Ley y propiedad privada

Fue Edmund Burke en 1787, parlamentario escocés el que por primera vez habló de la fuerza política de la prensa y la consideró el cuarto poder, porque el ciudadano solo conocemos lo que nos cuentan los medios de comunicación. En la actualidad, el tema es mucho más grave, pues las ideologías de unos y otros, las subvenciones para subsistir y las olas que por todos sitios golpean el barco periodístico en un mar convulso y con constantes tempestades, hacen que cada uno cuente la misma historia de forma diferente.

Lanzadigital, continuador del histórico periódico Lanza de Ciudad Real, titula ayer día uno de agosto la siguiente noticia: “Un hombre de 35 años ha fallecido a consecuencia de un disparo por arma de fuego en una vivienda en Ciudad Real”.

A partir de ese momento, la noticia ha corrido como reguero de pólvora entre todos los medios de comunicación nacionales, con titulares similares en prácticamente todos los casos.

Cuando profundizamos en el texto de la noticia, vemos que el título es absolutamente torticero de un medio subvencionado y que lo correcto hubiera sido algo parecido a: Extranjero de 35 años, delincuente habitual con antecedentes penales, entra de madrugada en una vivienda con intenciones de robar, a lo que el dueño, de 77 años, responde en defensa de su vida y de su hacienda, con un disparo de escopeta que le produce la muerte de forma accidental.

Los antecedentes delictivos de este individuo hondureño son innumerables, fue detenido el 27 de junio 2021 por el robo de una furgoneta en Daimiel (Ciudad Real) e intento de homicidio de un ciclista, y puesto en libertad seguidamente por nuestro sistema judicial.  El 30 de julio fue detenido una vez más en Daimiel por allanamiento de morada y delito contra la intimidad, entró ilegalmente en una casa para robar y fue detenido por la Guardia Civil. Fue puesto en libertad por el juez el día antes de llevar a cabo el asalto de madrugada a la finca donde falleció por disparo.

Ni que decir tiene que será la Fiscalía quién calificará penalmente la acción, que algunos periódicos consideran asesinato cierto y no presunto; y que el abogado defensor mantendrá el caso como homicidio imprudente, con atenuante de miedo ante un agresor más joven y corpulento, dos disparos fallidos anteriores al que causó la muerte de forma accidental porque no estaba en su ánimo causar la muerte, colaboración con la policía y la justicia al llamar inmediatamente a dichas fuerzas públicas, etc…..

El artículo 20.4 del Código Penal dice que:

“Está exento de responsabilidad criminal el que obre en defensa de la persona o derechos propios o ajenos, siempre que concurran los requisitos siguientes:

Primero. Agresión ilegítima. En caso de defensa de los bienes se reputará agresión ilegítima el ataque a los mismos que constituya delito y los ponga en grave peligro de deterioro o pérdida inminentes. En caso de defensa de la morada o sus dependencias, se reputará agresión ilegítima la entrada indebida en aquélla o éstas.

Segundo. Necesidad racional del medio empleado para impedirla o repelerla.

Tercero. Falta de provocación suficiente por parte del defensor”.

Y aquí vendrá la discusión de si el medio empleado fue “racional” para repeler la intromisión en la propiedad privada.

Cuando se van conociendo más noticias sobre lo ocurrido esa madrugada, más preocupada está la ciudadanía. La persona que disparó llamó inmediatamente a la policía y la conversación que ha trascendido ha sido:

Policía: Policía Nacional, buenas noches.

Vecino: Muy buenas, mire usted, esta noche he tenido un asalto y unos destrozos y ha habido unos disparos. Aquí hay una persona en el suelo.

P: Que hay una persona en el suelo… Pero herida ¿o qué?

V: Sí, claro, herida porque he tenido que defenderme.

P: Pero, oiga, espere, espere. ¿Pero le ha disparado usted?

V: Sí, claro, lógicamente.

P: A ver, escuche, pero qué ha hecho, ¿dispararle con una escopeta o qué?

V: Sí, claro, lógicamente.

P: Pero así sin más le ha disparado usted. ¿Por qué no ha llamado a la Policía?

V: ¿A la Policía? ¿Pero usted se cree que estando yo solo aquí voy a ponerme a hacer llamadas por ahí?

P: Pero, escuche: esta persona que tiene usted, ¿dónde se encuentra? La persona que está tirada que se encuentra en el…

V: …en el corral de mi casa…

P: Ah, en el corral. Vale. Esta persona que tiene usted tirada en el suelo, ¿está viva? ¿La puede mirar usted? ¿Es un hombre?

V: No lo sé, señor. A mí estas cosas me ponen muy nervioso.

P: Ya, ya, pero ¿qué era? ¿Una persona sola, un varón solo?

V: Sí, un varón, pero es que esta tarde había tenido dos asaltos.

