El Profeta Mahoma

Artículo publicado el 16 de octubre de 2014

Mahoma fue el Profeta árabe fundador de la religión musulmana. Se conocen pocos datos seguros de su biografía, que nos han llegado envueltos en la leyenda. Los más antiguos datan de más de 100 años después de su muerte, ocurrida en el año 632. El relato más antiguo de su vida que ha sobrevivido es el compilado por Ibn Ishaq, que murió en el 768. Todas las versiones de su obra datan de cuando menos una generación después de Ibn Ishaq.

Se dice que Mahoma nació en la Meca, ciudad de Arabia occidental, en una familia pobre. Huérfano de padre al nacer y de madre con seis años, fue recogido por su tío Abú Talib.

Casó a los veinticinco años con la rica viuda Khadijah, que le dio una hija -Fátima- además de una posición social más desahogada, como comerciante respetado en la ciudad.

A los cuarenta años Mahoma se retiró a una cueva en el desierto, en donde creyó recibir la revelación de Dios –Alá– y, animado por Khadijah, comenzó a predicar en su ciudad natal, presentándose como continuador de los grandes profetas monoteístas anteriores, Abraham, Moisés y Jesucristo. Por entonces Mahoma se limitaba a predicar la vuelta a la religión de Abraham.

Siempre son los más pobres los primeros seguidores de algo que supone la novedad de una nueva esperanza, alcanzando numerosos adeptos que pronto fueron considerados una amenaza contra el orden establecido. Muerta su mujer y su protector tío, decidió huir a Yatrib el 16 de julio del año 622, considerándose este momento – La Hégira- como fecha fundacional de la era islámica. Poco después, Yatrib cambiaría su nombre por Medina.

En Medina, Mahoma tomó contacto con la comunidad judía, que le rechazó por su errónea interpretación de las Escrituras; comprendió entonces que su predicación no conducía a la religión de Abraham, sino que constituía una nueva fe: de entonces data el cambio de la orientación de la oración, de Jerusalén a La Meca.

Combinando la persuasión con la fuerza, Mahoma se fue rodeando de seguidores, que empezaron a practicar las razias contra caravanas y poblaciones del entorno como medio de vida. Estas escaramuzas, elevadas a la categoría de batallas por la historia oficial, fueron descubriendo a los musulmanes la «guerra santa», el uso de la fuerza para someter y convertir a los infieles.

En Medina, Mahoma se convirtió en un caudillo no sólo religioso, sino también político y militar. Los enfrentamientos entre Medina y La Meca culminaron con la conquista de esta última ciudad por los mahometanos en el 630, fruto de la presión militar, de la negociación política y de convenientes enlaces matrimoniales.

Después de la  muerte de su primera esposa Khadijah en 619 d.C., el profeta Mahoma se casó hasta con once mujeres, nueve de ellas al mismo tiempo. Su capacidad para la actividad  sexual parecía no tener fronteras. Sahih  Bukhari, uno de los más reverenciados textos  islámicos, dice: “El  Profeta solía visitar a sus esposas en forma  cíclica, durante el día y la noche, y ellas  sumaban once”. “¿Tenía el Profeta la  fortaleza para ello?” “Solíamos  decir que el Profeta tenía la resistencia sexual  de treinta hombres”. Además, tenía varias concubinas, incluyendo a Reihana, su cautiva  ‘judía’. Sus esposas y amantes  estaban obligadas, por la ley musulmana, a  “satisfacer  sus necesidades sexuales en cualquier momento  del día o de la noche”, y el  Profeta se reservaba el derecho de disfrutarlas  “desde la cima de sus cabezas hasta la planta de sus  pies“.

En los dos últimos años de la vida de Mahoma el Islam se extendió al resto de Arabia, unificando a las diversas tribus paganas que habitaban aquel territorio. Mahoma convirtió a las belicosas tribus árabes en un pueblo unido y las embarcó en una expansión sin precedentes. Al morir Mahoma sin heredero varón, estallaron las disputas por la sucesión, que recayó en el yerno del profeta, Abú Bakr, convertido así en el primer califa o sucesor.

El Islam es una religión monoteísta, pero el Dios semita es diferente del occidental. Es incognoscible e innombrable. Se encuentra fuera del mundo y no está sujeto a las leyes del espacio y del tiempo. El universo no tiene autonomía sino que es dirigido por Dios.

Islam significa sumisión o entrega incondicional a Dios. La revelación divina se recoge en el Corán, el libro sagrado de los musulmanes. Corán o Qur´an significa lectura de una palabra oída, escrita y dicha.  Mientras que en el Cristianismo  Dios se hace carne, en el Islam se hace palabra. Todo es palabra de Dios que al revelarse se hace mundo. Por eso, el lenguaje es protagonista en la vida del creyente, que debe cumplir cinco obligaciones (Ver Los fundamentos del Islám, del Qadi ‘Iyad, traducción de Abdel Ghani Melara, editorial Kutubia, 1999), los Cinco Pilares de la religión islámica, el llamado por algunos “el llamador” ó “aldaba” por la representación de una mano (cinco dedos):

  • SHAHADA. La profesión de fe, es decir, el reconocimiento de la autoridad y unicidad divina, monoteísmo.
  • SALAT. La oración, cinco veces al día, mirando a la Meca
  • SAUM. El ayuno, la práctica del Ramadán
  • ZAKAT. La limosna legal y obligatoria
  • HAYY. La peregrinación a la Meca al menos una vez en la vida

En Medina, la casa de Mahoma consistía en un recinto cuadrado de muros de adobe abierto a un patio, rematado por un soportal o cobertizo en el lado sur. En el muro oriental se levantaron las habitaciones de las mujeres del Profeta, volcadas hacia el patio, donde se reunían los fieles para orar bajo las directrices de Mahoma, que se subía en un estrado para dirigirles. En esta disposición se ha querido establecer el origen de las futuras mezquitas, que suelen presentar un patio interior (sahn) rodeado de pórticos (riwaqs) y un espacio cubierto (haram), articulado mediante naves de columnas y delimitado por la quibla, el muro que señala la dirección de La Meca.

Han pasado muchos siglos desde entonces. Las necesidades y tensiones de una sociedad cambiante en el nuevo conocimiento científico del siglo XVII, engendró en muchas partes del hemisferio occidental una nueva fe en la razón y en el progreso, que llevó al fermento de las ideas conocidas como la Ilustración, a un rechazo de la autoridad tal como se concebía hasta ese momento, a la defensa de la libertad del hombre frente a las instituciones sociales, al pensamiento democrático. Pero aún no ha aparecido un Rousseau musulmán.

Antonio CAMPOS    

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