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Cuando nos jubilemos …

Cuando nos jubilemos, viajaremos mucho, pensaba mientras el espejo le devolvía su rostro cuando se afeitaba todos los días a las siete menos cuarto de la mañana.

Cuando nos jubilemos, podremos descansar viendo la puesta del sol en una playa exótica, pensaba mientras conducía de vuelta a casa a las nueve de la noche, tras una agotadora jornada laboral.

Cuando nos jubilemos, podremos comprarnos una casita en la Costa del Sol, pensaba antes de dormirse.

Cuando nos jubilemos, tendremos tiempo para hacer excursiones de muchos días, y no las prisas actuales de fin de semana, ¿verdad, amigo?, preguntaba a su copiloto, las dos mujeres, en los asientos traseros, hablando de sus intimidades.

Cuando nos jubilemos, podremos hacer la Ruta del Románico, sin prisas, parándonos donde nos apetezca y durmiendo donde nos pille.

Cuando nos jubilemos, visitaremos todos los museos, todas las catedrales y todos los pueblos más bonitos de España.

Cuando nos jubilamos …. comienzan a dolernos las rodillas, a tener ácido úrico, o colesterol o tensión arterial alta, o hígado graso, o diabetes, o cualquier otro achaque que aparece para delimitarnos la libertad que creíamos tener para hacer lo que pensábamos hacer cuando nos jubiláramos.

Empiezan a morir aquellos de la generación anterior para los que eras “el chaval” de las reuniones, comités y consejos, todo hombres, fumadores empedernidos, en el que en un determinado momento te das cuenta que ya no fuma nadie, todos los sillones están ocupados por mujeres y eres tú el de más edad, que a pesar de estudiar más que cuando eras joven, siempre aparece una rubia pizpireta con las últimas técnicas publicadas por las mejores universidades del mundo, que lo que antes era un equipo ahora es UAR, Unidad de Actuación Rápida, que trabaja por proyecto, para un determinado periodo de tiempo y con un único objetivo, que en realidad es para lo que fue creado.

Y cada vez que recibes un correo electrónico comunicándote la muerte de algún amigo o compañero, tu rostro se contrae, se entristece tu mirada y lloran tus recuerdos. Maldito el amigo que el otro día me envió, en primera persona, este mensaje: “Estimado amigo: El asunto de este correo es descriptivo. Han dado por terminado el tratamiento para contener la enfermedad y he pasado a cuidados paliativos. No estoy triste, desanimado ni nada parecido. Dios, Nuestro Señor, ha tenido a bien darme tiempo para prepararme para la muerte y para despedirme de mi familia y amigos. Te ruego que extiendas este correo a aquellos que compartieron amistad y de los que carezco de su dirección. Por favor, reza por mí, cuando esté en el Purgatorio, para que pueda salir de él cuanto antes (Confío en que la Misericordia infinita de Dios me concederá el perdón y me permitirá pagar la pena). Realmente, este correo es para suplicarte, humildemente, tus oraciones. Ha sido un honor y un placer tener tu amistad. Con afecto”. Maldito y mil veces maldito, no pasa el tiempo, pasamos nosotros. No sé si me acordaré bien, de cuando los rezos eran en latín, pero vete tranquilo, te tendré presente en mis súplicas y peticiones al más allá.

El coronavirus ha sido, y sigue siendo, otro de los motivos de la marcha definitiva de muchos amigos y conocidos; la edad no perdona y los sentimientos fluyen de tantos años compartiendo aspiraciones profesionales, sociales, humanas, al fin y al cabo, las historias y los buenos momentos vividos; y se han ido sin despedirse, sin poderles decir adiós, sin un beso, sin un abrazo, solos, como nacemos y como morimos.

Y aquella amiga, mujer de mi amigo, con los que siempre viajábamos los fines de semana que podíamos, aquellos con los que, cuando nos jubiláramos, íbamos a ver la puesta del sol, comprarnos una casita en la playa o hacer el Camino de Santiago en coche, solo sabe tomar la mano de mi amigo, se acurruca a su lado y mira de forma indefinida al horizonte, aunque el horizonte sea una pared que está a dos metros de distancia.

