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Diferentes varas de medir

El Real Decreto del pasado 25 de octubre, por el que se dispone el Estado de Alarma, establece la “Limitación de la permanencia de grupos de personas en espacios públicos y privados” y, entre otros, determina:

-La permanencia de grupos de personas en espacios de uso público, tanto cerrados como al aire libre, quedará condicionada a que no se supere el número máximo de seis personas, salvo que se trate de convivientes y sin perjuicio de las excepciones que se establezcan en relación a dependencias, instalaciones y establecimientos abiertos al público. La permanencia de grupos de personas en espacios de uso privado quedará condicionada a que no se supere el número máximo de seis personas, salvo que se trate de convivientes.

En el caso de las agrupaciones en que se incluyan tanto personas convivientes como personas no convivientes, el número máximo a que se refiere el párrafo anterior será de seis personas.

-Las reuniones en lugares de tránsito público y las manifestaciones realizadas en ejercicio del derecho fundamental regulado en el artículo 21 de la Constitución (En los casos de reuniones en lugares de tránsito público y manifestaciones se dará comunicación previa a la autoridad, que sólo podrá prohibirlas cuando existan razones fundadas de alteración del orden público, con peligro para personas o bienes) podrán limitarse, condicionarse o prohibirse cuando en la previa comunicación presentada por los promotores no quede garantizada la distancia personal necesaria para impedir los contagios.

Al amparo de la pandemia por coronavirus, el Gobierno prohíbe cualquier manifestación y protesta en la calle, para que no vuelvan a producirse descontentos públicos y “caceroladas” como ocurrió en mayo pasado, que ponga en evidencia sus errores o responsabilidad en las medidas adoptadas.

Una vez más, otra “cuña” autárquica dentro de una ley democrática, que ya ha sido transgredida en Barcelona, Bilbao, Burgos, Sevilla y Granada, que yo sepa, sin respuesta policial ni judicial que no sean cuatro propuestas de multas a insolventes y que por tanto no se van a cobrar, algunas de ellas violentas, con pillaje y robos en comercios, con quema y destrucción de mobiliario público. Hemos llegado al caso que un tal Hussain, desconozco su nacionalidad, está tratando de vender en la plataforma digital Wallapop una bicicleta robada en Decathlon en Barcelona esa noche de saqueo. Y no pasa nada; en este país, mientras no haya sangre de por medio o pequeños chorizos traficantes de droga, nunca pasa nada.

En España podemos cerrar las escuelas, la universidad, las fábricas, los teatros, los conciertos, los museos y todo lo que a uno se le pueda ocurrir, menos el “cachondeo”, los bares, el puterío y el ocio nocturno, eso es innegociable para el español, de manera especial para el que no trabaja y no tiene que levantarse a las siete de la mañana para mantener a su familia.

Barcelona – Foto Metrópoli Abierta

Lo que el Gobierno trató de impedir eran las protestas contra ellos; y lo que ha conseguido es que la ley sea papel mojado ante el empuje de aquellos a los que le es igual blanco que negro, que no respetan las ordenanzas sanitarias (no estoy capacitado para decir si son buenas o malas, pero son leyes de un Gobierno nombrado democráticamente, aunque algunas decisiones sean más ideológicas que democráticas) y, además, constata la dejación de funciones del propio Gobierno al no ordenar, por la cadena de mando correspondiente, su cumplimiento y corrección por parte de las fuerzas de orden público y judicial, con la contundencia de los medios legales a su alcance. Estoy seguro no se actuaría con esa munificencia si las aglomeraciones y/o manifestaciones lo fueran para protestar contra la devastada situación sanitaria o económica de España, contra el secesionismo o contra los que viven gratis a costa del sudor ajeno.

Nuevo Estado de Alarma

En nuestro escrito del sábado pasado hablábamos de la falta de un verdadero liderazgo del presidente del Gobierno, que no retomaba el control de un único país que se llama España, unificando las instrucciones para todos los españoles sobre la pandemia del coronavirus, pendiente que Cataluña solicitara el Estado de Alarma, como lo habían hecho otras diez Comunidades Autónomas.

Una vez adherida Cataluña, el Consejo de Ministros reunido ayer domingo 25 de octubre, ha decretado un nuevo Estado de Alarma para todo el país y Pedro Sánchez ha calificado la situación como EXTREMA, regulando unas normas mínimas de actuación y pasando la responsabilidad de su cumplimiento a las CCAA y al Consejo Interterritorial de Salud, que es el órgano de cooperación e intercomunicación de los servicios de salud de las comunidades autónomas entre sí y con la administración del Estado. No sé si pensar que cuando uno no sabe o no se atreve a tomar una decisión a título personal, se crea o se traspasa la responsabilidad a un comité para que, si salen mal las cosas, la culpabilidad quede compartida.

