Simulación de delito

En los últimos tiempos se están produciendo una serie de hechos, sospechosamente casuales, pero jurídicamente perfectos, que, sin pasar desapercibidos para el gran público, no tienen una resolución suficientemente publicitada con el mismo tipo de letra y/o altavoz que la noticia inicial.

La policía detiene a atracadores, violadores, bandas organizadas, manifestantes que agreden físicamente a las fuerzas públicas, y todos estos hechos son recogidos con grandes titulares en la prensa y otros medios de comunicación. Lo que nadie publica es el tiempo que tardan en salir en libertad, con o sin cargos, cuanto tardan en volver a delinquir, cuando se celebra el juicio correspondiente y qué pena o sanción se les impone. Y si se trata de individuos extranjeros y en grado sumo si no pertenecen a la Unión Europea, se palía al máximo la repercusión mediática, la nacionalidad y los rostros.

Hasta tal punto llega la idiocia que una periodista, típica representante de la “España Olegaria”, dice textualmente que “es intolerable defender que unos niños inocentes sean expulsados del país por violar a una chica. Ellos vienen de otra cultura diferente y no saben que eso está mal, lo tenemos que comprender y respetar”.

Esos niños tienen entre 15 y 18 años y un instrumento peneano para mujeres con gran experiencia, más adecuados para “un coño como una mesa de grande”, ese piropo que le parece muy bonito a nuestra ministra de Igualdad dicho sobre su persona, la que quiere apartar de las ayudas de la UE a aquellas empresas que no usen el lenguaje inclusivo de “todes”, que de principiante chica española. Estoy de acuerdo con ella, dónde va a parar decirle a una mujer eso en vez de ¡qué guapa estás! o ¡tienes unos labios preciosos!, porque esto sí que es acoso sexual, moralmente libidinoso.

Defectos de forma en la instrucción de sumarios que la policía lleva investigando más de un año, fuegos y ataques a la sede de algunos partidos políticos, balas que se envían por correo y se saltan no sé cuántos controles, un chaval de 20 años homosexual, que dice haber sido violado por unos desconocidos y confiesa que fue un montaje cuando se ve descubierto por la policía en su mentira, ojo al tinglado, perfectamente orquestado y documentado por el protagonista, que desconozco si tiene conocimientos jurídicos para ello, probablemente tipificado como “simulación de delito” por lo que, en el peor de los casos, con una multa de 180 euros se irá libre y sin más cargos, y que el fiscal duda si impulsa o no la acción judicial contra él … Estoy seguro, en la mayoría de los casos descritos, la policía ha llegado hasta dónde le han permitido.

Algún día, alguien, escribirá “Historias de La Palanca”, ese barrio bilbaíno que era un lujo de alegría, a la vez que tranquilidad, en el puterío de los años setenta del siglo pasado. También pululaban por aquellas calles muchos homosexuales, prohibido en aquella época, y nadie se metía con nadie. Daba gusto tomar allí una cerveza y ver el jolgorio que reinaba, eso sí, vigilado siempre por lo que se conocía como la policía secreta y guardando, en la distancia, el frontal, o la espalda, de algunos de los que periódicamente se abastecían de la única farmacia que, abierta a todas horas, había en la calle de Las Cortes.

Pasados los años, por razones de trabajo, tenía muy cerca el barrio de Chueca cuando los primeros homosexuales, creo recordar que holandeses, empezaron a llegar a esa zona de Madrid. Los vecinos los acogieron con los brazos abiertos porque con su llegada se marchaban los yonquis, drogadictos y la delincuencia que hasta entonces ocupaban las calles. Los homosexuales compraron casas antiguas, recuerdo una en concreto, una planta entera, de cuatrocientos metros cuadrados, que se vendió en cinco millones de pesetas, treinta mil euros, y que hoy, reconvertido en apartamentos, puede valer sobre dos millones de euros. Y nadie se metía con nadie.

El caso de este último chaval presuntamente violado en Malasaña en Madrid, ha sido aceptado como artículo de fe -yo sí te creo – entre otros, por Irene Montero, Pablo Echenique, Carolina Alonso, de Podemos; Pedro Sánchez, Marlaska, ambos del PSOE; Íñigo Errejón, Mónica García, de Más País; una periodista televisiva, lesbiana, que ha escrito que “Vox y los gays, cuando regalas lanzallamas a tus hordas, lo raro sería que no prendieran fuego”; otro periodista, muy famoso, dice que no se siente seguro en Madrid por ser homosexual …. La maldad de la extrema izquierda, de los lobbies subvencionados y de los periodistas hooligans, no ha tenido límite. En resumen, la izquierda y el colectivo LGTBI se hacen las víctimas, con carácter general, de desafortunados hechos puntuales que todos lamentamos y que, estadísticamente, son muchos menos que los suicidios, los muertos en carretera, los accidentes laborales o los fallecidos por cáncer; y para ninguno de estos problemas hay un ministerio ni se gastan los millones de euros que se asignan al Ministerio de Igualdad.

Pedro Sánchez se compromete a evitar los delitos de odio tras las agresiones homófobas: “No habrá otra vez armarios”. El ministro Marlaska califica de “anecdótico” el giro del “caso Malasaña” y pide “no banalizar” con el aumento de delitos de odio que, según él, han subido el 10% en el último año. Miedo me da pensar si en sus sentencias como juez que fue se basó en pruebas evidentes o se dejó llevar por indicios iniciales inconsistentes.

No sé si ahí el Ministro del Interior incluye el odio a los españoles en Euskadi, Baleares y Cataluña; el odio palpable en los ongi etorri a los asesinos convictos y confesos de ETA; el odio a los viejos por esos que quieren prohibirles votar para poder llegar ellos al poder; el odio al cristianismo de quienes quieren derribar una cruz de ciento cincuenta metros de alto, como los talibanes derribaron sus esculturas históricas, y en cambio salvan una media luna de cartón en las Fallas valencias; el odio a los hijos de los guardias civiles en Cataluña, que son señalados y apartados en los colegios; como otros actos enmascarados en libertad de expresión, pero con un fondo evidente de odio hacia quien no piensa como uno mismo.

Los españoles no somos homófobos, nadie se mete con lo que cada uno haga en su casa, muchísimos homosexuales ocupan puestos de relevancia política, económica o social, son respetados y conviven sin incidencias de ningún tipo. Que hay algunas personas que se meten, molestan e incluso agreden a estos colectivos, pues sí. Igual que hay algunos curas pederastas, algunos directores de banco infieles con su empresa, algunos militares que incumplen su juramento, algunos futbolistas o tenistas que se venden a las apuestas, algunos periodistas que se dejan sobornar (los famosos sobres de los toreros de los años sesenta, para que ninguno actual se dé por aludido), fontaneros que no pagan el IVA y defraudadores de Hacienda. ¿Son mayoría? No, rotundamente no. La única diferencia es que del tema de ese feminismo mal entendido y del colectivo LGTBI viven muchas personas, evidentemente a costa de subvenciones, que no encontrarían ningún puesto de trabajo fuera de la canonjía que las cobija.

Publicado en PUERTA DE MADRID de Alcalá de Henares el 17-09-2021

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