Zendales

Desde hace un tiempo han aparecido dos figuras emergentes en la derecha española: La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y el alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, que empiezan a ser molestos para sus propios correligionarios y muy molestos e incómodos para el Gobierno en el poder.

En España, nunca estamos contentos con nada. Quejas contra la sanidad privada (si no existiera, la sanidad pública sería mucho peor al tener que atender a los millones de personas que atiende la privada) y ahora, que se construye en tiempo récord un nuevo hospital público destinado a acoger a enfermos del coronavirus, dotado de la infraestructura y material sanitario más moderno, también hay quejas, evidentemente procedentes de sus adversarios políticos, la izquierda radical, hasta tal punto que ni PSOE, Podemos ni Más Madrid han asistido a la inauguración de las instalaciones y puesta en funcionamiento.

El nuevo hospital tiene 80.000 metros cuadrados de superficie construida, capacidad para 960 camas y 50 más en la unidad de cuidados intensivos (UCI). Y parece ser que ha tenido un sobrecoste sobre el proyecto inicial de 50 millones de euros, que es por donde la oposición ataca a la presidenta Díaz Ayuso y que El País explica así: “El tamaño del complejo se ha duplicado, 80.000 metros cuadrados, también el de cada pabellón de hospitalización, que ya no tendrán 7.500 sino 10.500 metros cuadrados. Tampoco serán tres sino cuatro, además del almacén central, los tres de hospitalización y uno más del que a finales de octubre la Comunidad informó que sería un “edificio de usos múltiples sanitarios, que albergará el Centro de Contingencia del SUMMA112, donde se coordinará el transporte de urgencia y emergencia de la Comunidad de Madrid; y el Centro de Coordinación de Crisis Sanitarias”. También se ubicará en este complejo el Laboratorio Regional de Salud Pública para “la vigilancia, el análisis y el control epidemiológico de la salud, como apoyo a la Dirección General de Salud Pública”.

Durante una etapa profesional, trabajé en un banco, en diferentes puestos. Y he visto de todo. Sin romper el secreto profesional, sí me voy a permitir contar algo, una pequeña parte, sobre cómo funciona el sector de la construcción (todo lo que huele a cemento, huele a corrupción) y su relación con organismos públicos, que es algo muy parecido a lo que pasa cuando un particular hace obras en su casa con el YAQUE, ya que está aquí, enlose esta habitación, ya que está aquí, modifique ese enchufe de luz, ya que está aquí, pinte la pared de blanco ….

En el caso que nos ocupa del nuevo hospital, llamado ENFERMERA ZENDAL en honor de una enfermera gallega que participó en la primera expedición sanitaria internacional para llevar la vacuna de la viruela a América, el YAQUE ha empezado a llamarse ZENDALES por parte de la oposición, lo que es igual, dinero “perdido” sin justificación. Estas líneas no pretender justificar, en absoluto, esos “zendales” de demasía, que estoy seguro lo explicarán debidamente dadas las modificaciones de la obra anteriormente reseñadas; es más, la oposición tiene el deber y la obligación de exigir su justificación; y el Partido Popular de Madrid de darlas.

Volvamos al YAQUE. Cualquier organismo convoca concurso para una obra. Se presentan varias constructoras que, todas, tienen algún “espía” en el organismo convocante, incluso en ocasiones se ponen de acuerdo para ir rotando las concesiones. Se hace una oferta a la baja que, normalmente, es la que se adjudica el concurso. Empiezan las obras, y aparecen las ampliaciones y las adendas: Que ha salido piedra y no estaba previsto en el cuaderno de convocatoria; que ha aparecido un pozo de agua y hay que taparlo y hacer arquetas, no previstas; que dada la humedad del terreno, hay que modificar el conducto de las líneas de luz, y no estaba previsto; que la cota de este montículo estaba mal calculada y hay que hacer un puente, tampoco previsto …… Y lo que había sido la puja más barata acaba siendo del doble del valor inicial. Ejemplos internacionales, por todos conocidos: El AVE a la Meca y el Canal de Panamá.

Luego viene el cobro. Hubo una época en las que las Certificaciones se tardaban en cobrar 18 y hasta 24 meses; conocí a varios grandes constructores que llegaban con la Certificación en la mano y decían: Preséntala mañana que la pagan la semana que viene. Y acertaban. ¡Lo que sabían aquellos personajes!

Con la estructura descrita, podría detallar cientos de casos, en todas las épocas políticas y de todos los colores, y aún situaciones peores. Una vez me prepusieron financiar a un constructor para hacer una piscina para un pueblo; al constructor le pagaba el ayuntamiento con certificaciones datadas a no sé cuántos años, que descontaba el propio ayuntamiento, que a su vez los descontaba en un banco, que los compraba un fondo de inversión propio como Deuda de Organismos Oficiales. Parece de película, ¿no? Pues encontró un banco que se lo hizo; y me da la impresión que no fue la primera ni la última operación de este tipo que se ha llevado a cabo en el mercado.

Si alguien quiere profundizar adecuadamente en este tema, que analice las certificaciones de obra de ayuntamientos, diputaciones, comunidades autónomas y ministerios desde la época de Felipe González, y compruebe cuántas obras han acabado costando el importe inicialmente previsto. La sorpresa puede ser terrible.

Debe ser deformación profesional, pero no pongo la mano en el fuego por nadie. Espero, para honra y satisfacción de todos, que se aclare debidamente este sobrecoste, al igual que los cinco mil millones de euros de desfase que ha habido en las obras de una línea de Metro en Barcelona bajo la responsabilidad de uno de los socios del Gobierno, y el gasto en mascarillas y material sanitario, con precios detallados, realizado por el Gobierno en el asunto coronavirus, y que la ciudadanía sepa distinguir al que dice la verdad del que miente, al honrado del que no lo es, al que sirve al pueblo del que viene a servirse del pueblo. En esta y en todas las ocasiones.

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