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Analfabetos funcionales

Nos hemos propuesto hacer de España un país de subvencionados y de analfabetos funcionales. Hoy me voy a centrar en estos últimos.

El sistema educativo de España se compone de cinco niveles:

La Educación Infantil (entre los 0 y los 6 años) es de carácter no obligatorio; se reparte en dos etapas (1º ciclo de 0 a 3 años y 2º ciclo de 3 a 6 años).

La Educación Primaria (entre los 6 y los 12 años) tiene carácter obligatorio (y, por tanto, es gratuita en instituciones públicas, incluidos los libros en algunas comunidades autónomas) y comprende seis cursos.

La Educación Secundaria Obligatoria (ESO) consta de cuatro cursos, entre los 12 y los 16 años.

La educación secundaria posobligatoria tiene cuatro salidas independientes entre ellas y que exigen para ser cursadas la posesión del título de la ESO: el Bachillerato (dos cursos), la Formación Profesional de grado medio, las enseñanzas profesionales, y las enseñanzas deportivas de grado medio.

A la educación superior corresponde la enseñanza universitaria, las enseñanzas artísticas superiores, la Formación Profesional de grado superior, las enseñanzas profesionales de grado superior, y las enseñanzas deportivas de grado superior.

La llamada Ley Orgánica de Modificación de la Ley Orgánica de Educación (LOMLOE), más conocida como ley Celaá, sustituirá a la LOMCE de 2013 y se convertirá en la octava ley educativa de los últimos 40 años, desterrando la posibilidad de evaluar a los alumnos de la misma forma y sobre los mismos contenidos en toda España, suprimiendo los itinerarios para volver a una escuela en la que todos los alumnos aprenden lo mismo, prioriza lo público sobre lo concertado, da más facilidades a los alumnos para pasar de curso con suspensos y desprotege la enseñanza en castellano.

A la vez, una reforma del Sistema Estatal de Becas y Ayudas al Estudio, según la cual los estudiantes recibirán las ayudas no por sus méritos académicos, sino por su necesidad económica, con la sola condición de haber obtenido un aprobado con nota cinco en el curso anterior, en todas las convocatorias. No he visto nada, habrá que esperar al desarrollo de esta norma, sobre pasar de curso y becas con asignaturas pendientes. En cuanto a estudios universitarios, las becas se conseguirán con “aprobado” de una serie de créditos, sin nota media y sin ningún otro condicionante.

Podríamos llegar a tener muchos “pobres” analfabetos funcionales, con estudios inacabados y no preparados para competir en un mundo global, y también “ricos” en iguales circunstancias; todos iguales, un mundo comunista, en el que no se prime el estudio, la preparación y los méritos, para así tenerlos sometidos a la dependencia del Estado. Yo, en cambio, opino que hay que ayudar a todos los buenos estudiantes, sean pobres o ricos, altos o bajos, blancos o negros, rubios o morenos, hombres o mujeres, esa es la verdadera igualdad en busca de la excelencia.

En cambio, hay alumnos que no se podían presentar a las pruebas de EvAU, en primera convocatoria de junio, porque no podían pagar los 170 euros que cuestan las tasas, y que lo han solucionado gracias a la caridad monetaria privada de sus profesores y compañeros. Eso sí que es discriminación; pagamos becas a zotes y al mismo tiempo imposibilitamos que alumnos que tienen aprobado todo el curso en primera convocatoria, no puedan presentarse a las pruebas para acceder a la universidad. Pero damos dinero para que todos los vagos del mundo vengan a España a vivir gratis de por vida. Algo sigue sin funcionar.

Una pregunta, ¿usted prefiere que le opere un médico debidamente preparado, sea pobre o sea rico, o uno que ha tardado veinte años en obtener el título? ¿Qué le defienda un abogado que ha obtenido sobresaliente en su carrera u otro que ha tardado diez años en hacerla, sea uno u otro, pobre o rico?

La felicidad de las personas no está en ser universitario. España necesita buenos carpinteros, fontaneros, cristaleros, mecánicos, fresadores, sastres y mil y una profesión más, que son tan dignas como ser ingeniero, economista o farmacéutico y, muchas veces, son personas mucho más felices que estos últimos.

