Pedro Sánchez debe dimitir antes que la situación sea insostenible

Una de las Leyes de Murphy dice: “Si existe la posibilidad de que varias cosas salgan mal, la que cause más perjuicios será la que salga mal”. A nuestro presidente Pedro Sánchez ya no le respeta nadie y todo el mundo quiere sacar tajada de su debilidad política, más aún cuando dirham lo que dirham los demás, como cantó Raphael.

Bildu exige a Sánchez una excarcelación masiva de presos de ETA, que alcanzaría a más de la mitad de esos presos porque el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) ha rechazado el recurso que presentó España, a través de la Abogacía del Estado, y que no se ha recurrido, contra la sentencia de Estrasburgo que condenó al Estado español por vulnerar el derecho del etarra Xavier Atristain, ya que mientras estuvo incomunicado en prisión preventiva se le negó el acceso a un letrado de su elección y fue interrogado por la Policía sin la presencia de un abogado. ¿Somos tontos, incapaces, o pensamos mal y creemos que se ha actuado así a propósito y se han dejado correr los tiempos buscando este resultado final?

Seguimos a lo escrito por Javato González en “ETA – Origen e ideología”: El nacionalismo vasco surge como reacción a los síntomas de modernización e industrialización en el País Vasco, con la masiva llegada de obreros inmigrantes a la emergente industria vizcaína … con la siguiente situación de partida: una nación esencial y providencialmente católica, sumida en un proceso de decadencia moral y religiosa por el contagio de ideas y costumbres corruptas extranjeras, y una fórmula salvadora: aislamiento para evitar el contagio, purificación de elementos impuros y recuperación de viejas esencias.

Hacia 1892, Sabino Arana Goiri (Vizcaya, 1865 – Vizcaya, 1903), fundador del nacionalismo vasco, difunde una serie de escritos que comienzan a plantear la legitimad del antagonismo entre España y el País Vasco, por el que la nación vasca se fundamenta en una serie de caracteres: “primero, la raza; segundo, la lengua; tercero, el gobierno y las leyes; cuatro, el carácter y las costumbres, y quinto, la personalidad histórica”, configurando, así, un nacionalismo fundamentado en la tradición, la raza y la religión. Arana elabora un imaginario doctrinal que se apoya en la pureza racial de los vascos, manifestada en la ausencia de corrupción de la raza ancestral euskalduna con respecto a otras etnias inferiores, como la judía o la mora; y en la pervivencia del euskera. De esta forma presenta un panorama en el que los puros, los vascos, se ven sometidos a la tiranía de los españoles, definidos como un pueblo inferior, degenerado y corrupto que ha traído la perdición a Vizcaya. No sé a ustedes, pero a mí me suena esto a algo parecido a lo que pregonaba Hitler.

Siguiendo ese postulado, el 31 de julio de 1959 (aniversario de la fundación del PNV y festividad de San Ignacio de Loyola) nace Euskadi ta Askatasuna (Euskadi y Libertad), ETA, formada mayoritariamente por estudiantes de la Escuela de Ingenieros de la Universidad de Deusto procedentes casi todos de familias burguesas en las que predominaba el sentimiento nacionalista.

Organizados como grupo terrorista, actuaban en distintos niveles:

•Grupos ‘X’, formados por jóvenes radicales encargados de realizar destrozos callejeros.

•Grupos ‘Y’, compuestos por un máximo de cinco personas, se dedican a cometer pequeños atentados.

•Grupos ‘Z’, integrados por miembros especializados, son los responsables de los coches bomba y de los asesinatos.

Cometen su primer asesinato el 7 de junio de 1968 y desde entonces ETA ha dejado un balance atroz, lleno de dolor y de familias rotas: 854 personas asesinadas (853 según los datos del Ministerio del Interior más el policía Jean-Serge Nèrin, asesinado en Francia el 10 de marzo de 2010) y varios miles de heridos y amenazados. De los muertos, en torno a 500 eran miembros de las Fuerzas Armadas o de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado (fundamentalmente, y por este orden, guardias civiles, policías nacionales y militares). El resto, políticos, periodistas, jueces, empresarios, gente que pasaba por allí…

Las estadísticas de víctimas mortales van mostrando los cambios estratégicos en la historia criminal de ETA. Antes de la muerte de Franco, entre 1968 y 1975, ETA mató a 44 personas (solo el 5% del total de su historial de asesinatos). Poco después, y tras dos años relativamente similares en número de víctimas mortales (18 en 1976 y 12 en 1977), en 1978 —el año en el que se aprueba la Constitución— el número de asesinatos se multiplicó brutalmente: 65 en 1978, 77 en 1979 y 95 en 1980 (el año con mayor número de muertos). En tan solo tres años perdieron la vida 237 personas.

