Loca oferta de futuro

Pido disculpas por adelantado a tanto intelectual que ahora anda suelto por las redes sociales, por los chiringuitos subvencionados, por las asociaciones obreras que no saben dónde está la fábrica en la que en su día trabajaron y a tantos y tantos otros que se sienten cómodos y satisfechos en la España actual, liderada por el social-marxista Pedro Sánchez, al que no veo con un cociente intelectual suficiente para que solo en dos años haya sido capaz de transformar un país en paz, fraternalmente reencontrado y amigo de las naciones más importantes del mundo, en el cenagal en el que nos ha sumido; ha de haber intereses superiores y mentes más despejadas para hacer lo que se ha hecho, porque sus aliados nacionales (independentistas, comunistas, anticapitalistas y anti constitucionalistas) tampoco han demostrado ser unos lumbreras.

Su llegaba a la presidencia del Gobierno fue atípica. Una moción de censura contra Mariano Rajoy, que ha dejado dudas perennes sobre el motivo de ello, ya que el dirigente del Partido Popular prefirió perder una votación cuyo resultado era absolutamente previsible, que dejar su puesto a la entonces vicepresidenta del Gobierno o a cualquier otro dirigente de su partido. Algo más hubo de haber que el tiempo se encargará de poner de manifiesto.

Pedro Sánchez necesitó los votos de todos los partidos y regiones independentistas que perdieron la Guerra Civil, que vieron en él el aliado perfecto, débil, mentiroso («Yo no voy a permitir que la gobernabilidad de España descanse sobre partidos independentistas»), sumiso con el poderoso, conocedor de la masonería, con ambición desmedida, para desenterrar luctuosos hechos pasados olvidados por todos, reescribir la historia e imponer las ideas derrotadas en el campo de batalla mediante un levantamiento similar al protagonizado por el Partido Socialista en 1934, fracasado y solventado por quién luego él mismo se alzaría en armas. “Franco no se sublevó contra la república sino contra la chusma que se había apoderado de la república”, dijo el alcalaíno Manuel Azaña.

Y en dos años, con solamente un tercio de los diputados del Congreso, y en nombre de la democracia (la de Franco también era una democracia orgánica, decía) para satisfacer a la pléyade que lo sostiene en el poder, ayudado por la pandemia por coronavirus, ha silenciado y recluido a la ciudadanía, mientras ha tejido una red clientelar de agraciados con las subvenciones y establecido una gran diversidad de organizaciones donde refugiarse si algún día llueve.

Las leyes se han hecho laxas para el transgresor; los políticos corruptos lo siguen siendo en todas las vainas de habas; el poder judicial está en entredicho, presionado y medio controlado por el ejecutivo; algunas comunidades autónomas campan a sus anchas como si realmente fueran países independientes; hay sitios dónde es fácil ser agredido si hablas en español o muestras una bandera de España; en otros, o en los mismos, no se puede estudiar en el idioma común de todos los españoles y se pasan por el arco del triunfo las sentencias del Tribunal Supremo y del Constitucional, allanándose el Gobierno en la responsabilidad y exigencia de su cumplimiento; el Reino de España está en quiebra, con una deuda impagable, y los únicos recortes son a los futuros jubilados en sus pensiones, pero nadie piensa en disminuir el número de políticos, de asesores, de convertir las subvenciones en trabajos sociales, en reestudiar el tema autonómico, en analizar duplicidades en ministerios, comunidades y empresas públicas o participadas por el Estado, regular la inmigración y hacer viviendas baratas en suelo público, en vez de destinar fondos europeos para la enseñanza del bable o para remodelar las fachadas de edificios sindicales, por ejemplo.

Y en todo este conglomerado político de izquierda radical, no solo entraron pobres en política y se han hecho ricos en pocos años (deberían enseñarnos cómo lo han conseguido para seguir el ejemplo), se están preparando por si algún día los votos no le son favorables o se confunden los algoritmos.

