Estulticia sindical

Era el año 1965, yo estudiaba quinto de Bachiller, a la vez que primero de Magisterio, maestro que se decía entonces a cuyos estudios se podía acceder con el Bachiller Elemental, y una de las asignaturas era la llamada Formación del Espíritu Nacional, vilipendiada a partir de la muerte de Franco.

Durante todo el bachillerato tuvimos un profesor que nos impartía esta clase; era falangista, seguidor de la política social de José Antonio Primo de Rivera, nunca hacía gala de su militancia y no parecía estar muy de acuerdo con el régimen franquista.

Sus clases eran la ecuanimidad en estado perfecto. Leíamos el libro correspondiente en voz alta y él no añadía ningún comentario por su parte: dejaba a los alumnos la libre interpretación de los textos; solamente interrumpía la lectura para corregir al lector: “Para vocalizar bien, morder un lápiz entre los dientes, y leer alto, claro y despacio”, repetía hasta la saciedad. Creo que de ahí viene mi sonora voz, pronunciación y afición a la lectura.

A lo largo del Bachiller estudiamos, leímos, los siguientes libros:

 “Aprendiz de hombre”, con textos de Dostoievski, Camilo José Cela, Pedro Laín Entralgo, Alessandro Mazoni, Gabriel Miró, Shakespeare, Benito Pérez Galdós, Ignacio Aldecoa, Cervantes y otros autores similares.

“Cartas a mi hijo”, escrito por Gaspar Gómez de la Serna, contenía textos de Ramón Menéndez Pidal, Alfonso X El Sabio, Estrabón, Claudio Sánchez Albornoz, Rubén Darío, Zorrilla, José Cadalso, Pedro Laín Entralgo, Pío Baroja, El Padre Feijóo y otros autores del mismo rango.

“Convivencia humana”, de Eugenio Frutos, falangista, filósofo, uno de los principales difusores del existencialismo en España. Como poeta, perteneció a la Generación del 27, amigo de Dámaso Alonso, Pedro Salinas, Rafael Alberti, Gerardo Diego, Jorge Guillén y Federico García Lorca. Sin lugar a duda, el contenido más adicto, sin citarlo, a los usos de la época, en cuanto a la vida social, la convivencia, la solidaridad, la cooperación, la autoridad, la justicia, la familia y las asociaciones juveniles en España (que en realidad solamente era una: la OJE – Organización Juvenil Española), en cuyo texto no había ni buenos ni malos, únicamente una sola forma de pensar y enfocar la vida.

“Política social” escrito por Efrén Borrajo Dacruz, entonces catedrático de Derecho del Trabajo en la Universidad de Valencia, luego catedrático y catedrático emérito de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social en la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad Complutense, con casi cien libros publicados, colaborador de El País, y uno de los mayores expertos en derecho del trabajo. Del citado libro recogemos el siguiente párrafo: “Por qué es responsable la persona humana? El hombre, por ser libre, es autor de sus actos. Al ser autor de ellos es dueño de los mismos. Son suyos y por lo tanto, son suyos el bien o el mal que haga o que se desprendan de ellos, en consecuencia, ha de responder de ellos.

La responsabilidad del hombre nace, evidentemente, de su libertad. El hombre es un ser de respuestas, ser que puede responder. Ser responsable quiere decir que es dueño de su conducta, que es libre para responder a las llamadas. La libertad no supone desligamiento radical de toda realidad, solo ser dueño o señor de la conducta. El hombre, libremente, puede ser sabio o ignorante, es decir, esforzarse por realizarse en sí la sabiduría, o negarse a todo esfuerzo de conquista de la verdad, permaneciendo en la ignorancia. De esta capacidad de libertad y de respuesta nace precisamente la responsabilidad de las consecuencias de su conducta y por lo tanto, la responsabilidad de respuesta”.

“La política social …. Una opción política en garantía del grupo social sea cualquiera la clase social a la que pertenezcan, si bien, dada la configuración de las clases sociales, es obvio que dicha acción política afecta, primordialmente, a los miembros de la clase inferior … La justicia social es la que establece que, en la distribución de las posibilidades de vida entre los hombres, todos han de tener las posibilidades mínimas que su condición de persona exige. Y la política general es la que tiene  por objeto proporcionar al hombre las posibilidades de vivir de acuerdo con su dignidad de persona humana”.