El 17 de marzo de 2017 ETA anunció su desarme definitivo de manera unilateral y sin condiciones.

Estos son, de forma muy resumida, los actuales amigos de nuestro presidente Pedro Sánchez, con quienes dijo por activa y por pasiva que no iba a pactar -“le estoy diciendo que con Bildu no vamos a pactar, si quiere lo digo 5 veces, o 20. Con Bildu, se lo repito, no vamos a pactar”-y que, al poco tiempo, no hace otra cosa que “blanquear” la historia bilduetarra, cambiar la forma de contarlo en los libros de enseñanza de nuestros menores, que desconocen el sufrimiento que unos asesinos confesos y convictos infringieron a los españoles, pero lo que no puede ni podrá nunca, es engañarnos a todos los que vivimos en primera persona aquellas luctuosas etapas de muerte y duelo en toda España.

Y como “a perro flaco, todo son pulgas”, ERC exige al presidente un indulto general a todos los relacionados con el independentismo catalán, en especial a los CDR-Comités de Defensa de la República, grupos de activistas organizados surgidos en Cataluña en 2017 con el objetivo inicial de facilitar la realización del referéndum de independencia del 1 de octubre,​ suspendido por el Tribunal Constitucional, y cuyo/os líder/es eran controlados por el CNI con autorización judicial, y anular la causa contra Tsunami Domocràtic creada con el mismo objetivo.

Pero hay más. Podemos quiere despenalizar las injurias a la Corona española y el enaltecimiento del terrorismo, la difusión de imágenes de los agentes policiales, legalizar las manifestaciones espontáneas y sin comunicación previa a la autoridad competente y eliminar la presunción de veracidad de los atestados policiales, en resumen, legalizar la algarabía y altercados callejeros al albur de una nueva ley de Seguridad Ciudadana que ellos dicen será de “regeneración democrática” para, cuando sean desalojados del poder, campar a sus anchas en piquetes y milicias como en los años 30 del siglo pasado, aunque me da a mí que van a cambiar las leyes y que tras la aprobación del aborto a las menores -aquí sí que solo hay un género por más que se empeñen las iletrades del reino- de dieciséis años, vendrá el voto a partir de esa edad para intentar prolongar su estancia en la política. Todo ello con el Partido Popular como cooperante necesario para aprobar esta ley.

En España estamos atravesando una situación definida por Ley de Leahyn: “Si se hace mal algo con bastante frecuencia, se convierte en correcto”. Y los socialistas que siguieron y votaron la socialdemocracia de Felipe González lo siguen haciendo con el social comunismo de Pedro Sánchez, cuando nada tiene que ver una cosa con la otra. Aquellos querían el bien y la riqueza para todos los ciudadanos; estos quieren la pobreza, la sumisión y la revuelta radical para perpetuarse en el poder. Y como no son bastantes por sí mismo, tienen que apoyarse en quienes quieren destruir España como nación e implantar una sociedad de subvencionados en primer tiempo de saludo con quien les llena el plato de sopa (boba). Lo más grave de todo ello es que los socialistas históricos que votaban a Felipe González y ahora lo hacen con Pedro Sánchez, o eran unos falsos entonces o lo son ahora, o estómagos agradecidos que no tienen dónde caerse muertos fuera del ámbito de la canonjía política que ocupan.

En cualquier caso, a un jefe se le obedece porque se le quiere o porque se le teme. A Pedro Sánchez no lo quiere nadie, y para mí que ahora tampoco nadie le teme, pues sus últimas actuaciones más que de política nacional han sido de toma de decisiones a título personal y huelen peor que el barrio viejo de curtidores de pieles de Fez.

Si Pedro Sánchez antepone España a su narcisismo personal, debería dimitir por las mismas razones que lo hizo Rajoy, unas públicas y otras ocultas, pero, en todo caso, para que perdure la democracia en esta nación que se llama España.

Antonio CAMPOS

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