Países grandes y poderosos

Juan llegó de ilegal a Estado Unidos de América. Contrató un barco que lo dejó a un kilómetro de las playas de Florida; fue nadando hasta la orilla, llevando consigo un pequeño petate que contenía su ropa de calle; salió de la playa como si fuera un bañista más y se perdió entre la multitud de gente que allí había.

No me pregunten cómo ni con qué medios, pero hizo un viaje de 1150 millas, 1850 kilómetros hasta llegar a Nueva York. Allí se acomodó en Harlem, el barrio negro, en donde localizó una vivienda medio abandonada, hizo una conexión ilegal a la luz de la calle y empezó a buscarse la vida … Uno de los conocidos en su travesía americana le proveía de relojes Rolex falsos, teléfonos móviles chinos a bajos precios, además de vender pequeñas dosis de cocaína al menudeo.

No habían pasado muchos días cuando tres “armarios” que parecían salidos de un combate de pesos pesados, lo rodearon y le gritaron: ¡¡White, you bastard, son of a bitch, slag, fuck you, this is our neighborhood, you’ll find out!! Le dieron tal paliza que quedó tendido en medio de la calle, sin que nadie se acercara a ayudarle. Como pudo, medio arrastrándose, llegó a un hospital; allí le pidieron su tarjeta de crédito para cobrar por adelantado la atención sanitaria que le debían prestar; como no tenía, no lo atendieron; volvió a la calle, solo, mal herido y sin apenas poder mantenerse de pie; lo vio un coche policía y lo llevaron a un hospital de beneficencia de las Hermanas de la Caridad, donde le cuidaron y sanaron.

Cuando estuvo casi recuperado, la policía le pidió su identificación, pasaporte, domicilio y resto de datos de cualquier ciudadano americano. Salió como pudo de ese interrogatorio, haciendo ver que no dominaba el idioma, que su inglés no iba más allá del “my tailor is rich” del bachillerato franquista español. Como vio lo que se le podía venir encima, se escapó del hospital como había visto en las películas; y hasta ahí llegó el tema. La policía lo detuvo en veinticuatro horas, no sin antes darle otra paliza por haberles hecho frente y resistirse a su detención.

El juicio rápido se realizó en setenta y dos horas; el fiscal general del condado, elegido por voto ciudadano y sin dependencia jerárquica de nadie, le acusó de: Inmigración ilegal, ocupación de propiedad privada versus comunismo al atentar contra la propiedad privada, tráfico de drogas, venta de productos falsos, ausencia de licencia para ejercer el comercio, hurto a los bienes públicos por el enganche a la luz del municipio, desfalco al erario por no declaración de ingresos, resistencia a la autoridad y resarcimiento de los medios públicos técnicos y humanos para su detención, justicia y cumplimiento de pena, en su caso. Resultado: Diez años de prisión, sin licencias parciales ni redención, con libertad condicional a las tres quintas partes de la pena, bajo el control y seguimiento de un funcionario estatal.

Pedro estaba en Macao, antigua colonia portuguesa, trabajando en un casino de los que se llama “Las Vegas de Asia”. Un día se puso de acuerdo con un cliente para ganar un dinero extra en la mesa de juego. Lo pillaron sobre la marcha y tuvo que salir huyendo a toda prisa. Entró en China, en la provincia de Guangxi, dentro de un fardo de los que todos los días llegaban llenos de comida a China con destino a los más altos jerarcas del Partido Comunista Chino.

A este le duró poco la aventura; en cuarenta y ocho horas le habían detenido las autoridades chinas. Le acusaron de ser un espía del capitalismo imperialista, además de no trabajar para el pueblo y tratar de vivir a su costa. Sentencia rápida y sin posibilidad de recurso de alzada: Cadena perpetua.

Pepe llegó a Arabia Saudí a trabajar en el AVE a la Meca. Cuando se acabaron las obras y venció su permiso de trabajo, había aprendido algo de árabe y decidió quedarse a vivir allí. Cristiano desde la cuna, de algo tenía que vivir; y no se le ocurrió nada más que vender Biblias en una pequeña banqueta como la de los antiguos argentarios romanos, en dónde podría captar más adeptos y hacer más proselitismo: a la puerta de una mezquita. No hizo falta que llegara la policía, es más, yo creo que vieron los hechos y pasaron de largo: Furibundos islamistas apalearon al infiel hasta dejarlo sin sentido. Fue más tarde cuando lo recogió un coche, sin distintivo de ningún tipo, y nunca más de él se supo.

Mohamed Lamine, africano, él se autoproclama negro, inmigrante ilegal en Badalona (España), se dedica a “mantero”, venta de productos falsificados, no está dado de alta en la Seguridad Social, no paga impuestos de ningún tipo, extiende su “negocio” a las puertas de los empresarios a los que hace competencia, que pagan sus impuestos y están cerrados la mayoría de ellos por el tema del coronavirus, tiene la sanidad gratis, las medicinas gratis, los colegios gratis, vive de okupa, y es el cabecilla de los inmigrantes ilegales de la nave incendiada en la ciudad barcelonesa en la que, por una imprudencia de sus habitantes, murieron tres personas, todas ellas también ilegales y okupas, con plena impunidad convoca una rueda de prensa y hace un llamamiento a la violencia contra Santiago Abascal, Pablo Casado y el alcalde de Badalona, Xavier Albiol, o sea, contra todo el arco parlamentario constitucional de la derecha española.

«Vamos a luchar contra los gobiernos racistas de Abascal, Casado y Albiol. Ahora mismo no podemos estar aquí en Barcelona porque nos odian. Eso se llama el privilegio de los blancos» … «Queremos libertad, oportunidades, igualdad. Somos las ratas, los esclavos del sistema. Nos odian y eso no es normal» …  «Somos los esclavos de este sistema. Es el momento de que toda la gente negra, da igual dónde está, da igual lo que haga, que nos apoyen. Invitamos a toda la raza negra, necesitamos vuestra ayuda», y añade: «Queremos pisos y papeles».

¿Se dan cuenta por qué quiere Podemos legalizar y nacionalizar a todos los inmigrantes ilegales? ¿Se dan cuenta por qué unos países son grandes y poderosos, y otros insignificantes en el contexto mundial? ¿Se dan cuenta por qué hace años se decía que África empezaba en los Pirineos? Los españoles no somos racistas, lo que no queremos son vagos, delincuentes, gente que viva a nuestra costa y no aporte nada a la nación.

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