La solución, con la palabra

Con el asunto del coronavirus, además de los miles de muertos que está dejando y los millones de parados que va a dejar en España, algunos están aprovechando el momento para dar un empuje a sus planteamientos de implantar sus ideas más extremistas.

Uno. Los independentistas catalanes no están dispuestos a participar en ningún foro que implique un pacto nacional para la recuperación económica, porque “lo que queremos es la independencia”.

Dos. Los inmigrantes africanos, huyendo de la pandemia en ese continente, van a invadirnos de forma ilegal por miles, con nuevos rebrotes de la enfermedad y gasto de dinero que no tenemos. O se cierran las fronteras herméticamente para estos casos o tendremos una revuelta social.

Tres. El exministro Borrell, un socialdemócrata convencido, ha realizado unas declaraciones muy intranquilizadoras.

Cree que la crisis del coronavirus “pondrá de relieve el papel del Estado, que aparece no sólo como el prestamista de última instancia”. “Ahora el Estado es el empleador de última instancia, el consumidor de última instancia, el propietario porque habrá inevitablemente que capitalizar empresas con nacionalizaciones, aunque sean transitorias, y el asegurador de última instancia”.

Borrell vaticina que “se volverán a poner sobre la mesa debates sobre el impuesto sobre el capital, sobre las grandes fortunas, la fiscalidad como instrumento de construir respuestas sociales, permanentes, consolidadas, que no dependan de la generosidad de un momento de crisis”.

Cuatro. Bajo el rótulo “Europa ¿game over?”, Pablo Iglesias, alias Pablénin Mingafuego, ha manifestado, de forma textual:

“La Europa actual es el mejor ejemplo del totalitarismo de mercado, sobre todo para los estados del sur de Europa ¿qué es entonces lo que debería hacer una fuerza política democrática que ganara unas elecciones en el sur de Europa? Yo no tengo dudas. Debería tomar el control de la política monetaria, saliendo del euro e inmediatamente devaluar para favorecer las exportaciones; debería también decretar la suspensión del pago de la deuda y nacionalizar la banca para garantizar así la inversión y el crédito para las familias y la pequeña y mediana empresa, debería establecer sistemas de control para evitar la fuga de capitales  y para proteger las condiciones de trabajo dignas, ampliar la titularidad pública a las áreas clave de la economía como la energía, el  transporte y todos los servicios públicos y todos los demás sectores estratégicos; debería además iniciar un proceso de reindustrialización mediante inversión pública, apostando por formas de economía verde y alta tecnología, debería llevar a cabo una reforma fiscal redistributiva, que acabara por fin con el fraude de las grandes fortunas; esto y muchas cosas más, evitando que le dieran un golpe de estado. Y ahora viene la segunda pregunta.  ¿Sería todo esto posible en el marco de un solo estado del sur de Europa? Ni de coña. Así que, europeos del sur, uníos”.

Si alguien quiere que España se hunda definitivamente y para siempre como una gran nación europea, que nacionalice empresas, expropie propiedades privadas y suspenda pagos no pagando su Deuda; no habrá nadie que invierta un solo euro en nada, y la miseria se establecerá entre la ciudadanía.

La actual situación sanitaria es delicada, habiendo sido caótica en algunos momentos, la financiera va a ser peor que la de la crisis de 2008, menos dinero en circulación y más robos y delitos en la calle, todos lo vamos a pasar mal y tendremos que renunciar a muchas cosas que hasta ahora hemos dado por supuesto que teníamos derecho a ellas de una forma gratuita, rescate económico por parte de Europa, que querrá saber en qué se ha gastado el dinero en los últimos años, y en qué se va a gastar las nuevas ayudas, parciales o totales, según acuerden aquellos países que han ajustados sus presupuestos, las refinanciaciones de deuda pública y privada serán un “patadón pa’lante”, a largo plazo y de difícil pago puntual y dinerario; y si verdaderamente somos conscientes de la situación, habrá que ponerse a trabajar como lo hizo Alemania después de la II WW para que, algún día, volvamos al estado de bienestar que hemos venido disfrutando.

 

 

Sánchez, apoyado en el comunismo y la secesión, no tiene conocimientos, relaciones internacionales, prestigio ni liderazgo para ser el principal agente de la recuperación de España, lo que Felipe González resumió ayer como “inexperiencia” del Gobierno de Sánchez e Iglesias, en donde la política puede volverse conflictiva en cualquier momento: Desde el cambio de sistema político, de una democracia a una autarquía tipo bolivariana, sin disparar un solo tiro y a través del BOE, la Revolución que nunca ha negado Podemos, a que la ciudadanía haga frente con los medios a su alcance para que nadie le arrebate su propiedad privada, se restrinja su libertad personal, económica y religiosa, y no permita que se instaure una sociedad de dos bloques irreconciliables, liderados por un sistema cuasi totalitario, misma situación y protagonistas que en la guerra civil del siglo pasado.

Hoy es Jueves Santo, día del Amor Fraterno, de hermanos. Nada volverá a ser igual, no solo en España sino en todo el mundo, dónde se estima que perderán el trabajo alrededor de 250 millones de personas. Busquemos entre todos la solución con la palabra y que nadie pase a la acción. España y la democracia española deben prevalecer por encima de cualquier cosa.

 

 

 

 

 

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