Una de las características de esta Legislatura es la cantidad ingente de leyes aprobadas, así como el uso y abuso del Decreto Ley, reservado para temas de máxima urgencia. Ahora se están gestando dos leyes a las que, en mi opinión, la población española no le está prestando la importancia que realmente tienen, porque pueden retrotraernos a situaciones comparables a las producidas en la España de principio de los años treinta del siglo pasado.

La Ley de Memoria Democrática, que rectifica la vigente de Memoria Histórica del año 2007, fija el periodo  de los años 1936 a 1978 para investigar y juzgar los “crímenes del franquismo”, soslayando la Ley de Amnistía de 1977 y que, según Unidas Podemos, con  un cambio hacia una mayoría progresista en el Tribunal Constitucional (otra vez, control del poder judicial por el ejecutivo) haría viable su implantación en el ordenamiento jurídico español. Para nada hablan de la Resolución del Parlamento Europeo 2019/2819 RSP del 18 de septiembre en la que se aprueba una norma común sobre la importancia de la memoria histórica europea para el futuro del continente, en donde se condena expresamente los horribles crímenes cometidos por los comunistas en toda Europa sin excepción, y “pide a todos los Estados miembros de la Unión, incluida España, que hagan una evaluación clara y basada en principios de los crímenes y los actos de agresión perpetrados por los regímenes comunistas” y “pide a todos los Estados miembros que conmemoren el 23 de agosto como Día Europeo Conmemorativo de las Víctimas del Estalinismo y del Nazismo a escala tanto nacional como de la Unión”, además de señalar que en algunos Estados miembros siguen existiendo en espacios públicos (parques, plazas, calles, etc.), monumentos y lugares conmemorativos que ensalzan los regímenes comunistas.

La otra, La Ley de Seguridad Ciudadana, que modifica y corrige la vigente Ley Mordaza, pretende dar vía libre a la violencia callejera en cualquier manifestación, incluso improvisada, limitando la responsabilidad de los incidentes únicamente a los organizadores o promotores, con lo que cualquier acto organizado de forma anónima por internet quedaría impune en sus consecuencias, grabando la actuación de la Fuerzas de Seguridad del Estado y desapareciendo la presunción de veracidad de los agentes actuantes en un contexto jurídico en el que el acusado tiene derecho al silencio e incluso a mentir a su favor, se salta el artículo 14 de la Constitución: “los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”, estableciendo la cuantía de las multas en función de la capacidad económica individual de cada persona (lo que es lo mismo, el que trabaja también subvenciona las multas de quienes no aportan ningún valor añadido a la sociedad), y se limita el uso del material antidisturbios y el uso de las armas por parte de la autoridad policial. En resumidas cuentas, se da prevalencia al delincuente, presunto, ante las Fuerzas de Orden Público, todo ello con el objetivo de salvaguardar los piquetes y manifestaciones violentas de independentistas, antisistema, sindicalistas agresivos o de revoluciones callejeras agitadas por extremistas, que es algo así como no aceptar el sistema democrático si no se tiene el poder.

Todo lo que huela a Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, policía, guardia civil, ejército, o cualquiera que porte un arma para defender el orden constitucional, es enemigo del actual régimen imperante.

Aprobados los PGE (más gastos, más deuda, más impuestos), Pedro Sánchez -o quien dirija su mente- tiene otros dos años para ir dando carnaza a los buitres, insaciables en sus demandas, que lo sostienen en el poder y mutuamente se sustentan. Y ya veremos si no para renovar el mandato presidencial en una nueva Legislatura que puede ser vital para el futuro de España como nación democrática y unida, ante una oposición dispersa en el fondo y en la forma, presuntuosa, vacua y falta de contenidos, definición y programas concretos de actuación: Los votos, como el dinero, no caen por la chimenea, hay que ganárselos todos los días. Y Felipe VI “El Escayola”, viéndolas venir con leticia (alegría, regocijo, deleite, según la RAEL).

Antonio CAMPOS

Publicado en PUERTA DE MADRID de Alcalá de Henares el 03-12-2021

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