¡Que viene el lobo!

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, no había recibido ni había hablado con Pedro Sánchez, excepción de los patéticos veintinueve segundos en la cumbre de la OTAN, hasta la semana pasada. ¡A la fuerza ahorcan! Aunque el americano no había citado a España como “aliado preferente” en el tema afgano, ha tenido que recurrir a nosotros para hacer el trabajo sucio de alojar y hacer una criba de las personas que están saliendo de allí como refugiados, colaboradores de diversas fuerzas militares mundiales y, primordialmente para ellos, de los que han pedido visado estadounidense, habiendo llegado a un acuerdo de utilizar las Bases americanas de Rota y Morón.

Evidentemente, como ha dicho la ministra de Defensa, “no hay que dejar a nadie atrás”. Pero la medicina preventiva es fundamental en la salud mundial hoy en día; llegan hombres jóvenes, con un físico espectacular, con buenos relojes, teléfonos móviles con baterías cargadas y funcionando a través de alguna operadora que les da servicio, acompañados de sus mujeres, que utilizan el burka o el niyab que, en el mejor de los casos, deja libre la visión de los ojos. Para seguir esa forma de vida no tienen que salir de los países ultramusulmanes.

Se cuenta una anécdota del presidente ruso, Putin. Hace unos años el rey de Arabia visitó a Putin en Moscú. Antes de partir le dijo a Putin que quería comprar una gran parcela y edificar, con dinero totalmente árabe, una gran mezquita en la capital rusa.

“No hay problema”, le contestó el ruso, “pero con una condición: que autorice a que se construya también en su capital árabe una gran iglesia ortodoxa”.

” No puede ser” dijo el árabe.

“¿Por qué? preguntó Putin.

“Porque su religión no es la verdadera y no podemos dejar que se engañe al pueblo”.

“Yo pienso igual de su religión y sin embargo permitiría edificar su templo si hubiera correspondencia, así que hemos terminado el tema”

El 4 de agosto de 2013 el líder ruso, Vladimir Putin, se dirigió al parlamento de su país con este discurso acerca de las tensiones con las minorías étnicas:

“En Rusia vivid como rusos. Cualquier minoría, de cualquier parte, que quiera vivir en Rusia, trabajar y comer en Rusia, debe hablar ruso y debe respetar las leyes rusas. Si ellos prefieren la Ley Sharía y vivir una vida de musulmanes les aconsejamos que se vayan a aquellos lugares donde esa sea la ley del Estado. Rusia no necesita minorías musulmanas, esas minorías necesitan a Rusia y no les garantizamos privilegios especiales ni tratamos de cambiar nuestras leyes adaptándolas a sus deseos. No importa lo alto que exclamen “discriminación”, no toleraremos faltas de respeto hacia nuestra cultura rusa. Debemos aprender mucho de los suicidios de América, Inglaterra, Holanda, Francia, etc. si queremos sobrevivir como nación.

Los musulmanes están venciendo en esos países y no lo lograrán en Rusia. Las tradiciones y costumbres rusas no son compatibles con la falta de cultura y formas primitivas de la Ley Sharía y de los musulmanes. Cuando este honorable cuerpo legislativo piense crear nuevas leyes, deberá tener en mente primero el interés nacional ruso, observando que las minorías musulmanas no son rusas.”

Los miembros del Parlamento Ruso, puestos en pie, ovacionaron a Putin durante cinco minutos.

Y ahora ha dicho, alto y claro: “No queremos que aparezcan milicianos bajo el disfraz de refugiados”.

Dos apuntes sin más importancia para nuestros radicales de izquierda y para esos que prefieren la mantequilla a los cañones en el caso de guerra: En algunas partes de Nigeria, doscientos millones de habitantes, se han establecido los juicios a través de la Ley Sharía; y según informaba ayer Libertad Digital, la asociación musulmana contra la Islamofobia en España, organización subvencionada por la Diputación de Barcelona, celebra con júbilo la victoria talibán y aplauden “la liberación del yugo del imperialismo”, declaraba su portavoz Ibrahim Miguel Ángel Pérez: “Nos alegramos muchísimo y lo celebramos”, la llegada de los talibanes a Afganistán. “Estamos a favor de que un pueblo se libere del yugo del imperialismo norteamericano y del imperialismo occidental”.

Cuando yo era un infante, había un programa de radio que se llamaba ¡Cuéntame un cuento, abuelita! Todas las noches dramatizaban un cuento con el que los niños nos íbamos a la cama. Uno de ellos era ¡Que viene el lobo!, en el que un pastorcillo gritaba eso y los habitantes del cercano pueblo salían corriendo para ayudarle.  Y el pastorcillo se reía de los aldeanos porque era una broma. Así actuó varias veces, hasta que un día llegó de verdad el lobo. Pero nadie en el pueblo salió para ayudar al muchacho, porque nadie cree a un mentiroso, aunque alguna vez diga la verdad. -Nos ha gastado la misma broma demasiadas veces -dijeron todos.

Pues alguna vez llegará el lobo de verdad.

Antonio CAMPOS

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