Sanidad estatal

La pandemia mundial del coronavirus, de la que no se sabe su verdadero origen ni su solución y sobre el que han aparecido en el mercado varias vacunas, de forma precipitada y sin experiencia válida en cuanto a su efectividad probada, ni a si puede o no haber secuelas futuras, ha provocado una “tercera oleada”, con un virus mutante, descontrolado por los conocimientos sanitarios mundiales.

Los datos cambian cada día, pero los refundidos por mí al 31 de diciembre de 2020, fuente INE, Ministerio de Sanidad y El País, son:

Toda esta información queda bajo sospecha si se consulta el MoMo -Sistema de Monitorización de Mortalidad en España-, la inscripción de fallecimientos en los Registros Civiles, los datos que facilitan las empresas de Servicios Funerarios, y los comentarios que aporta el propio INE sobre la desviación estadística de fallecidos en relación a años precedentes.

Hay amplia divulgación y escritos sobre el tema; si analizamos la publicada en El País, el exceso de fallecimientos en 2020, por Comunidades Autónomas, van desde el 6% en Galicia al 57% en Madrid, que una vez corregidos de acuerdo a los índices de años anteriores, arrojan unas cifras de 26.900 muertes más que las reconocidas por los datos oficiales, lo que elevaría la cifra a un total de 77.737 fallecidos, que las empresas de servicios funerarios incrementan a 83.425 el total de muertos por la pandemia en España. Nosotros vamos a trabajar con la media de estas dos cifras para las estadísticas que siguen a continuación, o sea, 80.580 fallecidos.

En España no ha habido transparencia, coherencia ni coordinación cuando la responsabilidad caía, primera oleada, en el Gobierno Central; pero mucho peor ha sido, segunda oleada, cuando se traspasaron las competencias a las Comunidades Autónomas, diecisiete legislaciones diferentes, diecisiete tipos de restricciones diferentes e inequidad manifiesta entre unas y otras. Todo, por no molestar a catalanes y vascos, no tomando el poder de forma centralizada e instrucciones comunes para la totalidad del territorio español.

España se ha convertido en un estado fallido, en el que ha quedado suficientemente claro que las Autonomías no valen, no saben ni están dotadas, para solucionar grandes problemas, solo han servido para ocultar apaños de los nuevos caciques regionales, para colocar personas mediocres, como ese político culipardo que cuando perdió su canonjía en la capital manchega, lo nombraron no sé qué en La Rioja y se estrelló con su coche BMW contra un árbol “fascista” en la madrugada de Nochevieja, saltándose el toque de queda del gobierno al que pertenece y dándose a la fuga. También un ciudadano, de esos que no se saben si suben o bajan, en Salamanca, pillado de jarana ilegal por los agentes, sacó a relucir aquello de “usted no sabe quién soy yo” de épocas pasadas, con su “vuestro jefe soy yo y me da igual estas sanciones”. O la de ese socialista sevillano cabrero, perdón, Cabrera, que le espeta a un camarero que no quería poner una mesa para diez comensales con “¿Pero tú sabes quién soy yo, Machupichu?” Actuaciones todas de personajes muy educados y democráticos.

No ha hecho nada más que empezar el año y las expectativas sanitarias son dramáticas para un futuro inminente. Señor presidente del Gobierno, aunque usted y yo no coincidamos en casi nada, le recuerdo aquello de “quien tiene el mando, manda”. En este caso, por la salud de todos los españoles, tome el mando y mande.

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