Lo peor es un tonto pensando

Ya quedan pocos de aquella época que puedan contarlo de viva voz. Madrid se había convertido en punto de reunión de los cuarenta más importantes líderes mundiales de lo que entonces se conocía como democracia. La Gran Rusia había atacado Ucrania, nación que la separaba de Europa y en dónde los Estados Unidos estaban investigando en armas bacteriológicas. Nuestros generales habían advertido que un ataque ruso, de producirse, comenzaría con armas de destrucción masiva sobre Londres, que era la capital del Imperio Británico, el ejército mejor dotado y preparado de toda Europa, o por Berlín, porque Alemania era el líder de esa agrupación bélica que se llamaba OTAN.

Pero nunca pensábamos que nos lo iban a poner tan fácil. Reunir en un único lugar a todos los enemigos de la Gran Rusia, de China, y de El Islam; como entonces se decía “no se le ocurre ni a quien asó la manteca”. En un país que tenía congelados los fondos destinados a adquirir armamento bélico, desplegadas sus baterías antimisiles en Turquía y un presidente enemistado con Marruecos y Argelia, las dos naciones más importantes del Norte de África, que había montado un cerco policial con un radio de tres kilómetros, pero con armas convencionales en las que incluían sistemas de detección metálica o incluso plástica. Todos ellos, en una comitiva compuesta por más de quinientos automóviles de gran cilindrada, blindados, movidos por gasolina, mientras proclamaban a los más incautos que utilizaran coches eléctricos utilitarios que no alcanzaban los cien kilómetros por hora ni más allá de un par de horas de autonomía.

Nuestro último invento por aquellas fechas fue crear bombas multinúcleos flotando en glóbulos rojos, dentro de una enorme tela de araña, todo ello recubierto con piel humana, que generaba por sí misma un campo de fuerza con aire, imposible de detectar por radar y cualquier otro medio entonces conocido.

La piel humana y los glóbulos rojos eran creados en laboratorios, a imagen y semejanza de los de las personas, pues no dejaban de ser órganos que crecían y se multiplicaban por sí mismos a partir de células madre de la médula ósea roja, llamadas hemocitoblastos, que se convierten en una nueva célula llamada proeritroblasto y posteriormente en un nuevo glóbulo rojo. Inyectándole hidrógeno a esos nuevos glóbulos rojos, crecen hasta su explosión final en el sitio que se programen.

La explosión teledirigida e imposible de detectar su llegada en aquellos años, se produjo en lo que llamaban El Palacio Real de Madrid, a las veintiuna hora del día veintiocho de junio del año dos mil veintidós, mientras se pronunciaban discursos que siempre estaban destinados a acrecentar más la potencia bélica de la ya nombrada OTAN, muriendo en el acto la totalidad de los reyes, presidentes de gobierno y resto de líderes allí congregados, junto a una población de tres millones de ciudadanos, todo en un tiempo récord de tres minutos y generando una onda explosiva en vertical bajo tierra, lo que produjo movimientos sísmicos hacia el Trópico de Capricornio, modificando la geografía del sur de España y de toda África.

Estados Unidos reaccionó lanzando misiles nucleares de largo alcance contra la Gran Rusia, que los interceptamos y dirigimos contra la India, bajo secreto de Estado, por lo que el mundo asumió que fueron los americanos quienes destruyeron las dos naciones indias, del norte y del sur, sin que les diera tiempo a usar sus defensas o ataques de igual signo.

En realidad, lo que nuestros antepasados hicieron fue cambiar los protagonistas de los supervivientes que los llamados países democráticos estaban preparando con el progresismo, que no era sino una selección de personas para perpetuar la pobreza, imponiendo eslóganes negativos a los grupos rivales y utilizando el poder mediático del que disponían a través de los medios de comunicación que controlaban para mentalizar a sus contrincantes.

Hasta entonces había una división de tiempos y épocas que quedaron invalidadas por el nuevo orden que se impuso: La Gran Rusia y la Gran China. Dictadura con quienes atacan el sistema; democracia controlada y libre competencia comercial en sectores y necesidades que el Gobierno estima se necesitan para el bien común, una única moneda de curso mundial basada en el precio estándar de la hora del trabajo del productor ruso-chino, invirtiendo la pirámide del trabajo en el que el 80% de los trabajadores mantienen el 20% restante de funcionarios públicos, pensiones y resto de atenciones gubernamentales, incluidos políticos. Empezó así la Edad Moderna que ahora disfrutamos, aunque para ello tuvieron que morir varios miles de millones de personas, animales y cosas. Y el mundo sigue …

PD – Este cuento imaginario puede utilizarse poniendo cualquier nombre o nacionalidad a los protagonistas.

Antonio CAMPOS

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2 responses to “Lo peor es un tonto pensando”

  1. Carlos Castejón says :

    Es muy bueno, digno de Edgar Allan Poe. Gracias.

    Me gusta

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