Alcalá de Henares, agosto 2022

Cuando me bajé en la estación de ferrocarril de Alcalá de Henares en 1973, había dos taxis en la parada correspondiente. Pasaron unos días hasta que me enteré de que eran los dos únicos taxis que operaban en la ciudad.

Yo era un chaval de 23 años -ahora no sé cómo llamar a los de esa edad porque como son “jóvenes” hasta que cumplen los 50- al que habían destinado a abrir una oficina comercial de la empresa en la que trabajaba.

Alcalá de Henares era una ciudad de acogida de migrantes nacionales, llegados a trabajar, a aportar su valor añadido diario en todo tipo de empresas que se habían establecido a lo largo de la entonces carretera general N-II, lo que generó una gran demanda de viviendas, colegios y servicios adicionales, por lo que creció de forma exponencial, año a año.

Una ciudad tranquila, en el centro de España, cerca de Madrid, conocida por el ripio de “Alcalá de Henares, curas, putas y militares”. Eran los estertores del franquismo, la policía nacional se aburría en el turno de noche, un coche-patrulla la pasaba prácticamente en su totalidad en la gasolinera San Isidro, en pleno centro de la ciudad, propiedad del que fue gran torero albaceteño Pedro Martínez “Pedrés”, hombre serio, de naturaleza discreta, casado con una gran “cantaora”, porque era la única que estaba abierta las veinticuatro horas del día. Hasta tal punto era tranquilo el servicio que un subinspector de policía, que yo conocía de antes porque habíamos estudiado juntos, pidió hacer las guardias nocturnas en la Comisaría para estudiar, doctorándose y sacando unas oposiciones a notario y que, como yo, supongo estará ya jubilado.

Alguna algarada impulsada por los ya entonces efectivos, aunque no legalizados, sindicalistas del partido comunista y del partido socialista, de los de aquella época, hombres hechos a sí mismos, con callos en las manos, cuyos dirigentes nacionales -Marcelino Camacho y Nicolás Redondo- al igual que Magdaleno García-Alcalá a nivel local, estarán removiéndose en sus tumbas ante las actuaciones de sus correligionarios posteriores.

Llegó la democracia, la muerte golpeó más de una vez en la ciudad porque muchos de sus pobladores eran militares de alta graduación, los presos etarras eran ingresados en la prisión de Alcalá-Meco, con multitudes semanales de visitas procedentes de Euskadi, lo que a su vez trajo muchos agentes secretos jóvenes para su control desde el silencio de la observación, se fueron cerrando cuarteles, las putas pasaron a llamarse prostitutas y scorts, generalizándose su uso y disfrute por todo tipo de géneros, cuya enumeración es más larga que la lista de tapas de una taberna sevillana, solo dos ediles quedan en la memoria de los alcalaínos agradecidos, Jesús Pajares, comunista, que trajo agua buena y abundante a la ciudad, y el socialista Curro López-Huertas, político íntegro, integrador e integral, que igual trato dio a todo el mundo, con independencia de sus ideas.

Del resto, ¿qué quedó? Nada. Desaparecieron las fábricas, las grandes empresas, se quiso dar un giro hacia el turismo que no pasa de ser una visita mañanera y comida de menú para visitantes con trayecto previamente establecido, nos dijeron que iba a ser el Oxford español y, por los motivos que sean y que yo desconozco, aún siendo fieles al mismo partido político, la conjunción Ayuntamiento-Universidad deja mucho que desear, nada tiene que ver con la ciudad británica en dónde “se masca” en todos los rincones la cultura y la cooperación no solo entre ambas entidades sino con y entre las organizaciones y asociaciones culturales privadas. Esperemos a ver si es Rectora mi amiga la doctora Margarita Vallejo, nacida en Alcalá de Henares, para avanzar de forma decidida en este tema.

Yo fui ascendiendo en la empresa y trasladado a otros puestos, otras funciones, otras ciudades, otros países. Pero mi mujer y yo tomamos la decisión de no mudar la residencia, ella trabajaba en la ciudad y, además era el alma mater familias de la domus. Yo viajaba el domingo por la noche o el lunes por la mañana hasta mi puesto de trabajo, y volvía a Alcalá de Henares el viernes por la noche. Tengo más kilómetros en mi cuerpo que cualquier piloto de líneas aéreas.

Foto del autor

Hoy Alcalá de Henares es ciudad Patrimonio de la Humanidad, con un maravilloso centro histórico, con todo tipo de servicios, de algo más de 200.000 habitantes, media de edad de 43 años, de los que están afiliados a la Seguridad Social 63.346 personas (que son los que verdaderamente cotizan pese al cambio de nomenclatura realizado por la MGT-Ministra Gramática Trampantojo). Son nacidos en la ciudad únicamente el 23,81% de sus habitantes, y el 19,33% -aproximadamente 40.000 personas- son nacidas en el extranjero, destacando que el 28,7% son rumanos; 7,8% colombianos; 7,4% venezolanos; 4,4% marroquíes; 4,3% dominicanos; 4,1% peruanos; 3,8% ucranianos; 3,6% ecuatorianos; 3,4% chinos; 3,1% búlgaros; hasta más de cien nacionalidades, todos los datos referidos al Padrón fin año 2021. Es un ejemplo de libro del fracaso de la inmersión intercultural del maléfico Rodríguez Zapatero pues, salvo coincidencia física en los colegios y en la sanidad, no existe intercambio cultural ni social en acto alguno.

El pasado sábado 28 de agosto era día de Fiesta Mayor y el Ferial estaba a tope. Pasadas las dos de la madrugada del domingo, responsables de las Casetas allí instaladas, y otras personas privadas, empezaron a telefonear a los distintos Cuerpos de la Seguridad del Estado sobre diferentes “gracietas pesadas” y altercados que varios jóvenes estaban realizando en sus dependencias.