“Política económica” escrita por Enrique Fuentes Quintana y Juan Velarde Fuertes, desde Adam Smith a los años sesenta en España, que termina con este texto:

“Es lógico que haya que pensar en que los primeros pasos habrán de darse en el sentido de expansionar la exportación. Si esta es raquítica, raquítico será nuestro futuro. De aquí tendrá que venir la fuente esencial de nuestros ingresos.

En segundo lugar, todo proceso de desarrollo requiere el sacrificio denominado ahorro. Este es ineludible en España. La aportación del ahorro español -préstamos de capitales- lo hará más llevadero, pero no podrá prescindir del mismo. Para que la fuente de ahorro sea voluntaria, es imprescindible contar con estabilidad monetaria. Si suben los precios de forma inflacionista, el ahorro pasará a ser el antisocial ahorro forzoso. No existe otra alternativa que el estancamiento.

Finalmente, es necesaria la existencia de paz social. Para lograrla, es perentorio un más equitativo reparto de la riqueza y de la renta …

Conseguir todo esto no es nada fácil … Para marchar por ella se necesita además voluntad. Si España no cree en el progreso de sus exportaciones, en su estabilidad monetaria y en una más igualitaria distribución de la riqueza en su futuro, nada podrá hacer ningún equipo gobernante. Y para que esté convencida de ello es preciso que lo estén los españoles que la dirigen. Quienes han estudiado este libro formarán bien pronto parte de la minoría rectora del país. De aquí su futura responsabilidad y la presente de sus autores”.

Creo que los escritores y autores citados no necesitan presentación, al menos para quienes estén aprovechando correctamente el gasto que supone la enseñanza pública. En un país en el que en algunos ambientes es subversivo no esnifar cocaína, se llama fascista a cualquiera que respeta la bandera de España, no se puede estudiar en español en algunas Comunidades Autónomas y se reconocen víctimas de violencia de género a efectos administrativos a quienes estén considerando denunciar (hipótesis que puede o no llevarse a cabo) o a las que hayan denunciado y el caso se haya archivado o sobreseído (corrección al poder judicial), cuando alguien hable sobre el adoctrinamiento a los jóvenes mediante esta asignatura, (que sí, que era general, pero con menos inquina que con la actual “ultrafachenda treinta”, el feminismo, marxismo encubierto o independentismo) por favor, que antes lea estas líneas y hojee los libros citados, que se pueden consultar en la Biblioteca Nacional. Porque hay que cuestionarse todo, de todos, y poner todo en el fiel de la balanza, incluidas las presentes líneas, porque no fiarse no está bien, pero fiarse es, simplemente, malo.

Fue este profesor el que organizó una visita de la clase a La Casa Sindical. Nos enseñaron el edificio, los diferentes departamentos, y nos reunieron en lo que llamaban el Salón de Actos, en el que nos informaron de lo que hacían, que protegían los derechos de los “productores” -obsérvese la diferencia semántica entre productor y obrero-, y de otras cuestiones que ya se me han olvidado. Con la “democracia orgánica” del momento, nos incitaron a hacer preguntas sobre lo que consideráramos oportuno acerca del trabajo y de los sindicatos.

Hubo uno, de cuyo nombre prefiero no acordarme en este momento, por la que se armó, que preguntó: ¿Qué diferencia hay entre los sindicatos verticales y los sindicatos horizontales? Empezaron a removerse en sus asientos los que ocupaban la mesa presidencial, la tarima sobre la que estaban parecía que se movía, silencio sepulcral, todas las miradas fijas en el espigado chaval que había hablado …. Fue nuestro profesor, estoy convencido que se esperaba la pregunta, quien primero reaccionó: Bueno, eso son formas diferentes de organizarse, en todos los países no son iguales las políticas laborales, cada nación es libre en su forma de regular sus leyes, España es pobre y tenemos que trabajar mucho ….. y se fue por los Cerros de Úbeda.

En aquellos Sindicatos Verticales, era obligatoria la afiliación sindical, cuya cuota descontaban del salario, se aumentaba el sueldo todos los años en 200/300 puntos básicos sobre el IPC, se pagaban las horas extraordinarias, no prejubilaban ni despedían a nadie antes de la edad reglamentaria de jubilación y las empresas temblaban si aparecía por allí alguno de los muchos jefecillos sindicales que había. Eso sí, los empresarios eran los dueños de su empresa, tenían un buen sueldo y se conformaban con un incremento patrimonial moderado pero sostenido en el tiempo.

