Demoler la Transición

Los intervinientes en esta historia son:

Montserrat Domínguez, periodista, con una gran formación profesional y experiencia nacional e internacional. Actualmente es la directora de contenidos de la Cadena SER, del Grupo PRISA, el BOS – Boletín Oficial Sanchista.

Aimar Bretos, director de Hora 25 de la SER, periodista, donostiarra, estudió en la Universidad de Navarra, de 35 años, empezó a trabajar en la SER a las órdenes de Jesús Cintora,

Héctor de Miguel Martín, apodado Quequé, salmantino, de 45 años, humorista, hijo del catedrático de Literatura Emilio de Miguel, que tiene una sección titulada “Hora Veintipico” dentro del citado Hora 25.

Resulta que este último, en el programa del pasado 22 de junio, aprovechó que se hablaba de que las víctimas de la Guerra Civil enterradas en el Valle de los Caídos podrán ser exhumadas, para soltar la siguiente parrafada, textual: “Es la ponzoña más fea que hay en España. Cojones, basta ya de disimular que eso es bonito, hostias, el Valle de los Caídos es una puta mierda. ¿Por qué no entramos ahí con dinamita y lo volamos todo? Si puede ser un domingo, mejor.”

La Fundación Española de Abogados Cristianos se ha dirigido a Montserrat Domínguez como directora de contenidos de la Cadena SER, expresando:

“Desde el programa Hora Veintipico, se incita al odio y la violencia contra los cristianos, y no podemos seguir tolerando esto. Han sido numerosas las intervenciones en las que su presentador, Héctor de Miguel, se ha mofado de los cristianos, sus símbolos y tradiciones, y ante sus últimas declaraciones relativas al Valle de los Caídos y su invitación a dinamitarlo en domingo, hemos decidido iniciar esta campaña. En ella, apelamos a usted, como última responsable de los contenidos a los que se les da espacio en la cadena, y le rogamos que cancele la emisión del programa”, añadiendo: “¿por qué dice que se dinamite en domingo? ¿para que mueran en la explosión los fieles que acuden a misa?” Y mantienen que “si en lugar de una basílica y una cruz, se hubiera pedido que se dinamitase una mezquita o una sinagoga, ese presentador habría sido cesado inmediatamente”.

Hace ya mucho tiempo, yo escribía que el ataque al sentido religioso católico, imperante en Europa desde hace unos mil años, ha propiciado las simpatías de ciertos gobiernos, y allegados, por la religión musulmana, más por derribo de los postulados católicos de mantenimiento de un orden establecido cercano al liberalismo político que por creencia en las enseñanzas de Mahoma. 

Acabado el espíritu de la Transición democrática pacífica española durante el mandato de Rodríguez Zapatero como presidente del Gobierno, su ley de Memoria Histórica que volvía a abrir heridas cerradas muchos años atrás, y el giro político inequívocamente izquierdista dado, más propio de países filocomunistas que de naciones democráticas del siglo XXI, en España volvieron a aparecer términos fuera de uso hasta entonces, como facha, fascista, machista, xenófobo, tirano, dictatorial, totalitario y otros apelativos similares contra las ideas de derechas, democráticas y constitucionalistas sin lugar a dudas desde el primer momento de la citada Transición política.

Lo mismo pasaba con la izquierda, moderada en el partido socialdemócrata de Felipe González, uno de los mejores estadistas europeos del último cuarto del siglo XX, y en el Partido Comunista, integrado en su mayoría por personas que habían pasado la Guerra Civil y sabían de hambre y penalidades, obreros honrados y con un amplio sentido de la lógica y de la responsabilidad que ha de existir en el juego democrático.

Y coincidiendo con todo ello, vimos en televisión cómo los yihadistas talibanes derruían Monumentos declarados de Interés Mundial, en Palmira (Siria), en Nínive (Irak), en Tombuctú (Malí) o los Budas de Bamiyan en Afganistán.

En estas últimas, los talibanes llevaban los explosivos en camiones hasta el sitio donde se encontraban las estatuas. Luego eran transportados hasta las bases y enroscados los cordones detonadores sobre unos palos que se ponían a lo largo de las estaturas, utilizando tres días para colocar de esta forma los explosivos alrededor de las estatuas, cableando el detonador hasta una mezquita cercana, desde donde produjeron las explosiones al grito de «Allah Akbar». Cuando las estaturas fueron derruidas, los talibanes lo celebraron disparando sus armas al aire y sacrificando nueve vacas para festejo de los protagonistas.

Todos estos crímenes contra el Patrimonio Mundial es el ejemplo de las verdaderas intenciones de los musulmanes talibanes, guerreros islamistas, armados hasta los dientes y con una ideología radical que pregona el establecimiento de un estado integrista o califato musulmán.

¿Es eso lo que quiere hacer esta GENERACIÓN DE CRISTAL, hijos y nietos de quienes protagonizaron la Transición, los talibanes comunistas y radicales antisistema para acabar con nuestra libertad? Ya puestos, que dinamiten las católicas catedrales de Santiago, León, Burgos o Toledo; las carreteras nacionales A-1 y A-2 que fueron las primeras que hizo Franco para regocijo y aplauso de vascos y catalanes; y, de forma expresa, los pantanos de los que bebemos todos los ciudadanos españoles en la actualidad.

Si personas cultas, formadas e informadas siembran esa semilla de odio en la generación de españoles que no han vivido en primera persona las cartillas de racionamiento, las colas para conseguir petróleo, unas solas botas Katiuskas para el invierno y unos ligeros zapatos de badana para el verano, los esfuerzos – titánicos- que tuvieron que hacer sus padres y abuelos para que ellos tuvieran una mayor cultura y posición económica que sus predecesores, y si a esos sumamos los falsos refugiados políticos que vienen a vivir a costa de los españoles, que no trabajan en nada ni piensan hacerlo en toda su vida, nunca más volveremos a tener la paz y el estado de bienestar que los primeros veinticinco años de la Transición nos proporcionaron.

Antonio CAMPOS

El Valle de los Caídos – Febrero 2019 – Foto ACF

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One response to “Demoler la Transición”

  1. Carlos Castejón says :

    Espléndido como siempre Antonio. Me adhiero por completo a lo que expresas en tu artículo, por puro sentido común y porque yo también viví parte de la posguerra y la transición. Un fuerte abrazo.

    Le gusta a 1 persona

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