Mi amigo cubano

Viaje de una semana. Visitas culturales por España. Mes de mayo. Ningún viajero tiene menos de sesenta años. Distintas procedencias, profesiones y situación personal y familiar. Gente sencilla, amable, acostumbrada a trabajar duro, sin ego, unos por no haberlo tenido nunca, y otros por haber desaparecido con el paso de los años.

Quiero contarles la historia de Alba y Manolo. Son cubanos y aman a su patria por encima de cualquier historia. Él es nieto e hijo de españoles. Su padresito vive allá, tiene noventa y tres años. Llegaron a España hace ocho años, con una mano delante y otra detrás. Les dio cobijo otra familia cubana, prestándoles una pequeña habitación sin mueble alguno. Compraron una colchoneta hinchable, dónde dormían cada noche, sin manta ni cobertura de ningún tipo.

A la semana, tenían trabajo. Ella cuidaba a una persona mayor, y él de barrendero. Gracias a la Ley de Memoria Histórica accedieron a la doble nacionalidad y a una pequeñísima ayuda. Alquilaron un pequeño piso, que fueron llenando de muebles con los desechados por otros inmigrantes. Más trabajo, cada uno de ellos cuida a dos personas dependientes, turnos de mañana y tarde. Alta legal en la Seguridad Social. Consiguen ahorrar cinco mil euros que les cuesta traer a España a su hija, junto con los trámites en Cuba para la emisión del título de enfermera que allí ha estudiado. Al día siguiente de llegar a España, trabaja limpiando escaleras de portales. Convalida sus estudios y entra a trabajar como enfermera titulada en una clínica privada. En ocho años, la pareja no ha tenido ni un solo día de vacaciones. Después de conocer esta historia, no comprendo cómo hay tanto parado en España, nacionales e inmigrantes. ¿No será que son vagos?

¿Ustedes saben lo que es poder tomar un vaso de leche?, dicen. Allá la leche solo es para los menores de siete años y a través de la hoja de racionamiento. Él fuma tabaco “Popular”, que es la marca oficial del régimen cubano. Para que les den pañales a las mujeres, tienen que ir todos los años, en enero, a que el médico certifique que tienen menstruación. Ella revisa las esquelas mortuorias en Madrid para pasarse por la casa de los difuntos a ver si le pueden dar ropa usada para enviársela a sus familiares en Cuba. El salario mensual de un cubano es de unos diez o doce euros, veinte en el caso de médicos y titulados superiores. Allá se come mucha pizza, que es muy barata; en vez de queso por encima, se ponen tiritas de un condón (sic), que con el calor se derrite y parece que es queso. ¿Nuevo o usado?, pregunta alguien. Y así, cuentan y cuentan historias y situaciones que te ponen los pelos de punta.

Los españoles nos quejamos de todo lo que pueda engrandecer a España. Los políticos que han venido a cambiarla, los que han llegado para destruirla, los que salen a la calle cada vez que gana el que no piensa como él, el que quema contenedores, los que se alegran que muera un policía, los que agreden al que no es afín a sus ideas, los que se cubren la cara para que no se les reconozcan en sus fechorías, los que colocan a sus amigos y adictos en puestos de poco trabajo y mucha retribución, los que viven de las subvenciones, aquellos a los que les es imposible pronunciar la palabra España o respetar su bandera y su himno, los que no quieren hablar en castellano (mejor, español) prefiriendo lenguas alternativas que solo sirven para pequeñas culturas de determinadas regiones, los que dicen que somos una nación fascista, los traidores a sus promesas o juramentos, los componedores, los corruptos, los organismos que permiten todo ello, el poder legislativo, la fiscalía, el poder judicial y …. El periodista Paco Rubiales recoge un texto de Sergio Acedo que creo representa el sentir de la mayoría de los españoles: “La gente de este país es la hostia. Somos líderes mundiales en donación de órganos, y en misioneros por el mundo. Cuando nos ponemos todos a una no hay quien nos gane. Pero hay un puñado de políticos empeñados en que los españoles vivamos eternamente enfrentados, porque viven bien de ello, y porque mientras estemos enfrentados unos contra otros, no lo estamos todos contra ellos”.

Y concluye mi nuevo amigo cubano: Ustedes no saben lo que tienen. No se lo dejen arrebatar nunca.

Esta historia ocurrió hace un par de años, antes de la pandemia por coronavirus. Los cubanos han aguantado todas las penurias intrínsecas del comunismo porque su sistema sanitario era de primer nivel mundial. Pero se les ha engañado, una vez más, haciéndoles creer que se les inmunizaba contra ere virus cuando en realidad no eran vacunas efectivas, solo placebos que no impedían el contagio y muerte de los ciudadanos.

Y el pueblo cubano ha salido a la calle, a protestar contra la falta de libertad, contra el hambre, la miseria y el comunismo del régimen castrista. El presidente Díaz-Canel Bermúdez ha dado órdenes de disparar contra los manifestantes. Los desaparecidos se cuentan por cientos. Parece que Raúl Castro se ha puesto a salvo fugándose a Venezuela, incluso hay quien asegura que su destino será España, en dónde nuestro Gobierno no solo no reconoce que Cuba es una dictadura, sino que trata de enmascarar la situación con declaraciones como la realizada por la nueva portavoz gubernamental, la exalcaldesa de Puertollano, el pueblo de las dos mentiras, que ni es puerto ni es llano, digna continuadora de su mentor Pedro Sánchez.

Lo que está ocurriendo en Cuba traspasa, con mucho, el ámbito local de aquella isla, porque es uno de los reductos dictatoriales más antiguos del comunismo, y de caer el régimen cubano sería el principio del fin de los existentes en países como Venezuela, Nicaragua o Bolivia, incluso el sanchista-comunista de España. De ahí la posición de La Moncloa, del PSOE, de Podemos y de los independentismos españoles, callados ante lo que podría ser el punto final a sus pretensiones.

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2 Respuestas a “Mi amigo cubano”

  1. ANGELES VARELA JUL dice :

    Buenos días ¿ Es posible que se termine la dictadura comunista de los Castro? Saludos

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  2. unodeltendido dice :

    Me ratifico en mi comentario a tu anterior artículo. ¿Hasta cuando?.

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