Los romanos, el socialismo e Hispania – y 05

Tito

Tito Flavio Vespasiano ascendió hasta el trono del imperio con el nombre de Emperador Tito Vespasiano Augusto, fue el segundo emperador de la dinastía flavia, dinastía romana que gobernó el imperio entre los años 69 y 96; dicha estirpe integró los reinados de su padre, Vespasiano (69-79), el suyo propio (79-81) y el de su hermano, Domiciano (81-96).

“Fue el amor y las delicias de la humanidad, pues supo conquistar el afecto universal por su benevolencia, o por su destreza, o por su suerte”.

“Se le tildaba de escandaloso a la vez que cruel, por las comidas que celebraba de noche con los ciudadanos más disolutos, o por la turba de eunucos y pederastas que le rodeaban y por su pasión indudable hacia Bernicia. También se le llamaba avaro por el dinero que exigía a los que pedían favores a su poadre. En el trono no mostró ninguno de estos vicios y sí las virtudes opuestas”.

“El mundo perdió con su muerte más que él …. Cuando se supo su muerte, el duelo fue general como en una calamidad pública”.

Domiciano

“Después de haber seducido a muchas damas romanas, robó a Domicia Longina, mujer de Ecio, y se casó con ella. Distribuyó en un solo día más de veinte mil cargos ….”

“Al principio de su reinado se encerraba todos los días una hora para perseguir moscas con un punzón, lo que dio lugar a que Vibius, preguntado si había alguien con el emperador, contestara: Ni una mosca”

“Dio espectáculos magníficos y costosos …..”

“Pronto se entregó a la crueldad y a la avaricia ….. Muchos senadores que habían sido cónsules fueron condenados a muerte como conspiradores y otros con los más ligeros pretextos. Todavía fue más  ruel después de la derrota de Antonino, pues a todos los partidarios de este rebelde les quemó las partes naturales y les cortó las manos. Ponía gran refinamiento en sus barbaries. Jamás pronunció una sentencia de muerte sin un preámbulo de clemencias, de modo que jamás inspiraba tanto terror como cuando hablaba de bondad”.

“Arruinado por sus continuos gastos, imaginó disminuir el número de soldados; pero considerando que le hacían falta, se dedicó a despojar a los vivos y a los muertos sin conciencia. Bastaba tener un acusador para ser criminal; palabras y acciones, todo era crimen de lesa majestad. Se confiscaban las herencias más extrañas al emperador con el pretexto de que alguien había dicho que oyó al difunto que iba a dejar a César heredero. Los impuestos de los judíos se exigían con más rigor que todos los demás. Recuerdo haber visto en mi juventud a un recaudador visitar, con una turba de testigos, a un viejo de noventa años, para ver si estaba circunciso”.

“Amaba mucho a las mujeres; colocaba los placeres del amor en el número de funciones diarias, y los llamaba el ejercicio del lecho. Se divertía en depilar a sus queridas y en bañarse con las prostitutas de ínfima clase”.

“Odioso a todo el mundo, sucumbió a los complots de sus libertos, sus amigos y su mujer ….  Los conjurados lo mataron de siete puñaladas …. Todos sus títulos honoríficos fueron anulados y por un decreto se abolió su memoria”.

Hasta aquí, las fehacientes exégesis de Suetonio. Si leemos despacio, y comprendemos, sus comentarios, nos daremos cuenta que el socialismo no fue idea original de Carlos Marx. El exceso de gasto público, esquilmar a los mercaderes y pudientes, la munificencia en contentar a la plebe con dinero del Estado, el pan y circo, la ociosidad para el trabajo, el gozo bidireccional, matar al enemigo y la dictadura de los mandatarios, es indisoluble a la herencia del derecho romano, la construcción de los acueductos, de las calzadas y de la ambición de expansión de los territorios, que los romanos dejaron en nuestro ADN.

Añádase a ello la sangre mora, judía y cristiana que también corre por nuestras venas, junto a anteriores celtas, vasconas y fenicias, y veremos el explosivo cóctel que, desde siempre, ha sido España, en la que el “quítate tú para que me ponga yo” ha devenido en guerras internacionales y nacionales durante toda nuestra historia.

Si volvemos a repasar el texto, observaremos cuántas situaciones se repiten en nuestros días, y si cerráramos los ojos hasta podríamos poner nombre y apellidos a personajes y hechos actuales, contemporáneos de los que ya peinamos algunas canas. La dictadura, con ropaje democrático, fue la que acabó con la civilización romana.

Para quien quiera leer este RELATO CORTO completo, en un solo archivo, lo publicaré completo la semana próxima.

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  1. Los romanos, el socialismo e Hispania | El blog de Campos - 08/02/2021

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