Quiero ser asesor político

Cuanto más ignorante, analfabeto, inculto, iletrado, lego, profano, desconocedor, desinformado, indocto, indocumentado, instruido, insuficiente, mostrenco, nulo, profano, zopenco o zoquete, es una persona, más se rodea de adictos para que palien su incompetencia.

El Gobierno social comunista de Pedro Sánchez tiene 1.500 puestos de designación política directa, asesores nombrados a dedo, que es el mayor número de canonjías que ha tenido nunca un gobierno de España. Si a ello unimos los de las Comunidades Autónomas y Ayuntamientos, de todo tipo y colores, estamos, probablemente, en el mayor número de “vividores del régimen” en toda la historia de nuestro país.

La realidad de la democracia española está poniendo de manifiesto el pícaro perpetuo que llevamos en la sangre: Cánovas y Sagasta (durante un tiempo chupan los míos, al siguiente los tuyos), la República (únicamente los míos), Franco (solo los falangistas), y cuando creíamos que habíamos alcanzado una democracia de país avanzado, lo que verdaderamente hemos conseguido es volver a la época romana.

El cambio en nuestra forma de vivir ha sido muy importante, y no es de extrañar que aparezcan libros tirados en contenedores de obra, en cualquier calle y ciudad de España, procedentes de reformas de viviendas en las que “le sobran” a los nuevos propietarios, o “les queda feo” en su decoración minimalista.

En uno de ellos rescaté un libro titulado “Vidas de los Césares”, edición española de 1966, escrito por Suetonio, gran historiador, secretario de Adriano (76 dC – 138 dC), por lo que tuvo al alcance de su mano todos los documentos del archivo imperial, componiendo una obra histórica sobre el mandato de doce césares, no aplaude, censura ni juzga, es totalmente objetivo, limitándose a exponer lo que era Roma desde Julio César hasta Domiciano. Recojo algunos párrafos que describen, sucinta pero claramente, a cada uno de los personajes:

De Julio César: “Mostróse muy liberal con el dinero de la República y a nadie rehusó nada; todo, de grado o por fuerza, se doblegaba a su voluntad; solo Catón se atrevió a oponérsele una vez y César hizo que a la salida del Senado lo amarrasen sus lictores y lo condujesen a prisión ….”

“Se casó varias veces y tuvo multitud de amantes, reinas, mujeres de amigos y de prominentes romanos; y se le atribuye homosexualidad con Nicomedes, rey de Bitinia””.

De Tiberio: “Creo un consejo de ancianos amigos para que le sirvieran de consejeros. Excepto dos o tres, a todos les dio muerte bajo distintos pretextos” …. “Se entregó a toda clase de monstruosidades, persiguiendo a todos sus parientes y amigos ….. me conformaré con dar una idea general: no dejó pasar un solo día sin suplicios”.

De Calígula: Reducido a la indigencia por sus fastosos gastos, “buscó recursos en las rapiñas y extorsiones más inauditas …. En las Galias vendió las alhajas, los muebles, los esclavos y los libertos de sus hermanas …. Hizo que los romanos le incluyeran en sus testamentos y como seguían viviendo después de nombrarle heredero, les mandaba pasteles envenenados ….”

“Impuso tributos nuevos …. No hubo cosa ni persona que no fuera tasada. Se gravaron todos los comestibles que se vendían en Roma. A los litigantes se les exigió la cuarta parte de lo que litigaban; a los jornaleros la octava parte de su jornal; a las prostitutas se las inscribió en registros y se las exigió el precio íntegro en que se vendían”.

De Nerón: “Ningún límite puso a sus gastos. A Tirídates le dio, durante su estancia en Roma, más de ochenta mil sestercios diarios, y cuando se fue, más de un millón; Al músico Menécrates y al gladiador Espicilo les dio los mismos bienes que a los ciudadanos que habían obtenido los honores de triunfo ….. Jamás se puso una ropa dos veces. Jugaba a los dados a quinientos sestercios el punto; pescaba con hilos de púrpura y anzuelos de oro; jamás viajó con menos de mil coches; sus mulas iban cubiertas de plata, y sus muleteros vestidos con la más bella lana de Canusa; sus cocheros y sus corredores llevaban preciosos brazaletes”.

Pero tras el despilfarro vino la miseria. “Estableció que en lugar de la mitad de los bienes de los libertos, heredaría las cinco sextas partes; que los bienes de los que fueran tildados de ingratitud pasasen al fisco…..”

De Galba: “La pederastia era uno de sus vicios, y prefería la madurez robusta a la juventud delicada ….” “En el trono no tuvo actos de gran príncipe y se le vio más propicio al mal que al bien …. Estaba auxiliado por tres hombres que vivían en su palacio y no le abandonaban en ningún momento: Vinio …. Lacón ….. e Icelo, cuyos vicios eran diferentes, gobernaban con despotismo al viejo emperador ….”

De Vitelio: “ …. Dio muerte a nobles que habían sido sus amigos; a uno lo envenenó con un vaso de agua fría que le presentó al verle con fiebre; no perdonó a ninguno de sus acreedores ni usureros; a uno le envió al suplicio cuando venía a saludarle; a otro, para quien dos hijos que tenía le pidieran gracia, los hizo morir con él ….”

De Vespasiano: “El único reproche que se le hace con razón es el de haber sido aficionado al dinero. No contento con restablecer los impuestos abolidos por Galba y haberlos aumentado, se rebajó a negocios vergonzosos hasta para un particular. Vendía los honores a los candidatos, la absolución a los acusados, y hasta se dice que elevaba a los avaros para condenarlos cuando se hubieran enriquecidos”

De Domiciano: “Arruinado por sus continuos gastos, imaginó disminuir el número de soldados; pero considerando que le hacían falta, se dedicó a despojar a los vivos y a los muertos sin conciencia. Bastaba tener un acusador para ser criminal; palabras y acciones, todo era crimen de lesa majestad. Se confiscaban las herencias más extrañas al emperador con el pretexto de que alguien había dicho que oyó al difunto que iba a dejar a César heredero. Los impuestos de los judíos se exigían con más rigor que todos los demás. Recuerdo haber visto en mi juventud a un recaudador visitar, con una turba de testigos, a un viejo de noventa años, para ver si estaba circunciso”.

Hasta aquí, las fehacientes exégesis de Suetonio. Si leemos despacio, y comprendemos, nos daremos cuenta que el exceso de gasto público, esquilmar a los mercaderes y pudientes, la munificencia en contentar a la plebe con dinero del Estado, el pan y circo, la ociosidad para el trabajo, el gozo bidireccional, matar al enemigo y la dictadura de los mandatarios, es indisoluble a la herencia del derecho romano, la construcción de los acueductos, de las calzadas y de la ambición de expansión de los territorios, que los romanos dejaron en nuestro ADN.

Añádase a ello la sangre mora, judía y cristiana que también corre por nuestras venas, junto a anteriores celtas, vasconas y fenicias, y veremos el explosivo cóctel que, desde siempre, ha sido España, en la que el “quítate tú para que me ponga yo” ha devenido en guerras internacionales y nacionales durante toda nuestra historia.

Si volvemos a repasar el texto, observaremos cuántas situaciones se repiten en nuestros días, y si cerráramos los ojos hasta podríamos poner nombre y apellidos a personajes y hechos actuales, contemporáneos de los que ya peinamos algunas canas. La dictadura, con ropaje democrático, fue la que acabó con la civilización romana.

Antonio CAMPOS

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