Seiscientas enfermeras andaluzas

Las provincias rebeldes del Norte (Barcelona, Tarragona, Lérida y Gerona) han decidido que las sentencias del Tribunal Supremo no les atañen en absoluto, que del Ebro para arriba no cumplirán con la legalidad vigente, y que la legislación española se la van a pasar por sus gónadas morenas. Ya lo hicieron así los separatistas cuando proclamaron la República Catalana en dos Golpes de Estado que les salieron totalmente gratis: el de 1934 y el de 2017. Y esas cosas, quieras que no, se acaban aprendiendo. Si la certeza del indulto tras otra posible condena por sedición no fuese la tal certeza, otro gallo cantaría: ya se guardarían muy mucho de afirmar que van a desobedecer al Tribunal Supremo, y que en las aulas catalanas no se hablará el español. O ya se guardaría muy mucho doña Ada Colacau –la representante podemita en Cataluña– de pronunciar en la prensa las terribles palabras que han salido hoy de su boquita de piñón: “quien quiera estudiar en castellano, que se vaya a la enseñanza privada”. O dicho de otra manera: “quien quiera estudiar en castellano, que se vaya a tomar por el ano”.

Ya es bien triste que, casi en el año 2022, uno tenga que explicar que la lengua cervantina es la lengua vehicular de toda España, como el chino lo es en China o el japonés en Japón. Y ya es bien triste que lo tenga que exigir el Tribunal Supremo. Pero es más triste todavía que el Gobierno socialista y de Podemos, con tanquetas en la calle, esté dispuesto a hacer valer cualquier Ley frente a los obreros huelguistas de Cádiz, pero se mee en los pantalones frente a la oligarquía catalanista de los Castell, los Forcadell, los Güell, los Llach, los Turull, los Pujol, los Oriol, y la madre que los parió.

“Fuerte con los débiles y débil con los fuertes”. “Nada para los leales y todo para los desleales”. Ésos son los lemas de este Gobierno cobarde que no tiene lo que hay que tener para meter en vereda a tantísimo hijo de puta, a tantísimo guerracivilista, a tantísima gente viviendo del cuento de la independencia, a tantísimo paniaguado del separatismo: gentes que cobran por denunciar al pobre comerciante que rotula en español, al atrevido profesor que imparte una clase en español, al descuidado médico que atiende a una paciente en español, o al chavalito de Primaria que habla en español en el patio del colegio, durante el recreo, en su tiempo libre, mientras juega al fútbol o al baloncesto. Miserables excrementos del nazismo. Xenófobos de manual. Chivatos de un Régimen Fascista. Delatores sin escrúpulos. Racistas subvencionados con el dinero de todos. Chequistas en el doble sentido de la palabra: checa y cheque.

Los mismos que espían a los chiquillos en las aulas por un módico precio a convenir, los mismos que jalean a los golpistas para poder comer marisco en las fiestas de guardar, los mismos sediciosos que se nos cagan encima mientras nosotros ponemos una sonrisa (y la otra mejilla) para que las cosas no lleguen a más, han dicho anteayer en la prensa catalana que es intolerable la presencia de 600 enfermeras andaluzas en Cataluña. Tócate los huevos, Manuel. Intolerable la presencia de 600 enfermeras. Repito: intolerable. Les sobran 600 enfermeras andaluzas porque, al parecer, pudieran ellos no tener garantizada la asistencia sanitaria en catalán. Que como todo el mundo sabe es la prioridad prioritaria de cualquier enfermo grave: morir entre tremendos dolores sin que nadie le inyecte la morfina; aullando como un perro si hace falta, pero aullando en catalán.

Las declaraciones de estos hijos de la gran patria, de estos cantamañanas con balcones a la calle, no han tenido ninguna respuesta por parte del Partido Socialista (cosa que ya no me extraña), ni tampoco de Podemos (cosa que me extraña menos), ni tampoco del Gobierno Andaluz (cosa que me extraña mucho, dado que las ofendidas son andaluzas en el exilio interior), ni tampoco de Ciudadanos o de VOX (cosa más bien asombrosa), ni tampoco de los Sindicatos de Enfermería (cosa que me indigna bastante), ni tampoco de la Organización Colegial de Enfermería (cosa que no me la explico). Pero, por si sirve de algo, ahí va mi reacción personal a esta “indignación catalanista” contra las 600 enfermeras andaluzas:

No sabéis lo que tenéis en Cataluña, biliosos Torquemadas sediciosos. A golpe de talonario, os habéis llevado lo mejor de Andalucía, lo más valioso: a las profesionales mejor formadas de Europa. Habéis reclutado a 600 enfermeras andaluzas porque, gracias a vuestras miserables cuitas de pedigüeños incorregibles, gracias a los cheques suplementarios que os damos para manteneros medio quietos, les podéis ofrecer a las enfermeras un sueldo mejor que el que tendrían con nosotros. Pero no las maltratéis, cabrones. Si no las queréis en Cataluña, si las vais a insultar en la prensa, si les vais a hacer la vida imposible, si las vais a denunciar por el idioma, dejadlas que se vuelvan a su tierra. Ya les encontraremos acomodo. Ni leche de hormiga les faltará en Andalucía. Y vosotros, xenófobos sediciosos, moríos de asco si queréis. Pero hablando en catalán.

Y entre tanto –autores y coautores del nacionalismo criminal– os dedicaré a vosotros la misma coplilla que se cantaba en España durante la invasión napoleónica:

“Paciencia y mala intención,

que ya pagará el francés

el vino que se bebió”.

No lo olvidéis, queridos nazis. La vida da muchas vueltas, y largos e inescrutables son los caminos del Señor. Madrid se desmantelará para que Barcelona le chupe los jugos. Andalucía soportará vuestros insultos de vagos, maleantes, cierrabares y cobrapaguillas, mientras denostáis a nuestras enfermeras exiliadas. Extremadura no tendrá el AVE, ni la UVI, ni las uvas, pues corren más prisa los sueldos de vuestros chivatos del Régimen, o de las Embajadas Catalanas, que el de la gente leal. Pero insisto: ya pagará el francés el vino que se bebió. Y lo pagará con creces, a un altísimo precio. Y ya sólo falta, para ello, que a 45 millones de españoles se nos hinchen las pelotas. O los ovarios. Y la fase inflamatoria, con orquitis incluida, ha comenzado a extenderse.

Seguid bebiendo el vino mientras podáis, desleales secesionistas catalanes. Nosotros, tomamos nota. Y en las urnas… obraremos en consecuencia.

Cagoentóloquesemenea y mitad del cuarto más.

Firmado: Juan Manuel Jimenez Muñoz – Médico y escritor andaluz.

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2 responses to “Seiscientas enfermeras andaluzas”

  1. Jose says :

    Muy buen articulo. Solo un pequeño apunte:

    El golpe de 1934 no les salió gratis como el de ahora. Después de volver a la normalidad, los cabecillas insurrectos (más de 40) fueron ajusticiados, empezado por su presidente Companys. El resto terminaron en prisión.

    Y un «detalle» es que fueron condenados por esa republica que tanto defienden y no por un gobierno como el que tenemos ahora, que los ha indultado y solo le ha faltado pedirles perdón.

    Un saludo desde Valencia, la cual tiene la desgracia de tener de (malos) vecinos a estos indeseables y que esta también hasta las gónadas de que la quieran incluir en sus planes.

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