Democracia y libertad

La vida, en su conjunto de seres, animales y cosas, es una miscelánea evolutiva que cambia día a día. Lo que ayer era ilícito hoy es lícito; formas de actuación antes aclamadas hoy son repudiadas; actuaciones antes postergadas hoy son televisivamente aclamadas; de los dos sexos, femenino y masculino, o hembra y macho, se ha pasado a no sé cuántos géneros; lo que era igualdad de hombre y mujer, hay quien entiende que es excluir de ayudas públicas y atención psicológica a los padres de hijos asesinados por la madre; del concepto familia y núcleo familiar hemos ido a la soledad deseada; de las viejas guerras cuerpo a cuerpo, batalla a batalla, se ha pasado a la guerra nuclear como única forma de obtener la victoria; de los golpes de estado con pistolas y cañones a los no sangrientos y consentidos, o peor, a los realizados a través de pátina democrática, retorciendo las leyes, utilizando escorzos e imponiendo ideas autócratas a través de dádivas expansivas, de unas meninges personales desarrolladas por oscuros intereses ocultos que se abren como bombas de racimo sobre el pueblo llano, que es tan agradecido que las devuelve en forma de rosas creyendo que es su libertad la que mantiene la mano que maneja la espoleta, sin darse cuenta que es propaganda goebeliana, a diestro y siniestro.

Este mundo es más complicado de lo que parece a simple vista. Como decía un exjefe y amigo mío, métele el “zoom” a cualquier cosa y verás algo que hasta ahora no te habías dado cuenta, y es que el poder es el verdadero dueño del mundo, el poder en cualquier concepto con el que pretendas explicarlo.

El poder, etimológicamente del latín posere, conjugación del verbo possum, podría traducirse como “tener poder” (Diccionario Latín Vox julio 1991). El uso más habitual del término “poder” significa “el control, imperio, dominio y jurisdicción que un hombre dispone para concretar algo o imponer su mandato”.

Definir qué es el poder es una discusión filosófica que se inició hace muchos siglos. Para el filósofo alemán Friedrich Nietzsche la idea de la «voluntad del poder», es la dominación de otros humanos, así como el control sobre el propio entorno del grupo o persona que ejerce el poder.

La mayoría de las personas tienen cierto grado de poder individual, más moral que social o económico. Los políticos, todos, tienen ansias de poder. Y para alcanzarlo lo más rápidamente posible, no se paran en nada, el fin justifica los medios y hacen pactos hasta con el diablo si fuera preciso.

Era un barco que surcaba las tranquilas aguas del mundo. En uno de los repostajes, subió a bordo un elegante marinero de agua dulce que, nadando entre los aires, fuese abriendo sitio entre la marinería de forma tal que parecía dominaba el Arte de la Guerra a babor y estribor, del grumete y del capitán, encantador de serpientes a través de mentiras que deglutía para sí mismo. Cuando la tripulación se dio cuenta, era demasiado tarde, se había apoderado del buque, cambiado el colchón de ayuntamiento marinero y tomado las riendas del sextante, poniendo rumbo a un acantilado, a toda máquina, pensando que el fuselaje sería más fuerte que las rocas milenarias contra las que pretendía chocar. El golpe fue brutal, los sanitarios todavía están buscando los restos del naufragio y corre una historia, de boca en boca, que cuenta se oyen sus lamentos en medio del océano, siempre en noches de luna llena, cuando los locos cantan a Odín, dios de la guerra, y a Karl, profeta de los oprimidos, y la niebla esconde las almas que vagan entre el lúgubre acontecer.

Y apareció el odio como arma destructiva, capa de sayo donde esconder la razón de la sinrazón, bomba atómica contra quien no piensa como uno piensa, sea lo que sea lo que uno piense, siempre que lo que se piense no sea contra nadie que piense en español, mientras ponemos en libertad a etarras, golpistas, violadores y malversadores de caudales públicos. Y la libertad con la que se nos llenaba la boca en nuestra juventud, se ha visto cercenada por esos que no piensan como ellos quieren que pienses, salimos de Málaga pensando que iríamos a ir a parar en Nueva York y nos quedamos en Malagón, famoso por sus garbanzos, con los que se han llenado la alforja de muchos de los que se subieron al tren cuando ya estaba en marcha, impidiendo con su sobrecarga llegar al aeropuerto Adolfo Suárez -qué paradoja- de Madrid para tomar el avión.

En la hoguera del odio, código penal como traje de luces de torero de tronío, hecho a medida, quema de brujas, sin bomberos que apaguen el fuego, igual se inmola al disidente, en el mejor de los casos, señalándole con el dedo acusador y apelativo destructivo, que al combatiente que se rebela ante quienes le conducen a una muerte segura como hacían con los judíos en el nazismo; solo se salvan los contemplativos que miran para otro lado pensando que nunca les llegarán a ellos los rescoldos, y los impotentes, que no tienen sangre ni fuerza para subir su adrenalina y que razone su intelecto.

Quienes no creían en ello, aquellos que pensaban que sería imposible que le arrebataran su existencia de esa manera, empiezan a recordar cómo era el vivir de hombres y mujeres hace unos años en Irán, Irak, Libia, Marruecos o Turquía, y se acuerdan también de Cuba, Nicaragua, Bolivia o Venezuela, cuando en España se hacían las presentaciones políticas en acetato y lo que ha cambiado ahora con las fotocopiadoras, que producen millones de ejemplares iguales en pocos minutos. Se pensaba que el acetato contaminaba, y era verdad, mucho; pero al igual que las baterías de los coches eléctricos van a contaminar más cuando haya que desecharlas que los gases que produce la combustión de gasolina, la fotocopiadora la maneja un solo botón movido por un solo dedo de una sola mano; malo para el producto final, que siempre queda a gusto del dedo que mueve la máquina.

¡Levántate y anda!, dijo Jesucristo a Lázaro, a qué se espera cuando la espera no tiene esperanza ni espera, porque dice un proverbio árabe que “la luna no se asusta por mucho que ladren los perros”. Si Jesucristo se hubiera presentado hoy en día en vez de hace más de dos mil años, se le hubiera tomado por un loco, en estado de demencia superior al de Alonso Quijano. Pero ya que ahora no tenemos un Jesucristo que predique amor, honradez y quiera a sus prójimos como a sí mismo, tratemos de pensar por nosotros mismos, de no ser juguetes teledirigidos desde la distancia, de mantener por encima de cualquier otra cosa la democracia y la libertad, no permitiendo que nadie nos imponga su democracia y su libertad.

Se acerca la Navidad, esas fechas en las que parece que todo el mundo es bueno, en las que queremos dar la impresión de que, desde el Rey al más humilde de los trabajadores, sentamos un pobre -de los que realmente pasan hambre- a nuestra mesa, en la que nos deseamos paz y felicidad a raudales, pero en la que nadie se baja de la columna desde la que domina algo, lo que sea, possum, estando todos y cada uno de nosotros cada vez más convencidos de la verdad de nuestros propios errores. Yo, además, les deseo larga y saludable vida en democracia y libertad, sin adjetivos de ningún tipo, para el próximo año, que va a ser difícil para todos.

Antonio CAMPOS

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One response to “Democracia y libertad”

  1. Carlos Castejón says :

    Muchas gracias Antonio por tus sagaces y acertados comentarios. Espero y deseo que el año próximo también pueda disfrutar de ellos. Un fuerte abrazo y mis mejores deseos para ti y los tuyos en estas señaladas fiestas.

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