Cuando yo era joven, había provincias en las que solamente existía un Instituto de Enseñanza Media en la capital; y Universidades solo en las más importantes; eso quiere decir que, o tu padre era rico o tú tenías que estudiar mucho para obtener una beca. Yo soy de los que estudió con una beca del PIO, Principio de Igualdad de Oportunidades, del régimen de Franco, para lo que había que sacar una media de notable en primera convocatoria en el curso de cada año. También en esto ha sido brutal el cambio, ahora hay Institutos hasta en pueblos de 5.000 habitantes, y más de 200 campus universitarios públicos y privados. Bienvenidos sean en todos los aspectos.

 

El cambio del sistema de becas ahora introducido, va a primar la renta familiar (ojo, que muchos de los que cobran el paro, y demasiados autónomos, tienen más dinero en cuentas corrientes, a su nombre o de terceros con ellos como “autorizados”, que muchos de los que cotizan por todos sus ingresos a Hacienda, y puedo asegurarlo de primera mano por el tiempo que pasé trabajando en una oficina bancaria), y no el trabajo y el esfuerzo, con lo que todos los contribuyentes españoles vamos a sostener a los malos estudiantes durante años y años, unos porque no quieren estudiar, otros porque no valen para ello y otros porque mientras están matriculados no trabajan ni tienen ninguna responsabilidad. De siempre, los que no aprobaban, repetían curso, y no pasaba nada, no había problemas psicológicos ni psiquiátricos por ello, y encima eran reprendidos y sancionados en su casa por sus progenitores.

Hay una cosa que no todo el mundo tiene claro: Los alumnos van a clase a aprender, para educarlos están sus padres.

Cuando acabé el Bachiller Elemental, y a la vez que hacía el Bachiller Superior, estudié Magisterio, maestro se llamaba entonces; no he ejercido nunca como tal. Perdón, se me olvidaba: Durante el Servicio Militar enseñé a leer y escribir a hombres como hastiales, que esos sí que no habían tenido la oportunidad de ir a la escuela en toda su vida. Aunque, repito, no he ejercido, sí conozco por amigos sobre las penalidades que los hoy llamados profesores pasan con los malos alumnos, con los insultos que tienen que soportar, con los que “revientan” las clases, con los que, como una manzana podrida, agitan y descomponen una clase en su totalidad. Son los malos estudiantes, los que van a clase “a pasar el tiempo”, obligados por las circunstancias, no a prepararse para desempeñar un trabajo responsable en el futuro.

Estamos protegiendo demasiado a nuestra juventud, no imbuyéndoles la responsabilidad para con la sociedad y para consigo mismo, de tal forma que tenemos jóvenes que llegan a la universidad sin saber idiomas, con suspensos en cursos previos, escribiendo con faltas de ortografía, nada de lectura comprensiva ni análisis de textos, incluso sin saber situar ciudades españolas en el mapa, con un elevado fracaso escolar. No se trata de ser pobre o rico, de momento, que todo se andará con la deriva que hemos tomado; se trata del trabajo diario, del esfuerzo personal de cada uno para alcanzar la meta a conseguir, con todos los medios puestos a su disposición por el Estado, y no perder el tiempo en unos estudios que, por la razón que sea, no todas las personas tienen capacidad para ello y, como consecuencia, pasan a vivir de las subvenciones públicas durante toda su vida, voto cautivo con sentido de permanencia en el tiempo.

 

 

Todo a Cien – 96 Wert

             José Ignacio Wert ya no es Ministro de Cultura del Gobierno de España. Yo, que pertenezco a la generación del PREU y del PIO, creo que es un hombre que lo ha intentado, que ha tratado de establecer quienes son los buenos y los malos estudiantes, quienes pasan curso sin saber y son carne de paro perpetuo, quienes tiran el dinero de todos los españoles tardando diez años en acabar una carrera universitaria. Y en cuanto a las artes escénicas de teatro, cine, discografía, libros y resto de las incursas en el tema, quién tiene calidad y puede pervivir, y quién hace “petardeos” que solo ven amigos y familiares. Denostado por todos, es el momento de reconocer que es fácil caer en la tentación de querer triunfar sin esfuerzo. Consecuencia, España es uno de los países de Europa con peores resultados académicos y ninguna de nuestras Universidades figura entre las 100 mejores del mundo. Polémico es la palabra, porque no ha regalado subvenciones en un país en el que casi todo el mundo quiere vivir de ellas.

Wert

Publicado en PUERTA DE MADRID de Alcalá de Henares, núm. 2383 del 04-07-2015, pág. 11