La situación actual fue alertada por la ministra de Defensa, Margarita Robles, el 30 de marzo: “Todo dice que probablemente en octubre o noviembre esto puede volver a reproducirse”. Y a primeros de mayo el Ejército hizo un informe que, entre otras cosas, decía:

a. El problema no es tanto el número de casos severos o muertes, sino que se acumulen todos a la vez de nuevo y colapsen los servicios sanitarios.

b. El aislamiento no ayuda a detener la expansión, pero sí a ralentizarla.

c. La idea fundamental para el Ejército es que se debe vigilar y estar preparados para la siguiente ola.

d. Para la autoprotección, la OMS y los EE. UU. recomiendan la mascarilla N 95, cuyo porcentaje de protección correspondería a la medida europea que se encuentra entre las mascarillas autofiltrantes FFP2 (92 %) y FFP3 (98 %) europeas. Y solo se pueden reutilizar si contienen una “R” en su designación.

e. Sería extremadamente importante disponer de una aplicación de teléfono móvil de control contactos para próximas oleadas.

f. Las medidas de confinamiento ayudan a quitar fuerza a la epidemia, pero no van a terminar con ella.

g. El mayor peligro en el futuro serán las aglomeraciones.

La nueva Ley impone la “restricción de la movilidad nocturna” entre las 11 de la noche y las 6 de la mañana; la limitación de reuniones sociales hasta un máximo de seis personas; se aplica durante seis meses seguidos, hasta el 9 de mayo de 2021, con una revisión en marzo, y autoriza al presidente de Gobierno a comparecer ante la Cámara del Congreso cada dos meses, algo inaudito en una democracia consolidada; la autoridad delegada en la aplicación del estado de alarma recae sobre los presidentes autonómicos, quienes serán los que puedan aprobar las restricciones de movilidad entre territorios propios y con otras comunidades, desactivar el “toque de queda” nocturno a partir del 9 de noviembre y modificar en más/menos dos horas el horario de restricción marco establecido por el Gobierno. Con ello, desaparece el mando único, las compras centralizadas (que las utiliza cualquier empresa que tenga varias sucursales por economía de escala), los medios técnicos y humanos en igualdad de condiciones, y el control del gasto de una forma real y efectiva a nivel nacional.

Cataluña, la última región en pedirlo, ha sido la primera en poner en práctica: Cierre de todos los establecimientos a las nueve de la noche; y confinamiento nocturno desde las diez de la noche a las 6 de la mañana. La otra cara de la moneda: los hospitales catalanes empiezan de nuevo a dejar morir a los ancianos, sedándolos en espera de su fallecimiento.

Si nos comparamos con Italia, que tiene menos contagiados que nosotros, allí han ordenado el cierre total de gimnasios, cines, teatros y cualquier otro espectáculo de masas; y todos los negocios, establecimientos y empresas deberán cerrar a las seis de la tarde.

Como todas las cosas en la vida, la decisión hoy adoptada por el Gobierno tendrá defensores y detractores, porque hay en juego las dos cosas, probablemente, más importantes para cualquier individuo: la vida (la salud) y la economía (el dinero). Yo, como siempre, dejo constancia de mi opinión: Creo que era necesario porque, hoy por hoy, seguimos sin saber nada fundamental del coronavirus, ni su origen ni su curación, ni hay vacuna ni la va a haber a corto plazo; lo único que está claro es que los muertos cada día son más, en todo el mundo.

En cualquier problema, hay que distinguir entre si es urgente o importante; este es urgente e importante a la vez, por lo que nuestros políticos, todos, en estos momentos, deben dar prioridad absoluta y no tener otro objetivo que no sean los dos descritos, sin que nadie pueda usar este tema en beneficio propio, de sus ideas ni del partido al que cada uno dice representar.

El sistema de sanidad español saturado y una economía de subsistencia, deben obligar a nuestros políticos a modificar los PGE, suprimiendo todo tipo de subvenciones y regalías, a legales y a ilegales, porque en esta situación, en vez de convertir en ricos a los pobres, se van a hacer pobres a los ricos y no va a haber retroalimentación para sostener a los pobres. Y dejar aparcadas reivindicaciones e imposición de ideas políticas, apartando a “salvadores” de la patria, como puede ser el ministro Ábalos que ha dicho «Que haya políticos presos no ayuda a normalizar la situación catalana» en referencia a quien quebró la Constitución por no estar de acuerdo con lo que allí se regula. ¿Diría lo mismo si se hubiesen tratado de militares, sin muertos de por medio, tratando de demostrar su disconformidad con la Constitución o con el Gobierno?

