La mujer iraní

Los más jóvenes desconocerán que Irán es la antigua Persia, una de las civilizaciones más antiguas del mundo, cuyo origen se remonta a los elamitas en el año 2.800 antes de Cristo. La del Rey Ciro, que tampoco creo que lo conozcan ni hayan oído hablar de él, el que unificó a los persas y conquistó Babilonia, Siria, el Levante mediterráneo y Asia Menor, labor guerrera continuada por su hijo, que configuró el mayor imperio hasta entonces conocido en el Oriente Próximo. Actualmente tiene una superficie de más de un millón seiscientos mil kilómetros cuadrados.

Es el país de Darío (guerras médicas), Jerjes, Artajerjes, que culminó con la invasión en 334 a. C. y fin del imperio persa por Alejandro Magno (336 a. C.). Seléucidas, sasánidas y la conquista musulmana en el año 636 d. C., mongoles de  Gengis Kan (1220), sufíes chiitas de Azerbaiyán, proclamándose Ismail como el primer sah en 1501 y declarando el   chiismo como religión en Irán, postergando a los seguidores monofisitas (que sostiene que en Jesús solo está presente la naturaleza divina, pero no la humana) y a Zoroastro (religión monoteísta, la lucha entre el bien y el mal da forma a la creencia. La victoria del bien sobre el mal vendrá en el día del juicio. Hasta ese día, la gente es libre de elegir el camino correcto. El camino correcto es el camino de la veracidad).

Damos un salto en el tiempo y nos situamos en el año 1925 en el que subió al poder Reza Pahlaví, jefe militar de ideología nacionalista, quien abdicó en 1941 en su hijo Mohammad Reza Pahlaví, que estuvo al frente del país hasta el año 1979 en el que fue derrocado una revolución popular que derivó en una revolución islámica, al terminar siendo liderada por chiitas, dirigidos por Jomeini, lo que dio lugar al establecimiento de una república islámica el 1 de abril de 1979.

Yo me acuerdo perfectamente ver salir en televisión, en muchas ocasiones, a líder religioso Jomeini, siempre subiendo una cuesta en su exilio en París, y la propaganda de la época en la que un régimen democrático, el de Jomeini, arrojaría del poder a un dictador, Reza Pahlevi. Además, este era muy amigo de Franco y, junto a la emperatriz Farah e hijos, pasaba grandes temporadas en España, en Marbella, en lujosos yates y vida acomodada.

Jomeini funda la República Islámica de Irán y se proclama Líder Supremo del país, con una Constitución basada en la sharía musulmana, en la que él, y sus sucesores, es el jefe máximo del poder legislativo, del judicial y del ejecutivo, la máxima autoridad religiosa, las fuerzas armadas, la televisión estatal y otras organizaciones gubernamentales claves están sujetas al Líder Supremo, tomando decisiones finales sobre economía, medio ambiente, política exterior, educación, planificación nacional y todo lo demás en Irán, también sobre la transparencia en las elecciones ciudadanas, el nombramiento de los ministros y los embajadores en el extranjero. ¡¡Toma democracia!!

En aquellos momentos Irán tenía 36 millones de habitantes, hoy tiene 84 millones; Jomeini impulsó este crecimiento como forma de expandir el islamismo; como consecuencia de ello y pese a ser una superpotencia energética por sus reservas de petróleo y gas, el PIB per cápita es el 40% menor que con el Sah; ese crecimiento poblacional se ha convertido en un grave desafío para el suministro de agua.

Hasta la toma del poder por parte de Jomeini, los iranies tenían libertad de acción, de estudios, las mujeres vestían con minifaldas, usaban bikinis, y la vida diaria era similar a la europea, valía todo siempre que no se metiesen con el régimen político establecido, que reprimía duramente a la población a través del servicio de inteligencia y policía secreta, pero que amplió los derechos de las mujeres, otorgándoles el derecho al voto y poder ser elegidas para el parlamento, algo similar a lo que pasaba en España en la época franquista. Todo ello quedó enterrado en el pasado, sustituido por ideas estancadas en el medievo, recuperando  la poligamia, el matrimonio infantil con una edad mínima de 9 años, devolvía la custodia a los padres, y recuperaba el divorcio libre para hombres, pero no para mujeres.

Desde entonces y bajo el ropaje de una república democrática, Irán se ha convertido en una dictadura islamista, en la que (copiamos de Wikipedia):

Las violaciones de los derechos humanos se centran en la ausencia de libertad de expresión, de libertad de culto, del derecho a la información y la pena capital. Las fuerzas de seguridad cometen abusos a los derechos humanos y el poder judicial no siempre los imputa. Las manifestaciones o protestas callejeras sin autorización son reprimidas, aunque sean pacíficas. Existe el derecho de reunión, pero no la libertad intelectual. Se encarcela a opositores políticos, a periodistas, a activistas sociales y defensores de los derechos humanos, a políticos y abogados. Todos ellos bajo el cargo específico de violación de alguna ley.

La pena capital es aplicada también a delincuentes comunes como traficantes de drogas. El gobierno bloquea los sitios web e interfiere las comunicaciones con el exterior en caso de crisis o estallido social.

Existe un estricto código de vestimenta, y se encarcela a las mujeres y hombres que no lo cumplen. La ley contempla la lapidación por atentar contra ella en el adulterio. Las minorías sexuales son perseguidas. En el índice global de brecha de género realizado en 2015 por el Foro Económico Mundial, Irán ocupa el puesto 137 de 140 países.

En este contexto, ha muerto la iraní Mahsa Amini, tras ser detenida y torturada por miembros de la policía de la Moral, que vigilan y acosan a las iraníes que incumplen la norma, no portan el hiyab de forma correcta, o llevan maquillaje, pantalones demasiados cortos o ropa demasiado colorida.

Esta muerte ha desembocado en una inmensa protesta de las mujeres iraníes, habiendo muerto más de 200 de ellas a manos de las fuerzas de seguridad desde que se iniciaron las protestas.

Y aquí es dónde se ve la cobardía de la Unión Europea, de las organizaciones de derechos humanos, de Amnistía Internacional y, en concreto, de los políticos y de las feministas españolas, unos porque no se sabe a ciencia cierta si son o no financiados por los iraníes, otros porque son fuertes con el débil -gritan y exigen mucho en España porque saben que no les va a pasar nada malo- y débiles con el fuerte, otros porque comercian con los productos energéticos, directa o indirectamente, de aquel país, y algunas se cortan un mechón de su cabello -Adamo- o de los que guardaba Luis Escobar en un frasquito -La escopeta nacional- pensando que así descargan su conciencia, pero no posicionándose pública y claramente en contra de ese fanatismo que, por otra parte, está siendo utilizado para desmantelar otras creencias religiosas en todo el mundo, como punto de confrontación y derribo de todo lo que no sea tangible a la mano del poder omnímodo que algunos pretenden imponer.

Loado sea Dios y Alá, y de fuerzas a quienes en Ellos crean, al igual que los que se sientan ateos, para demostrar, de forma fehaciente, su repulsa a estas represiones, a estos crímenes, a esta “democracia” que llevaría aparejada el poder religioso en cualquier país, con hechos y realidades, dejando sus teorías para consultarlas con su almohada y no vendiéndolas al prójimo como charlatanes de feria de pueblo, que tenemos mucho de eso en España.

Antonio CAMPOS

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