Elecciones andaluzas, y más

Juan Espadas es un abogado sevillano, que milita en el sanchismo, que ha renunciado a la alcaldía de Sevilla para presentarse a las elecciones autonómicas andaluzas a celebrar en el presente mes de junio. Nunca más acertado aquello de que “el que fue a Sevilla perdió su silla”, pues ha pasado de ser cabeza de ratón de una muy importante ciudad, a ser -según todas las encuestas- parlamentario autonómico perdido en el anonimato.

Al señor Espadas le ha salido el “gracejo” sevillano -los andaluces dicen que los únicos andaluces con señorío son los de Córdoba y los de Jerez-  y ha conminado al candidato del Partido Popular a que firme un documento notarial antes del tres de junio, en el que confirme que no formará un gobierno de coalición con VOX y así los electores tengan claro que los votos al PP no van a ir “a la ultraderecha”. “Piensa el ladrón que todos son de su condición” por aquello de “no gobernaré con Bildu” y en esta ocasión lo que pretenden es comprar el voto concediendo 50 millones de euros a Andalucía para luchar contra el desempleo en plena precampaña electoral.

Cuando el presidente Pedro Sánchez se mantiene en el poder gracias a los independentistas vascos (la última, por ahora, Bildu exige a Sánchez una excarcelación masiva de presos de ETA, que alcanzaría a más de la mitad de esos presos); a los independentistas catalanes (la última, por ahora, ERC exige al presidente un indulto general a todos los relacionados con el independentismo catalán, en especial a los CDR-Comités de Defensa de la República); y a Podemos (la última, por ahora, es invertir la carga de la prueba a favor de la mujer por la sola razón de serlo, despenalizar las injurias a la Corona española y el enaltecimiento del terrorismo, la difusión de imágenes de los agentes policiales, legalizar las manifestaciones espontáneas y sin comunicación previa a la autoridad competente y eliminar la presunción de veracidad de los atestados policiales, en resumen, legalizar la algarabía y altercados callejeros al albur de una nueva ley de Seguridad Ciudadana que ellos dicen será de “regeneración democrática” para, cuando sean desalojados del poder, campar a sus anchas en piquetes y milicias como en los años 30 del siglo pasado). Esto lo ha dicho, con frases más diplomáticas, hace muy pocas fechas, el expresidente del gobierno Felipe González, “clarito” como a él le gustaba decir, que, por cierto, resulta muy extraño que, a estas alturas, con ochenta años, se nacionalice dominicano y que se pegue una vida mejor que la de su cuñado, el antiguo empleado de banca enlace sindical de la época franquista.

Por si ello fuera poco, Pedro Sánchez tiene la desvergüenza de reclamar a Feijóo que sea “implacable contra la corrupción”, entiendo que del Partido Popular porque de la del suyo, sí, posesivo porque nadie osa contradecirle, son peccata minuta que no airean los medios de comunicación subvencionados y de los que existe un inventario que ocupa varias páginas que, sin ir más lejos, afectan a personajes de mucha relevancia política en la comunidad autónoma de Andalucía. Y el último de todos, “el ximo-so valenciano”, silenciado como no podía ser de otra forma por los medios de comunicación adictos.

En España estamos atravesando una situación definida por Ley de Leahyn: “Si se hace mal algo con bastante frecuencia, se convierte en correcto”. Y cuando al comunismo de Podemos no se tilda de “ultraizquierda”, sí se aplica ese extremismo a “la ultraderecha” de VOX, que hasta ahora y que yo sepa, no han asesinado a nadie, disparado en la sien a ningún civil, policía ni militar, no han dado un golpe de estado, mantiene la idea de integridad de la nación, la defensa de sus fronteras y la colaboración con nuestros socios de la OTAN, el respeto a la bandera de España, la defensa de la legalidad en cuanto a la Ley de Extranjería, amparar y preservar la Constitución que nos dimos todos los españoles, y mantiene una expectativas de voto que la sitúan en la tercera fuerza política nacional en estos momentos.

Miedo me da pensar qué pasará y cómo mantendremos la democracia si algún día llega al poder nacional esa coalición de derechas PP-VOX que, dado el desastre político de desmembramiento de la nación y económico (inflación, subida de tipos, el BCE deja de comprar Deuda Pública, vencimiento moratoria de pagos el 30 de junio, hacer frente al aval del 80% de los préstamos ICO avalados por el Estado, paro que aflorará por término de ERE y PERTE, gasto público en vez de inversiones, movilización social recorte de pensiones, etc…) al que nos está llevando el gobierno actual, yo vislumbro como inevitable.

Antonio CAMPOS

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