Lo niego tajantemente

No, no, lector. No es así.

Está circulando un bulo en las redes sociales y en algunos medios de comunicación que es preciso desmentir. Vayamos por partes, que diría Jack el Destripador.

A las próximas elecciones andaluzas se presentan trece partidos de extrema izquierda agrupados en cinco candidaturas. Un número con muy mala rima. A saber:

1-RECORTES CERO. Liderada por Violeta Tercedor, es una coalición de seis partidos políticos que caben en un taxi: Izquierda en Positivo, Izquierda por Almería, Unificación Comunista de España, Demos+, Verdes Independientes y Vival.

2-POR ANDALUCÍA. Liderada por Inmaculada Nieto (monaguilla de Yolanda Díaz), es una coalición de cuatro partidos políticos: Izquierda Unida, Más País, Equo e Iniciativa del Pueblo Andaluz. Más partidos que votantes.

3-PODEMOS. Liderado por Juan Antonio Delgado (monaguillo de Pablo Iglesias), es una coalición con los restos del naufragio del chalé de Galapagar. Se presenta en solitario porque han llegado tarde al registro electoral: estaban con resaca tras la Feria de Sevilla. Ni para inscribirse sirven.

4-ADELANTE ANDALUCÍA. Está liderada por la anticapitalista y reciente nacionalista andaluza Teresa Rodríguez, que ha fundado cuatro partidos diferentes en los últimos cinco años.

5-ALIANZA VERDE. Liderada por Carmen Molina, muy conocida en su casa.

Bien. Hasta aquí los hechos verídicos, exactos y escuetos. Pasemos ahora al insoportable libelo, a esa difamación que circula por las redes.

Lenguas afiladas de la extrema-extrema derecha, rancios franquistas de siempre, carcundias de sacristía, terratenientes ociosos, militarotes golpistas, fascistas irreverentes y nazis de cruz gamada, amparándose en un bulo, publican en redes sociales que la existencia de trece minipartidos de extrema izquierda, enfrentados en Andalucía, se debe, únicamente, a enemistades personales entre sus líderes, a que todos buscan su medro particular, a que cada cual desea su chiringuito propio a costa del contribuyente, a que todos luchan por estar bien colocados en los puestos de salida, a que buscan conseguir financiación del Estado si logran algún escaño, a que quieren instalar a sus amiguetes en las poltronas públicas y, en resumidas cuentas, a que desean lograr, por vía del voto, lo que ya ha demostrado Pablo Iglesias que se puede conseguir cantando La Internacional, haciendo escraches a los rivales y convocando alertas antifascistas: vivir del cuento el resto de su puñetera vida tras unos pocos años de envenenador social. O como le decían a gritos a don Alfonso Guerra en sus famosos mítines de los años ochenta: <<Arfonzo, colócanos a tós>>.

Pero yo lo niego tajantemente. Eso no es así. Ya está bien de tanta calumnia facha. Esto no es la vida de Briam. Que exista un Partido Popular de Judea, un Partido Popular Judaico, un Partido Popular Judaico de Judea, un Partido Popular de la Judea judaica y un Partido Popular de la judaica Judea no se debe a malsanos intereses personales de los cuatro gatos que quedan como herederos de Marx (de Carlos, no de Groucho). Ni mucho menos. 

La cosa es muchísimo más profunda. Lo sé de muy buena tinta. La sopa de letras no va de intereses pecuniarios, ni de poltronas, ni de egos malheridos, ni de tácticas perversas. Esto es una cuestión más básica, más práctica, más sólida, más lúcida, más drástica. Es una cuestión de estética escondida tras la lógica y engarzada con la ética. Es pura cuestión humanística, académica, romántica. Es una cuestión fantástica que se adentra en la fonética y, a pesar de ser ridícula, me resulta muy simpática porque toca la semántica. Es una cuestión muy clásica, caótica y heterogénea, que no permite la química entre los agitadores públicos que, en medio de la política, hurgan en lo filosófico y ahondan en la materia.

Me consta, tras entrevistar a esas cinco lideresas de las coaliciones ultraizquierdistas andaluzas, que tienen sobrados y justificadísimos motivos, de índole exclusivamente IDEOLÓGICO, para militar en partidos diferentes. Sé que es difícil de entender para el profano en política, pero me esmeraré en explicarlo.

Se trata, ni más ni menos, que de una discrepancia de inmensa hondura intelectual sobre el capítulo 5, versículo 22, de la Biblia Comunista: “El Capital”, de Carlos Marx. 

“Recortes Cero” interpreta que lo que dijo el profeta barbudo (¡Dios sea loado!) fue lo siguiente:

<<La plusvalía no repercute en el trabajador>>.

“Por Andalucía”, en cambio, interpreta el versículo de otra manera:

<<La plusvalía no repercute en el trabajador ni en la trabajadora>>.

“Podemos”, a su vez, se muestra intransigente con el versículo de marras:

<<La plusvalía no repercute en el trabajador, ni en la trabajadora, ni el trabajadore, ni en el trabajadori, ni en el trabajadoru>>.

Para “Adelante Andalucía” la traducción de Marx es clara:

<<La plusvalía no repercute en los andaluces>>.

Por último, para “Alianza Verde”, el versículo 22 del capítulo 5 (por el culo te la hinco) dice incontestablemente lo que sigue:

<<La verde plusvalía no repercute en los verdes aceituneros que extraen el verde aceite de nuestra verde Andalucía>>. 

Horroroso, lector. Horroroso. Con discrepancias así, de semejante calado, es imposible alcanzar una candidatura única. 

Estas cosas no pasan en Cuba. Allí, para evitar disidencias, están los campos de reeducación y la ausencia de elecciones libres. Esos sí que han sabido interpretar a Marx (a Groucho, no a Carlos).

Que Dios, o Marx, repartan suerte.

Cagoentóloquesemenea y mitad del cuarto más.

Firmado:

Juan Manuel Jimenez Muñoz.

Exégeta.

Anuncio publicitario

Etiquetas: ,

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: