Nadia Calviño

Cuando Nadia Calviño Santamaria fue nombrada Vicepresidenta de Asuntos Económicos y Transformación Digital, escribía sobre ella que era no afiliada al PSOE, de pensamiento liberal, europeísta, negociadora, hábil, inteligente, muy trabajadora, perfeccionista, técnica de alto nivel, de carácter cordial pero firme y siempre sonriente. Habla español, inglés, francés y alemán. Calviño es un antídoto contra la preocupación de la Unión Europea ante la presencia de los comunistas en el Gobierno de España, dada la gran reputación que tiene en todos los foros comunitarios, labrada durante más de una década como alto cargo de la Comisión Europea. Y concluía: Cuando acabe su presencia en el Gobierno, si no sale perjudicada en esta Legislatura, es una mujer que puede figurar en todas las quinielas para ser Gobernadora del Banco de España, Directora del FMI o puestos similares.

 

 

Calviño era la candidata favorita por todos para la presidencia del Eurogrupo, con el apoyo explícito de Francia, Italia y Alemania. Pero ha sido derrotada por el irlandés Paschal Donohoe, la rebelión de los países del Norte de Europa, gran fracaso de la política internacional de España, del Ministerio de Exteriores y de Moncloa de negociar con el resto de países, porque podríamos haber jugado un papel clave en la decisión relacionada con el Fondo de Recuperación de la Unión Europea, que podría contar con hasta 750.000 millones de euros.

“Me siento profundamente honrado de ser elegido como el nuevo presidente del Eurogrupo. Espero trabajar con todos mis colegas del Eurogrupo en los años venideros para garantizar una recuperación justa e inclusiva para todos a medida que nos enfrentamos a los desafíos del futuro con determinación”, ha declarado Donohoe, que pertenece al Partido Popular Europeo. Es una declaración de intenciones ante las pretensiones de los grandes y su deseo de no ser controlados por Europa, frente a Calviño que abogaba por un fondo ambicioso, financiado con deuda común y con gran peso de las subvenciones, encarnando así posiciones que generan recelos en el norte.

Que la no elección de Calviño es un fracaso para España, seguro. Que es el contrapunto de equilibrio para los deseos de Pablo Iglesias y su política expansiva del gasto, también. Que vamos a ser controlados por Europa de forma más estricta que si ella hubiera sido la elegida, correcto. Que esto es bueno porque podríamos gastar el dinero que recibamos en cambiar a rosa el uniforme de la Guardia Civil, aumentar las subvenciones interesadas a adictos, o dar más dinero a las autonomías independentistas en vez de realizar inversiones para la recuperación económica que se necesita, correcto. Que Pedro Sánchez alzará la voz, con eco hueco, de sus reclamaciones ante Europa, y podrá presentarse como víctima ante la negativa a sus pretensiones, seguro. Que todo esto se podría resumir en que nadie se fía de España y de su gobierno sanchista-comunista, absolutamente cierto.

Lo que es una verdadera pena es que se haya perdido un puesto de verdadera relevancia en Europa, con una persona absolutamente preparada y de primer nivel profesional, porque el mundo teme una deriva comunista de España.

 

 

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