En este tema del coronavirus falta información, transparencia y estadísticas fiables desde el principio, completas y profundizando en los pormenores de las circunstancias de cada caso, entre otras, sobre las denuncias que se han puesto y las multas que se han cobrado; supongo que un alto porcentaje corresponden a insolventes, con lo que no solo no se cobran, sino que producen un gasto público por la intervención de diversos funcionarios, sin resultado final positivo. ¿Por qué no se aplica la “doctrina Calatayud” y se tipifican y habilitan los medios necesarios para que los transgresores puedan ser condenados a tratar y cuidar a enfermos del coronavirus?

Desde el primer momento que empezó esta pandemia, dije y dejé escrito, que era la peor situación de España desde la Guerra Civil del siglo pasado. Esto no ha terminado, y vamos para largo. Si muero por ello, que no creo ni lo espero, quiero que me entierren en una lápida en la que conste una media luna musulmana, una cruz cristiana, y una estrella de David judía. Más vale tener tres padrinos que ninguno.

El buitre vuela solo

En el momento de escribir estas líneas, 23 de octubre a media tarde, el COVID-19 ha infectado a 41,8 millones de personas en el mundo y han fallecidos 1,1 millones. En España los datos son un millón confirmado de personas infectadas y 34.521 muertes, cifras oficiales, que las que arrojan los certificados de los juzgados, los de las funerarias y las estadísticas, es que estamos muy cerca de los 60.000 fallecimientos en España.

Desgraciadamente, seguimos sin saber si el virus fue creado por la naturaleza o por la mano del hombre. Y la prevención universal más extendida es, como tengo escrito en mi libro UN CUENTO GUBERNAMENTAL, la que usaba un pastor analfabeto hace mil cuatrocientos años: Mahoma prohibió a los musulmanes comer cerdo para que no se contagiaran de la triquinosis, infección presente en animales carnívoros al comer larvas de ascárides en carne cruda o poco cocida. Cuando los seres humanos comen esa carne poco cocida que contiene esas larvas, maduran en los intestinos de las personas y presentan síntomas de diarrea, dolor abdominal, fatiga, náuseas, vómitos, fiebre, dolor muscular y dolor de cabeza.

Y en segundo lugar, limpiarse con la mano izquierda después de defecar, para no hacerlo con la mano que se toma la comida; y hacer las abluciones (lavarse) frecuentemente. Casi igual que se está haciendo ahora, agua y jabón, que recetaba el Dr. Trueta para las heridas.

Añadamos las mascarillas, más carillas en España que en ningún otro país del mundo, que en realidad tampoco se sabe muy bien para qué sirven pues las aglomeraciones siguen produciéndose en las grandes ciudades (la fotografía que sigue a continuación es de ayer en la estación de Atocha de Madrid) y las denuncias y multas que se imponen a jóvenes que siguen haciendo fiestas y botellones, es de igual ejemplo corrector que las de las prostitutas, todos y todas insolventes, mayores de edad y sin posibilidad de cobro en toda la vida. Bien, pues aún utilizando las mascarillas, la pandemia sigue creciendo de una forma exagerada, aunque, eso sí, no ha muerto ningún político, banquero ni personaje importante en todo el mundo.

“Nos enfrentamos a la perspectiva de un diciembre mortal, especialmente en Europa, Asia Central y Estados Unidos”, explicaba Christopher Murray, director de IHME, quien insiste en la importancia del “uso de mascarillas, el distanciamiento social y limitar las reuniones sociales” como la mejor forma de “prevenir la transmisión del virus”.

En este contexto, la comparecencia chavista de hoy en la televisión del sistema socialista, el presidente Pedro Sánchez ha dicho que “la situación es muy grave ……  las próximas semanas, los próximos meses van a ser muy duros ….. Estamos listos para adoptar todas las medidas que sean necesarias …..”

Pedro Sánchez es presidente del Gobierno, pero no un líder, cuya definición es:

DRAE. Del inglés leader, guía. Persona que dirige o conduce un partido político, un grupo social u otra colectividad.

Platón: El buen líder no ha de pedir serlo, ni rogar a los demás que se sometan a su liderazgo. … Para ello es preciso que el líder tenga las cualidades precisas para gobernar y dirigir el grupo hacia el objetivo común, y que los miembros de ese grupo reconozcan esas cualidades en el líder.

Significados.com: El líder es visto como la persona capaz de incentivar, motivar y ejercer influencia en el comportamiento o modo de pensar de su personal de equipo con el propósito de trabajar por un bien común. El líder tiene la función de transmitir una visión global e integrada, mostrar confianza al grupo, orientar y movilizar a las personas a concretizar los objetivos planteados, animar y mantener el interés del grupo a pesar de los obstáculos y crisis que se pueden encontrar a lo largo del trabajo, reforzar los sucesos y cuando sea necesario corregir los desvíos. Asimismo, el líder debe de utilizar todo el potencial de su personal y repartir las funciones a cada uno.