Hija de tierra manchega, hermana mayor de diez hermanos a los que cuidó desde pequeña, su padre era aparcero que un día marchó a Madrid en busca de un mejor porvenir para sus hijos, al menos para los más pequeños, para que pudieran estudiar y labrarse un futuro mejor que el que él tenía. Esposa, mujer y madre, ahora solo se consuela agarrando la mano de su marido, con el que lleva casado muchos lustros, el único sustento mental que parece quedarle. Y llora nuestro corazón cuando vemos la oscura, negra noche en la que está su mente, cada vez que nos acercamos a ella y no aparecen los recuerdos.

Cuando nos jubilemos …. Cuando nos jubilamos empieza uno a vivir más de recuerdos que de realidades, la sociedad se ha vuelto edadista, renuncia a la experiencia, discrimina a los mayores, pretende “aparcarlos” lejos de sus problemas cotidianos, como si no hubiesen sido ellos quienes han forjado, construido, trabajado y logrado, esa sociedad.

Mi corazón guarda vuestro amor y mi mente todos los recuerdos del tránsito que hemos compartido. Y cuando mi vida sea hálito pasado, que al menos una gota de sangre se instale en el futuro hasta que, de nuevo, por dentro o por fuera, desde dentro o desde fuera, todo salte por los aires y se convierta en un páramo ahora inimaginable, similar a lo que tratamos de descubrir sobre quienes fueron nuestras evolucionadas células antepasadas.

Mientras tanto, vive, sé libre, que nadie coarte tu libertad, respeta, paladea el presente, contempla ese caballo que se encabrita cada Miércoles Santo en tu honor, que el futuro es imprevisible: lo único que tenemos asegurada es una tumba en algún lugar del planeta, esa masa de tierra y agua que lleva miles de millones de año dando vueltas en el mundo astral, en donde lo que era mar, ahora son montañas, donde era hielo, ahora es desierto, donde la transformación de la materia es una revolución constante y el tiempo lo único que permanece.

Y no olvides nunca a Malinowski, que de ciudad en ciudad va sembrando sus versos:

Ahora es el momento

de hacer lo que más quieres.

no esperes al lunes, ni esperes a mañana.

que no aumente ante ti la caravana

de sueños pisoteados. ya no esperes.

No reprimas por miedo o cobardía.

no postergues la vida con más muerte,

y no esperes más nada de la suerte

que no hay más que tu tesón y tu energía.

Si tu sueño es hermoso dale forma

como esculpe el arroyo la ribera;

como el viento que vive y se transforma.

Y para que todo resulte a tu manera,

redacta para ti mismo tu norma

y convierte tu otoño en primavera.

Todo a Cien – 256 Crispación

La crispación social y política cada día es más evidente en España.

Joaquín Bosch Grau es un magistrado y jurista valenciano que fue portavoz de Jueces para la Democracia desde 2012 a 2016.

El 15-04-2013 dijo en su twitter: “Análisis jurídico del escrache como forma de protesta amparada por la libertad de expresión y el derecho de crítica”.

El 19-10-2017 y ante el escrache sufrido por la Vicepresidenta del Gobierno Autonómico de Valencia, de Compromís, en el mismo medio, declaró: “No es libertad de expresión de ideas irrumpir con máscaras intimidatorias ante un domicilio con menores. No al acoso fascista a Mónica Oltra”.

Todo el mundo tiene derecho a manifestar su libertad política, pero cuando es un miembro de la judicatura quién cambia su opinión, menos mal que no sentencia, según quién sea el atacado o el atacante, algo no funciona en quienes tienen que poner orden y ley por delante de cualquier ideario.

Irene Montero, 29 años, dirigente de Podemos, el 18-10-2017 manifiesta que “una Constitución debería durar lo que dura una generación, los muertos no pueden estar dirigiendo eternamente a los vivos”. ¡Qué mal hemos educado a nuestros hijos y nietos! Hemos querido facilitarles la vida y hemos creado monstruos que persiguen acabar con sus progenitores para implantar su revolución de hambre y pobreza.

