Autocracia política

El PSOE, en la persona de la presidenta del Senado, Pilar Llop, ha presentado un nuevo Código de Conducta de la Cortes Generales, en el que se elimina el artículo dos del actual, que decía “los parlamentarios deben actuar con pleno acatamiento y respeto a la Constitución y al resto del ordenamiento jurídico”; y aparece uno nuevo: “Los miembros de las Cortes Generales ejercerán sus derechos y cumplirán sus deberes atendiendo exclusivamente a la consecución del interés general y se abstendrán de buscar u obtener beneficio económico”.

En pocas palabras: El PSOE elimina el requisito de acatar la Constitución por parte de diputados y senadores.

El sector marxista del PSOE, el leninista de Podemos y los secesionistas catalanes y vascos, no tienen intención de “cumplir y hacer cumplir la Constitución”. El primero de ellos, Pablo Iglesias, que ha roto su promesa de lealtad al Rey cuando tomó posesión de su cargo como VP del Gobierno, proclamando alto y claro que su primer objetivo es “una nueva República” que reconozca la plurinacionalidad de España, con una organización “más federal, más confederal”.

 

 

Estamos ante un nuevo Frente Popular, de luctuoso recuerdo del siglo pasado, queriendo acabar con la Transición del régimen franquista a la democracia, aprovechando la pandemia del coronavirus, la crisis económica, la invasión de inmigrantes ilegales perfectamente organizados en sus llegadas a las costas españolas, siguiendo de forma textual el Decálogo de Lenin o Manual para tomar el control de una sociedad: Corrompa a la juventud y dele libertad sexual; infiltre y después controle todos los medios de comunicación de masas;  divida a la población en grupos antagónicos, incitando las discusiones sobre asuntos sociales; destruya la confianza del pueblo en sus líderes; hable siempre sobre Democracia y Estado de Derecho, pero, en cuanto se presente la oportunidad, asuma el Poder sin ningún escrúpulo;  colabore con el vaciamiento de los dineros públicos; promueva disturbios y contribuya para que las autoridades constituidas no las repriman; contribuya a destruir los valores morales, la honestidad y la creencia en las promesas de los gobernantes.

Se utilizan las subvenciones, bajo cualquier otro nombre que encubra esa nomenclatura, para tener cautivos a una serie de personas que viven de ello, se acostumbren a no trabajar y no pueden pasar sin depender de un Gobierno que trasvase el dinero de los que crean riqueza a los que viven establecidos en el Mito de la Caverna de Platón, sombras irreales que simulan una realidad engañosa y superficial. Esta ficción proyectada por la luz de la hoguera los distrae de la realidad: la caverna en la que permanecen encadenados, y si alguno de los hombres se liberase de las cadenas y pudiese mirar hacia atrás, la realidad le confundiría y le molestaría. Todo ello confluye en la manera en la que los medios de comunicación afines y las opiniones hegemónicas de ese Frente Popular moldean nuestros puntos de vista y nuestra manera de pensar, sin que nos demos cuenta de ello.

Y lo peor de todo es que, hoy por hoy, no veo oposición real de ningún tipo para poder contrarrestar la deriva marxista-comunista que nos está llevando a una situación de autocracia política.

 

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