Un verdadero líder retomaría el control de un único país que se llama España, unificaría las instrucciones para todos los españoles (a los españoles nos tienen que ordenar si se quiere que hagamos caso de las cosas, porque eso de ruegos y solicitudes no va con nuestro carácter), y no el descontrol descentralizado que hay en estos momentos. Todo por no molestar a las Autonomías Vasca y Catalana, que de facto se tratan como si ya fueran naciones confederadas, por no perder sus votos en el Congreso y para que nuestro Dúo Diabólico siga desmantelando, legalmente, la nación.

Urcullu, del PNV, independentista de derechas como el galleguista Feijóo, que dice no sentirse español, pero no es tonto, ya ha solicitado el Estado de Alarma para Euskadi. Si mañana lo hiciera la Generalitat de Cataluña, esos que están dispuestos a poner 50.000 muertos en una hipotética guerra de independencia contra España, todo resuelto; porque lo que está en juego es no molestar a quienes tienen que poner el cojín en el sillón de los señores presidente y vicepresidente del Gobierno. A cambio, la salud de los españoles, esos que tenemos un miedo atroz a encontrarnos frente a tres entidades: Hospitales, juzgados y Hacienda. El buitre vuela solo.

Ni con agua caliente

El Congreso de Diputado aprobó ayer una nueva prórroga del Estado de Alarma por el tema del coronavirus, con el voto en contra de sus aliados independentistas catalanes, la abstención del Partido Popular y el voto a favor de Ciudadanos.

Para mí, Casado ha errado. Se que voy contra corriente y que muchas personas están a favor que el Partido Popular hubiera votado en contra para, teóricamente, desgastar al Gobierno. La crisis sanitaria y económica que tenemos es tan grande y de tales proporciones de consecuencias futuras, que es el momento de ser estadista y no político categoría concejal de pueblo, aunque el Partido Socialista tenga una portavoz que sea analfabeta funcional que no sabe multiplicar.

“Interpretamos que el señor Casado no va a apoyar la medida y el presidente le ha advertido de que eso puede llevar España a un caos económico y sanitario”, ha dicho Ábalos. La amenaza, de forma educada, está servida.

El Partido Popular no tiene infraestructura en los medios de comunicación para apagar la que se le vendría encima si rebrotaran los contagiados y los muertos, que rebrotarán según todos los expertos, ni tiene un gobierno en la sombra que plantee soluciones alternativas. Que el PSOE lo ha hecho mal, muy mal, todo por no oponerse a Podemos y su manifestación del 8-M, lo sabemos. Ahora, lo que hay que hacer es buscar la solución.

Sanitariamente, aunque sea una limitación de la libertad, el confinamiento se ha demostrado absolutamente necesario. Y como en esta guerra no sabemos dónde está el enemigo ni por dónde nos atacará, es fundamental una serie de actuaciones nuevas para la convivencia, entre las que se encuentra el aislamiento personal.

Otra cosa es que la economía no puede estar parada, porque el hambre y la miseria puede ser la próxima pandemia, y es ahí donde la oposición ha de demostrar su fuerza y valía, obligando al Gobierno a realizar las pruebas y los tests correspondientes a todo el mundo para volver al trabajo de forma inmediata, pero con las máximas garantías sanitarias.

Ciudadanos, ahora bajo la lideresa “novia de España”, sigue sin saber si sube o baja, si utiliza la mano izquierda o la derecha, si come carne o pescado. Ha votado a favor y, por los motivos expuestos anteriormente, me parece bien.

Pero lo que yo verdaderamente quiero destacar es lo que dijo Pablo Iglesia, Pablénin Mingafuego, que manifestó su conformidad en el pacto con Arrimadas, “siempre que no amenace su presencia en el Gobierno y exige un blindaje en la estructura del Ejecutivo”.

Lo que es lo mismo: Primero, yo; segundo, yo; y después, yo. El silogismo viene dado: Lo que verdaderamente me importa soy yo; mis ideas podría defenderlas otro, pero ya no sería yo; España me importa una hoz y un martillo, pero mi chalet no me lo quita ni dios (cualquier dios de cualquier religión). Ese es el verdadero Pablo Iglesias, que tiene que tener agarrado al socialismo por algún sitio que no sabemos, el que se va a gastar el dinero que España no tiene en estos momentos en sus adictos y votos cautivos, para que él pueda llevar una vida de rico a costa de los pobres que lo votan. La verdad es que me gustaría escribir el verbo con be alta, como el chiste que circula sobre el nuevo Consejo de Ministros, que antes se realizaba los viernes: Un ministro preguntó: Viernes, ¿con qué se escribe con be alta o con be baja? Y otro le contestó: Déjalo, ponlo los martes. Este no se va ni con agua caliente. Una vez más, funciona el refranero español: “Ni sirvas a quien sirvió, ni mandes a quién mando”.