagonizados por los CDR catalanes, “es una especie de narcosala de la ultraderecha en la que se va a repartir metadona de la mala para esa gente”, convirtiéndolo en algo que, supongo, conocerá y/o frecuentará, ignoro en función de qué, por tener claro algo que yo, siendo de mucha más edad y habiendo vivido mucho más que usted, desconozco de qué se trata, pues solo me he dedicado a trabajar desde que tenía dieciséis años, a estudiar y a aportar impuestos a la sociedad.

Hace unos días, nuestro presidente Pedro Sánchez advirtió a Marruecos que “defenderá la integridad de España con todos los medios”. Integridad de la nación para fronteras externas.

¿Son o no son sagradas las fronteras, externas e internas? ¿Va a manifestar Pedro Sánchez lo mismo y con la misma fuerza a aquellos que quieren romper la integridad de España desde dentro? Supongo que les informará que el artículo 8 de la Constitución dice: “Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional”.

Solo quiero añadirle una cosa: Si esto sigue por el mismo camino, tanto el Sr. Sánchez como usted, pasarán a los libros de historia como dos de las personas sin las cuales no hubiera sido posible comenzar una nueva guerra bélica entre hermanos.

Ejerciendo mi libertad, voy a dejar claro mi opinión: NO AL INDULTO.

Antonio CAMPOS

Los sumisos tienen ideologías

Durante muchos años de trabajo, de reuniones interminables en donde nos jugábamos un café apostando por el número de veces que el ponente de turno utilizaba las “muletillas” que sabíamos tenía, (ehh – vale – me entendéis – por ejemplo – que digo yo – bien, sigamos – estooo – digamos – creo – en esta línea – etc), habiendo leído mil y una veces “Las aptitudes y el carácter – Aspectos fisiognómicos” de Fred Weber, edición española de 1976,  y ejercido en algo parecido a un confesionario no religioso durante años, tengo la habilidad de saber cuándo alguien miente, en estos tiempos en el que algunos pretenden que su mentira sea la verdad perpetua.

Por eso, ya no me preocupa que me mientan, pero sí que me crean tonto. La actuación de nuestra ministra de Hacienda y portavoz del Gobierno, María Jesús Montero, trianera de Sevilla, cincuentañera, divorciada, licenciada en Medicina, que en su juventud hizo a pelo y a pluma ya que militó en la Juventud Obrera Cristiana (JOC) y en las Juventudes Comunistas, y era considerada una hippie comunista, totalmente en contra del capitalismo y de los ricos, diciendo hace unos días en televisión que “el líder del Frente Polisario no entró con una identidad falsa, entró con una identidad diferente”, bate todos los retorcimientos de la lengua española, riquísima en sus acepciones y sinónimos, tratando de enmascarar una actuación gubernamental digna de la TIA de los tebeos de mi infancia.

La llegada a España de Brahim Ghali, líder del Frente Polisario, amigo y camarada de Pablo Iglesias, con identidad falsa (sinónimos: adulterado, fingido, simulado, ficticio, inexacto, incorrecto, amañado, fraudulento, hipócrita, fariseo, mentiroso, embustero, impostor, traidor, desleal), su llegada a una base militar española sin conocimiento de la ministra de Defensa, su ocultación a uno de los países amigos y vecinos, con los que tenemos obligación de ser leales y que tiene uno de los servicios secretos más eficientes del mundo, de una persona llamada a testificar por el juez Pedraz por acusaciones de “genocidio en concurso con delitos de asesinato, lesiones, detención ilegal, terrorismo, torturas y desapariciones”, debería llevar aparejada, de forma inmediata, la dimisión o el cese de la ministra de Exteriores, del ministro del Interior y de quien, con toda probabilidad, autorizó esa actuación, el presidente del Gobierno.

Pero si hay alguien que “miente más que parpadea” (ver Amazon), ese es nuestro ínclito Pedro Sánchez, para el que se va a hacer una nueva ley en la que prescribirán los delitos por fraude o plagio de tesis doctorales a los tres años de los hechos, mientras la ley permite que dos marroquíes con múltiples antecedentes penales, detenidos en Sabadell por robo con violencia, golpear y tratar de estrangular a la víctima, sean puestos en libertad inmediata tras haberse negado a declarar en comisaría.

El Tribunal Supremo ha dictaminado en contra de conceder el indulto a los golpistas catalanes, con una contundencia aplastante y razonamiento jurídico impecable:

Como recuerda el Fiscal del Tribunal Supremo, la ley reguladora del indulto exige que para su concesión concurran razones de justicia, equidad o utilidad pública, principios jurídicos que tienen una estrecha vinculación con el restablecimiento de la legalidad y con el cumplimiento de los fines que persiguen las penas; la reeducación y reinserción social de los condenados …. Pues bien, la excepcionalidad que define no está presente en este caso. (……)

Esta Sala no puede hacer constar en su informe la más mínima prueba ni el más débil indicio de arrepentimiento. Ni siquiera flexibilizando ese requerimiento legal y liberando su exigencia de la necesidad de un sentimiento de contrición por el hecho ejecutado, podríamos atisbar una voluntad de reencuentro con el orden jurídico menoscabado por el delito. El mensaje transmitido por los condenados en el ejercicio del derecho a la última palabra y en sus posteriores declaraciones públicas es bien expresivo de su voluntad de reincidir en el ataque a los pilares de la convivencia democrática, asumiendo incluso que la lucha por sus ideales políticos -de incuestionable legitimidad constitucional- autorizaría la movilización ciudadana para proclamar la inobservancia de las leyes, la sustitución de la jefatura del Estado y el unilateral desplazamiento de la fuente de soberanía. (…..)