Menos mal que no todos los jóvenes son así. Yo creo en la juventud. En esa que estudia, trabaja, aporta valor añadido y contribuye al estado de bienestar que, pese a algunos, se disfruta en España, en esa que lucha cada día por un futuro mejor para todos, en unidad, convivencia y paz.

 

 

Publicado en el Blog de Campos el 20-10-2017

 

Cuentacuentos

SEMBRAR PARA LOS DEMÁS

“Un anciano muy pobre se dedicaba a sembrar árboles de mango. Un día se encontró con un joven que le dijo: ¿Cómo es que a su edad se dedica a plantar mangos? ¡Tenga por seguro que no vivirá lo suficiente para consumir sus frutos! El anciano respondió apaciblemente: Toda mi vida he comido mangos de árboles plantados por otros. ¡Que los míos rindan frutos para quienes me sobrevivan! Continuando con su explicación el sembrador sentenció: Habitamos en un universo en el que todo y todos tienen algo que ofrecer: lo árboles dan, los ríos dan, la tierra, el sol, la luna y las estrellas dan. ¿De dónde, pues, esa ansiedad por tomar, recibir, amasar, juntar, acumular sin dar nada a cambio? Todos podemos dar algo, por pobres que seamos. Podemos ofrecer pensamientos agradables, dulces palabras, sonrisas radiantes, conmovedoras canciones, una mano firme y tantas otras cosas que alivien a un corazón herido. Yo he decidido dar mangos, para que otros, que vengan después que yo, los disfruten. Y tú jovencito, preguntó el anciano, ¿has pensado en lo que quieres dar?”

 

SOLTAR LAS AMARRAS Y CONFIAR

Una tarde dos turistas que habían acampado a la orilla de un lago decidieron atravesarlo en barca para irse a tomar unas copas al bar de la otra orilla. Allí se quedaron hasta bien entrada la noche. Salieron del bar un tanto afectados por lo que habían bebido, pero al fin lograron llegar a la barca para volver a su destino. Empezaron a remar con fuerza. Sudaban y resoplaban por el esfuerzo y el empeño que ponían. Habían pasado así más de dos horas cuando uno le dijo al otro:

– ¿No crees que en tanto tiempo deberíamos haber llegado ya a la otra orilla?

– Eso mismo digo yo – contestó el otro – Pero tal vez no hemos remado con la energía suficiente.

Multiplicaron entonces los esfuerzos y remaron decididamente durante una hora más. Sólo que, al salir el sol, contemplaron sorprendidos que seguían estando en el mismo lugar. Se habían olvidado de desatar la gruesa cuerda que sujetaba su barca al muelle de los barcos.

 

MEJOR DORMIR

Recuerdo que una vez cuando era niño, experimenté una fase de fervor religioso. Ayunaba, y solía levantarme por las noches para rezar. Otra vez, velé toda una noche, sentado con mi padre, sosteniéndole el Sagrado Corán en el regazo. A nuestro alrededor toda la casa roncaba mientras dormía.

– ¡Escúchalos! – advertí a mi padre – Ninguno de ellos piensa siquiera en recitar una plegaria. Están durmiendo como los muertos.

– Mi querido hijo – replicó mi padre – Harías mejor en estar dormido como ellos si todo lo que consigues con tu vigilia es criticar a los demás.

 

LAS DOS PLANTAS

Dos plantas nacieron de dos semillas iguales, a pocos metros de distancia una de la otra. Una brotó a la orilla del camino. A veces estaba llena de polvo; otras veces estaba cubierta de barro. En verano la quemaba el sol. En las noches de invierno estaba helada de frío, azotada por la lluvia, batida por el viento. Sin embargo, creció verde, lustrosa y llena de vida.

La otra planta creció al amparo de un techito que había al pie de una pared. Así que no tuvo que luchar contra el viento. La lluvia no la mojaba, ni la quemaba el sol. Apenas sentía un poco de frío en las largas noches del invierno. Esta planta creció delgada, endeble y descolorida

Y es que luchar y sufrir muchas veces, ayuda a conservar la vida.

 

De internet – Año 2015

Publicado en el Blog de Campos el 04-03-2017