P: Ajá. A ver si puede usted salir al exterior de la vivienda.

V: Yo tengo que vestirme y después ir hacia allí andando.

P: ¿Tiene usted licencia de armas?

V: Sí, sí.

P: ¿De cazador?

V: De cazador, sí.

P: Ajá. ¿Vive usted solo?

V: Vivo solo, sí.

P: Y usted dice que ha podido herir a esta persona, ¿que se ha caído al suelo?

V: Es que tenía el motosierra (sic) en las manos, el motosierra mío.

Como se observa, el policía no le pregunta si a él le ha pasado algo, solo le preocupa lo que le haya podido pasar al presunto asaltante y ladrón. Y si tiene licencia de armas, cosa que no debe ser muy grave porque en España mucha gente tiene pistola de forma ilegal, en concreto los componentes de determinados grupos y nacionalidades, que la policía conoce perfectamente pero que no es capaz de demostrar.

La jueza de instrucción manifiesta en el auto de prisión provisional y sin fianza que «El detenido, al declarar a presencia judicial, ha afirmado que muy probablemente la motosierra era suya, que, pese a la ausencia de luz, está seguro de que el fallecido la portaba en sus manos, apuntando en su dirección, sin que, sin embargo, el finado se dirigiera a él. La desproporción en la respuesta ofrecida por el detenido, quien, no existiendo riesgo para su integridad física, y frente a una persona que estaba en actitud defensiva, disparó un arma, hasta en tres ocasiones —previa recarga de la misma—, causándole la muerte, nos lleva en este inicial momento de la instrucción y sin perjuicio de lo que pueda resultar de la misma, a excluir que nos encontremos ante un supuesto de legítima defensa».

Lo que es lo mismo, el presunto ladrón utilizó la motosierra “en actitud defensiva”; espero que nunca asalten el domicilio privado de dicha jueza con un cuchillo, una pistola o una motosierra en la mano “en actitud defensiva” ante la ferocidad, corpulencia y experiencia guerrera de su señoría.

Ya me dijo hace años un catedrático de Derecho Penal que “aunque te pillen con la pistola en la mano, recién disparada, no hay que declarar nada” porque el acusado, en cualquier democracia, es inocente mientras no se demuestre lo contrario.

El miedo se ha instalado en la ciudadanía. Y en la policía. Todos los días hay noticias sobre agresiones, que se tratan de ocultar, de forma especial si son cometidas por extranjeros, incluso las de tipo sexual no son contrarrestadas con la misma contundencia en las manifestaciones feministas que las protagonizadas por nacionales.

“Dos magrebíes cortan el cuello a un chaval de 19 años en Canarias”, “Siete inmigrantes apalizan de muerte a un joven de 23 años en Amorebieta”, Cuatro inmigrantes violan a dos veinteañeras en Gijón”, Siete ‘nacionalizados’ apuñalan a un chico de 17 años en Ceuta” …. La última, por ahora, es la negativa de una joven, violada en Zaragoza por inmigrantes de “Dominican Don’t Play”, a denunciarlos por miedo a represalias.

Y así podríamos seguir llenando páginas enteras. Esta es la realidad cotidiana española, por mucho que se quiera enmascarar como xenofobia o racismo. Y la verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero.

¿Cómo podía estar libre este extranjero con ese historial de delitos, puesto en libertad un día antes de cometer el asalto que acabo en su fallecimiento?

Nuestro Código Penal es munificente con el transgresor, con el delincuente, con una misericordia mal entendida para quienes son deudores de la sociedad por sus hechos, no por ninguna otra razón. Si el muerto en Ciudad Real hubiera estado en la cárcel por sus fechorías anteriores o expulsado a su país de origen, todos nos hubiéramos evitado el triste suceso acaecido. ¿Alguien ha conculcado la Ley de Extranjería?

La única reforma importante de nuestro ordenamiento jurídico fue la llevada a cabo por el que fue ministro de Justicia de 1982 a 1988, Fernando Ledesma, que dejó atrás la etapa franquista y lo actualizó a la democracia. Desde entonces, solo se ha “parcheado”, a veces con demasiada impaciencia, sin ajustarlo a los delitos, la sociedad, la ciudadanía, los modos físicos y telemáticos actuales, la protección legal a los ataques a la propiedad privada, porque si no se dota de recursos legales a la policía y la justicia para defender a las víctimas, si la ley no protege adecuadamente a quien la respeta, no la transgrede y cumple con sus obligaciones cívicas, pueden suceder situaciones como la descrita, que algún gobierno debiera acometer, para evitar estas lamentables situaciones y también, las agresiones y muertes que muchísimas personas sufren en sus viviendas. Las leyes deben protegernos a todos, incluso a quienes las respetan.

Antonio CAMPOS

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