De forma alternativa, clandestina, hubo dos personas que se dejaron la piel y dieron  con sus huesos en la cárcel, que fueron Marcelino Camacho y Nicolás Redondo, que ahora deben estar retorciéndose de dolor en su tumba viendo en qué han acabado sus ideales de sindicalistas en defensa del obrero.

Cuando llegó la democracia, creíamos que los Partidos Políticos y los Sindicatos Horizontales eran la verdadera democracia, el fin de todos los disgustos y un vergel de país en el que todo el mundo tendría trabajo y viviría feliz y contento.

Han pasado los años y estos sindicatos son un calco de aquellos: Si en aquel entonces estaban a las órdenes franquistas, estos están a las órdenes socialistas y comunistas; si había “mordidas de subsistencia”, ahora ha habido (¿hay?) corrupciones a gran escala; si aquellos estaban politizados, estos apoyan el secesionismo, empezando por Pepe Álvarez, secretario general del Sindicato UGT desde 2016, liberado sindical desde el año 1978, cuando tenía 22 años y que no ha trabajado nunca desde entonces.

Los Sindicatos están subvencionados por el Estado con munificencia, en la mayoría de las empresas, de mandos intermedios o jefes de sección para arriba, mantienen unas condiciones bilaterales con los patronos en las que nada, absolutamente nada, tienen que ver los sindicatos; en los organismos públicos tienen perfectamente definidos cuáles son los niveles profesionales que le corresponden, y prácticamente solo se afilian los interinos que no han obtenido plaza por concurso-oposición, y tras la reforma laboral del gobierno de Rajoy, han quedado para simplezas como que las mesas están separadas por noventa centímetros en vez de un metro, naderías varias y posicionarse a favor de un nuevo enfrentamiento entre españoles, porque CCOO y UGT en Cataluña llaman a la movilización contra la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) que obliga a impartir un mínimo del 25% de clases en castellano, con una pérdida constante de afiliados que es uno de los secretos mejor guardados de nuestra democracia, cuántos afiliados que pagan su cuota tienen los diversos sindicatos existentes.

Este independentista catalán declaró en febrero 2020 que todos los españoles tenían que pagar una cuota a los sindicatos. “Vuelven los Sindicatos Verticales, de obligada afiliación y pago. Qué bien vivíamos en España cuando solo había un tonto por pueblo”, escribía yo entonces.

Como nada pasa por casualidad, resulta que el equivocado era yo, que eso ya estaba pactado con su asociación matriz, el PSOE sanchista, porque según señala el digital Okdiario: “la reforma laboral del Gobierno socialcomunista pretende imponer la dictadura sindical, por la vía de convertir a los sindicatos más representativos en figura obligatoria de cualquier comisión negociadora, aunque UGT y Comisiones Obreras no tengan representación en las empresas … Tal como está redactada la propuesta del Ejecutivo, UGT y Comisiones Obreras formarán parte obligatoriamente de todas las comisiones negociadoras en aquellas empresas que no cuenten con representantes legales de los trabajadores, puesto que se afirma taxativamente lo siguiente: «En los centros en los que no exista representación unitaria se creará una comisión sindical integrada por los sindicatos más representativos (UGT y Comisiones) y por los sindicatos representativos del sector al que pertenezca la empresa y con legitimación para formar parte de la comisión negociadora del convenio colectivo de aplicación». Dicho de otro modo, que el Gobierno se inventa una legitimación sindical fantasma para otorgar a UGT y Comisiones Obreras un papel preferente, aunque carezcan de representación sindical”.

Ante la estulticia de esta intromisión para crear problemas en las empresas en las que no existen, opino que los sindicatos  deben mantenerse con las cuotas de sus afiliados, -el último escándalo, dentro de las numerosas corruptelas protagonizadas en los últimos tiempos, es la denuncia realizada por el Secretario General de UGT-Madrid de una trama de desvío de fondos del FOGASA-, que a las organizaciones empresariales las mantengan sus empresas afiliadas, y que todas y cada una de las organizaciones habidas y por haber vivan con los ingresos que aporten su socios o afiliados, que son a los que representan y, presumiblemente, defienden. En democracia, no hay “afiliaciones obligatorias” ni “bienes privados comunes” de ningún tipo; eso es propio de dictaduras. Por cierto, ¿se sabe algo de cómo va el asunto de los ERES de Andalucía?

Antonio CAMPOS

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