Os conquistaremos con vuestra democracia

Estamos a punto de vivir dos grandes felonías a la democracia española, probablemente de las más peligrosas transgresiones a la convivencia pacífica de cualquier nación que madruga todos los días para ir a trabajar.

La primera de ellas, la que protagoniza Carles Puigdemont, detenido en Cerdeña por la policía italiana en virtud de la orden de busca y captura internacional emitida por el Tribunal Supremo de España, con relación a la causa del procés independentista catalán. La realidad es que lo estaban esperando en el mismo aeropuerto de llegada porque pretendía reunirse con alcaldes independentistas sardos, y ningún país europeo permite el mamoneo existente en España con el tema secesionista.

Puigdemont es prófugo de la Justicia española desde el otoño de 2017, y un cobarde. Oriol Junqueras y el resto de los golpistas permanecieron firmes en sus puestos y fueron sometidos a juicio por la judicatura; podremos estar de acuerdo, yo no, con su posición y actuación, pero fueron responsables de aguantar sus consecuencias. No así Puigdemont, general en jefe de los rebeldes, que azuza a sus huestes para que se dejen la vida en pro de la causa, hasta 50.000 de ellos están dispuestos a morir en una guerra civil contra España, mientras él permanece fuera del alcance de las balas, en una vida regalada no se sabe con qué fuentes de ingresos.

Ni que decir tiene que, de forma inmediata, han surgido las protestas callejeras en Cataluña y discursos de detención ilegal y antidemocrática por parte de los independentistas, que llaman a “una respuesta clara y contundente”, reclamando la amnistía y la autodeterminación, a los que se han unido Podemos y Bildu, este en declaraciones de Arnaldo Otegui. No sé cuándo los españoles vamos a ser conscientes que el Gobierno actual se sustenta en esos tres grupos cuyo único objetivo es destruir España, a los que se somete Pedro Sánchez con tal de seguir durmiendo en ese colchón de la Moncloa que fue lo primero que cambió en los dos fatídicos años que lleva allí.

De forma institucional, el presidente de la Generalitat, Pere Aragonès ha declarado: “Ante la persecución y represión judicial, la más enérgica condena. Se debe parar. La amnistía es el único camino. La autodeterminación, la única solución. A tu lado, president”.

Hay una cosa que me preocupa. A Puigdemont se le puede designar con todos los calificativos que uno quiera, menos tonto. Y no me cuadra que, sabiéndose vigilado de forma permanente, fuera a Italia, que es un país con una democracia deteriorada similar a la española, en dónde sabía perfectamente que podía ser detenido.

Ahora veremos el contubernio jurídico europeo que se forma alrededor de este caso, si es extraditado o no a España, si entra en prisión y es juzgado, o se trata de una estratagema para que Pedro Sánchez pueda sentarse en esa indigna mesa bilateral con una sonrisa en los labios por haber intentado, de cara a la ciudadanía en general, la detención del prófugo; pero libre por designio de la justicia y libertad emanada por el conglomerado globalista de la superioridad europea.

La segunda de ellas, que se veía venir desde hace tiempo, la reforma del Reglamento de Extranjería que un arrodillado ante mandil masón “llevará al Consejo de Ministros para su aprobación, su publicación en el BOE y su puesta en funcionamiento”, por la que se va a conceder la ciudadanía española a todos los MENAS, por el solo hecho de serlo, subvencionándolos con una paga de 664 euros mensuales hasta que cumplan los 23 años de edad, a lo que habrá que añadir otros gastos para vivienda, sanidad, medicinas, etc ….

Esos MENAS son los que llegan a España, declaraciones privadas de miembros de las FCSE que están a pie de obra cuando arriban a nuestras costas, con un móvil de última generación, una batería de repuesto, dos cargadores, un anillo de oro, una cadena de oro, un reloj y unos mil euros en efectivo, pensando en no trabajar ni aportar impuestos en toda su vida al país que los acoge.

Los españoles entre 18 y 23 años no tienen ningún tipo de subvenciones; los jubilados españoles con pensión no contributiva, tampoco; los viudos y viudas, pensiones contributivas, tampoco en su mayoría llegan a esos importes; muchos jubilados, de pensión contributiva, tampoco.

España tiene una Deuda Pública impagable, que deberá reconvertir en deuda perpetua en el momento que los intereses alcancen un precio de mercado que cubra la inflación, real y latente, en nuestro país y en el mundo entero. No podemos permitirnos esas alegrías en las que los impuestos de los que trabajan sirven para mantener de forma perenne a quienes no lo hacen, con un trasfondo claro: Estómagos agradecidos que debidamente bombardeados con la propaganda gubernamental, votarán a Pedro Sánchez, por lo bueno que es manteniéndolos cinco años con el gratis total y haciéndoles españoles a todos los efectos, incluidos los de futura pensión estatal.

Todo ello, evidentemente, con el apoyo de los secesionistas vascos y catalanes, Podemos y resto de fuerzas radicales, anticonstitucionales y pluralistas, conscientes que son lo que son mientras esté el Sr. Sánchez en el poder, salvo sorpresa si algún día el Sr. Casado llegara a la Moncloa y por miedo a que le dijesen que no era suficientemente democrático, siguiera con esa disparatada política económica y social, que nos conduce directamente a la ruina.

Qué razón llevaba aquél que dijo “Conquistaremos Europa con el vientre de nuestras mujeres y con vuestra democracia”.

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