Un cuento chino – Capítulo 07

Si es un secreto el número de muertos, lo mismo pasa con el origen del virus. Solo se sabe a ciencia cierta que el médico chino que descubrió la enfermedad, murió a los pocos días de ello, sin que se sepa en qué circunstancias.

«Beijing suprimió información sobre la epidemia durante seis semanas en diciembre y enero y luego, cuando oficialmente lo reconocieron, el 21 de enero, comenzaron una campaña de eliminación de información”. El Comité de Salud de la provincia de Hubei, de la cual Wuhan es la capital, ordenó: “Se debe destruir las muestras actuales del virus. Queda prohibida la publicación de información sobre las muestras, estudios y datos asociados”.

Teorías sobre el origen del foco infeccioso, hay a cientos, a miles, a nivel mundial. Como tanto tu como yo no sabemos nada sobre este tema, centrémonos en tres, que nos parecen las más aceptables para quien nada sabe de ello.

Una de ellas es la del español Manuel Peinado Lorca, Catedrático de Biología de la Universidad de Alcalá de Henares, Departamento de Ciencias de la Vida, e Investigador del Instituto Franklin de Estudios Norteamericanos, Universidad de Alcalá, trabajo publicado en The Conversation, del que entresacamos los siguientes párrafos:

 

 

Cómo pangolines y murciélagos nos enseñan que el coronavirus no salió de un laboratorio de Wuhan. El profesor Peinado mantiene que los científicos tienen claro que el COVID-19 no es una manipulación humana.

El pangolín malayo (Manis javanica) es una de las ocho especies existentes de pangolín. Cuatro de ellas son asiáticas y otras cuatro, africanas. Debido a la gran demanda de su carne como alimento y a sus escamas de queratina (como nuestras uñas) destinadas a su uso en medicinas tradicionales orientales, son los mamíferos silvestres más cazados y traficados del mundo.

El mal estado sanitario y la baja inmunidad que afecta a las poblaciones en cautividad son un importante riesgo potencial para la salud humana, porque los animales infectados podrían constituir un reservorio vírico susceptible de infectar a humanos como ya habían demostrado varios estudios metagenómicos sobre virus patógenos transmitidos por murciélagos, gatos, vacas, aves, caballos y cerdos silvestres. Sin embargo, se sabe muy poco sobre las enfermedades de animales amenazados como los pangolines.

Más del 70% de las infecciones emergentes de los últimos cuarenta años han sido zoonosis, es decir, enfermedades infecciosas causadas por bacterias, virus, hongos o parásitos que se transmiten de los animales a los humanos. Pueden hacerlo a través del contacto físico directo, a través del aire o el agua, o mediante un huésped intermedio. Con frecuencia, estos patógenos zoonóticos no afectan a los animales en los que residen, pero pueden representar un riesgo enorme para los humanos que no tienen inmunidad natural contra ellos.

La demostración del origen natural del SARS-CoV-2 fue una investigación publicada el pasado 17 de marzo en Nature Medicine, cuya conclusión no puede ser más tajante: «Nuestros análisis muestran claramente que el SARS-CoV-2 no es un diseño de laboratorio o un virus fabricado a propósito», escriben los investigadores.

¿De dónde vino el virus? Podemos plantear una doble hipótesis. La primera sigue la estela del origen de algunos otros coronavirus recientes que han causado estragos en las poblaciones humanas. Sabemos que en algunos casos los humanos adquirimos el virus directamente de un animal: civetas en el caso del SARS-CoV-1 y camellos en el caso del síndrome respiratorio del Medio Oriente (MERS).

En el caso del SARS-CoV-2, las investigaciones apuntan a que el animal era un murciélago que transmitió el virus a otro animal intermedio, con toda seguridad un pangolín de acuerdo con el genoma del coronavirus encontrado en estos animales, que lo transmitió hasta los humanos. Según esa hipótesis, las características genéticas que hacen que el nuevo coronavirus sea tan patógeno para infectar células humanas residían en esos animales antes de saltar a los humanos.

En la hipótesis alternativa, esas características patógenas habrían mutado después de que el virus pasara directa o indirectamente de un pangolín a los humanos. Luego, ya dentro del nuevo huésped, el virus podría haber evolucionado para conseguir penetrar fácilmente en las células humanas. Una vez que desarrolló esa capacidad, el patógeno sería aún más capaz de propagarse entre las personas.

Si el virus ingresó en las células humanas en forma patógena, eso aumenta la probabilidad de brotes futuros. El virus aún podría estar circulando en la población animal y podría saltar nuevamente a los humanos, perfectamente preparado para causar un brote. Por el contrario, las posibilidades de tales brotes futuros son menores si el virus debe ingresar primero en humanos para que luego evolucionen sus propiedades patogénicas.

Un dilema aún por resolver, pero que plantea tres medidas urgentes para que una infección de esta naturaleza no se repita: hacer un seguimiento de los coronavirus que infectan a especies de mamíferos; prohibir el tráfico de vida silvestre, y reducir la exposición humana a la vida salvaje cerrando los mercados en los que se venden animales salvajes vivos, una prohibición ya adoptada por China.

 

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