Los diferentes Cuerpos policiales de Alcalá de Henares son un ejemplo, por su preparación y dedicación, pues aquella ciudad tranquila en la que mi amigo preparó la oposición a notario se ha convertido hoy en todo tipo de reservorio de delincuencia de todos los países del mundo, incluida España y sus así nacionalizados.

A las tres y media de la madrugada estalló la espoleta: Una pelea multitudinaria en una de las casetas entre bandas latinas, aparecieron las barras de hierro, las navajas, los machetes las katanas y las pistolas; testigos presentes y de toda confianza del que esto escribe me dicen que bien pudieran ser cincuenta las personas involucradas. Inmediatamente entró en actuación el dispositivo policial desplegado en la zona, que alcanzaba un centenar de agentes de la Policía Nacional y Policía Local. Y se armó un auténtico caos, hasta tal punto que la gasolinera citada en párrafos anteriores, a un kilómetro aproximado de los primeros hechos, cerró a cal y canto ante la sospecha de que los alborotadores pudieran prenderla fuego. Los taxis, paralizados, parados y aparcados como podían, y los conductores, muchos UBER, refugiados en los portales de viviendas de zonas como Juan de Austria, Lope de Figueroa y Vía Complutense, igualmente a un kilómetro aproximado del Recinto Ferial. El resultado final fueron cuatro policías heridos, grandes destrozos en coches policiales, quema de contenedores, rotura de mobiliario urbano y miedo, terror, en la población, que lo único que quiere es tranquilidad y trabajo.

Pero ¿saben lo que fue peor de todo? Pues que la policía, como siempre desde hace tiempo, debería de tener instrucciones de no ser duros, pues parecía que pegaban con sus defensas como si quisieran no hacer daño. Cien policías jugándose la vida, no han podido controlar la situación. Confieso que estoy absolutamente cabreado con esto.

Un alcalaíno ahora disfrutando de su jubilación en las playas mediterráneas, librero local de gran prestigio, me envía un comentario: “Alcalá no es peligrosa ni insegura, que tú no sepas pelear con machete es otra cosa …”

Y los ediles, empezando por la de Festejos y el de Seguridad Ciudadana, el Ayuntamiento en pleno, la oposición y el vicealcalde (de Ciudadanos) echándose la culpa unos a otros, califica las fiestas como “impecables”, ya que la coordinación de Policía Local y Nacional “también lo fue”, “el dispositivo policial funcionó a la perfección, no hubo que lamentar daños personales y se salvó una situación complicada aplicando el plan de seguridad que se había diseñado con anterioridad”. Como siempre, el culpable es el botones de Zarza de Alange, ese que toma todas las grandes decisiones y que ha conseguido que esta empresa esté a punto de dar en quiebra.

LA DEMOCRACIA NO ES ESTO. Sea quien sea el que ostente el poder, debe haber unas leyes claras, que se cumplan por parte de todos, protegiendo al ciudadano y condenando al delincuente, de cualquier nacionalidad o color que tenga, de su sexo, de su afiliación política o del estatus social del que disfrute.

Los policías se juegan su vida, los jueces aplican las leyes que se aprueban en el Parlamento, y las leyes se hacen para que anticapitalistas, vascos y catalanes puedan campar a sus anchas y no pase nada, lo que lleva consigo tragarse toda la delincuencia del mundo pues, aunque se quiera tapar, los protagonistas de este desgraciado final de fiesta eran sudamericanos, por mucho que el único detenido -la verdad, no me lo explico, porque un cabo primero de paracaidistas o de la legión hubiera montado sobre la marcha una operación jaula facilísima porque no tenían nada más que tres sitios por los que huir- esté nacionalizado español, porque la educación, la cultura y la honradez no se puede nacionalizar por muchas pólizas de tres pesetas que se pongan en los papeles.

Las leyes han de proteger a quienes las respetan y ser inflexibles con quienes, de una forma continuada, demuestran que no pueden vivir en una sociedad libre y democrática pues utilizan esa libertad y esa democracia para transgredir la del resto de ciudadanos.

Antonio CAMPOS

Publicado en PUERTA DE MADRID de Alcalá de Henares el 02-09-2022

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2 responses to “Alcalá de Henares, agosto 2022

  1. Carlos Castejón says :

    Espléndido como siempre, y en esta ocasión con un plus añadido porque el centro de referencia de este fantástico artículo es nuestra querida ciudad Alcalá de Henares, y la vergüenza y el desamparo que sentimos la gente de bien ante situaciones tan lamentables como esta. Claro que aunque suene a aquello de “mal de muchos, consuelo de tontos”, habría que preguntar lo que opinan esos policías que vivieron en directo una ignominia semejante.

    Un fuerte abrazo amigo, y muchas gracias.

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  2. ancamfer says :

    Yo nunca he planteado una falta de profesionalidad, es más, creo que queda claro que digo lo contrario. Y que digo que ES POSIBLE QUE TUVIERAN ÓRDENES DE NO EMPLEARSE A FONDO. En cuanto a la ideología, digo y afirmo que muchos extranjeros únicamente vienen a España a delinquir porque las leyes son excesivamente laxas con el transgresor, aunque esté de moda negarlo por parte de progres y adictos a los personajes que nos gobiernan. Y son estos delincuentes los que manchan el buen hacer de muchos migrantes llegados a trabajar y ganarse el pan honradamente. Si el Gobierno diera órdenes de cribar, veríamos quienes son los verdaderamente buenos y quienes los malos.

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