Despeñarnos por el acantilado

Los parlamentarios autonómicos catalanes han elegido nuevo presidente de su Asamblea en la persona de Laura Borràs, que vive en la zona alta de Barcelona, conduce un Jaguar y usa bolsos de Armani, actualmente investigada por corrupción, que ha obtenido 64 de los 135 votos que consta la Cámara, correspondientes a los de ERC y Junts, partido este último al que pertenece.

El independentismo ha conseguido cinco de los siete puestos de la Mesa de la Cámara y dos el PSC, asegurándose así el control de lo que se podrá someter a debate.

Su discurso de investidura ha sido contundente en cuanto a las relaciones futuras. He aquí alguna de las frases que ha dicho:

“Como presidenta haré que la soberanía de este Parlament se respete ante cualquier injerencia externa”.

“Lo que el Estado español no consigue en las urnas lo busca mediante los tribunales. No solo no quiere dialogar, sino que está dispuesto imponer sobre qué y quién puede hacerlo. Mientras yo sea presidenta esto no pasará”.

“Esta legislatura marcará un punto de inflexión en el avance hacia la independencia de Cataluña”.

La nueva presidenta del Parlament eludió nombrar a su antecesor, Roger Torrent (ERC) y habló de “trabajar para recuperar la dignidad de esta cámara, para concederle la relevancia política que le corresponde como sede de la soberanía del pueblo y protegerla para que sea una institución soberana”, en referencia velada a que Torrent no convocara la investidura telemática de Puigdemont.

En cambio, sí se refirió a Carme Forcadell, prometiendo continuar el trabajo “en el punto en el que ella lo dejó” (…) “Es nuestro deber mantener la inviolabilidad del Parlament, su independencia, no permitiendo injerencias de los otros poderes, ni del ejecutivo, ni del judicial. Quede dicho como declaración de intenciones”.

Queda dicho y queda claro que se avecina un desacato continuo al Tribunal Constitucional cuando los independentistas voten a favor de la autodeterminación, de referéndum autonómicos o contra la monarquía. Y será una prueba de fuego, dialéctico o real – mil y catorce del manchego sobre costa fenicia cayó-, ver cómo reacciona el Gobierno de la Nación ante la acción premeditada del incumplimiento de la legalidad vigente, en dónde la presunción de inocencia se ha visto reiteradamente conculcada por la realidad.

Borràs, que lo primero que ha hecho es apartar a los letrados del Parlament que frenaron el procés con su dictamen jurídico, ha propuesto al candidato republicano independentista Pere Aragonès como President, sin dar opción al socialista Salvador Illa, que fue la fuerza ganadora en las elecciones. Aragonés no ha logrado la investidura al no contar con el apoyo de JxCat, que le exigía que Puigdemont liderara el procès de independencia desde su regalada vida y residencia en Bruselas, mantenida con no se sabe qué fondos.

Y el PSOE ha desaprovechado la oportunidad de demostrar que su prioridad es España por encima de sus intereses partidistas, no votando al candidato propuesto para romper así el frente común independentista, y evidenciando, una vez más, que eso de socialismo (sanchismo) y libertad es una utopía, dónde el secesionismo catalán, arrojándose la representatividad de toda la población, que no tiene, considera al Ejército un enemigo irreconciliable porque sabe que son los únicos que, en última instancia, cumplirían con lo que les manda la Constitución, de acuerdo siempre con la cadena de mando, que está sujeta al devenir de la política, si llegase un momento en el que las únicas opciones fuesen independencia o mantenimiento de la unidad nacional a través del mandato que la ley le encomienda. Lo peor es que los independentistas no están solos en ese objetivo: En octubre de 2014 el hoy presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, dijo: “Sobra el Ministerio de Defensa y falta presupuesto contra la pobreza”.

Mientras la inversión extranjera crece en Madrid el 24%, en Cataluña decrece el 23% y se gastan el dinero en poner en órbita un nanosatélite desde Kazajistán, para mejorar la conectividad de Cataluña y la observación de la Tierra. Hay que tener en cuenta el mérito que supone destinar esos recursos a este encomiable objetivo sobre otros asuntos no tan importantes, como el coronavirus, la salud, la crisis o el paro. Un pequeño paso para el hombre, pero un gran avance para Cataluña.

La ocupación de la calle en Barcelona se ha radicalizado, justificada por algunos partidos políticos y autoridades, la violencia de los CDR y de otros colectivos independentistas podría acabar en una guerrilla urbana en la que, al igual que pasó con ETA en su momento, sería un mérito el haber pertenecido o colaborado con una banda armada, como el ejemplo que dio la televisión de la Generalitat calificando de “una gran reserva del independentismo” a Carles Sastre, uno de los confesos en el tema del empresario José María Bultó.

Mientras los partidos separatistas justifiquen y amparen la violencia con la excusa de los “presos políticos” y diciendo que España no es un país democrático y un Estado de derecho, más cerca estaremos de un enfrentamiento civil.

TV3 anima en directo a perseguir a los catalanes libres de nacionalismo, permitiendo a Pol Andiñach, activista en redes sociales, decir que “hay que perseguir, acosar, privar de la libertad de expresión, señalar y dejar sin trabajo a los catalanes de extrema derecha” en la que encuadra a todos los que no son independentistas, que se han apoderado hasta del CF Barcelona, si bien sumisos ante quien les mantiene, pues Messi sigue sin hablar catalán después de no sé cuántos años allí por mucho que lo diga su contrato, y el gran Pau Gasol escribe en castellano en su vuelta a España.

El socialismo ha apoyado, junto a los independentistas catalanes, una proposición de ley presentada por el PNV que plantea derogar la potestad del Tribunal Constitucional para suspender a aquellos cargos públicos que incumplan sus resoluciones y acabar con el recurso previo de inconstitucionalidad para los estatutos de autonomía. Lo que es lo mismo, los políticos que ocupen cargos públicos son intocables, dando así un paso más a un nepotismo que permita romper España desde la legalidad del Parlamento.

A los problemas sanitarios por coronavirus, financieros por la falta de liquidez del Estado, económicos por el cierre de empresas y negocios, sociales por aumento muy importante del paro, políticos por tener sentado en el Consejo de Ministros a quienes quieren destruir lo conseguido con la Transición y derogar la Constitución, de inmigración ilegal incontrolada y los problemas de todo tipo que eso genera, hay que añadir que vuelven con mucha fuerza a primera línea de batalla las pretendidas independencias de Euskadi y Cataluña. El momento es muy difícil, más aún en un mundo en el que todos los países tienen sus propios problemas de que ocuparse.

¿Hasta cuándo podremos aguantar todos los problemas enunciados, juntos y de forma simultánea? Una vez más, los españoles no somos conscientes de la situación real en la que nos encontramos, pensando únicamente en que abran los bares y lugares de ocio y diversión, insistiendo en sectores anquilosados en el pasado, inventando una y otra vez el botijo, el mismo botijo con el que Tony Leblanc llegó a la luna de Almería, repitiendo errores de egoísmo y caminando, de momento, tangenciales al precipicio, pero en el que podemos caer a poco que nos desviemos de la ruta tomada.

Evidentemente, no tengo la solución. Pero, o me das la mano y la buscamos juntos, o nos despeñamos tú, yo, todos, por el acantilado.

Foto Antonio Campos obtenida de TV

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