Ni con agua caliente

El Congreso de Diputado aprobó ayer una nueva prórroga del Estado de Alarma por el tema del coronavirus, con el voto en contra de sus aliados independentistas catalanes, la abstención del Partido Popular y el voto a favor de Ciudadanos.

Para mí, Casado ha errado. Se que voy contra corriente y que muchas personas están a favor que el Partido Popular hubiera votado en contra para, teóricamente, desgastar al Gobierno. La crisis sanitaria y económica que tenemos es tan grande y de tales proporciones de consecuencias futuras, que es el momento de ser estadista y no político categoría concejal de pueblo, aunque el Partido Socialista tenga una portavoz que sea analfabeta funcional que no sabe multiplicar.

“Interpretamos que el señor Casado no va a apoyar la medida y el presidente le ha advertido de que eso puede llevar España a un caos económico y sanitario”, ha dicho Ábalos. La amenaza, de forma educada, está servida.

El Partido Popular no tiene infraestructura en los medios de comunicación para apagar la que se le vendría encima si rebrotaran los contagiados y los muertos, que rebrotarán según todos los expertos, ni tiene un gobierno en la sombra que plantee soluciones alternativas. Que el PSOE lo ha hecho mal, muy mal, todo por no oponerse a Podemos y su manifestación del 8-M, lo sabemos. Ahora, lo que hay que hacer es buscar la solución.

Sanitariamente, aunque sea una limitación de la libertad, el confinamiento se ha demostrado absolutamente necesario. Y como en esta guerra no sabemos dónde está el enemigo ni por dónde nos atacará, es fundamental una serie de actuaciones nuevas para la convivencia, entre las que se encuentra el aislamiento personal.

Otra cosa es que la economía no puede estar parada, porque el hambre y la miseria puede ser la próxima pandemia, y es ahí donde la oposición ha de demostrar su fuerza y valía, obligando al Gobierno a realizar las pruebas y los tests correspondientes a todo el mundo para volver al trabajo de forma inmediata, pero con las máximas garantías sanitarias.

Ciudadanos, ahora bajo la lideresa “novia de España”, sigue sin saber si sube o baja, si utiliza la mano izquierda o la derecha, si come carne o pescado. Ha votado a favor y, por los motivos expuestos anteriormente, me parece bien.

Pero lo que yo verdaderamente quiero destacar es lo que dijo Pablo Iglesia, Pablénin Mingafuego, que manifestó su conformidad en el pacto con Arrimadas, “siempre que no amenace su presencia en el Gobierno y exige un blindaje en la estructura del Ejecutivo”.

Lo que es lo mismo: Primero, yo; segundo, yo; y después, yo. El silogismo viene dado: Lo que verdaderamente me importa soy yo; mis ideas podría defenderlas otro, pero ya no sería yo; España me importa una hoz y un martillo, pero mi chalet no me lo quita ni dios (cualquier dios de cualquier religión). Ese es el verdadero Pablo Iglesias, que tiene que tener agarrado al socialismo por algún sitio que no sabemos, el que se va a gastar el dinero que España no tiene en estos momentos en sus adictos y votos cautivos, para que él pueda llevar una vida de rico a costa de los pobres que lo votan. La verdad es que me gustaría escribir el verbo con be alta, como el chiste que circula sobre el nuevo Consejo de Ministros, que antes se realizaba los viernes: Un ministro preguntó: Viernes, ¿con qué se escribe con be alta o con be baja? Y otro le contestó: Déjalo, ponlo los martes. Este no se va ni con agua caliente. Una vez más, funciona el refranero español: “Ni sirvas a quien sirvió, ni mandes a quién mando”.

 

 

 

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