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Viernes de Dolores

Hoy es Viernes de Dolores para los católicos; en las actuales circunstancias, es viernes de dolores para todos. España tiene el 0,6% de la población mundial y el 23,77% de los muertos en todo el mundo por el tema del coronavirus, el 15,32% de los infectados confirmados también a nivel mundial y el 9,07% de fallecidos sobre confirmados, porcentajes calculados sobre los datos de ayer facilitados por el Gobierno; mal, muy mal, estamos fallando estrepitosamente en muchas cosas.

 

 

Todo ello, sabiendo que están maquilladas las estadísticas, pues no se incluyen aquellos fallecidos en los hospitales a los que no se les ha realizado el test, a los que han muerto en sus casas, los sanitarios contagiados denuncian que la Seguridad Social tramita sus casos como enfermedad común y “a los guardias civiles contagiados estando de servicio, pues se ha recibido orden en todos los cuarteles de dicho cuerpo que no figure ninguna baja de enfermedad por coronavirus”. Fuente: Canal 5 Radio. Y a los que se les efectúa el triaje y se les deja con morfina hasta que mueran por tener más de ochenta años, esa generación que trajo la democracia a España. “Hemos dejado de intubar a enfermos por su edad porque no hay respiradores para todos”. Pensamos que es muy cruel, mezquino y también fascista que esté muriendo gente por no haber material en Albacete mientras riegan con dinero las televisiones privadas… ¿de verdad es más importante lo que se cuenta que lo que ocurre realmente?

Las estadísticas, mal usadas, son chicles que se estiran y se encogen: Yo creo que todos los países mienten en sus datos.

 

 

Es evidente que, ni España en su conjunto, ni el Gobierno, tienen la culpa del famoso virus. Pero el Gobierno sí tiene la culpa de haber actuado tarde, sin previsión, sin músculo de mando, dejando en evidencia la toma de decisiones centralizadas y con una ineficacia dolorosa para todos los ciudadanos españoles, tanto en los temas sanitarios, en los que hemos llegado a una situación en la que los médicos elijen quién vive y quién muere, por falta de medios, de camas, de oxígeno, de respiradores, de medicinas para todos, como financieros a futuro, falta de liquidez del Estado por una bajada de ingresos previstas del 30% sobre sus previsiones, con muchas empresas cerradas, con un paro que superará los cinco millones de personas, un desplome del 20% del Producto Interior Bruto, hundimiento del turismo y la construcción, los dos grandes motores de la economía española, que nos llevará a una recesión-depresión de largo alcance en la que ya se piensa en círculos gubernamentales que habrá que recurrir a un rescate de la Unión Europea, “los hombres de negro” que nos dirán qué, cuánto y cómo tenemos que hacer las cosas.

En el estado de miedo que vivimos en estos días, Podemos se ha pronunciado a favor del fin último para el que fue concebido: Hacer la revolución, implantar el chavismo-comunismo, acabando con la propiedad privada.

Echenique pide “expropiar” a las empresas para afrontar el coronavirus.

Teresa Rodríguez, en Andalucía, más de lo mismo, incluso habla de hacer un Banco Público con los ahorros expropiados a todos los ciudadanos.

Pablo Iglesias nos recuerda el art. 128 de la Constitución, amenazando con “Toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general”. Calla todo lo que la Constitución y Legislación española dice sobre la propiedad privada. De ahí al “exprópiese” de Maduro, solo hay un paso. Y lo que es peor, Pedro Sánchez, los sanchistas ni el PSOE como partido, han salido a desmentirlo, a destituirlo ni a pararle los pies o cerrarle la boca.

Considero, y espero, que no llegaremos a eso, pues supondría imponer el chavismo en España por Real Decreto, arruinar a empresas y particulares, apropiándose el Estado de todo el esfuerzo privado que durante muchísimos años ambos colectivos han trabajado, y ante el que habría que responder de forma contundente a través de cualquier medio público y privado, claveles contra rosas, espadas contra hoces, la razón sobre la sinrazón, pues seríamos todos los ciudadanos expoliados y perjudicados.

La gobernabilidad de España se le están yendo, se le ha ido, de las manos al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. De todo el Consejo de Ministros, solo uno ha dicho la verdad, el ministro de Ciencia e Innovación, Pedro Duque Duque, que es el único que no ha mentido sobre la fecha en la que tuvieron conocimiento real de la peligrosidad del coronavirus; dos grandes decepciones de dos, hasta ahora, grandes profesionales, el Ministro de Justicia, Juan Carlos Campo Moreno, y el ministro de Seguridad Social, José Luis Escrivá Belmonte, que a las primeras de cambio han caído de rodillas ante las directrices del poder; y dos, mujeres, que son las que están teniendo la cabeza despejada y evitando el colapso político, la ministra de Defensa, Margarita Robles Fernández, y la vicepresidenta de Asuntos Económicos, Nadia Calviño Santamaría, que fue recibida hace unos días por el Rey y que es quien verdaderamente lidera el Gobierno para que Podemos no establezca sus ideas comunistas. Y que no sería mala presidenta de un nuevo Gobierno, con Pedro Sánchez dimitido y Pablo Iglesias destituido, de concentración política constitucionalista, para encauzar tanto las negociaciones hasta ahora fracasadas con Europa, como para reconstruir la economía y el país que teníamos no hace tanto.

“Es el momento de afrontar una responsabilidad que no está al alcance de este Gobierno. Debe convocarse un gabinete de crisis donde no estén presentes los actuales ministros, sino gente cualificada. El experimento de la coalición ha caducado ya”. Son palabras de Felipe González; claro que alguno lo negará o dirá que ya pertenece a esos a los que no hay que darles preferencia en atención sanitaria en el supuesto de coronavirus.

Cuando pase esta pandemia, nada será igual. Nadie ganará lo mismo ni tendrá el mismo poder adquisitivo que ha tenido hasta ahora; habrá que reducir políticos, como ha hecho Italia, recortando diputados, senadores y asesores, ministrillos autonómicos y concejales; habrá que incentivar la contratación de empleados; habrá que reducir el “todo gratis” para muchas personas y en muchas cosas; habrá que modificar el asunto de las pensiones futuras; y habrá que revisar y controlar que no se pierda ni un euro por ningún camino en el que transite dinero.

Soy consciente que este artículo me traerá descalificaciones por parte de los trolls y dóberman del poder establecido, pues no va a gustar nada a todos los que, al igual que cuando Franco tenía bien colocados a los de la Falange, ahora están bien colocados y/o subvencionados por pertenecer al PSOE, Podemos y a algún sindicato amigo de ellos. Esa es su gran valía, la misma que la mayoría de los ministros del actual Gobierno: Aceptar con agrado cuantas indicaciones se les formula.