I have a dream

Tengo un sueño. Martin Luther King tenía un sueño. Todos tenemos sueños, generalmente, mientras dormimos. Soñamos que somos el delantero centro de la selección española de fútbol, que somos el mejor piloto de carreras del mundo, que somos el mejor golfista del circuito, el mejor dirigente empresarial, que ligamos más que Julio Iglesias o que Juan Carlos I, que no hay cosa que se nos resista, que somos ….. Soñar es bueno, mientras dormimos.

Otra cosa es soñar despierto, creerse lo que no somos, pensar que estamos por encima de los demás, que todo el mundo tiene que levantarse a nuestro paso y que no hay nada que no pueda conseguirse, por el solo hecho de ser yo, el más grande, el más sabio, el más guapo, el más …..

Pocas veces nos paramos a pensar en ello, probablemente sea al final de cada año cuando la mente junta lo realmente vivido, tratando de recordar alegrías y obviando las tristezas, y la esperanza de buenos deseos personales y generales que, cumplido el ciclo anual siguiente, la mayoría de las veces no alcanzan el propósito deseado. O en Semana Santa, cuando es más palpable la transitoriedad de la persona y lo efímero de su existencia. Así es la vida, sueños y realidades, tristezas y alegrías, transitar de la mejor forma posible, cuidando hacer el bien o al menos el menor daño posible.

Por eso, en vez de soñar despierto, es mejor hacer proyectos, ordenar la vida en las cosas que tenemos, las que deseamos tener y las que verdaderamente podemos tener.

Tenemos una identidad, una estatura, un peso, un color, una cultura que, salvo raras excepciones, debemos acostumbrarnos, nos guste o no, a vivir con ellas. Si uno mide 155 centímetros de altura, no se puede pretender ser pivot en la NBA ni molestarse porque te miren si vas acompañado de una rubia de 1,80 de estatura; si no tienes trabajo, te levantas a las doce de la mañana y no tienes suficiente humildad para aceptar cualquier labor que te ofrezcan, no puedes pretender vivir económicamente como el CEO del Banco Santander.

A la vez, también tenemos una personalidad, unos valores, unos defectos, una serie de puntos fuertes y otra de puntos débiles, que sí podemos cambiar en cualquier momento de nuestra vida, eso sí, para conseguir resultados diferentes tendremos que utilizar métodos, formas y caminos diferentes, porque si seguimos haciendo lo mismo que cuando no hemos conseguido nada, o al menos no lo previsto, seguiremos obteniendo el mismo resultado, nada o no lo previsto.

Se trata de abandonar la zona de confort que designa un estado mental en que el individuo permanece pasivo ante los sucesos que experimenta a lo largo de su vida, desarrollando una rutina sin sobresaltos ni riesgos, pero también sin incentivos.

De acuerdo con Iñaki Kabato en Psicoadapta, “es una zona que sólo abarca lo conocido, ese ambiente donde estamos a gusto y nos hace sentir seguros porque todo está bajo nuestro control, pero la pasividad y la rutina provoca apatía y vacío existencial, impidiendo el crecimiento personal al renunciar a tomar iniciativas que ensanchen los límites de esa zona. El bienestar que se siente no es producto de la satisfacción o el orgullo personal, sino de la ausencia de emociones negativas como la incertidumbre o la inseguridad al refugiarnos en nuestro entorno conocido. Plantarle cara al miedo nos hace más fuertes psicológicamente porque nos damos cuenta a menudo que el temor imaginado no era para tanto, y al ir consiguiendo pequeños objetivos ganamos en autoconfianza.

Al escapar de nuestra zona de confort comenzamos a tomar conciencia de nuestros miedos y nuestras barreras mentales, de nuestros pensamientos limitantes. Cuando sintamos ansiedad o estrés reconoceremos que estamos en un terreno nuevo e inseguro que hay que explorar, o cuando sintamos envidia de otros que están en el punto al que queremos llegar sabremos qué dirección tomar, aceptando el esfuerzo como un reto. Atreverse a hacer las cosas de otra manera, atreverse a equivocarse y a ir más allá de lo conocido, amplía nuestro horizonte en conocimientos, emociones y crecimiento personal. La vida cambia y el cambio es incertidumbre, y podemos aprender a adaptarnos a situaciones nuevas aceptándolas como un reto, cambiando lo que se pueda de la situación o cambiando nosotros/as mismos/as, reconociendo tanto nuestros miedos como nuestras fortalezas para afrontar la situación. Se puede aprender a gestionar la incertidumbre”.

La humildad, la autoconfianza, la autoestima, la lógica, la convicción, la firmeza, el convencimiento, la fuerza mental, ser realista, no mentir a terceros y mucho menos a sí mismo, son fundamentales para poder efectuar el cambio de actitud personal necesario para abandonar esa zona de confort que, en muchas ocasiones, llevan a las personas a la depresión o al consumo de drogas y adiciones de todo tipo.

Mentir es frecuente en las personas con el tipo de carencias citadas, y las historias contadas tienden a presentar al mentiroso de manera favorable. Por ejemplo, la persona puede presentarse a sí misma como alguien increíblemente valiente, sabio, con un estatus superior al que tiene, mentiras que con frecuencia parecen bastante creíbles. Debido a la falta de confianza, la mayoría de las relaciones y amistades de los mentirosos fracasan. Las personas que sufren de trastorno de personalidad antisocial utilizan las mentiras sencillamente porque necesitan afecto. En la mentira patológica, por el contrario, el individuo constantemente miente sin obtener ningún beneficio personal.

Hablábamos al principio de estas líneas de hacer proyectos en vez de soñar despierto. Hoy en día, todas las empresas bien gestionadas del mundo trabajan por proyectos, utilizando la vieja estrategia militar de a dónde, por dónde, con quién, cuándo y cómo, todo escrito y planificado pues lo que no se escribe no se cumple.

Las personas que gestionan bien su vida hacen lo mismo, aunque algunas veces no sean conscientes de ello; pero las que no la gestionan bien, las que no están seguros de sí mismos, de dónde se encuentran, por qué han llegado a dónde no querían, que no son felices contemplándose en un espejo, tienen que reciclarse utilizando la descrita vieja estrategia militar, de forma decidida y sin que pueda desviarles ninguna piedra que pudiera surgir en su nuevo camino.

Cuando se recobra la confianza en sí mismo y se asienta la personalidad, surgen palabras y hechos sencillos hasta ese momento desconocidos o ignorados: Buenas días, buenas noches, qué tal estás, cómo te va, quieres algo de mí, te necesito, te quiero, y otros pequeños momentos que, juntos, es la felicidad que queremos alcanzar.

Todo ello es aplicable a cualquier aspecto de la vida, que premia los esfuerzos y no los pretextos, sin mentiras, sin pasados, en lo personal, familiar, social, profesional, como individuo y como colectivo.

Resurrección procede del latín resurrectio, a su vez de resurrectus, participio de resurgere ((volver a levantarse)), compuesto del prefijo re (hacia atrás) y del verbo surgere (surgir).  Es momento para tu resurrección porque tú eres el protagonista del milagro de tu vida.

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