Okupación

Barcelona, Cataluña, España, y espero que no haya que recurrir a las armas que pregonan diferentes voces separatistas para evitar su independencia, tiene una alcaldesa llamada Ada Colau, que empezó como activista de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca y fue elegida para su actual cargo por Barcelona en Comú (marca blanca de Podemos), los votos del Partido Socialista Catalán y los del grupo del hispano-francés Manuel Valls, del que se esperaba mucho y no ha aportado nada a la política nacional.

 

 

Bajo el auspicio de la Sra Colau, el ayuntamiento barcelonés está impartiendo un curso llamado “Taller de liberación de espacios”, que no deja de ser instrucciones para la ocupación ilegal de viviendas desocupadas para «acercarse a las teorías anarquistas que hablan de la liberación de espacios como modelo de sostenibilidad tanto en vivienda como en urbanismo y espacios para la comunidad». La liberación de espacios tiene como fin cuestionar la propiedad y persigue el objetivo de «poner esos espacios al servicio de las necesidades del pueblo».

Otra de sus bases es la denominada «autogestión» que implica a todos los miembros que convivan en el espacio okupado de manera ilegal y que persigue «beneficiar a los participantes del lugar de la misma manera», tal y como sostienen sus teorías. Para los defensores de esta práctica, la okupación es una reivindicación que consigue igualar a la sociedad e impedir que los «buitres especuladores» consigan sus propósitos.

En toda Europa está penada esta actividad, y el desalojo de los okupas se produce de forma inmediata por la autoridad policial correspondiente y mediante el uso de los medios necesarios puestos a su disposición por las leyes vigentes.

En España, tantos años en dictadura, se nos ha olvidado (o nunca hemos sabido) qué es la democracia verdadera, y se cuestiona todo lo que signifique orden y legalidad que no beneficie a los infractores, confundiendo el “odia el delito y comparece al delincuente” de Concepción Arenal por “el delincuente siempre tiene razón, más si es mujer o inmigrante ilegal”, y una cosa tan sagrada como es la propiedad privada, la vivienda de una persona, en la que solo se puede entrar con un mandamiento judicial, cualquier mafia organizada, desaprensivo o vividor de lo ajeno, pueda ocuparla por las buenas y, lo que es peor, la ley los protege.

Y callamos; y se promociona la transgresión desde los poderes públicos; y seguimos callando, y quieren confundirnos hasta tal punto que nos presentan al propietario como un capitalista indecente y opresor. Si la sociedad española no para esto mediante las leyes de sus representantes legales en el Parlamento, se acabarán formando mafias de desalojos, y no me refiero a las empresas legales que actualmente hay, sino a sicarios contratados al efecto, similares a los que existen en América Latina. Y nos lamentaremos a posteriori, porque el español piensa bien, pero siempre tarde.

 

 

 

 

 

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