En suma, no puede ser democrático movilizar a una parte de la ciudadanía catalana como instrumento de presión y apoyo a un marco jurídico que -según se recogía en el hecho probado de la sentencia- “… declaraba abolida la monarquía constitucional, convirtiendo al presidente de la república en el jefe del Estado Catalán, que asumía su más alta representación” y que atribuía al Parlament el nombramiento del Fiscal General de Cataluña, modificaba el régimen jurídico de la nacionalidad de los residentes en Cataluña, redefinía los límites territoriales que habrían de ser abarcados por el nuevo Estado y regulaba la sucesión del Estado Catalán en la titularidad de todos los bienes y derechos del Estado Español en Cataluña. (…..)

Por cuanto antecede, la Sala INFORMA NEGATIVAMENTE la concesión de cualquier forma de indulto -total o parcial- de los condenados …….     

Y Pedro Sánchez manifiesta, con reiteración, que “en los principios constitucionales no se encuentran la venganza o la revancha” (…) “es muy importante mirar hacia el futuro, aprender de los errores y ser conscientes que entre los valores primordiales de la Constitución no está la venganza ni la revancha”. Luego, a sensu contrario, indultar a los golpistas catalanes es concordia. Más grave: Se pasa por el perineo al Poder Judicial, uno de los elementos básicos de cualquier democracia, rematando la faena con una concepción muy personal de la misma: “Este Gobierno tomará su decisión con independencia del número de diputados que nos apoyen”.

Me ha dejado ojiplático, o sea, con los ojos como platos, muy abiertos a causa del asombro ante la palabrería de nuestro presidente, sinónimo de atónito, sorprendido, asombrado, pasmado, boquiabierto, patidifuso o alucinado. Miramos al futuro y olvidamos cosas de hace cuatro días, como los presos de ETA o de los golpistas catalanes, y en cambio no se nos cae de la boca la Ley de Memoria Histórica y lo malo que fue Franco, los que mató, los que fusilaron los republicanos y comunistas no, esos eran santos vestidos de partisanos, y el colchón que estrenó Pedro Sánchez en la Moncloa vale un nuevo desencuentro fraternal entre españoles, la enemistad de Marruecos y ser el hazmerreir de todo el mundo, incluido Estados Unidos, cuyo presidente Joe Biden ha dicho, textualmente “We do not have any meeting point with the Spanish president” para que no haya errores de traducción, lo que es lo mismo “No tenemos ningún punto de encuentro con el presidente español”. Más claro, agua; más rojo, sangre.

Lo peor de todo es que el pueblo, el que trabaja y paga impuestos, está tan callado como cuando Jarcha cantaba en 1976 aquello de “yo sólo he visto gente que sufre y calla / dolor y miedo / gente que sólo desea su pan / su hembra y la fiesta en paz / yo sólo he visto gente muy obediente hasta en la cama / gente que tan sólo pide vivir su vida, sin más mentiras y en paz / …

Cuando Rodríguez Zapatero se dejó fotografiar con el rey de Marruecos con un mapa en el que se indicaba que dentro de las fronteras de ese país se incluía Andalucía, Canarias, Ceuta, Melilla y llegaban hasta las de Argelia y Mauritania, callamos.

Cuando se humilló la bandera de Estados Unidos, sagrada para todos los americanos, cualquiera que sea su Estado origen, callamos.

Cuando se retira nuestra cooperación militar con nuestros aliados, callamos.

Cuando se deja que nuestro Ejército utilice armas y carruajes que son chatarra en cualquier contienda actual, callamos.

Cuando los sexos se convierten en géneros y hay tantos como personas, callamos.

Cuando los políticos colocan en el poder únicamente a los más adictos, a sus poliamores, parientes y familiares, en número que multiplica exponencialmente a lo que había en la dictadura franquista, callamos.

Cuando nos imbuyen ideas comunistas, vendiéndonoslas como si fuera progresismo, callamos.

Cuando se humilla al Poder Judicial para dar  tiempo a que se arme el enemigo, callamos.

Cuando se preocupan por lo que pueda pasar en el año 2050 mientras hay personas guardando interminables esperas para obtener un plato de sopa, callamos.

¿Hasta cuándo nuestro silencio, el de los hombres libres que tienen ideas hemos de vernos postergados por los sumisos que tienen ideologías? La frase es de Teócrito, poeta del helenismo, siglos IV – III antes de Cristo.